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#comic TEBEOS. las revistas infantiles. Entrevista a Manuel Barrero

El trabajo que desde hace años Tebeosfera por dar a conocer el patrimonio del mundo de la historieta es impresionante. A su trabajo habitual en la web tebeosfera.com tenemos que sumar ahora la edición de una serie de libros destinada a recuperar los tebeos que han marcado a distintas generaciones con la colección teórica de acyt ediciones memoria de la historieta. Con el libro TEBEOS. las revistas infantiles, primer número de la colección, demuestran el rigor y la calidad con la que trabajan. Hablamos con Manuel Barrero, coordinador del libro.

Pregunta: ¿Qué nos podemos encontrar en TEBEOS. Las revistas infantiles?
Respuesta: Pues lo primero una portada espléndida de Paco "premionacional" Roca, que lo dice todo del contenido del libro: una sociedad que se ve sorprendida por la presencia de la historieta y de los tebeos, un medio que penetra en la vida cotidiana a través de esas ventanitas que son las viñetas, para iluminarnos a ratos, hasta que se instala y ya no se va nunca de nuestra cultura. En este libro vamos a encontrar un tesoro, el tesoro de los cómics españoles, que es a lo que vamos a dedicar la colección Memoria de la historieta, un conjunto de trabajos teóricos que versarán sobre tebeos nuestros, estén o no de moda, sean o no fundadores de escuelas o de corrientes, signifiquen mucho o poco para los nostálgicos. Lo importante es que nos dicen algo sobre cómo fuimos y cómo vivíamos o entendíamos la vida. Luchamos contra la idea de que los tebeos se queden arrinconados en los recovecos de la memoria como una mera referencia del pasado huérfana de estudio. Lo primero que encontrará todo el mundo en este libro es ausencia de prejuicios.

 P.: ¿Cómo nace el libro?
R.: Era uno de nuestros intereses desde hace mucho tiempo. Hace ya un par de años. Tenemos montones de preparativos y bocetos sobre cómo sería esta colección, listados de temas para tratar, diseños. Nosotros queríamos hacer libros impresos porque pensamos que gran parte de la gente que aún lee tebeos (gracias al cielo) pertenece a la "generación del papel". Todavía hoy, por ejemplo, muchos compradores de comic books son personas que no desean perder el hábito de leer cómics que se palpan. Hay mucho neófito que ya lee los cómics en dispositivos electrónicos, pero aún impera el hábito de acceder a la cultura a través de los soportes impresos. Y nos pareció que, pese al mucho esfuerzo que hacíamos en la red, a través de tebeosfera.com, eso no tenía la visibilidad suficiente entre un sector de la población amante del cómic. Así que planeamos hacer libros. ¿Qué libros? Pues, lo primero, un gran catálogo de los tebeos, que hacía falta y que nos ha sorprendido por su buena acogida. Y luego, al menos una colección de textos sobre tebeos de los que nos daba mucha rabia que no se hablara mucho: nuestros tebeos de toda la vida, que hay quienes quieren olvidar antes de conocer. Hay muchos textos publicados sobre la revista TBO, algunos buenos, pero ninguno lo suficientemente denso, que trate panorámicamente la publicación con el exigido rigor, así que eso era una asignatura pendiente. Eso fue lo que nos impulsó: hacer los libros que nosotros querríamos leer sobre los tebeos o temas que queríamos tocar porque posiblemente nadie los haría como a nosotros nos gustaría.

P.: TEBEOS es el primer libro de la colección Memoria de la historieta. ¿Cuál va a ser la línea de la colección?
R.: El primer título es TEBEOS. LAS REVISTAS INFANTILES, y seguiremos hablando de tebeos, claro está. Y es posible que otros títulos sean, y me los invento ahora: TEBEOS. LAS REVISTAS JUVENILES; LOS PRIMEROS TEBEOS; LOS TEBEOS DE CIENCIA FICCIÓN / BÉLICOS / ROMÁNTICOS; TEBEOS Y POLÍTICA / Y CIENCIA; TEBEOS ADELANTADOS A SU TIEMPO... En fin, son algunas posibilidades entre las muchas que podría haber. Lo importante es indicar que hablamos de tebeos con pasión, sin importar su periodo de vigencia, y ésa va a ser la línea a seguir. Eso sí, se trata de generar corpus sobre cómics nuestros, sobre publicaciones con historietas o viñetas españolas. Nuestro interés se centra ahí. No vamos a hablar en esta colección de los cómics en Polonia, ni de las corrientes de la nueva bande dessinée en el final de los años cincuenta, ni de las graphic novels británicas. Hablaremos de tebeos nuestros, que aquí todavía hay mucho que decir sobre publicaciones, editoriales, corrientes, temáticas, agencias, actividades, autores y fanzines españoles. El planteamiento inicial es seguir haciendo libros de gran empaque, con buena presencia, bien encuadernados, que de fe de que estamos trabajando muy en serio sobre un material que consideramos muy serio: el cómic. Los artículos publicados pasarán por un riguroso proceso de revisión, que es la única manera que nosotros conocemos de hacer un libro teórico sobre cómic. En el plan maestro hay dos normas esenciales: no nos vamos a dejar guiar por la nostalgia, y vamos a conceder sentido a cada cuerpo documental.

