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“En el cómic nadie me dice lo que puedo hacer o no” Entrevista a Kaz

KAZ-WEIRDOTraducción: Paula Maroño

"En las historias de "Submundo", conviven yonkis vocacionales, ratas mutantes, un gato que fuma, peluches parlantes y paletos de la América profunda. Los personajes se cruzan unos con otros, intercalan sus historias y crean un todo." Así se presenta la obra de Kaz, editada por Autsaider Comix para disfrute de todos los aficionados al humor. Un autor que mezcla su pasión por el cómic con su trabajo en la animación creando una obra llena de locura y diversión. De su experiencia con Art Spiegelman o Robert Crumb a su trabajo en Bob Esponja o Disney pasando por su obra cumbre, Sub.Mundo, hablamos con Kaz de su trayectoria.

 Pregunta: ¿Cuánto ha influido tu familia en tu obra?

Respuesta: Había mucha gresca en el hogar en el que crecí. Ser espabilado y rápido con el puño eran habilidades que venía bien desarrollar.

P.: ¿Cuáles han sido las obras que te marcaron de niño?

R.: Cuando era muy pequeño me flipaban El Mago de Oz, Peanuts, y Top Cat. Luego ya descubrí a los Hermanos Marx, W.C.Fields, y a Mark Twain. De adolescente los tebeos antiguos de Dick Tracy fueron toda una revelación. Me encantaba que eran cañeros y violentos y al mismo tiempo tenían un estilo muy de dibujos animados.

P.: Después de realizar diferentes trabajos alimenticios decides ingresar en la Escuela de las Artes Visuales de Nueva York. ¿Cómo recuerdas esa época?

R.: Fueron muy buenos tiempos, estudiando arte y descubriendo lo divertido que era Nueva York. A veces me superaban las posibilidades del arte. No sabía si quedarme con la idea de ser dibujante de cómics, o dedicarme a la pintura, a la escultura, al cine o a la animación. Tenía unos cuantos amigos del mismo rollo y una novia punk rocker, y pasaba mucho tiempo explorando mi creatividad, estando puesto o borracho, y saliendo a ver a todos los grupos que me encantaban por entonces. Era muy feliz.

P.: Antes de completar tus estudios comienzas a colaborar en revistas como Raw o Weirdo. ¿Cómo era el clima en estas revistas?

R.: El trabajo con Art Spiegelman fue muy estimulante. Tanto él como su mujer Françoise eran muy generosos compartiendo ideas y descubrimientos artísticos. Ellos me presentaron a otros dibujantes como Charles Burns y Mark Beyer que influirían mucho en mi trabajo. El loft que Spiegelman tenía en el Soho era un vibrante lugar de encuentro para gente que compartía arte e ideas. Era una experiencia estimulante, divertida, y adulta de una forma que yo no había vivido antes. Weirdo estaba en la Costa Oeste así que con Robert Crumb me relacionaba por correo. Le gustaba mi trabajo. Nos peleamos un poco una vez que no me pareció bien que colorease uno de mis dibujos en blanco y negro. La gente me decía que me callase la bocaza y aceptase cualquier cosa que el gran Robert Crumb hiciese para mí. Al final nos conocimos unos años después y me llamó “gilipollas” por el tema del coloreo. Yo me partí de risa. De hecho me hizo ilusión que le diera importancia. Ja.

P.: ¿Cómo era el trato con Art Spigelman?.

R.: Art es un hombre muy inteligente y apasionado. En la época de Raw sus opiniones eran muy polémicas en la comunidad del cómic. Tengo muy buena relación con él. Siempre le he considerado mi profesor y más adelante mi amigo. Él no miente. Si yo hacía una tira que no estaba lo bastante currada, al momento me lo decía. Fue el primer dibujante intelectual que conocí así que me dejó una profunda impresión.

P.: El año 92 comienzas a desarrollar Submundo. ¿Cómo nace la serie?

