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Santiago García, una vida entre viñetas

Para muchos la figura de Santiago García está íntimamente relacionada con la novela gráfica. Es sin embargo un amante del medio en todas sus formas que desde hace más de 20 años ha procurado hacerlo crecer con las herramientas disponibles en cada momento. A su la labor de traductor hemos de unir su trabajo como crítico, que le lleva a dirigir revistas hoy míticas como U.

Como guionista ha colaborado con Pepo Pérez, desarrollando desde hace más de 10 años el universo de El Vecino. Junto a un Javier Olivares desarrolla diferentes proyectos que culminarán en el esperadísimo Las Meninas. Repasamos con Santiago su trayectoria.

 - Pregunta: Comienzas tu trayectoria en el mundo de las viñetas trabajando como traductor, labor que sigues ejerciendo ¿Cómo recuerdas esos momentos?
- Respuesta: Pues lo recuerdo malamente, si quieres que te diga la verdad. Han pasado ya muchos años y yo no es que tenga muy buena memoria. En todo caso, sí recuerdo que no fue exactamente como traductor como empecé en el cómic. Antes que eso ya había escrito. Comencé publicando artículos en los cómics de Forum, y al cabo de un tiempo ya estaba colaborando con publicaciones como Urich. En todo caso, fue después de que ya llevara un par de años escribiendo artículos cuando empecé a traducir. Sí recuerdo qué fue lo primero que hice: el Spider-Man de Todd McFarlane, que salía por entonces en un novedoso formato con dos episodios por número y tapas de cartoncillo. Y han pasado ya más de veinte años, me temo.

 

- P.: ¿Cómo es el trabajo de traductor? A veces da la sensación de ser una labor invisible hasta que surgen errores.
- R.: Sí que es un poco así. Si todo está bien, nadie lo aprecia, es como si no hubieras hecho nada. Si alguien detecta algo raro, la culpa es del inútil del traductor, por supuesto. Fíjate que no digo si hay algún error, sino si alguien detecta algo raro, y es que el uso que hacemos del idioma es a veces muy personal, y expresiones que a unas personas suenan familiares para otras son chirriantes. Hay mucha gente que piensa que cada vez que se encuentra con algo que les choca eso es problema del traductor, que debería haber encontrado una fórmula que fuera absolutamente neutra y transparente en lugar de peculiar. Pero por supuesto la lengua no es una ciencia objetiva, sino que está condicionada por las circunstancias culturales, de manera que todo tiene su matiz, al fin y al cabo, y es al traductor a quien corresponde decidir con qué matiz se queda entre los muchos posibles. No te digo que a veces uno no se arrepienta de alguna decisión que ha tomado una vez la ve publicada, pero es que muchas veces no hay alternativa buena y el traductor sigue unos criterios que a veces a algún lector se le pueden escapar. Pero por no darle demasiada mística al asunto, y volviendo al planteamiento de tu pregunta, te podría decir que la labor del traductor es como la de la mujer de la limpieza. Si todo está limpio, nadie dice nada. Si se ha quedado una pelusa en una esquina, le cae la bronca. O también podría recordarnos a la de entrenadores como Vicente del Bosque. Si la Selección gana, es porque el equipo es muy bueno; cuando pierde, es porque el inútil del entrenador no ha sido capaz de hacer bien su trabajo.

