Memoria olvidada

Hace unas semanas, se inauguraba el Muelle de las Sirgueras, sustituyendo la denominación franquista, Muelle Alfonso Churruca, a la vez que se reconocía el papel de todas aquellas mujeres que desde el anonimato, han contribuido a la construcción de la historia de nuestra villa. Días después, Clara Campoamor y Benita Asas, ambas luchadoras feministas, también se hacían un hueco en el callejero bilbaíno. Un callejero que desde hace un tiempo vuelve a estar en la agenda política municipal y que requiere ser revisado y debatido porque no deja de ser el esqueleto de la historia de nuestra ciudad, una historia que debe recuperarse para construir memoria.


Una memoria en la que las mujeres, también hemos jugado un papel secundario. Volviendo al callejero, incluidos los recientes nombramientos, de las aproximadamente 911 calles de Bilbao, apenas 40 tienen nombres de mujer, siendo un tercio de estas dedicadas a nombres de santas y vírgenes católicas. Las mujeres hemos estado invisibilizadas en la historia de nuestra ciudad, con tímidas apariciones como viudas, esposas, hermanas o hijas de un hombre, porque la historia la han escrito ellos, los hombres con su particular y masculinizada visión y revisión de los hechos. Una visión que es transversal a todos los sectores de nuestra sociedad y que debe voltearse si realmente queremos construir una igualdad real. Una igualdad que requiere de compromisos políticos más allá de fechas señaladas. Una igualdad que se debe abordar y demandar desde una perspectiva global, sin caer en elitismos ni análisis concretos.
Lamentablemente el machismo es estructural y transversal a distintos sectores de la sociedad. Por ello es importante evitar análisis
compartimentados como por ejemplo la presencia del machismo en la política o el machismo en el mundo empresarial.

 

Lamentablemente, el machismo no se circunscribe a un espacio concreto, si bien puede parecer que se agudiza más en algunos ámbitos que tradicionalmente han sido ocupados por los hombres, no olvidemos que los sectores tradicionalmente feminizados son generalmente los más precarizados precisamente por su condición de feminizados y por ello es importante tenerlos siempre presentes en cuanto a las reivindicaciones feministas se refiere.

Puede resultar sorprendente sacar a colación el feminismo en la revisión del callejero, pero precisamente esa percepción del feminismo como una práctica ajena e independiente responde una vez más la visión masculinizada de la sociedad en general y la política en particular. El machismo sólo puede combatirse llevando a cabo políticas feministas las cuales abarcan desde la elaboración de los presupuestos, pasando por la configuración del urbanismo, por supuesto las políticas educativas, hasta llegar a la revisión del callejero como una herramienta más para construir nuestra historia desde una perspectiva feminista.

Amaia Arenal Vidorreta, Concejala de UdalBerri-Bilbao en Común

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