R.: Financieramente las estaba pasando canutas como dibujante, y pensándome seriamente dejar los tebeos de una vez cuando el editor de NY Press me contactó ofreciéndome crear una tira de cómic para el periódico. Estuve tres semanas desarrollando Submundo. Quería que fuera una tira cómica porque mis contemporáneos estaban haciendo tebeos muy conceptuales o autobiográficos o cómics directamente oscuros y deprimentes. Yo sólo quería que fuera para partirse el culo de risa. Decidí que el contexto de la serie iba a ser el urbanismo decadente de renta baja en el que crecí, entre Hoboken y la ciudad de Jersey. Y los personajes principales serían un par de delincuentes de poca monta (uno de ellos una rata gorda que habla). No sé por qué, pero me pareció que tenía coña.

P.: La influencia de las daily strips y los dibujos animados es evidente en toda la serie.

R.: Es que de eso se trataba. De hecho cuando lo empecé, veía Submundo como una parodia underground de los cómics de los diarios. Ahora ha adquirido carácter propio.

P.: ¿De donde sacas la inspiración para las historias?

R.: De todas partes. Desde conversaciones que escuchaba por la calle hasta otras tiras que reimaginaba después de verlas en un espejo deformador de esos de feria. Básicamente me tumbo y me pregunto cómo me estoy sintiendo y a continuación intento filtrarlo en los personajes de la tira y conseguir un chiste final decente.

P.: Destaca la rica variedad de personajes, cada uno con una serie de gags asociados. ¿Cómo nacen los personajes?

R.: La verdad que no lo sé exactamente, sólo creé los personajes que necesitaba para las ideas que quería expresar. Más adelante los propios personajes me sugirieron ideas a mí. La idea de un gran plantel de personajes la saqué de Robert Crumb. Me encanta la variedad de personajes que tiene y cómo esto permite expresar un montón de ideas diferentes.

P.: La estructura de la serie se mantiene inalterable desde sus comienzos.

R.: Claro, en el periódico dispongo de un espacio limitado que lo condiciona.

P.: Submundo se publica en diferentes cabeceras underground. ¿Cómo han cambiado a lo largo del tiempo.

R.: Pues las publicaciones alternativas están muriendo debido a internet. Tengo menos ahora que cuando empecé. Los americanos ya no tienen paciencia para leer un periódico.

P.: Yonquis, ratas, vertederos contrastan con la limpieza de tu trazo y la capacidad de trabajar con personajes icónicos.

R.: El contraste es una base para el humor y el drama. Simplemente intento presentar mis ideas de forma graciosa.

P.: Las drogas tienen una fuerte presencia en tu obra.

R.: He tenido algunas experiencias con las drogas muy interesantes. Alterar la consciencia es mirar al mundo de otra forma. Y cualquier arte es un punto de vista. Cambia el punto de vista y cambiarás el arte. En el pasado me gustaban mucho las drogas psicodélicas. A mucha gente le gusta Nuzzle el yonqui. Nuzzle me sirve para hacer coña de los yonquis. Nunca he sido yonqui. No he consumido heroína ni me interesa. Simplemente era un personaje y un tema que no se trataba mucho en la cultura del cómic. Y menos para hacer humor sobre ello.

P.: Fantagraphics ha realizado la recopilación de la serie en varios tomos. ¿Cómo es la relación con la editorial?

R.: Muy buena. Les envío mi trabajo y me lo publican. Eso es todo. No me dicen lo que tengo que hacer y yo no se lo digo a ellos tampoco.

P.: En España será Autsaider la encargada de publicar Submundo, publicando material inédito en el resto del mundo.

R.: Sí, estoy encantado con Autsaider. Están haciendo un gran trabajo y con mucho entusiasmo. No podría estar más contento.

P.: Uno de los aficionados a tu obra es el creador de Bob Esponja. Comienzas a colaborar con los guiones de la serie. ¿Cuáles son tus primeras impresiones del mundo de la animación?

R.: Es divertido participar en un negocio que mueve tanto dinero. Me tuve que acostumbrar a que no siempre se aceptasen mis ideas. Tú lanzas ideas y los creadores del programa ya te dirán si las quieren o no. Enseguida aprendes a no cogerles mucho cariño a tus propuestas y a tener siempre alterantivas preparadas. Creo que mi disciplina de escribir y dibujar una tira semanal me facilitó mucho la flexibilidad a la hora de aportar un montón de ideas.

P.: ¿Cómo es tu trabajo en la serie?

