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"La labor del crítico siempre debe ser enjuiciada, porque es también una labor de creación". Entrevista a Alberto García, crítico y editor de entrecomics

Alberto García, también conocido como el Tio Berni, es un apasionado del mundo del cómic. Desde entrecomics.com comparte su pasión con una gran mayoría de lectores que han convertido la web en un referente esencial para mantenerse al día de lo que sucede en el mundo de las viñetas. Consolidado como crítico decide pasar al otro lado del espejo y comienza una nueva aventura como editor, abriendo camino a un nuevo tipo de libro dispuesto a adaptarse al público real al que va dirigido aunque para ello deba saltarse a los intermediarios.
Con Alberto García repasamos la situación del mercado actual del cómic, de la crítica, hablamos de la tormenta perfecta, de la novela gráfica y de muchos temas más. Con ustedes Alberto García.

 

– Pregunta: ¿Qué es entrecomics?
– R: Bueno, ahora mismo es dos cosas: una web y una editorial. Pero en realidad, en su núcleo, es un grupo de amigos que comparten algún que otro gusto, muchas actitudes similares ante la vida y una belleza física insultante. Si hablamos de la web, nuestro objetivo principal es la información sobre lo que se cuece en el mundo de los tebeos. Como tenemos nuestras propias filias, damos prioridad a lo que a nosotros mismos nos resulta más interesante, y en ese sentido se puede decir que ya se hace una labor crítica al decidir qué noticias priorizar. Es obvio que Entrecomics y Zona Negativa, por poner un ejemplo, son dos webs de información, y sin embargo sus contenidos raramente se solapan. Nosotros solemos dar más cancha al cómic de autor y ellos al de superhéroes, y ahí ya estás marcando una línea editorial, por así decirlo. Y luego, esa labor más grosera de información se afina con las reseñas, donde solemos hablar de los cómics que nos parecen la crème de la crème o que pueden interesar al tipo de lector que sigue nuestra web.

Como editorial somos otra cosa, pero dado que la gente que está detrás es la misma, es fácil deducir los parámetros en los que nos movemos. Somos una editorial muy pequeñita donde la falta de recursos económicos se suple con los recursos humanos. Hasta el momento, además de para estar muy orgulloso de los cómics que hemos publicado, nos ha servido para dos cosas: trabajar mano a mano con varios autores y establecer con ellos una espléndida relación, y para entender un poco qué hay entre bambalinas, cómo funciona el mercado editorial, por qué los tebeos tienen el precio que tienen, qué papel juegan distribuidoras y libreros, cómo es la realización técnica de los libros, qué parámetros tiene en cuenta una editorial a la hora de decidir qué y como publicar algo. Nuestra labor previa en la web de información también nos ha ayudado bastante en toda esta tarea.

– P.: Los años 90 fueron años difíciles para el mercado editorial. Curiosamente, frente al declive de la industria, surgen numerosas cabeceras dedicadas a la crítica especializada, unas más dedicadas a la actualidad del medio (Trama, Volumen...), otras al análisis de autores y obras (U) ¿Cómo viviste esa etapa? ¿Supuso un acicate para tu trayectoria posterior?
– R.: Pues, teniendo en cuenta que tenía veintitantos años, la viví con bastante desenfreno y, precisamente, ha sido la época en la que más alejado he estado de los tebeos y su entorno. Nunca he dejado de leer tebeos, pero entre las circunstancias personales y el declive de la industria que mencionas, estaba más por la literatura y no leía tebeos tan intensivamente como lo hacía antes o como lo haría después. Las revistas que mencionas y otras las recuperé más tarde, cuando ya habían desaparecido o estaban en sus últimas etapas. De manera que en su momento no es que fueran un acicate, pero después sí que me han servido para aprender mucho y para recuperar cosas de aquella época que se me habían pasado por alto. De hecho, el nivel de crítica que se alcanzó en la revista U creo que no se ha vuelto a alcanzar en este país, ni en medios analógicos ni digitales.

– P.: Internet acabó en gran medida con el papel de la crítica. ¿En qué momento y cómo decidisteis dar el salto de lectores a críticos? ¿Cómo fueron los primeros tiempos y decisiones?
– R. : No sabría decir si el responsable fue internet, pero desde luego este nuevo medio de comunicación es más proclive a la autoindulgencia. Creo que todavía, por algún motivo, se siente mayor responsabilidad cuando se escribe para un medio impreso, tal vez porque sugiere una mayor perdurabilidad, así que puede haya algo de eso que dices. Nosotros dimos el salto como lo daba todo el mundo en aquella época: sin pensarlo mucho. Lo hicimos porque podíamos, simplemente. No teníamos ni idea de si dábamos la talla como críticos (y no la dábamos), pero nadie nace aprendido y no hay nada peor que ignorar que lo ignoras todo. Íbamos viendo un poco qué cosas se nos daban mejor y cuáles nos motivaban más. Suplíamos la falta de conocimientos con mucho trabajo, y eso fue atrayendo visitas. Tantas que al final te da la sensación de que tienes algún tipo de responsabilidad y, ya sí, no te queda más remedio que esforzarte mucho en mejorar, en escribir mejor, en afinar más en las reseñas y salirte de los patrones más habituales, en plantearte hacer entrevistas con autores más inaccesibles y además tratar de hacer que sean originales. En una palabra, ir madurando. Aún así, el nivel de la crítica en España es menor del que sería deseable (y me incluyo, claro), y muy lejos de estar a la altura de los cómics que se están haciendo ahora mismo. Posiblemente no se deba a falta de capacidad, sino a falta de formación no ya en el ámbito del cómic, sino en otras áreas artísticas, históricas y de comunicación.