P.: A través de los capítulos del libro vemos la evolución de las revistas a lo largo del tiempo. ¿Cómo ha sido la elección de las cabeceras que componen el libro?
R.: Complicada, sobre todo porque había muchas que deberían estar y no están. Y algunas de las que están... pues seguro que a más de uno le han hecho enarcar la ceja derecha. O la izquierda. La razón última la hallarás en la presentación de Javier Alcázar, donde se indica el porqué de la elección de los diferentes títulos. En realidad fueron elegidos como "muletas" para ir caminando entre la gran cantidad de colecciones que han integrado la tebeografía española. Pero en este primer libro en el que se hablaba de tebeos queríamos invitar al lector a reflexionar sobre estos aspectos, que numeraré:
1. Que los tebeos se incorporan como algo novedoso entre los muchos ejemplos de prensa ilustrada en el comienzo del siglo XX y cuando logran popularidad entre cierto sector del público (los niños) despegan como industria. Mejor ejemplo para esto que el TBO no hallamos.
2. Que las propuestas editoriales para confeccionar tebeos no se acaban en la oferta de TBO. Al contrario, hay otros editores, hay otros autores, hay otras fórmulas posibles, y esto conduce a la creación de filosofías editoriales diferentes que buscan nuevos públicos y les ofrecen distintas posibilidades narrativas, didácticas o incluso propagandísticas. De esto último tuvo poco Pocholo, pero la revista, tan escasamente recordada, es muy importante rescatarla del olvido por plantear una renovación de contenidos.
3. Que tras la Guerra Civil los tebeos se convierten en un vehículo para lanzar mensajes inigualable en un momento en el que no hay smartphones, iMacs ni televisores. De hecho, el intento de utilizar la historieta como instrumento publicitario nos permite ver que el medio tiene un interés añadido para ciertas empresas, y de ahí la elección de Búfalo, cabecera de muy escasa importancia en nuestro panorama historietístico, pero esencial si queremos comprobar la imbricación de la historieta en las actividades comerciales de la España autárquica.
4. Que el mundo del cómic no fue monopolizado por Bruguera, la editorial que más material propio ha producido y vendido a lo largo de la historia (Panini y Planeta casi le han superado ya, pero no con material propio). Ciertos tebeos intentan competir con el gran coloso en los cincuenta, y son importantes para comprender cuáles eran los argumentos habituales, cuáles los personajes de éxito, qué otros atractivos se incorporan a este tipo de revistas para atraer lectores (por ejemplo, historietas de aventuras traducidas del inglés o satíricas importadas desde Sudamérica). Y cómo algunos autores afinan en estas páginas sus armas más sofisticadas. Los casos de Figueras o Martz-Smichdt analizados por Conget en su repaso a Nicolás son magníficos.
5. Que aunque muchísimos se hacen en Cataluña, pocos son en catalán hasta determinado momento. Y es importante revisar una colección editada en catalán porque nos permite ver cómo se enfoca el medio en un clima de prohibición de las lenguas que hoy son consideradas cooficiales. Aquí la labor de Moliné con Cavall Fort es fundamental, porque solemos mirar hacia los tebeos de distribución general, que a veces carecen de las particularidades que tienen los tebeos más localizados en culturas concretas.
6. Que había que recordar el viraje de la historieta en el final de los años sesenta, cuando comienza a perder interés frente a otros medios (la televisión, sobre todo) y los editores recurren a la modernización de estructuras y contenidos, echando mano de obras del extranjero, "abriendo" los tebeos a otras posibilidades presuntamente más atractivas. Esto lo encontramos en los trabajos de Guiral y Martínez-Pinna sobre Gaceta Junior y Gran Pulgarcito, respectivamente.

P.: ¿Cómo ha sido el trabajo de coordinación del libro?
R.: Duro, pero enormemente satisfactorio. Difícil, porque maniobramos con muy poco tiempo y al final acudimos a los colaboradores con sólo tres o cuatro meses de margen. Hay que darles más. Este tipo de ensayos o artículos hay que trabajarlos con perspectiva, prepararse, sumergirse en la lectura, hacer lecturas paralelas, documentarse... Y luego está la ronda de revisiones, que en Tebeosfera solemos hacer con intensidad. Exigimos buenos trabajos y nos exigimos que los que publicamos luzcan como es debido, sin errores, sin erratas, bien compuestos, bien diseñados, bien editados. Ha sido difícil, pero teníamos dos ases en la manga: uno, los autores, que son la mejor gente del mundo mundial escribiendo sobre tebeos. Hay más, pero los que están aquí son de diez. El otro as es el equipo de redacción de Tebeosfera que ha trabajado en el libro: Javier Alcázar, Félix López, Antonio Moreno, Alejandro Capelo, Paco Martos y Héctor Tarancón. A esta gente la pones tú en un planeta deshabitado y a la semana siguiente tienes una colonia perfecta y democráticamente gestionada. Sin ellos no habría Memoria de la historieta ni por asomo. Labor de equipo. Ya sabes, como en el fútbol.