R.: Ahora ya no dibujo storyboards; estoy en la sala de los guionistas sacando una idea para una historia. Si al jefe le gusta, seguimos aportando ideas durante una hora aproximadamente. Luego retomo esas ideas y escribo un esquema de guión (de dos páginas y media más o menos). Lo comento con mi editor de guión y con los creadores del programa. Si lo aprueban, pasa al ejecutivo de la cadena que le añadirá notas y luego lo aprobará. Entonces con ese esquema escribo un guión (de entre 16 y 17 páginas). El guión se reescribe varias veces con anotaciones de mi editor y del ejecutivo de la cadena. Una vez que está aprobado se le pasa al artista que dibuja el storyboard y los actores graban la historia. A continuación el storyboard se transforma en animación (una especie de show de imágenes consecutivas con la banda sonora de los actores). Con mi editor y los creadores lo repasamos durante dos semanas, cambiando escenas, poniendo chistes (aquí es donde me suelen salir gags para añadir a la animación), y editando los tiempos. Al mismo tiempo estoy escribiendo nuevas líneas argumentales, nuevos guiones, y reescribiendo los guiones de otros guionistas siguiendo las notas de los jefes de la cadena y de los creadores del show. Así que es un trabajo muy dinámico y divertido.

P.: ¿Existen muchas diferencias entre el mundo del cómic y el de la animación?

R.: Sí, son mundos completamente diferentes. La animación es un negocio corporativo que surge de la colaboración de un montón de personas diferentes. Y para mí los cómics son una aventura en solitario que llevo a cabo yo solo. No tengo editores. Nadie me dice lo que puedo hacer o no. Hago lo que me parece y lo publico.

P.: Colaboras en Phineas y Ferb. ¿Trabajar para Disney supone muchas diferencias?

R.: No. Lo mismo que con Bob Esponja. Sólo que se trataba de un programa diferente con otros personajes. En Phineas y Ferb pude escribir canciones y eso estuvo genial. La gente quiere saber si me resulta difícil escribir para una serie de niños (sobre todo de Disney), con todas esas normas que implica el medio. Pues es muy simple, trabajo dentro de las normas si quiero cobrar. A veces salgo con chistes o líneas argumentales más atrevidos, y los creadores de la serie o los directivos de la cadena establecerán si son aceptables para Disney, Nickelodeon, o Cartoon Network. Si no es así, pues nada. Soy un chico mayor y no me enfado. Propongo otra idea. Ya tengo una vía de salida para todas mis historias piradas y se llama Submundo.

P.: Has intentado realizar series con tus propios personajes ¿Cuál ha sido la respuesta?

R.: He estado muy cerca; incluso fui co-creador de un programa de dibujos que mi socio y yo tuvimos que abandonar por diferencias creativas. Es una auténtica batalla, pero me parece un reto el proceso creativo y por eso lo sigo intentando.

P.: Da la sensación que la animación se acerca a la loca diversión de los orígenes. Algunos de los grandes gurus del underground parten de la influencia de la animación para realizar sus propuestas. ¿Mira ahora la animación a los autores que parten del underground?

R.: No. La mayor parte de los dibujantes underground no tienen ningún interés en dar animación a sus tebeos. Robert Crumb reniega de los dibujos que se hicieron a partir de sus cómics. La animación es cara y lleva tiempo, y si tienes la suerte de vender un programa a una cadena de televisión ellos van a ser los propietarios de tu show.

Tough Bar from Kaz Prapuolenis on Vimeo.

P.: ¿Qué tal acogida han tenido las adaptaciones de Submundo al mundo de la animación?

R.: Genial. Parece que a mis lectores les encantan.

P.: ¿Has intentado vender las animaciones de Submundo a algún canal de televisión?

R.: No lo he intentado demasiado porque no me interesa que los jefes de las cadenas televisivas me digan lo que puedo o no hacer con ellos. Si a alguien le interesan tal y como son, estaría encantado de hablar del tema.

P.: Después de más de 20 años, ¿Cómo mantienes la ilusión por seguir realizando Sub-Mundo?

R.: Me encanta una idea y luego me hace ilusión compartirla con mis lectores. Es mi mundo, mi vía de escape, y mi teatro personal.

P.: ¿Proyectos?

R.: Anoche mismo vendí dos cuadros en una exposición de arte, así que voy a tener que añadir la pintura a mi ajetreada agenda creativa.

 

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