– P.: El público de cómic es apasionado con sus filias y fobias ¿Cuesta intentar ser objetivo? ¿Alguna vez te has arrepentido de haber tomado partido?
– R.: Cuando comenzamos con Entrecomics pensamos que la objetividad sería la marca de la casa, lo cual demostró ser imposible. Ser objetivo no solo es que sea imposible, es que creo que no es ni deseable. Uno solo puede ser realmente objetivo con algo que le es indiferente, y ¿qué sentido tendría dedicar tanto tiempo y esfuerzo a algo que te resulta indiferente? Como te decía antes, en el mismo momento en que yo decido publicar en la web que Chris Ware ha hecho una portada para The New Yorker y sin embargo no me hago eco de que DC ha despedido a 3 editores, ya estoy opinando, ya estoy siendo subjetivo y mostrando qué cosas me interesan y me parecen relevantes. Si hablamos de opiniones más concretas, más explícitas, sí que ha habido ocasiones en las que opinar me ha acarreado disgustos gordos y momentos de mucha tensión. En el momento he podido sentirme arrepentido, pero a la larga siempre he aprendido algo. El problema es que las discusiones suelen partir de ideas aparentemente inamovibles y el debate se convierte en un "yo tengo razón constante", pero al menos el público general, el que lee esas opiniones, se puede formar idea sobre el terreno en que se mueve el crítico o divulgador, le ayuda a juzgar tu trabajo, saber de qué pie cojeas. Pero sigo pensando que la mejor forma de opinar no es tanto soltar parrafadas contrapuestas a las ideas de otro como hacer cosas constructivas en tu propia línea de pensamiento.

– P: Una web pionera en el medio fue La Carcel de Papel. Tras 10 años de labor su responsable, Álvaro Pons, decide cerrarla. Una de las razones es que la actualidad se había convertido en una obsesión que condicionaba sus lecturas ¿Cómo se mantiene el interés después de tanto tiempo?
– R.: Es muy complicado, la verdad. Álvaro resistió 10 años y nosotros ahora vamos para 7, así que nos quedan 3 años de gracia. Trabajar diariamente en la web tiene su lado gratificante, especialmente si ves que a la gente le sigue interesando lo que haces, pero también te condiciona de muchas maneras. Dedicarse a glosar la actualidad quita tiempo para hacer otras cosas, como precisamente seguir formándose para ser mejor crítico, aunque es verdad que ese contacto íntimo con el momento actual es deseable y necesario. También te obliga a estar muy al tanto de todo lo que sale y leer todas las novedades posibles, pero a mí personalmente no me representa un problema, sino todo lo contrario. Esta especie de obligación enriquece bastante, incluso leer tebeos o libros que no te gustan o no te habrían interesando a priori enriquece. Está claro que es imprescindible revisar el pasado, conocer la historia de los tebeos y trazar caminos entre otras épocas y la actualidad, pero yo vivo en el aquí y en el ahora y me interesan mucho las obras que está haciendo la gente que vive el mismo mundo que yo y que me pueden hablar de cosas que me afectan e interesan en mi propio lenguaje. Sería muy triste perderme lo que está pasando a mi alrededor precisamente en un momento en que el cómic está en una fase creativa tan bueno, tan interesante y en la que se están abriendo tantas vías artísticas y narrativas. Es obvio que los gustos condicionan las lecturas, pero cuando un crítico (y no es ese precisamente el caso de Álvaro, que siempre ha estado y por lo que sé sigue estando muy al tanto de la actualidad) dice que no ve tebeos interesantes en la actualidad, siempre me pregunto si realmente le gusta el cómic como medio o si lo que le gusta es revivir el recuerdo nostálgico de los cómics con los que él creció. Porque nuestra generación y todas las anteriores han accedido al cómic de niños, y ese componente sigue siendo importante.
Por otra parte, mucha gente piensa que un crítico es un señor que sabe mucho de un tema y pontifica desde una tribuna, cuando realmente es o debería ser todo lo contrario. Yo escribo reseñas para aprender, para entender por qué algo me gusta o no me gusta, necesito hacer ese ejercicio de análisis, y me cuesta un triunfo completar el texto más mínimo. Además, a medida que recibo nuevos estímulos de nuevas obras y establezco nuevas conexiones, mi percepción de lo que he leído anteriormente varía. Un juicio crítico no debería ser siempre inmutable. Si lo es, el crítico no está aprendiendo nada, y por eso es un ejercicio inagotable. Al igual que un autor evoluciona y a lo largo de su vida y trayectoria artística toca distintos palos, aborda distintos temas y lo hace desde distintas perspectivas, el crítico tiene el deber y el derecho de cuestionar todo lo que en un momento dado le parecieron axiomas. Este ejercicio constante de reelaboración de tus propias certezas es lo que te da vidilla y energía para seguir en la brecha.