- P.: ¿Cómo ha evolucionado la labor de traductor a lo largo del tiempo?
- R.: Por un lado, ha cambiado mucho técnicamente, como te puedes imaginar. Como ya te he dicho, empecé alrededor de 1990 ó 1991. Mis primeras traducciones estaban hechas con máquina de escribir. Ya te puedes imaginar lo que suponía eso: después de hacer un primer borrador, corregías a mano sobre el papel y hacías la versión definitiva escribiendo otra vez entera toda la traducción. La popularización del ordenador nos dio un respiro muy grande: empezamos a mandar las traducciones en disquetes, por correo. Todavía recuerdo cómo de vez en cuando me llegaban paquetes con montones de disquetes devueltos. Qué rápido hemos olvidado uno de los consumibles de mayor éxito mundial hace apenas quince años. A partir de la expansión de internet y la implantación del correo electrónico, el proceso apenas ha variado. Se envían los archivos por email y ya está.
Otra diferencia técnica estaría en el material de partida. En su día trabajábamos a partir de cómics originales y, en ocasiones, de fotocopias. Desde hace tiempo sólo traduzco a partir de cómics digitales. Sólo ocasionalmente trabajo con papel.
En cuanto al contenido de las traducciones, creo que con los años el lenguaje de los comic books americanos se ha vuelto cada vez más sofisticado. Es más sintético pero a la vez más complicado, porque contiene más alusiones y más matices, más referencias a fenómenos culturales o expresiones con un sentido concreto dentro de la cultura norteamericana contemporánea a las que no puedes encontrar un equivalente en español, salvo utilizando largas perífrasis que muchas veces son imposibles de utilizar en el espacio limitado de los bocadillos, y que en todo caso no transmitirían el tono del texto original. Por lo general, la cantidad de texto se ha reducido respecto al que había en los cómics de los años 70 y 80, pero es un texto mucho más cargado y estilizado. Lo notas cuando tienes que traducir algún clásico. Es más cantidad de trabajo en bruto, pero por lo general es también mucho más fácil. También hay que decir que hoy en día es mucho más sencillo encontrar soluciones a las dudas que se presentan gracias a que todo está en internet.

- P.: Como comentabas, compaginas la labor de traductor con la de crítico, primero con el seudónimo Trajano Bermúdez. Comienzas con artículos para lanzarte a la dirección de revistas míticas como U o Volumén ¿Cómo nacen estas iniciativas?
- R.: Bueno, contado así queda un poco en plan síntesis de montaje de peli de Hollywood con música orquestal: el chico nuevo que llega a la ciudad, trabaja duro y cuatro planos después está dirigiendo la revista de moda. Y lo cierto es que las cosas pasan por azar, o casi diría que por inercia, más que por azar. El azar interviene ayudando a que las circunstancias sean propicias, pero es el impulso de uno mismo el que le lleva con su inercia a estar en esa posición donde puede aprovecharse del azar. Ahora bien, ese impulso no es con un objetivo determinado, es sólo el interés por un medio, en este caso el cómic, que sin darte cuenta ha acabado ocupando toda tu vida y tu actividad. Y también tus círculos sociales, de modo que acabas relacionándote con gente que tiene tus mismos intereses. Son tus amigos, pasas el tiempo con ellos y acabáis realizando todos actividades relacionadas con el cómic. En fin, lo que venía siendo la vida normal antes de internet, antes de que social fuera un adjetivo que se usara para definir una serie de páginas web donde personas que no se conocen dejan ristras de mensajes escritos.
El caso es que yo escribía para Forum y me movía por los círculos del cómic de Madrid, es decir, por las tiendas de cómics de Madrid en los 90 y por el Rastro, y así acabé conociendo a otras personas que andaban más o menos en lo mismo que yo, como José María Méndez, David Muñoz, Antonio Trashorras y otros. Tienes veintitantos años, sales todas las semanas, te tomas unas cañas, te pasas el día hablando de tebeos y tarde o temprano tienes que acabar haciendo algo relacionado con los tebeos, porque te lo pide el cuerpo y si no lo haces revientas. En aquel momento, ese algo que se nos ocurría era una revista o fanzine teórico. A mediados de los 90 era lo que nos parecía lo más normal del mundo. Había un mundillo de revistas de información sobre cómic muy activo, con cabeceras que todos seguíamos como Krazy Comics, El Maquinista, Slumberland, o el propio Urich que he mencionado antes y que dirigía José María, donde empecé a escribir. Cuando Urich se acabó todavía teníamos ganas de bronca, así que nos organizamos entre los cuatro amigos para montar otra revista, y así nació U. Al cabo de unos años de estar haciendo U, Christian Osuna de Under Cómic me propuso fundar una revista de carácter más informativo y comercial y que acabaría siendo Volumen. Pero entre el inicio de U y el de Volumen pasarían tres o cuatro años, que en términos de la actividad que desarrollábamos entonces y la velocidad a la que pasaban las cosas es un mundo.