P.: A través de TEBEOS se ve un intenso trabajo de documentación que busca aportar nuevos datos sobre fechas y acontecimientos.
R.: Bueno, no te creas, no ése el objetivo prioritario. En absoluto. Sé que parece que esto es una labor estrictamente fiel a los estudios historiográficos y no pretende ir más allá. Pero no es así. O no queremos que sea así. En nuestros artículos no sólo hay un recorrido por las fechas de salida y cierre de las colecciones de tebeos con un somero comentario de sus contenidos, hay más. Hemos querido incidir precisamente en la idea de utilizar los tebeos como trampolín para lanzarnos a practicar sociología. Lo que se comenta sobre estas publicaciones nos permite conocer a nuestros vecinos de entonces, las costumbres sociales imperantes, las condiciones económicas, el peso de las normas políticas. A Guiral le preocupa mucho eso, por ejemplo. En los artículos sobre Nicolás, Pocholo y TBO también se ve. Por supuesto que hay datos y fechas. Siguen siendo necesarios porque muchos aún piensan que "ya sabemos bastante de los tebeos del pasado", y eso es rotundamente falso. Construyendo el Gran Catálogo de Tebeosfera.com nos dimos cuenta de que la mitad de los tebeos catalogados estaban mal situados, ubicados o fechados. ¡Y faltaba por catalogar más de la mitad de los existentes! Conclusión: de nuestra tebeografía conocíamos la cuarta parte como mucho, y esa parte no muy bien. En los últimos artículos no es tan necesario este tratamiento, pero con TBO había que decir, argumentándolo, que entre 1940 y 1943 no hubo apenas ningún tebeo en circulación de esta colección, que es lo contrario de lo que todo el mundo creía, o que algunas ediciones del sello asignadas a los años treinta no aparecieron hasta mitad de los cuarenta en realidad. Y con Pocholo pasaba otro tanto: hasta ahora se desconocía la fecha de salida de esta publicación. ¿Es importante esto? Bueno. Tanto como lo es la fecha de la muerte de un literato cuya efeméride se celebra o la del nacimiento de un deportista cuyas hazañas se corean. Son fechas. Medimos el tiempo con ellas. Es curioso cómo los que hacen "estudios culturales" reniegan de los marcos temporales pero luego se entretienen muchísimo rebuscando en el pasado referentes de alcurnia para sostener sus hipótesis. Cuanto más lejana la fecha, más sostenible es el argumento. En Tebeosfera no estamos obsesionados por las dichosas fechas, pero son necesarias para hacer un análisis mínimamente científico sobre cualquier corpus de trabajo, porque desplazar la obra fuera de su marco temporal siempre ha conducido a extraer conclusiones equivocadas.

P.: ¿A qué público va dirigido el libro?
R.: A todos los públicos. Esto es así. Ya sé que suena tópico pero es cierto. No hacemos libros para lectores comodones, eso hay que aclararlo. Es decir, no van a encontrar en nuestros libros un muestrario de atractivas imágenes. No, estudiar los tebeos no implica necesariamente eso, como estudiar el cine no obliga a estar visualizando constantemente trozos de video. Ni tampoco queremos hacer libros para especialistas en grado sumo. El lenguaje empleado no es rebuscado ni perseguimos eso, y los temas no son complejos ni las referencias resultan alambicadas o forzadas. Hacemos libros para todos, legibles, inteligibles, cómodos de leer pero siempre bien escritos y en los que las imágenes escogidas están para servir al texto, no como simple reclamo estético, y siempre respetando lo que aconseja el marco legal para estos casos. Nuestros autores han trabajado con conocimiento, pero buscando la amenidad también. O eso creemos. Así que cualquier chaval que haya terminado la enseñanza primaria puede incorporarse a su lectura ya. Y los nonagenarios... ¿¡Por el amor de Dios, qué mejor lectura para un nonagenario?!

P.: Destaca la portada (doble) de Paco Roca, un precioso homenaje a los tebeos que nos recuerda al trabajo de su autor en El invierno del dibujante.
R.: Pues sí, elegimos a Paco Roca porque él era perfectamente capaz de captar eso. En la obra de Paco hay una constante llamada a la fuerza de la memoria. No sólo en el tebeo que citas, en el que se reconstruye cierto periodo de la redacción de Editorial Bruguera, también en sus obras primeras, o en Arrugas, por supuesto, o en la reciente Los surcos del azar. Roca utiliza en sus guiones la fuerza de la memoria para construir a sus personajes, los que olvidan, los que se ven forzados a olvidar, los que quieren mantener enterrados sus recuerdos o los que se ven obligados a recordar. Y él, como autor, reconoce el enorme potencial de esa fuerza, y jamás ha renegado de los tebeos de antaño porque precisamente sabe que uno de sus grandes valores ha sido la herencia memorística de generaciones, como la ilusión del viernes, el empacho del juego, la emocionante lectura de tebeos... en fin, el burbujeante tesoro de la infancia. Yo le propuse a Paco hacer una portada en la que quedase claro que un tebeo era el foco de un universo de emociones, pero él entendió mejor esa idea y convirtió al tebeo en un tótem de la sorpresa y la expectación. Ese tebeo que se yergue en medio de una calle en un momento indefinido de nuestra España es genial. Era sin duda la imagen que mejor simbolizaba este proyecto. Si Max logró condensar la idea que presidía el Catálogo de los tebeos publicado el año pasado con una poderosa composición, tan inspiradora, Roca ha vuelto a obrar el milagro. Claro, son genios. Nosotros nos arrimamos a ellos a ver si se nos pega algo. ¿Algo quedará, no?