– P.: Comentabas la falta de preparación específica del sector crítico. Recientemente has colaborado en la fundación de una asociación de críticos de cómic, la ACDCómic ¿Crees que ayudará a mejorar esta situación? ¿Cuál crees que puede ser la aportación de la ACDCómic al mundo de las viñetas?
– R.: Espero que sí. En realidad la asociación tiene dos vertientes, una de puertas afuera y otra de puertas adentro. De cara al exterior nos hemos marcado unos objetivos que fomenten la difusión del cómic y que tienen que ver con asesoramiento y ayuda a bibliotecas y otros organismos educativos, mayor presencia en los medios de comunicación, informes sobre el estado del cómic en nuestro país y otras cuestiones que para muchos de los miembros van a resultar muy estimulantes y van obligarnos a explorar nuevas facetas de la ocupación de crítico y divulgador. Y de puertas adentro también pretendemos que los propios socios puedan enriquecerse, estableciendo colaboraciones estrechas entre los miembros de la asociación, compartiendo recursos, completando bases de datos bibliográficas, organizando seminarios... Ahora mismo estamos formando grupos de trabajo para cubrir los distintos objetivos que nos hemos marcado. Evidentemente, para prepararse en este sector, como en cualquier otro, es necesario un esfuerzo y un grado de implicación importante. Hacerse socio de la ACDCómic no supone inmediatamente una recompensa, sino que habrá una relación directa entre lo que cada socio esté dispuesto a aportar a la asociación y el rédito que obtenga.

– P.: Algunas de las quejas de los lectores se dirigen a la poca transparencia en las editoriales respecto a las ventas y tiradas de sus obras, mostrando una imagen sesgada del escenario real del mundo de las viñetas. En vuestro caso ¿Cuál es la relación con editoriales y autores? ¿Se convierten en cómplices necesarios para el crecimiento de la página o cuesta encontrar esa transparencia?
– R.: En general nosotros tampoco tenemos datos sobre tiradas y ventas, más allá de los que se hacen públicos por alguna u otra vía. Y tampoco los necesitamos a la hora de valorar una obra, porque buscamos los valores intrínsecos en cada obra, independientemente del éxito o fracaso de ventas que pueda acabar siendo. No me sentiría más impelido a hablar de un mal tebeo por el simple hecho de que pensase que podría llegar a ser un superventas y, teóricamente, eso ayudase a la industria. Lo que sí tengo claro es que si en mis manos tengo dos buenos tebeos, uno de Mondadori y otro de Sins entido, y solo tengo tiempo de reseñar uno, reseñaré el de Sins entido, porque entiendo que el esfuerzo que hace una pequeña editorial merece más mi atención y la poca publicidad que le pueda reportar que el de una gran compañía que cuenta con otros canales de promoción. Esta especie de empatía con las editoriales más pequeñas, además, es mutua, ya que es mucho más sencillo conseguir que te escuchen cuando les pides una copia de prensa, un dato concreto o el contacto con un autor. Normalmente no preguntamos por tiradas y cifras de ventas, y de hecho lo más seguro es que nosotros seríamos los últimos a quienes se las dieran, dado que nuestro medio tiene bastante difusión. Aún así, a nivel personal y off the record, algunos sí que te comentan alguna que otra cosa sobre ventas, tanto para bien como para mal.
Por otra parte, los autores de cómic deben de ser los seres más accesibles del planeta. Puedo contar con los pulgares (sí, me refiero a vosotros dos) los casos en los que un autor no ha accedido a una entrevista o ha proporcionarnos algún tipo de material o información.

– P.: En un momento dado dais el salto a la edición con Entrecomics comics ¿Qué os lleva a tomar esta decisión?
– R.: Bueno, la idea siempre había estado ahí de fondo, aunque casi como una broma privada. De pronto vimos que aparecían iniciativas como ¡Caramba!, con un modelo de edición y distribución que sí que nos veíamos capaces de afrontar en términos económicos y de esfuerzo personal, y nos lanzamos a la piscina. Además, Pablo Ríos, que ahora ya tiene editado por nosotros su "Azul y pálido", por aquel entonces nos comentó que tenía un proyecto en marcha, que lo había presentado a un par editoriales y no les había interesado. Lo vimos y nos gustó mucho, así que en ese mismo momento decidimos montar una editorial para poder publicarlo, aunque finalmente haya sido la tercera referencia de la editorial. También es verdad que llevábamos bastantes cervezas y comida china encima. Lo bueno es que, al día siguiente y con la resaca, en lugar de reírnos de la ocurrencia de la noche anterior y pasar a otra cosa, nos sentamos a hablar el asunto en serio. A hacer números, a planificar el asunto, a buscar otros autores que publicar... En definitiva publicar también es una manera de hacer crítica, de exponer los trabajos que crees que tienen algo que aportar, así que es un poco la continuación natural de la web.

