Ariztondo participa en la conmemoración del centenario de la galerna que azotó Bizkaia en 1912

Esta mañana se han celebrado una serie los actos en recuerdo del fatídico suceso ocurrido hace cien años. En el puerto viejo de Bermeo se ha celebrado la ofrenda floral frente a la escultura "Azken olatua, azken arnasa" en memoria de los pescadores que fallecidos. En la sala Nestor Basterretxea se ha proyectado el documental del director Javier Elortegi, "Galerna, la tormenta desconocida", en el que colabora el Departamento de Cultura del Ente foral y en el Arrantzale Museoa de la Diputación Foral de Bizkaia, que en la actualidad acoge la muestra "Galerna 1912-2012", se ha proyectado el corto "Bermeo 1912" de Alberto Bilbao.

 

La galerna ocurrida en la costa de Bizkaia en el año 1912 azotó la vida de las localidades de costeras de Bermeo, Elantxobe, Lekeitio y Ondarroa. La mayoría de los arrantzales afectados por la tragedia eran de Bermeo. Conocida como la galerna de la noche de Santa Clara, en la actualidad la hipótesis más acertada, tras el análisis de los mapas de la época, indica que se trató de una galerna frontal seguida de una ciclogénesis explosiva.

En tierra anunciaron el temporal, pero fue imposible informar a tiempo de lo que indicaba la fatal previsión meteorológica a las embarcaciones que se encontraban en alta mar. El temporal se desencadenó el lunes por la tarde y alcanzó su pleno apogeo durante esa noche. El 13 amainó y algunas lanchas comenzaron a llegar de arribada, pero se desconocía el paradero de muchas otras. Los pescadores que pudieron huir de la galerna relataban trágicos detalles de lo vivido. El número de fallecidos se contabilizó en 143 hombres, 116 de Bermeo, 8 de Elantxobe, 16 de Lekeitio y 3 de Ondarroa. La media de edad de los fallecidos era de 29 años. Quedaban 75 viudas mujeres y 225 huérfanos.

Los funerales multitudinarios por las víctimas de la galerna se celebraron el 22 de agosto, en la iglesia de Santa María de la Asunción de Bermeo y asistieron entre otros, el rey Alfonso XIII y el obispo de la diócesis, Monseñor José cadena y Eleta.

La magnitud de la tragedia traspasó fronteras. Las muestras de condolencia de las autoridades y la sociedad en general no tardaron en llegar, y con ellos, la caridad para los afectados por la tragedia. En aquel entonces no existía protección social, y en casos similares la ayuda llegaba de donaciones y suscripciones públicas.

Cuando ocurrió la galerna, en el año 1912, el sector pesquero se encontraba inmerso en un proceso de profundos cambios. Se estaba pasando del remo y de la vela a la propulsión mecánica, las artes de pesca se estaban renovando e incluso la antiquísima estructura gremial de las cofradías de pescadores estaba en revisión.

Tras la galerna, tanto las cofradías de pescadores como la opinión pública, solicitaba a las instituciones, que revisara la seguridad de los pescadores. En la prensa se publicaban numerosos consejos, propuestas y quejas, y se organizaron numerosas asambleas y otro tipo de actos para estudiar los diversos aspectos de la vida del pescador.

Se pedía el establecimiento de un sistema de alarma compuesto de observatorios meteorológicos que avisaran sin demora de la llegada de las galernas y frentes de borrascas; la creación de puertos de refugio y de una flotilla de buques de salvamento, escuelas de pesca, así como la implantación de motores en las lanchas pesqueras, además de la obligatoriedad de seguros para las embarcaciones y pescadores.

Algunas de estas peticiones se cumplieron y consiguieron mejorar, en cierto modo, las precarias condiciones laborales de un colectivo sacudido repetidamente por desgracias, como la galerna de 1912. En 1914, por ejemplo, se construyó el rompeolas de Bermeo.

 

 

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