- P.: ¿Crees que hoy habría lugar para cabeceras así?
- R.: Lo que yo crea me parece que da un poco lo mismo. Lo evidente es que no lo hay, ¿no? Porque no existen. Cuando nos pusimos a hacer el U pensábamos que simplemente estábamos añadiendo otro fanzine más a la larga tradición de fanzines que había llevado desde Bang y Wendigo hasta nosotros y nuestros contemporáneos. Hay que darse cuenta de que cada cabecera, y probablemente por eso solíamos considerarlos más fanzines que revistas, estaba unida inseparablemente a las personas que las realizaban. Es decir, nunca se creaba una estructura susceptible de perdurar una vez los fundadores de la cabecera la hubieran abandonado. Eran todos proyectos colectivos unidos íntimamente al destino y el entusiasmo de las personas que formaban ese colectivo. Pero si bien no nos hacíamos ilusiones respecto a la perdurabilidad de cada fanzine en concreto, sí que pensábamos que había una continuidad del conjunto de las revistas de información que se establecía a través de esos diferentes fanzines lanzados por cada una de las diferentes generaciones que se sucedían en el mundillo. Lo que quiero decir es que yo creo que todos teníamos claro que el U existiría mientras quisiéramos hacerlo y luego desaparecería, pero que detrás de él vendrían otras cabeceras de otros grupos de chavales entusiastas del cómic con ganas de contar algo. Bueno, pues el U se acabó hace ya diez años y durante esta década creo que lo único que hemos visto ha sido cómo se extinguía completamente aquella edad de oro (más bien de brillantina) de las revistas de información. Nadie ha venido a mantener la rueda en marcha. Me podrás decir que sí, que lo único que ha pasado es que el escenario se ha trasladado a internet, pero yo no veo claro que el cambio de medio no haya afectado de forma muy profunda también a las actitudes y contenidos. Es decir: que yo creo que el tipo de revistas que hacíamos entonces murió en el siglo XXI y que si no existen hoy en día es porque estos ya no son sus tiempos.

- P.: Escribes en la época varios libros. Destaca "La noche del murciélago" que poco a poco has ido recuperando en tu blog Mandorla. En él analizas la figura de Batman. ¿Qué hace que sea tan especial para tí?
- R.: Si quieres que te diga la verdad, nunca he pensado que sea muy especial para mí. Es un libro de fan, escrito con todo el amor y la pasión del mundo. Diría que es el libro que escribo sobre el único tema sobre el que de verdad pensaba que sabía algo: Batman. Han pasado muchos años y la verdad es que después de escribir La noche del murciélago no tardé mucho en dejar de seguir las colecciones de Batman, que durante años había comprado con la obsesión del coleccionista. De modo que tal vez el libro fue como un exorcismo o una despedida. Lo quise recuperar en Mandorla porque es un libro que ya no se puede conseguir y que alguien podría encontrar de interés, aún sabiendo que ya se ha quedado muy desfasado en todo lo que tenga que ver con la actualidad. Además, era una forma fácil de tener asegurada una publicación semanal en el blog durante un par de años, que es algo que viene bien para dar una apariencia de actividad en los períodos en que uno tiene más abandonadas sus obligaciones blogueras.

DE VECINOS Y TEMPESTADES

- P.: Comienzas a desarrollar una nueva actividad como guionista con dos proyectos que te acompañarán a lo largo de toda tu trayectoria: Por una parte "Beowulf" junto a Javier Olivares del que hablaremos más adelante y "El Vecino" junto a Pepo Pérez ¿Cómo nace "El Vecino"?
- R.: En el Salón del Cómic de La Coruña de 2001 ó 2002, creo, Antoni Guiral me presentó a Pepo Pérez, que había publicado un tebeo en la línea Laberinto de Planeta-DeAgostini: Sangre, con guión de Juan Carlos Cereza. Toni pensó que tendríamos muchos puntos en común y ya ves, selló nuestro destino. Pepo y yo hicimos buenas migas y nos encontramos con que ambos teníamos unas ambiciones como autores de cómic que estaban muy en sintonía y que podíamos encajar en un proyecto común. Yo ya había cerrado mi etapa en el U y en Volumen, o estaba haciéndolo, y quería dejar un poco la actividad tan frenética de periodismo y crítica de cómic que había realizado durante los últimos años para volcarme en la creación, que era algo que ya quería hacer desde antes de dedicarme a escribir sobre cómics, aunque las circunstancias me habían desviado. Así que Pepo y yo empezamos a hablar de qué tipo de tebeo nos gustaría hacer juntos y pronto tuvimos el proyecto de El Vecino.