– P.: El primer trabajo es "Moowiloo Woomiloo", una arriesgada propuesta de Nestor F. y Mog H. ¿Es una forma de decir quiénes sois y cuál va a ser vuestro camino? ¿Cómo ha sido la respuesta del público?
– R: Claro, la primera obra que publicas tienes que intentar que te defina un poco y "Moowiloo Woomiloo" lo hace muy bien. En nuestra faceta de web de información mucha gente nos identifica con la novela gráfica, y dentro de la novela gráfica con las más sesudas y sufridas. Por supuesto que nos gustan muchas novelas gráficas de este tipo, pero "Moowiloo Woomiloo" es todo lo contrario de esa falsa idea prototípica de la novela gráfica y sin embargo comparte con ella lo más importante, que es la voz personal de sus autores. Es decir, nos interesan las obras de personas que tienen algo que decir y que lo dicen de una forma especial, bien sea porque su tratamiento gráfico o porque su abordaje temático parte de una óptica peculiar, personal, artística. Nos interesan las obras nacidas de una perspectiva creativa, no comercial, nostálgica o clónica de modelos probados. A mucha gente le sorprendió que nuestra primera obra publicada fuera "Moowiloo Woomiloo", un tebeo compuesto por historias de una página, con un humor negrísimo, escatológico, ofensivo, y además editado en tapa blanda y formato apaisado, por no mencionar que originalmente era un webcómic. La recepción del público ha sido buena, no hemos encontrado a nadie que nos haya dicho que ha leído el tebeo y no le ha gustado, aunque yo qué sé, igual hablan catalán en la intimidad. Buenas críticas, aparición en las listas de lo mejor del 2012 y una nominación como autor revelación para Néstor F. en el Saló del Còmic de Barcelona (aunque aún no comprendo que Molg H. no esté también ahí). En cuanto a ventas, no se puede decir que haya ido tan bien: imprimimos 1.000 ejemplares y se han vendido fehacientemente a día de hoy unos 400, hecho que se puede achacar a varios factores: son dos autores relativamente poco conocidos, no es un cómic para todos los estómagos y, sobre todo, trabajamos sin distribuidora, lo que reduce mucho el nivel de exposición del cómic al público, al no poder encontrarlo en todas las librerías ni en grandes superficies. A nivel personal es un poco decepcionante, porque nos parece un grandísimo tebeo de dos autores que van a dar mucho que hablar y que merecería muchísima más difusión. A nivel puramente comercial la jugada no ha sido tan negativa, ya que con estas ventas el tebeo está amortizado. Hay que tener en cuenta que al quitar a la distribuidora de la ecuación aumenta mucho el rédito por ejemplar vendido, y esas 400 copias pueden equivaler a 600 o 700 copias vendidas a través de una distribuidora, cifra en la que se mueven muchos tebeos hoy en día.



– P.: Continuáis con una coedición con Fulgencio Pimentel: "Pudridero" de Johnny Ryan. En una edición de lujo de la que enseguida sacaréis el segundo tomo.
– R: Tenemos muy buena relación con César Sánchez, el editor de Fulgencio Pimentel (que, por cierto, es quien nos ha enseñado que una de las obligaciones más importantes de un editor es NO editar). Tiempo atrás habíamos hablado de cuánto nos gustaba a él y a nosotros el "Prison Pit" de Johnny Ryan, y un día nos llamó para decirnos que tenía los derechos y que si queríamos coeditarlo. No tuvimos que pensarlo mucho, encajaba perfectamente en la línea que nos estábamos marcando, así que le dijimos que sí. Otro tebeo de caca y sangre, como "Moowiloo Woomiloo", un caramelo para nuestros paladares. Fulgencio Pimentel se encargó del trato con Fantagrahics (la editorial americana que gestionaba los derechos) y también del diseño del libro, que es fabuloso. No diría que es una edición de lujo, los materiales son muy normalitos, pero el buen gusto y los conocimientos de César Sánchez y Daniel Tudelilla han sabido sacarle mucho partido. Y tampoco es de lujo en el sentido de que es un libro muy económico, no habría salido más barato publicándolo en tapa blanda o en dos tomitos de menor tamaño. Nosotros nos encargamos básicamente de la labor promocional, aprovechando que tenemos bastante experiencia en manejar internet y las redes sociales. Montamos un concurso de versiones del protagonista y la respuesta fue tan abrumadora, en calidad y cantidad, que acabamos haciendo sendas exposiciones en Madrid y Barcelona. Las ventas han sido razonablemente buenas y además, a nosotros, nos ha servido para saber lo que es trabajar con una distribuidora y acabar de convencernos de que es un modelo que no nos gusta y que solo utilizaríamos como último recurso. Es decir, hace un momento te he dicho que las ventas han sido relativamente buenas, pero en realidad nunca sabes exactamente cuántos ejemplares se han vendido, sino tan solo cuántos se han distribuido. La distribuidora te entrega un pagaré en base a esos ejemplares distribuidos, como si fueran realmente vendidos, pero uno, dos o cinco meses después pueden recibir devoluciones masivas de las tiendas y en ese momento tienes que reembolsar a la distribuidora el importe de esos ejemplares. En definitiva, la distribuidora funciona como una financiera, y ya estamos viendo, en todos los ámbitos de la sociedad, lo que supone vivir a crédito y crear burbujas con bienes ficticios. Dicho esto, así en plan absoluto, lo cierto es que es posible hacerse una idea de la ventas a pesar de trabajar con una distribuidora, ya que el ratio mes a mes entre devoluciones y nuevos pedidos te da una idea de si el tebeo se está vendiendo o no.