P.: El primer capítulo está dedicado a TBO, la revista que da nombre a todo el género. Por su distancia en el tiempo es quizá donde mejor podamos apreciar la dificultad de conseguir una cronología exacta de los acontecimientos.
R.: No te creas, fue más fácil de lo que parece. TBO es una revista fácil de recorrer y de analizar porque ha experimentado pocos cambios en el tiempo, y como ha durado taaaantos años (setenta, nada menos) pues se podían hacer catas por periodos. Al final no lo hicimos así sino que leímos tantos ejemplares como pudimos, que fueron casi todos, aunque hubo mayor dificultad con los primeros de los años cuarenta, muy difíciles de localizar. La cronología era importante en este caso sobre todo, porque nos ayudaba a comprender qué pasó con la edición de tebeos en la inmediata posguerra, un asunto que hasta la fecha ha sido poco estudiado (salvo por Antonio Martín) y que todo el mundo suele ubicar en el limbo amorfo de "los cuarenta". En realidad, la vida en España fue terriblemente difícil en el primer lustro de esa década, y la ausencia de tebeos de los quioscos confirma que levantar aquí de nuevo la industria del cómic fue toda una hazaña. Lo interesante es que Valenciana arrancó primero con los cuadernos de aventuras, pero luego llegó Ediciones TBO y ya todos se aprestaron a publicar revistas humorísticas animados por su éxito, entre ellos Valenciana con su Jaimito o Bruguera con Pulgarcito. Entonces sí que "alumbraban" los tebeos en las calles grises de España, como muestran nuestras cubiertas...

P.: En El TBO vemos marcada en sus distintas etapas la figura del editor, que determina el tono de las historias realizadas. Analizáis detenidamente la figura de Buigas.
R.: Era necesario, porque la empresa aquella fue de tipo más bien familiar, sin una ambición empresarial de horizontes tan amplios como se propusieron otros editores. Fue Buigas el que consolidó aquella filosofía de la revista, abigarrada y anecdótica, siempre pendiente del chasco y de la fiesta popular (que si la vendimia, que si la caza, que si la recogida de setas), tan de su gusto. Coloquialmente se diría que era una publicación "de andar por casa". Y eso gustaba a los que querían solazarse unos minutos con un entretenimiento ligero. No aspiró a más, y esto quedó demostrado con la evolución casi inmutable de la revista, que finalmente se mantuvo por el respeto generacional. Pero no nos equivoquemos, todo el mundo habla del "tebeo" como si fuera uno de los puntales de nuestra industria, y si bien fue cierto que vendió mucho, la de Buigas fue una empresa con una inversión de esfuerzo mínimo en la producción: lanzó tan sólo 3.000 tebeos diferentes a lo largo de setenta años. Eso, hoy, es poca cosa. Panini te lo pone en la calle en cinco añitos a poco que te descuides.

P.: En cada capítulo vais desglosando las distintas series y autores que han colaborado en las diferentes cabeceras ¿Creéis que es posible su recuperación para un público nuevo o pesan mucho los condicionamientos históricos para ser accesibles a un lector no avisado?
R.: Entiendo que quieres mi opinión sobre si estos tebeos podrían tener éxito hoy, resultar digeribles para un lector actual. La respuesta es que no tal y como se brindaban al lector, en dosis periódicas con fragmentos de series o con historias cortas. Supongo que a un lector actual le costaría trabajo leer Maus o V de vendetta tal y como se publicaron en origen. Pero al igual que ocurre con la historieta francesa o estadounidense, de la que seguimos consumiendo sin complejos cómics producidos allá por los años treinta, cuarenta o cincuenta, podríamos recuperar lo mejor de estas revistas para el nuevo lector en recopilatorios. Con TBO precisamente se ha hecho varias veces. Pero con otras publicaciones no, y considero que sería necesario. Pocholo es toda una fuente de historietas sorprendentes aún hoy. Nicolás o Búfalo tiene ejemplos del mejor humor surrealista español. Y, bueno, los logros de Gaceta Junior o Gran Pulgarcito se siguen reeditando en parte todavía hoy. Lo resultaría raro es que un lector de hoy no estuviese "avisado" sobre los contenidos de un tebeo. De hecho yo soy de los que cree que no vivimos en la era del "Avisamiento" más que en la era del Conocimiento.

P.: Junto a las características de autores y series vemos un profundo interés en conocer las empresas que hay detrás de las viñetas.
R.: Claro. Es que conocer los tebeos es comprobar no sólo su trascendencia en la memoria o en la cultura, también pasa por entender los procesos de producción. El estudio del cómic resulta más cómodo cuando analizas la industria en cuyo seno se desarrolla. Por ejemplo, hace poco asistí a la defensa de la tesis de José Joaquín Rodríguez, que trataba sobre las transformaciones culturales asociadas a los cómics de Marvel durante cuatro décadas, de los cuarenta a los ochenta. El autor daba cuenta de la constante metamorfosis de los comic books de Marvel por razones sociales y políticas, pero también se percató de que las razones impulsoras de esos cambios fueron muchas veces los condicionantes económicos y propios de las empresas. No podemos evaluar la labor de nuestros creadores de cómic, sus posibilidades expresivas, sus hallazgos o su legado si no entendemos antes qué pretendía el editor, cómo se podía trabajar en la redacción, cómo se comunicaban con los autores, con qué tecnología contaban, cómo se tiraban los tebeos en la imprenta o cómo se distribuían y, finalmente, cuál era el poder adquisitivo de los posibles lectores en función de sus empleos y salarios. Esto es esencial. Hoy oigo a personas quejarse de que un tebeo (los que rondan los veinte euros por ejemplar, digamos) resulta caro en comparación con los tiempos de antaño, y no se percatan de que los céntimos o la peseta que podía costar un tebeo en los primeros años cuarenta implicaban un precio posiblemente astronómico para muchos. Implicaban privarse de otros productos básicos a veces. ¡Qué perra y qué mala es la economía, tú!