- P.: "El Vecino" responde a la pregunta que pasaría si tu vecino fuese un superhéroe. Una comedia de situación que poco a poco va tomando tintes más personales para hablar del paso del tiempo y los compromisos.
- R.: La voluntad de hablar del paso del tiempo, que al cabo de los años creo que es el tema fundamental de El Vecino, estaba desde el principio en nuestras intenciones, aunque tal vez el tono cómico del primer libro haga que quede un poco diluido en la comedia de situación. Pero bueno, aunque desde el principio estaban muy calculados los pasos que íbamos a dar en cada uno de los cinco libros que componen la obra, también es cierto que hay un margen de flexibilidad e improvisación que nos ha permitido ir adaptando la obra a las preocupaciones e intereses que hemos desarrollado durante todos estos años. Por un lado, El Vecino es algo que concebimos completo hace más de diez años. Por otro, es algo que no sabíamos qué forma exacta tendría hasta que hiciéramos cada uno de sus capítulos.

- P.: Hasta el momento habéis publicado tres tomos a lo largo de más de 10 años de trabajo ¿Cómo ha evolucionado la serie?
- R.: Creo que El Vecino es un retrato muy íntimo de nosotros como personas y como autores. En el primer aspecto, al ser dos las personas que colaboran en la obra y tener cada uno su propia personalidad y circunstancias, hay una mezcla de rasgos que hacen que cada uno de nosotros sea irreconocible tal cual en los personajes del cómic. Pero prácticamente todos los personajes están hechos con la carne y la sangre de Pepo y mía. En ese sentido, todo lo que hemos cambiado como personas durante estos años ha contribuido también a cambiar la obra. Lo que sí espero que resulte más evidente para cualquier lector es que artísticamente los tres libros publicados del Vecino señalan los pasos nuestro progreso como historietistas. Cuánto hemos aprendido, qué caminos hemos seguido para descubrirnos como autores. Recuerdo lo que nos costaba todo en el primer libro y me parece increíble que llegáramos a acabarlo. Teníamos la sensación de no saber nada, de no tener ni idea de qué estábamos haciendo. Lo cual, visto con perspectiva y al cabo de los años, también te da una ingenuidad y una espontaneidad que nunca vas a recuperar durante el resto de tu carrera.

- P.: A lo largo de su trayectoria vemos como "El vecino" ha cambiado de formato para adaptarse a las necesidades de la historia. ¿Nos esperan nuevas sorpresas en el cuarto tomo de la serie?
- R.: ¡Eso espero!

- P.: Has comentado que la serie estará formada por 5 tomos ¿Cómo afrontas la recta final de la serie?
- R.: Con paciencia. De momento Pepo está dibujando el cuarto libro, y falta lo suficiente hasta que lo termine como para que no tenga prisa por meterme a escribir el quinto. Tengo muy claro todo lo que ocurre en el último libro, e incluso cómo acaba, hasta el detalle de la última viñeta y el último diálogo, y lo sé desde hace años. Pero eso no quiere decir que tenga que escribirlo antes de tiempo. Lo escribiré cuando toque, y lo escribiré siendo el autor que sea entonces, con la experiencia, habilidades y personalidad que tenga en ese momento, y sé que eso añadirá cosas a ese último libro que ahora mismo no puedo ni imaginarme. Para mí es importante preservar eso, porque añade un elemento de sorpresa y de vitalidad a la obra que nunca se puede programar.

- P.: Con Javier Peinado realizas "La Tempestad" una versión de Shakespeare o más bien de "Planeta Prohibido"
- R.: Más bien de Planeta prohibido, que es la película que de niño me obsesionaba cada vez que la ponían en la tele. La tempestad de Shakespeare me la leí expresamente para escribir el guión del cómic que dibujó Javier Peinado. Dicho esto, a la hora de escribir esa novela gráfica la obra de teatro de Shakespeare me influyó muchísimo más que Planeta prohibido.