– P.: Sorprende "Azul y pálido" con una exquisita edición y una temática poco habitual en el mundo del cómic: Las abducciones ¿Crees que es posible llegar a otro público ampliando el abanico de temas a tratar?
– R.: Por supuesto. La industria del cine, de la música, de la novela, no viven de los coleccionistas y los compradores compulsivos (bueno, en estos momentos posiblemente no viven de nada), sino de los clientes ocasionales, de aquellas personas que de vez en cuando ven algo y lo compran porque habla de un tema que les interesa. El problema con el cómic es que venimos de una tradición de de cómic infantil y juvenil en la que, o bien se interrumpía la lectura llegada cierta edad, o bien el aficionado se convertía en coleccionista, sin demasiadas opciones intermedias. "Azul y pálido" habla, en tono documental, de contactados por los extraterrestres, aunque el tema de fondo es más filosófico, por así decirlo. Teniendo en cuenta su temática lo hemos promocionado fuera del círculo de lectores habituales de cómic y ha tenido bastante repercusión en prensa general y en las revistas más importantes del ramo del misterio, como "Más allá" o "Enigmas". También ha habido bastantes entrevistas y menciones en programas radiofónicos del ramo, como el de Iker Jiménez o el de Miguel Blanco, los más importantes de España. Promocionarlo en estos ámbitos era algo de cajón, había que hacerlo, porque ahí fuera hay un público que no tiene contacto habitual con el cómic pero al que seguro que se le interesan los temas que se tratan en un cómic concreto, bien sea sobre el autismo, sobre la situación en Palestina o sobre la vida de Gabriel García Márquez. Como te decía, venimos de un panorama en el que han primado el entretenimiento puro y duro y la fantasía escapista, que vendrían a ser el pan y el agua de los cómics, pero aunque a todos nos gusta tener ambos a diario, hay alimentos cocinados con más esmero que son más sabrosos y nutritivos. No necesariamente mejores, solo distintos. En la lucha por popularizar el cómic podemos seguir dos vías que no tienen por qué ser excluyentes: por un lado, reiterar las fórmulas que funcionaron en el pasado, devolviendo al cómic su papel como entretenimiento masivo, y por otro, probar un nuevo camino en el que el cómic adquiera una relevancia a otro nivel, que es lo pretende traer consigo la novela gráfica o el cómic de autor. El primer camino se encuentra con el problema de la desaparición del canal clásico de distribución, el kiosco, y la competencia de internet, las series de televisión, el cine descargado gratuitamente y los videojuegos. Ese camino, según muchos, debería potenciar la lectura de tebeos durante la infancia y la juventud, adoctrinando a sus lectores para que lo sigan siendo durante toda la vida, pero no se puede sostener si en su edad adulta no se les ofrece un material acorde con sus nuevas preocupaciones. Ni en cine ni en literatura las obras infantiles son mayoría, son industrias enfocadas claramente en el adulto.
El segundo camino tiene que afrontar que los títulos individuales puede que no vendan tantísimos ejemplares como sería deseable, pero es una tendencia que ya estamos viendo en el mundo de la literatura, que tiende a un modelo de "long tail", larga cola, que consiste en muy pocos títulos auténticamente best-sellers y muchos títulos que se mantienen con pocas ventas. Hace poco hablaba con un editor literario que me decía que debido a la crisis la venta de best-sellers había descendido alrededor del 40%, mientras que la venta de libros dirigidos a públicos más específicos solo había bajado en torno al 15 o 20%. Una editorial puede funcionar buscando su nicho y encuadrándose en esa larga cola, aunque el asunto aquí es encontrar el modo en que ese modelo sea rentable para el autor. Y aquí entraríamos en otra discusión, si el cómic debe ser a la fuerza un arte industrial, comercial, en el que todos sus implicados estén profesionalizados, si puede ser un medio netamente artístico, en que los creadores realicen sus trabajos porque tienen algo que expresar, independiente del rédito económico que puedan recibir a cambio, o si simplemente hay que buscar el equilibrio entre estas posturas. Ambas posiciones pueden coexistir en la industria del cómic, como coexisten en otras artes, pero creo que cada creador y cada editorial tiene que ser muy consciente de cuál es su postura al respecto. En el mercado tienen que coexistir (y lo hacen) "Los muertos vivientes", "Naruto" y "Bone", éxitos ya probados en otros mercados cuyos beneficios van a hacer que las editoriales españolas puedan dedicar ese hueco al "El fotógrafo" y "Un adiós especial", cuyo público puede parecer restringido pero potencialmente es enorme, como demuestran "Persépolis" o "Arrugas". Hay que apostar un poco menos por el best-seller (que cada vez es más impredecible, y ahí están los casos de "Millenium" o "50 sombras de Grey" para atestiguarlo) y poco más por el long-seller. Un tebeo o un libro que vende bien ya no es tan fácil de fabricar mediante fórmulas editoriales y de márketing, la participación directa de los lectores y su retroalimetación viral a través de las redes los ha convertido en incógnitas dentro de la ecuación del éxito. Y, por supuesto, es absolutamente necesario que este nuevo tipo de cómic, la novela gráfica, produzca obras de calidad y no sea fagocitado por una industria que se dedique a producir tebeos con apariencia de novela gráfica pero vacíos de contenido y voz autoral, que es algo que ya está ocurriendo. Cómo crítico siempre he intentado seguir una máxima, y me gusta pensar que se puede y se debe aplicar también al terreno editorial: la persona que lee tu trabajo siempre es más inteligente que tú. Es una idea que te obliga a estar a la altura.