P.: El TBO nace en un momento en el que la historieta se convierte en un medio de masas, llegando a vender 350.000 ejemplares (375.000, según sus editores). ¿Cómo se llega de este florecimiento a la actual desaparición del formato?
R.: ¡Pues vaya con la preguntita! ¡Ja! Se llega mascullando groserías como consecuencia de la paulatina pérdida de lectores debido a la sustitución de los gustos, el descenso del interés, la competencia con otros medios y productos para el ocio; y en cada periodo por una razón nueva. El punto álgido de ventas se produjo en el segundo lustro de los años cincuenta. Con la llegada de la televisión a los hogares en los siguientes años el descenso fue aún más acusado y ya irreversible. En los ochenta hubo un repunte, pero ficticio y muy breve, porque no había modo de competir con los videojuegos, y desde los noventa la cosa ha seguido descendiendo, sobre todo desde el advenimiento de internet. Ojo, hablo de tiradas, no de lanzamientos. En realidad, cuando Buigas, Estivill y Viña publicaban esos cientos de miles de tebeos a la semana (aunque sospechamos que realmente fueron menos), varios editores lanzaban por encima de 100.000 ejemplares de sus títulos, y muchos 20.000. Y en el país se editaban más de 3.500 tebeos distintos al año. Multiplica. Hoy hay 2.500 novedades circulando por nuestra piel de toro al año, lo cual es un descenso considerable, pero es que ya casi ningún título supera los 10.000 ejemplares de tirada. Te puedes dar por contento si llegas a 1.000, aunque de un tiempo a esta parte están proliferando las revistas infantiles con historietas que lanzan entre 20.000 y 40.000 al mes y funcionan, o al menos no dejan de aparecer por los quioscos. ¡Ayer les compré una a mis niñas. ¡No iban ellas nada contentas con su tebeíco con regalo...!

P.: En el caso del TBO es muy importante ver cómo a través de los distintos continuadores de Buigas hay un ánimo continuista en una línea de humor blanco sin estridencias. ¿Benefició o perjudicó en su historia esta fórmula?
R.: A ellos les beneficiaba, según creían, porque así mantenían un legado, una "línea continua" y de éxito que les aseguraba un mínimo de ventas. Desde mi punto de vista, cuando llegó la década de las flores la fórmula había caducado por completo y no supieron reconducir la revista. Producir ese tipo de historieta ya no era juicioso, pero siguieron insistiendo pese a las propuestas de renovación que articularon algunos autores, que es algo en lo que quiso profundizar con verdadero interés Jordi Manzanares, coautor del estudio sobre esta revista. No obstante, ya era muy difícil dar un golpe de timón, porque los que acudían a TBO buscaban lo que siempre les había brindado TBO, y cambiar eso ya resultaba imposible. A fin de cuentas, no sólo se perjudicaron a sí mismos los editores, también perjudicaron a la historieta en su totalidad, porque para el gran público el concepto "tebeo" se fue cargando más y más de connotaciones negativas, o peyorativas, y la frase que surgió a partir de cierto momento, supongo que en los años cincuenta: "Estás más visto que el TBO", acabó convirtiéndose en "Estás más visto que el tebeo". Y eso no ha sido bueno en absoluto. Para nadie.

P.: Autores como Opisso o Benejam, Coll o Muntañola conforman algunos de los nombres propios de la revista. ¿Se les ha dado el reconocimiento preciso a estos y otros autores?
R.: Bueno, los autores de TBO sí que han obtenido un reconocimiento suficiente. De Opisso se han hecho varias exposiciones y álbumes conmemorativos. A Benejam también se le ha dedicado mucha atención. Muntañola es toda una institución en su tierra, y ha sido homenajeado por los humoristas que siguieron sus pasos (por ejemplo Kap, que colabora en este libro), y Coll tuvo un mal final, pero se le ha reconocido posteriormente su legado. Incluso a Blanco, el blanco autor de historietas blancas, se le hizo una exposición recientemente. Sin embargo, esto no ha ocurrido con los autores de Pocholo, revista que evolucionó mucho más que TBO y cuyos puntales (Cabrero Arnal, Moreno, Tomás y otros) no han tenido el reconocimiento que verdaderamente merecerían, como genios que fueron de nuestra historieta.

P.: A la hora de trabajar, la aportación de los coleccionistas es fundamental. ¿Cuáles son las dificultades a las que habéis tenido que hacer frente para trabajar con unas historietas que son parte de nuestro patrimonio cultural?
R.: Muchas. Recolectar los TBO que logramos revisar nos costó mucho tiempo. Ya has visto la lista de agradecimientos en esa parte. Sin esos coleccionistas, imposible. Vete tú a la Biblioteca Nacional a consultar el TBO. ¡Je, ni con sobornos! Pocholo también es muy difícil, sobre todo los números altos, los publicados durante la guerra, pero ahí hizo un trabajo magnífico Capdevila con sus incursiones en las hemerotecas catalanas. Y lo mismo reza con Búfalo, cuyo repaso dio Canyissà gracias a sus sesiones de consulta en bibliotecas y a que se rascó el bolsillo para adquirir algún ejemplar necesario para proseguir. De Nicolás también hubo huecos, pero se pudo trabajar con casi toda la colección. Lo demás fue fácil, porque Moliné es un gran aficionado a los tebeos catalanes y podía trabajar con su colección personal de Cavall Fort, y las cortas colecciones de Gaceta Junior y Gran Pulgarcito no son difíciles de localizar.