- P.: ¿Cómo surge el encuentro entre ambos?
- R.: A través de Fernando Tarancón, el editor de Astiberri. Recibía muchas propuestas de autores que le mandaban proyectos o incluso simplemente muestras de páginas, y en ocasiones los proyectos no le interesaban, pero los dibujantes le parecían prometedores. Un día que estaba en su casa me pasó unos cuantos de esos dossiers por si había algún dibujante que me llamaba la atención e inmediatamente me fijé en Javi, que había participado en un concurso de Norma con una historieta sobre viajes espaciales decimonónicos con aires a lo Jacobs que me encantó. Así que le preguntamos si querría hacer algo conmigo y aceptó.

- P.: La serie surge en un momento en que te replanteas como los formatos de la obra afectan a su contenido ¿Qué repercusiones tuvo en este trabajo?
- R.: Pues sí, ese replanteamiento se produjo y afectó de forma radical a La tempestad. La gente asume a enorme velocidad la naturalidad de los procesos, de manera que en cuestión de meses parece que las cosas son ahora como han sido siempre, y nos olvidamos de cómo habían sido siempre hasta hace dos días. Cuando yo empecé a publicar cómics, la idea de publicar novelas gráficas no estaba ni mucho menos clara, y estamos hablando de hace menos de diez años. Los autores españoles estábamos en una encrucijada, porque parecía que sólo podíamos concebir obras adaptadas a dos formatos estándar: el álbum francés y el comic book americano. El comic book americano (en blanco y negro, eso sí) había sido la salida para el autor español de los 90, una salida que era un poco como resignarse a la miseria, porque no se había elegido el formato por gusto, sino porque la industria editorial española estaba hundida hasta tal punto que publicar a autores españoles jóvenes era un milagro que sólo parecía posible buscando el formato más barato posible, y éste era el tebeo de grapa de 24 páginas en blanco y negro. Pero incluso ese mercado se había hundido a principios de los 2000. La alternativa inesperada que empezaron a plantear editoriales como Astiberri fue la del álbum francés a color y en tapa dura. Una verdadera sorpresa, porque era como pasar de la miseria a la opulencia sin fases intermedias. Así es como empezamos a publicar Pepo y yo El Vecino, y así es como Javier y yo nos planteamos La tempestad, como un álbum francés de 48 páginas. Pero claro, adoptar este formato era artificioso, era simplemente imitar lo que estaban haciendo en una industria completamente distinta a la nuestra, con unos procesos y circunstancias ajenos a los que nosotros vivíamos. Ahora bien, no se nos ocurría otra manera de hacer las cosas. Yo sé que ahora hay gente que repite la cantinela de que la novela gráfica ha existido siempre y que siempre ha habido libros de cómic como los que hay ahora, pero trasládate a 2002-2006 e intenta decirle a un editor español que te publicase un libro de un número de páginas indefinido, pero aproximadamente 200, que no perteneciera a una serie. Ojo, que no estoy diciendo que los editores se negaran a hacerlo, estoy diciendo que ni a ellos ni a los autores se nos ocurría la idea. Era inconcebible.
Así pues, no teníamos otra ocurrencia que hacer álbumes franceses, o mejor dicho a la francesa, mientras poco a poco iban encajando algunas piezas, como el éxito de Blankets de Craig Thompson en un solo volumen de 600 páginas o, todavía más importante, la aparición triunfal de Arrugas de Paco Roca y María y yo de Gallardo. Entonces nos empezamos a dar cuenta de que había otra manera de hacer las cosas, de que había otro camino que resultaba más adecuado para lo que nosotros estábamos intentando hacer en ese momento.
Este cambio de planteamiento a escala general nos pilló haciendo ya La tempestad. Y a mí me reveló que La tempestad no era realmente un álbum, que era un formato con el que yo tenía muchos problemas de todo tipo y por el que no sentía ninguna afinidad, sobre todo para contar una historia completa, sino que era una novela gráfica, un relato largo y cerrado en el que necesitábamos libertad para extendernos cuanto nos hiciera falta.
Todavía recuerdo el día en que le planteé a Javier que ese álbum que ya tenía terminado lo íbamos a desechar y lo íbamos a rehacer completamente en un formato nuevo. En su honor hay que decir que ni pestañeó. Javier Peinado es un tío bastante impasible. Aprovechamos parte de lo que ya habíamos hecho, modificamos muchas cosas y añadimos muchas más, y yo me siento muy contento de cómo quedó todo al final y puedo decir que La tempestad es, finalmente, una novela gráfica de la que me siento muy orgulloso y que espero que con el tiempo cada vez sea más conocida.