– P.: En vuestros títulos habéis apostado sobre todo por nuevos autores. Rompéis esta dinámica con Pep Brocal, un autor inquieto que quizás no haya recibido el reconocimiento que merece a pesar de su dilatada trayectoria.
– R.: El acercamiento a Pep Brocal ha sido totalmente distinto al que hemos vivido con el resto de autores que hemos publicado. De todos los demás habíamos visto un proyecto o incluso la obra completa. En el caso de Pep, nos gustaba tanto todo lo que ha hecho hasta ahora que contactamos con él y le dijimos, "Pep, queremos publicarte. ¿Tienes algo en el cajón o quieres hacer algo partiendo de cero?" Y le apeteció mucho empezar con algo nuevo, así que se ha pasado trabajando casi un año y se sacado de la manga "Alter y Walter", un trabajo muy personal donde, sin perder el humor y el aire inocente, trata el tema complejo de la propia personalidad y la pérdida de ilusiones. Pep lleva muchos años en la brecha y vive de su trabajo como ilustrador y autor de cómic, de manera que cierto reconocimiento sí que hay, como mínimo económico. Se ha dedicado mucho al cómic infantil y ese puede ser uno de los motivos por los que su nombre no suena tanto como el de otros autores que trabajan para otros públicos, pero en su momento fue autor revelación en el Saló de Barcelona, ha sido objeto de exposiciones importantes y nunca ha dejado de publicar, tanto en revistas como en Bang, donde tiene varios álbumes para niños. Además, tiene su propia editorial artesanal, Badabum, en la que crea unos artefactos maravillosos en los que convierte el cómic en un objeto de juego. Pero sí, posiblemente se le ha encasillado como autor infantil, y a nosotros nos apetecía volverle a ver haciendo otro tipo de cosas, como ya hizo en "¡Hola, terrícola"! con Manel Fontdevila o en "V-Girl" con Felipe Hernández Cava. Y creo que él también ha agradecido la posibilidad de salirse de su registro habitual. Además, desde el principio del proyecto hemos tenido todos en mente como iba a ser el producto final. De hecho Nos apetecía darle mucho espacio, tanto en el número de páginas como en su tamaño, y acabamos de recoger de la imprenta un libro impresionante del que estamos muy orgullosos. Quien ya conozca el trabajo de Pep, se va a encontrar con un autor en plena forma, con un tratamiento gráfico muy original y un dinamismo y una gracia apabullantes. Y quien no lo conozca creemos que se va a sorprender mucho cuando abra las páginas de "Alter y Walter".

– P.: Una característica común en algunas de las pequeñas editoriales emergentes es su pasado vinculado a la autoedición que hace que conozcan de primera mano los problemas de edición, distribución y almacenaje de trabajos. Ello unido al conocimiento del público concreto al que se dirigen hace que se realicen pequeñas tiradas muy bien focalizadas ¿Os ha ayudado la relación con estas editoriales a conocer de primera mano todos estos aspectos de la edición?
– R.: Por supuesto. Antes de comenzar con Entrecomics Comics hablamos mucho con Manuel Bartual y Alba Diethelm de ¡Caramba! y con Óscar Palmer de Es Pop, una editorial literaria. Gracias a ellos aprendimos todo lo que necesitábamos saber, por lo menos para arrancar, sobre almacenaje, imprentas, distribución y otros aspectos tan tontos como dónde comprar sobres para realizar envíos, qué impresoras de etiquetas eran más baratas o cómo se gestiona el pedido de una gran superficie. Antes te hablaba de nichos y largas colas. Eso y la creación de una marca clara es precisamente lo que han explotado editoriales como Valdemar, Astiberri, Blackie Books, Sins Entido, Errata Naturae, De Ponent, Es Pop o Fulgencio Pimentel. Y mezclo editoriales de cómic y literarias porque cada vez más se están solapando sus puntos de venta y sus posibles compradores. Como decía antes, buscar un nicho de compradores y explotarlo con inteligencia y honradez, sin por ello dejar de pensar en que mucho de lo que editas también puede llegar a interesar a un público más amplio. En el caso concreto de ¡Caramba!, nos encontramos con una línea muy definida y un público muy fiel que ya aporta una base de ventas, pero además, dentro de sus particularidades, saben encontrar obras que van a llegar mucho más allá de ese público de partida, como demuestra El "Hematocrítico de arte", "Humor cristiano" o "Let's Pacheco!" Ese público de partida no sale de la nada, requiere un trabajo constante de comunicación, y ahí internet y las redes sociales juegan un papel fundamental. Hoy en día el lector ya no es un señor que se encuentra un libro en la librería, lo compra y, si acaso, lo comenta con un amigo que también lo ha leído. Ahora el lector es también prescriptor en las redes sociales, quiere sentir que se encuentra cerca del autor y que puede contactar con él, quiere sentir que el autor, la editorial y la obra le hablan directamente a él y que tiene un canal a través del cual contestar. Frente a la gran editorial que lanza sus libros al mercado y los renueva mensualmente, relegando al olvido lo publicado cuatro semanas antes, estas nuevas editoriales ofertan un servicio personalizado y un trato de tú a tú con el cliente, así como una promoción exhaustiva de cada uno de sus títulos. Así que, claramente, conocer a otros pequeños editores que lo están haciendo bien nos ha ayudado mucho, como también nos ha ayudado nuestra experiencia previa en las redes sociales.

– P.: ¿Es complicado el salto de crítico a editor? ¿Ha cambiado tu percepción como crítico desde que eres también editor? ¿Cuáles son los pros y contras de cada uno de ellos?
– R.: No es especialmente complicado, simplemente hay que aprender nuevas facetas sobre algo en lo que llevas trabajando un tiempo. Ya conoces el ambiente creativo del momento y te toca aprender aspectos técnicos, logísticos, de márketing... Y a manejar dinero, claro, que es algo que cuando practicas la crítica ni te planteas. La perspectiva cambia solo ligeramente, es más fácil identificar el trabajo o la falta de trabajo que hay detrás de las ediciones, pero la valoración crítica de las obras ha de seguir siendo la misma, otra cosa sería adulterar tus percepciones artísticas sobre las obras. Sobre los pros y las contras... Bueno, en principio ser crítico es algo que uno hace por gusto, y por lo tanto su mayor aportación es el propio enriquecimiento personal que supone y la sensación muy de vez en cuando de que has dado con algunas claves interesantes. El único contra sería encontrarse con gente que vea en tus críticas una especie de apostolado, para bien o para mal. La labor del crítico siempre debe ser enjuiciada, porque al fin y al cabo es también (o debería serlo, si hace bien su trabajo) una labor de creación. No me molesta que me digan que tal o cual crítica que he escrito es una mierda. Y en cuanto a la edición, la verdad, igual es porque llevamos poco tiempo en esto, pero todo son cosas positivas. Es también un área muy creativa a muchos niveles y el único inconveniente es no disponer de más dinero para publicar más y mejor.