P.: Pocholo supone una renovación del panorama de la época empleando los recursos más definitorios del medio. ¿Cuáles fueron las grandes aportaciones de la revista?
R.: Fundamentalmente la limpieza en general, la agilidad en la comedia, la expresividad en la aventura, la implicación con la realidad que demostraban algunos autores. También la cercanía con el lector, al que retaban a concursar, a jugar, a participar en sorteos o a presentarse en un club que montaron. Crearon con muy buen tino lo que hoy denominaríamos fandom, mejor que otros editores que también lo hicieron por entonces, claro. Y contribuyeron con unos personajes realmente refrescantes, alejados de cualquier planteamiento pesimista y despegados del suelo, fantásticos. Y son propuestas aún vigentes algunas. Fíjate que sigue haciendo gracia el tratamiento del enfrentamiento cainita en la obra La guerra de los insectos, que algunos llegaron a confundir con una suerte de ironía sobre la Guerra Civil cuando en realidad se publicó con anterioridad. Hoy sigue siendo divertido leerla. También hubo atrevimiento con los nuevos formatos, como la colección Karikatos o los álbumes recopilatorios, casi libros en su planteamiento editorial, y estamos hablando de los años treinta, un empeño por un formato nuevo que promovía un mayor aprecio por la historieta debido a la recopilación en un formato más atractivo y cercano al concepto de "libro" que de no haber sido por la guerra quizá hubiese prosperado, como lo hizo en Francia.

P.: La Guerra Civil marca el rumbo de varias cabeceras a las que se hace referencia en el libro y dificulta aún más la tarea de fechar las publicaciones con una restrictiva ley sobre las revistas seriadas a publicar.
R.: La Guerra Civil no marcó rumbos, los truncó, que es bien distinto. Pocholo es ejemplo evidente. Tras la guerra lanzó un número más, un almanaque, que demostraba que aquello ya "no era lo mismo". La deriva política había agotado sus ilusiones y sus intereses. Volvería luego, pero totalmente cambiada, sin rumbo. TBO igual. Lanzó un número especial en 1941 y luego tardó en volver, en este caso con una estética continuista que no obtuvo reproches. Pero Bruguera aún tardaría casi diez años en recuperar el ritmo ágil y bien engrasado de edición que tenía en los años treinta. Una pena. Y, sí, datar los tebeos de entonces es una pequeña tortura. Acaba de ver la luz un especial dedicado a los tebeos en los años cuarenta de la revista académica Historietas, de la Universidad de Cádiz, en el que se apuntan ideas sobre este particular. Y en breve —ojalá— saldrá otro artículo en una revista de la UNED en el que intento recolocar la producción editorial de la década de los cuarenta siguiendo criterios más contrastados. Ha sido divertido hojear tanto papel viejo. Aunque dolía la cabeza mucho al final...

P.: En la estela de Pulgarcito surge la revista Nicolás ¿Qué diferencia a esta cabecera de otras de la época y qué le hace destacar del resto?
R.: Bueno, es común la idea de que los tebeos de entonces se parecían todos, pero Nicolás se diferenciaba bastante del Pulgarcito de posguerra, y eso precisamente era lo que queríamos hacer ver a quienes lean TEBEOS. LAS REVISTAS INFANTILES. Bruguera cosechó el éxito gracias a una extraña mezcla de sátira agresiva en el humor y suspense tenso en la aventura. La mezcla de emociones era explosiva, sobre todo en el final de la década de los cuarenta. En los cincuenta, Clíper se subió al carro de la edición con fuerza y lanzó algunas cabeceras que, por su factura y por sus colaboradores, superaban en calidad —hablando objetivamente— a las ediciones aún algo bastas de Bruguera. En Clíper había optimismo, surrealismo, engarces con aspectos de la cultura musical o teatral del momento, y había obras traducidas de publicaciones del extranjero. Como producto para el entretenimiento resultaba muy atractivo, y los autores que trabajaban con Clíper, como Figueras o Schmidt, recordémoslo, todavía no estaban trabajando con Bruguera a todo pulmón. Fue luego cuando Bruguera estableció sus condiciones de exclusividad y fue arrebatando genios del cómic a otros editores uno a uno.

P.: La revista Búfalo nos muestra un curioso caso. La historieta empleada con fines publicitarios. A través del capítulo podemos conocer diferentes cabeceras a lo largo del tiempo creadas con este fin. ¿Marca la calidad de los autores implicados en la ejecución la validez del producto?
R.: Muchos se sorprendieron cuando yo me obstiné en elegir este título para analizarlo en un libro sobre tebeos que en principio exigía escoger "grandes títulos". Y yo, erre que erre. La razón para mí estaba clara: quería ver cómo se entendían los tebeos en el seno de la sociedad de su tiempo. Ni por asomo se utilizaban en el ámbito educativo, pero, mira, sí que se usaron con intereses publicitarios. Pues eso había que estudiarlo, que nunca se había hecho. Así que busqué a un buen investigador y se lo encargué. El resultado fue mucho mejor de lo esperado, porque Jordi hizo un trabajo estupendo y supo obtener las conclusiones justas sobre un producto completamente olvidado que hoy sorprende a todos. Y lo gracioso es que la marca aún vive. Hoy mismo repasé unos zapatos con crema nutritiva Búfalo, je.