- P.: Volverás a coincidir este año con Peinado en un tebeo de la colección Jaimito de la editorial ¡Caramba! ¿Qué te lleva a hacer este tebeo? ¿Cuándo podremos leerlo?
- R.: Sí, estamos haciendo un Jaimito juntos para Caramba. Y podréis leerlo... en cuanto Javier termine de dibujarlo. Son varias las razones que me llevan a hacer este Jaimito. En primer lugar, y volvemos de nuevo al tema, el formato. Me apetecía muchísimo hacer un comic book, pero esta vez sí, por gusto, por elección, no porque no hubiera otra alternativa. El tebeo de grapa es un formato al que obviamente tengo mucho cariño, pero que nunca he podido practicar en mi carrera. Y los Jaimitos que ha publicado Caramba son espléndidos todos ellos: me moría de envidia al verlos. Por otra parte, sentía la necesidad de desatrancarme un poco creativamente, porque estaba en un periodo en el que estaba metido en muchos proyectos muy intensos, pero tenía la sensación de que no conseguía resolver ninguno. De manera que pensé que me animaría hacer algo rápido y corto, algo que pudiese escribir completo y terminarlo sin alargarme durante meses y meses. Me propuse escribir un Jaimito, y me lo escribí en un solo día. Y al día siguiente me escribí otro. Se los enseñé a Javier Peinado y a Manuel Bartual y enseguida nos pusimos de acuerdo en sacarlo adelante. Te juro que estoy deseando tenerlo en las manos, me apetece muchísimo.

LA NOVELA GRÁFICA

- P.: Estudias Historia del arte ¿afecta al modo de entender el medio la experiencia?
- R.: Completamente. Es más, te diría que estudiar Historia del arte cambia mi vida. Y también que para eso lo hice. Vamos, que no es causal, sino que fue algo que buscaba. Yo llevaba ya años escribiendo sobre cómics, y mi impresión era que no sabía lo que decía, que me faltaban herramientas y conocimientos para desarrollar mi pensamiento sobre el cómic de una forma conveniente. Tenía intuiciones e ideas, pero completamente asilvestradas, y me topaba con ciertas barreras intelectuales que no sabía cómo superar y que me impedían llegar a donde quería llegar. Así que pensé que si necesitaba conocimientos y herramientas intelectuales lo que tenía que hacer era acudir al sitio donde podían suministrármelas, que era la universidad. Y como yo venía más bien de literatura y periodismo, quise orientarme hacia Historia del arte porque era el campo donde intuía que podría aprender más y donde lo que aprendiese más me ayudaría de forma concreta con el cómic. Empecé la carrera al mismo tiempo que empezaba a publicar mis primeros guiones y que dejaba atrás el U y Volumen, de manera que fue un momento de verdadero reinicio en mi vida. Capítulo nuevo.

- P.: Como doctorado de la carrera realizas "La novela gráfica", que astiberri publicará adaptada a libro.
- R.: La novela gráfica no es una tesis doctoral, como he leído innumerables veces en mil sitios, a pesar de todas las veces que lo he desmentido por escrito y de palabra. La novela gráfica es un DEA, un trabajo de investigación académico que se realiza en el transcurso del programa de doctorado (o se realizaba, porque el plan nuevo ya no es así), y que una vez presentado y aprobado por un tribunal te permite tener la suficiencia investigadora y dedicarte a tu tesis, que será la que finalmente te haga doctor.
Y sí, ese trabajo de doctorado es lo que acabará convertido en el libro que publicaría Astiberri. Ahí tuve un poco la sensación de que el camino emprendido unos años antes, cuando decidí formarme mejor para adquirir esas herramientas y conocimientos de los que carecía, por fin daba un fruto tangible.