– P.: Colaboras con Santiago García en la elaboración de "Panorama", un trabajo para astiberri en el que intentáis establecer un mapa de autores y obras de la novela gráfica en el país ¿Ha sido complicada la elección de quienes participan? ¿Qué tiene el término novela gráfica para levantar tantas ampollas entre los lectores?
– R.: En realidad la selección de los autores que colaboran con historietas es únicamente de Santiago, que ha concebido íntegramente la antología y escrito un prólogo para ponerla en contexto. A petición de Santiago, Gerardo Vilches y yo hemos escrito reseñas de unos 70 títulos, seleccionados entre los tres, cuyos autores no tenían una historieta incluida en el libro. La intención era abrir todo lo posible el espectro de obras y creadores que nos parecen interesantes, tomando como punto de partida, porque por algún sitio había que acotar, 2007, el año en que se concede el primer Premio Nacional del Cómic. Hay reseñada alguna obra previa, pero muy pocas. Y, efectivamente, la idea es ofrecer al público general una visión de lo que se cuece en el ámbito de la novela gráfica hoy día en España, que descubra autores y que vuelva a la librería para hacerse con sus obras publicadas en los últimos años. Y hablo de público general y de descubrir con toda la intención, porque ese es el proceso que este libro pretende favorecer, la penetración del cómic en un ámbito que hasta hace poco le estaba vetado, y precisamente por eso hemos tratado de dejar a un lado nuestros gustos personales a la hora de realizar la selección. Sobre el término novela gráfica... ¿no te he parecido ya suficientemente polémico en el resto de la entrevista? Antes de nada te diré que el debate casi siempre parte de dos premisas falsas, y precisamente por ello es complicado que de él salga algo constructivo, esta viciado desde su origen. Por una parte, parece que quienes se congratulan del auge de la novela gráfica no apreciaran igualmente otro tipo de cómic, y que quienes están en contra de ella no disfrutasen de la lectura de novelas gráficas . Por otra parte, parece que se establece que ha de ser el aficionado al cómic de toda la vida el que decida si la novela gráfica ha llegado para quedarse o no, cuando realmente es el público general el que va a tomar esa decisión pasando o no por caja. Esto último tiene mucho que ver con la dualidad del aficionado de toda la vida, que desde siempre ha reivindicado que el cómic es un arte y merece un reconocimiento social, pero que después mira con recelo a los nuevos aficionados que se introducen en el cómic a través de la novela gráfica, como si fuesen unos advenedizos que les están arrebatando algo que solo les pertenecía a ellos y que les hacía sentir especiales. Y dicho esto, voy a reproducir el sainete habitual en el que sé que se me ha asignado el papel de defensor de la novela gráfica, que como te digo es un papel irreal.
El término en sí molesta porque se aduce que es pretende dignificar algo que no necesita ser dignificado. Evidentemente el cómic tiene una rica historia cargada de obras artísticamente relevantes, pero la percepción social, al menos desde hace 70 años, lo considera un medio dirigido al público infantil y juvenil sin aspiraciones autorales, con todas las salvedades puntuales que quieras añadir aquí. Es decir, aunque el aficionado sabe que el cómic es un medio digno, el público general lo ha venido relegando a un segundo plano, y no casualmente, sino precisamente porque su carácter industrial ha cercenado en muchos casos las voces personales auténticamente interesantes. Ahora esas voces ya pueden expresarse y es el momento de dar un toque de atención al público general y explicarle que en el cómic hay algo para ellos. Esto no quiere decir que la novela gráfica sea cualitativamente mejor que un tebeo industrial de entretenimiento, hay que juzgar cada obra individualmente y posiblemente el porcentaje de buenos tebeos dentro de cada uno de estos dos ámbitos sea parecido. Imaginemos un mundo en el que solo hubiera cine de ficción y un buen día, a lo largo y ancho del mundo, algunas personas comenzasen a producir filmes de todo periodístico, basados en la realidad. Los llamaríamos documentales y nadie pensaría que son mejores o peores que las películas, ni pensaría que se están arrogando un nombre pretencioso para colocarse por encima de las películas. Simplemente pensarían que es otro tipo de cine, y personas no interesadas en el cine de ficción seguramente se interesarían por esos documentales de los que todo el mundo habla ahora. Aceptamos el nombre "manga" para hablar de tebeos japoneses y aceptamos el nombre "BD" para designar a un tipo de cómic producido en Europa, y lo hacemos porque en ambos casos entendemos que hay características definitoria más allá de su procedencia geográfica. Con la novela gráfica pasa lo mismo. El término también levanta ampollas por su supuesta ampulosidad y por tratar de acercarse al terreno de la literatura pero no es más afortunado o desafortunado que otros términos relacionados con el medio como historieta (historia de pequeña entidad), cómic (ya que lo cómico no es obligado) o tebeo (que comporta connotaciones históricas). Los nombres son validados por el uso, y lo importante es que tengan una utilidad. Otro tema controvertido es la temática que aborda la novela gráfica, que a veces se identifica con autobiografía y enfermedad, y una supuesta inundación del mercado con novela gráfica que relega a un segundo plano a otros tipos de cómic. Bueno, tomemos como ejemplo a Astiberri, que es una de las editoriales cuya línea se identifica perfectamente con el concepto de novela gráfica. En todo el año de 2012 publicaron unos 38 cómics, sin contar reediciones, y solo 8 de ellos autobiografías. En un solo mes, Panini publica cerca de 50 títulos superheroicos. Norma, especializada en BD y manga, publica en dos meses tantos títulos como Astiberri en un año. Es decir, que esa supuesta inundación de novelas gráficas en el mercado es irreal, puede que por cada novela gráfica haya otros 10 o 20 tebeos que no lo son. Y decir que la novela gráfica solo se compone de autobiografía y enfermedades es como decir que todo el manga va de chavalas enseñando las bragas y toda la BD está protagonizada por jóvenes reporteros. Otra cosa es que la novela gráfica tenga una mayor exposición en los medios de comunicación generalistas, y eso sí es cierto, pero no es debido a una oscura estratagema de los editores de este tipo de cómic, sino a que los periodistas entienden que determinados temas pueden interesar a un público general. Hay otro concepto que se repite, y es el de que la novela gráfica ha traído consigo el encarecimiento de los cómics en general. Bueno, aquí no me voy a extender, pero tras mi breve experiencia como editor, considero que los cómics cuestan bastante menos de lo que deberían, especialmente si queremos que todos los implicados en la cadena del libro, desde el autor al librero, reciban una compensación digna por su trabajo. Hay tebeos que son caros porque no pueden ser otra cosa. Es eso, o no publicarlos. Entonces es cuando entra en juego la responsabilidad del editor de no editar. De solo editar ese tebeo tan caro cuando claramente haya una justificación por la calidad de la obra.
Resumiendo, la novela gráfica, tal y como yo la veo, ni se dirige a una élite ni clama ser mejor que cualquier otro tipo de cómic, pero sí que reclama que se reconozcan sus señas de identidad, y el público general las reconoce sin ninguna dificultad. Mucha gente niega incluso que exista la novela gráfica, salvo cuando es necesario hacerlo para achacarle todos los males de la industria. Pero si la novela gráfica solo es una etiqueta para designar un tebeo "más gordo y más caro", esa es la tendencia que hemos visto a lo largo de la historia, de la tira de prensa al comic book, de ahí a la revista y de ahí al álbum y libro recopilatorio. Y si es un movimiento autoral, ¿cómo podemos criticarlo?