P.: ¿En qué momento dejó de ser la historieta un medio ajeno a los intereses de las empresas?
R.: Supongo que te refieres a las empresas ajenas a la edición de cómics. Si es así, esto ocurre en cuanto los cómics dejan de dar dinero. Es una costumbre que tienen los empresarios, en cuanto algo no les da dinero hacen como que lo olvidan. Son así de raritos. Fuera de bromas: por eso mismo. Los tebeos han seguido siendo utilizados como reclamo publicitario o promocional hasta hoy, pero desde luego mucho más durante los años cincuenta (para vender chocolate, chicles y otras chucherías, pegamento y otros productos útiles en la escuela, juguetes, etcétera). Luego hemos asistido a campañas en las que los tebeos ya no vendían, pero sí sus carismáticos personajes, como Mortadelo por ejemplo, que ha servido tanto para vender helados como para promocionar una entidad bancaria. Hoy su uso es mucho menor. Los tiempos cambian, amigo. Y para los tebeos como reclamo publicitario imagino que comenzaron a cambiar desde el final de los sesenta.

P.: Con Cavall Fort vemos un caso curioso. Una revista en catalán que nace en pleno régimen franquista ¿Cómo nace la revista?
R.: Pues cuando el régimen de Franco afloja la garra, evidentemente. La prohibición de usar el catalán en público era una losa inamovible, pese a que el catalán se utilizaba en el ámbito doméstico habitualmente. En los tebeos se veía peligroso ese uso con más razón porque iban dirigidos a los niños, ese público tan voluble y potencialmente "peligroso". Pero se logró gracias al empeño de los catalanes que querían expresarse en su lengua vernácula y se compuso una excelente revista, didáctica, atractiva, llena de hallazgos, que ha mantenido contentas a varias generaciones de catalanes, valencianos y baleares. Es curioso que la mayor parte de las felicitaciones que hemos recibido por este libro hayan venido de personas que han agradecido mucho este capítulo dedicado a una publicación en catalán. Fue significativa en su día, y todavía es toda una institución.

P.: Grandes artistas como Miró o Tàpies han realizado sendas portadas de la revista.
R.: Y otros casi igual de grandes, como Picanyol o Madorell. ;) Yo creo que Picanyol es mejor artista que Tàpies, te lo digo en confianza y ahora que no nos oye nadie ¿eh? :D

P.: Cavall Fort es una superviviente que continúa su andadura a pesar de los años transcurridos. ¿Cuáles son las claves de su continuidad?
R.: Saber conectar y el espíritu lúdico. Lo bueno de esta revista es que no ofrecía a sus lectores ficciones sobre fracasados o tipos con mala pata exclusivamente. Buscaba la vertiente didáctica de forma natural, el entronque con las tradiciones locales, el sentido pragmático de la vida del catalán, el humor cercano... en fin, cosas que el lector reconocía como propias. Creo que eso le confirió atractivo siempre, pese a que en lo relativo al diseño a veces pecaba de algo de tosquedad. Con el tiempo, los personajes y las secciones se han ido renovando y los editores han sabido sobrevivir y buscar un nuevo público, buscando un lector nuevo, menor en edad, por ejemplo con El Tatano. Es una pena que hayan cerrado algunas revistas infantiles durante estos últimos años. Esperemos que Cavall Fort tarde en hacerlo.

P.: Antoni Guiral analiza el éxito de Gaceta Junior, una revista que permite ver algunos de los grandes clásicos de la BD europea.
R.: Decir Guiral es decir solvencia. Yo sabía que le encantaba esta publicación y sabía que no podría resistirse a elaborar un estudio sobre la misma. Y lo hizo mejor que nadie: analizándola pormenorizadamente y, cuando encontró dudas, acudiendo a las fuentes principales. En efecto, esa cabecera fue una de las que quisieron aprovechar los cómics extranjeros para intentar renovar el panorama nacional de la historieta, algo ajado con el paso del tiempo, además de por el envejecimiento de las propuestas de los editores "de toda la vida" y el espíritu monopolista y de reaprovechamiento que reinaba en la editorial Bruguera. Con Gaceta Junior se abrió un nuevo modelo de tebeo que, ojo, en aquel tiempo suponía un riesgo.

P.: Junto a la labor de los grandes nombres franceses es muy importante la presencia de autores autóctonos como Carlos Giménez o Víctor Mora que marcarán la personalidad de la revista.
R.: Cierto, o Carrillo, o Jan, grandes nombres para un periodo en el que la historieta española estaba a punto de dar un vuelco con la llegada de una nueva generación con mucho talento y muy reivindicativa. Giménez y Mora lograron con Dani Futuro crear un híbrido sorprendentemente fresco entre la aventura juvenil desenfadada y las historias con mensaje, cosa por aquel tiempo poco habitual. Hoy en día, sus mensajes ecologistas resultan ciertamente ingenuos, la verdad. Pero el mayor logro de aquella apuesta tuvo lugar en lo narrativo, en la briosa evolución de Giménez como historietista, que aquí ya se atisbaba y despegaría con enorme fuerza durante la década de los setenta.

P.: Si a lo largo del libro aparece de forma continuada el nombre de Antonio Martín como estudioso del medio, en este capítulo cobra un especial protagonismo.
R.: Sí, como decía, Guiral acudió a la mejor fuente para elaborar su estudio sobre Gaceta Junior porque acudió a quien fuera su director, Antonio Martín. La entrevista que Guiral le practica aclara muchos puntos de interés sobre la evolución de la revista y revela las reticencias o dudas de los editores con los productos nuevos o no probados. Martín, además, es citado en todos los artículos anteriores como fuente documental porque no ha habido otro estudioso de los tebeos españoles que haya profundizado tanto como él sobre la primera mitad del siglo XX y lo haya expuesto tan bien. Sus trabajos siguen siendo insuperables, y de obligada referencia. Y este libro sirve para demostrarlo. Es algo que me llena de alborozo decir aquí, porque así puedo recordar que este año de 2014 Martín cumple cincuenta (¡50!) años de dedicación al estudio de los tebeos desde que comenzó, allá por 1964. ¡Felicidades, Antonio! ¡Celebrémoslo editando un nuevo libro tuyo! 