- P.: En este libro trazas una recorrido de las iniciativas autorales que buscan salirse de los corsés de lo industrial a lo largo de la historia del medio ¿Cómo fue el trabajo de documentación para llevar a cabo este trabajo?
- R.: Muy divertido. ¿Qué quieres que te diga? Básicamente consistió en leer tebeos y en leer libros sobre cómic. Que es lo que llevo haciendo toda mi vida y lo que más me gusta en el mundo. Soy un privilegiado y doy gracias por poder dedicarme profesionalmente a esto.

- P.: ¿Cómo ha funcionado el libro? Ha tenido un amplio recorrido internacional.
- R.: Creo que el libro ha funcionado maravillosamente. Astiberri hizo una apuesta muy fuerte y se la jugó con una tirada que muchos creían temeraria para un libro de historia y teoría del cómic en España: 4.000 ejemplares. Después de la última liquidación que me hicieron en enero de este año, no me extrañaría que hubiera que reeditarlo dentro de poco, porque rondaba ya los 3.500 ejemplares vendidos. Y además se han vendido los derechos a dos países. La edición brasileña salió este año, y la norteamericana espero que salga en 2014 como muy tarde. Me siento especialmente honrado por esta última ya que correrá a cargo de la University Press of Mississippi, que es la editorial de referencia mundial en libros sobre cómic, y de la que tengo un montón de títulos en mi biblioteca personal.

- P.: Hay un encendido debate sobre el término entre los aficionados ¿Por qué provoca tantas reacciones?
- R.: Probablemente porque, como has dicho y me imagino que has utilizado la palabra con toda la intención, los aficionados tienden a debatir en términos intensamente personales y a sentirse amenazados de una forma íntima cuando se revisa con un poco de perspectiva aquello en lo que han invertido una parte tan importante de su identidad. Digamos que la pasión nubla la razón. Pero lo cierto es que La novela gráfica nunca fue un libro para aficionados.

- P.: En todas las épocas han surgido debates sobre la denominación del medio con posicionamientos enfrentados siempre ¿Porqué son tan importantes los nombres?
- R.: No sé si esto ha pasado en todas las épocas, pero sí desde luego en todos los momentos en que se intenta reafirmar la identidad, en que hay una voluntad de autorrepresentarse ante uno mismo y ante la sociedad. Es ése el momento en el que nos planteamos cómo nos estamos llamando, porque ése es el nombre que los demás van a utilizar para referirse a nosotros, y los nombres implican una serie de expectativas en torno a quienes los llevan. Cómic implica una expectativa cómica que lleva décadas provocando confusión y rechazo, tanto dentro como fuera del medio, historieta es otra manera de autorrebajarse y aceptar una categoría menor frente a otras formas narrativas (un día un amigo mío me dijo que historieta le sonaba a la mortadela de la literatura), tebeo está íntimamente unido a las publicaciones infantiles de un período determinado, novela gráfica es una forma de hinchar el pecho como un gallito para llamar la atención de los gallos que mandan en el corral... Cada época plantea unos desafíos y nuestro medio ha buscado la manera de responder a ellos adaptándose de muchas maneras, y una de ellas ha sido la nomenclatura.

- P.: Has escrito libros sobre los más variados temas, del manga al tebeo de superhéroes, sin embargo da la sensación de que siempre se te recuerda como "el gurú de la novela gráfica" ¿estás cómodo con la etiqueta?
- R.: Se me recuerda como el gurú de la novela gráfica porque el tema todavía está reciente, incluso diría que para algunos todavía está candente. Pero ya veremos dentro de diez años dónde estamos y qué pensamos, y qué habremos hecho para entonces. Desde luego que yo no me veo como gurú de nada, y menos de la novela gráfica, pero tampoco me preocupo demasiado por la percepción que tengan los demás, ya que es algo que escapa a mi control.