– P.: Se comienza a hablar de la sostenibilidad de un mercado editorial que ha crecido por encima de las posibilidades de sus lectores ¿Cuál es tu previsión al respecto?
– R.: Si te refieres a que se publican más tebeos de los que un aficionado puede comprar, es lo normal y lo sano en cualquier sector. El problema es que hasta ahora el lector de cómic solía ser coleccionista y quería comprarlo todo. Ahora ya no puede, igual que no puede ver todas las películas que se proyectan ni comprar todos los libros que se editan. Si te refieres a que ha crecido por encima del público como conjunto, diría que sí, que se ha publicado mucho y mal, y todo ha sido más o menos sostenible hasta que ha llegado la crisis económica general del país , que va a pasar la factura por esa sobreproducción. El peligro que ahora afronta la industria editorial es dejarse arrastrar por la inercia, porque el herido bolsillo del público está ya repercutiendo en librerías, distribuidoras y editoriales. Trato de imaginarme la situación de forma visual. Imagino la crisis como un gran precipicio. Las editoriales muy grandes llevan una inercia mayor y es posible que puedan saltar hasta el otro lado del precipicio. Las editoriales muy pequeñas están a tiempo de frenar antes del precipicio e ir construyendo, lentamente, un puente. Y las editoriales medianas es posible que no sean capaces ni de frenar a tiempo ni de llegar al otro lado con el impulso que llevan. Es decir, la crisis va a afectar al sector del cómic, igual que ya ha afectado a otros bastante más imprescindibles para el bienestar social. Tal vez todo esto acabe de desbaratar un sistema de producción del cómic bastante obsoleto e inoperante a muchos niveles y nos lleve a un mercado muy poblado de medio y microeditoriales con objetivos y personalidades muy concretas.

– P.: ¿Proyectos?
– R.: Muchos, todos locos, porque esos son los únicos que pueden traer consigo grandes cosas. Desde convertir la web de información en una revista con otro perfil, hasta publicar directamente en el extranjero o montar una distribuidora para pequeñas editoriales. Ideas hay muchas, pero faltan el tiempo y los recursos para ir concretándolas, y también hay que concentrarse en consolidar la editorial. Algunas ideas saldrán adelante, otras no llegaremos a abordarlas y otras serán un fracaso, de lo cual nos alegraremos, porque como decía David M. Ball en un ensayo sobre Chris Ware, la grandeza de tus aspiraciones la definen tus fracasos, no tus logros. Lo que tenemos claro es que con un poco de cabeza y mucha pasión se pueden lograr muchas cosas, pero el éxito no es una obligación. En cuanto a proyectos editoriales concretos, hay varias cosas, y todas distintas de lo que hemos publicado hasta ahora: un libro teórico, un relato ilustrado, una antología peculiar... ¡y hasta ahí puedo leer!

– P.: ¿Cómo te ves en el futuro?
– R.: Más joven.

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