P.: El libro se cierra con un capítulo dedicado al Gran Pulgarcito, uno de los últimos éxitos de las revistas en España.
R.: Bueno, a saber. Yo creo que el "último gran éxito" de las revistas infantiles en España llegó poco después, con la cabecera Mortadelo, en la que se reprodujo el esquema de reparto de contenidos de Pulgarcito pero con el reclamo del torpe agente de la TIA. Gran Pulgarcito me interesaba más por otras razones: era una revista de andadura corta que podía servir para sacar conclusiones más concretas sobre la transformación de la industria de los tebeos de entonces, y porque fue donde el gran puntal de la historieta española en los últimos sesenta años, Francisco Ibáñez, despegó como historietista elaborando aventuras largas, al estilo franco-belga, que fueron las que le han dado más éxito a él y a su serie (que sigue siendo una de las obras más asociadas a la historieta española en su conjunto para casi todo el mundo). Otro aspecto interesante de Gran Pulgarcito era su "travestismo" en la recta final de su andadura, cuando un personaje televisivo, un naturalista carismático, arrebató la titularidad y el protagonismo en portada a los personajes de Vázquez o Raf. La cosa no funcionó, tenían que haber dejado ahí a Don Polillo o a Flash, el fotógrafo.

P.: En este capítulo vemos la sobreexplotación de autores y el uso abusivo de los fondos de la editorial con series de éxito como las de Mortadelo y Filemón.
R.: Era una forma de mostrarlo, sí. Si hubiéramos entrado a analizar Din dan o Zipi y Zape extra las conclusiones habrían sido similares. Bruguera había producido tanto que resultaba tentador y sencillo regurgitar parte de lo hecho y repartirlo por varias cabeceras. En este caso, sin embargo, las historietas de Mortadelo fueron en su mayor parte nuevas. Bueno, "nuevas" si no tenemos en cuenta que en cierto modo las había dibujado antes Franquin. Bueno, tú ya me entiendes...

P.: Junto a los entrañables autores españoles que han marcado generaciones, vemos cómo la revista mira constantemente a Pilote.
R.: Es que había que mirar. Francia era, desde el final de los años cincuenta, el faro que señalaba por dónde estaba la costa más fértil de la historieta. El cómic estadounidense se estaba desperezando entonces y a España apenas si llegaba, pero el francés y el belga estaban muy a mano y aportando obras buenísimas cada año, cada vez mejores. La "revolución Pilote" fue algo inusitado, debido a las excelentes obras que publicaba. Ya sólo con los trabajos de Greg, Tabary, Goscinny, Uderzo, Charlier y Giraud bastaba para ponerse a dar palmas. Pilote fue la mejor revista del mundo durante mucho tiempo. Había que imitarla para triunfar aquí, esto estaba claro.

P.: ¿Crees que es viable volver a recuperar debidamente actualizadas las revistas?
R.: No lo creo tal y como se gestaron entonces. Siempre he confiado en que sí si se plantean de otro modo, lo cual quiere decir que ya no serían las mismas revistas. Muy difícil esto. Esas fórmulas, esas estéticas... hoy no tendrían éxito. El talento de sus autores podría ser igualmente válido, sobre esto no tengo duda alguna, pero la construcción de los personajes, sus reacciones y motivaciones, y los argumentos de las historias que viven, deben cambiar. Si no, esto no funciona. La historieta es un medio narrativo como cualquier otro, y las propuestas argumentales deben ir acompasadas con cada sociedad y con cada momento en el tiempo.

P.: Una vez completado el libro, ¿cuáles son los próximos proyectos de la asociación?
R.: Pues seguir trabajando mientras las fuerzas nos lo permitan. Tenemos varios frentes abiertos, y hay ganas de mantenerlos. No vamos a descuidar nuestro catálogo, que sigue siendo el más completo sobre cómics en España, y que además estamos reformulando e implementando con nuevas herramientas que permitan obtener mejores estadísticas o mejores galerías, por ejemplo. Y seguimos alimentando con buenos textos la revista Tebeosfera, ahora con cadencia semanal. No queremos dejar de hacer libros si siguen interesando (si no recuperamos inversión no podríamos seguir, pero los socios parece que siguen confiando en la ACyT, y eso asegura la salida de otro, al menos). Entre nuestros planes está abrir otra colección más, de manuales, y no pensamos abandonar la idea de lanzar más inventarios, que asuntos para inventariar hay. De momento no te puedo adelantar mucho más, pero quédate con la idea de que entre nuestros planes contemplamos tres líneas de trabajo: la de los grandes catálogos, la de los libros muy cuidados sobre temas concretos, como este que nos ocupa ahora, y la de las guías monográficas más manejables que quisiéramos lanzar al final de este año. A ver qué se puede hacer, porque no queremos defraudar a nuestros socios, toda esa gente que ha confiado en nosotros hasta aquí y que ha permitido mantener viva la llama del estudio de la historieta española de todo tiempo y lugar, y de la divulgación de buen nivel, como la que hallaréis todos en este libro que acabamos de lanzar.
Gracias por todo.

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