- P.: Este año han salido a la vez dos libros coordinados por tí: "Panorama" y "Supercomic". ¿Son complementarios "Panorama" y "Supercomic"?
- R.: Son libros completamente diferentes, y dudo que si cada uno de ellos lo hubiera coordinado una persona diferente se establecieran los lazos que se están queriendo ver entre ambos. Pero bueno, como da la casualidad de que sí están coordinados ambos por la misma persona, no puedo negar que en mi cabeza ambos responden a una misma idea de partida, que es la de presentar el cómic en el escenario general de la cultura, fuera del mundillo de los aficionados al cómic que ya tienen un conocimiento especializado del mismo. No quiero decir que a estos no les pueda interesar, pero sí que hay una voluntad en ambos casos de llegar a un público que todavía no conozca el cómic, de servir de puerta de entrada a nuestro medio, en un caso a través de la teoría y en el otro a través de la práctica.

- P.: En "Panorama" sigues la estela de "La Novela gráfica" para mostrar algunos de los autores más representativos del medio en España. ¿Cómo nace "Panorama"?
- R.: Llevaba un par de años dándole vueltas a la idea de que hacía falta un libro como éste para visibilizar en conjunto todo el trabajo que estaban haciendo los nuevos autores de cómic españoles. Me gustaba mucho la antología Best American Comics, que es una antología anual que se publica en Estados Unidos con una selección de historietas publicadas durante el año anterior, y pensaba que era una herramienta divulgativa con mucho potencial para romper esa barrera que separa al gran público general de los cómics que estamos haciendo. Lo comenté por entonces con Astiberri, pero no llegó a cuajar hasta que el año pasado ellos mismos me lo propusieron. No tardamos ni cinco minutos en ponernos de acuerdo.

- P.: En "Panorama" 30 autores autóctonos realizan una historia corta relacionada con su trabajo habitual ¿Cómo fue la elección de los autores? ¿Te has llevado alguna sorpresa en el proceso?
- R.: La elección fue completamente personal. Es decir, elegí a quien quise sin ningún tipo de influencia ni presión. Y mis decisiones se basaron en criterios de gusto y de representatividad. Quería una antología en la que no sólo se reflejasen mis gustos, sino que también reflejase de forma más o menos razonable lo que está siendo la novela gráfica española en estos momentos. Intenté que los autores mostrasen una diversidad de estilos y temáticas lo más amplia posible pero sin perder la identidad. Elegir fue muy difícil, porque había autores para llenar dos libros más, pero se trataba de sugerir un panorama más que de mostrarlo completo. Harold Bloom decía que se podía hacer un buen libro con 27 autores, pero no con 400. Eso es lo que intentamos.
El proceso ha sido muy sencillo y agradable, porque todo el mundo se ha comportado con escrupulosa profesionalidad y ha participado con mucha ilusión, de manera que te podría decir que todo han sido sorpresas agradables. Pero estaría mintiendo, porque no esperaba otra cosa, de manera que no me sorprendió que todo saliera tan bien.

- P.: Junto a la contribución de los autores vemos un recorrido de obras publicadas desde el 2007 en España a través de las reseñas de Alberto García y Gerardo Vilches ¿Cómo es la colaboración en este caso?
- R.: Pensábamos que la muestra de obras se quedaba inevitablemente corta y queríamos transmitir esa sensación de que había más, mucho más, de que esto era sólo un pórtico a través del cual entrar a un espacio mucho más grande y hermoso, y se nos ocurrió que esas reseñas de Alberto García y Gerardo Vilches podían ayudar a sugerir ese horizonte en silueta. Desde el principio la intención de Panorama ha sido siempre la de incluir todo lo que fuera posible, y creo que las reseñas de Alberto y Gerardo son estupendas y han ayudado mucho a conseguirlo.

- P.: En "Supercómic" coordinas ensayos de distintos autores sobre el estado del medio, más allá de fronteras o géneros y editado por ErrataNaturae, una editorial no especializada en el mundo del cómic ¿Cómo ha surgido la colaboración?
- R.: De nuevo, es otra de esas ideas que llevaba tiempo rondándome la cabeza, porque yo no encontraba un libro como éste en el mercado español. Los veía sobre literatura, cine o arte, pero no sobre cómic, y lo echaba de menos. Pero tenía claro que por sus propias características e intenciones el libro sólo podía cumplir su función si lo publicaba una editorial que no estuviera especializada en cómic. No porque lo fuera a hacer mejor, ya que las editoriales de cómic hacen ediciones estupendas, sino porque así el libro sobre cómic quedaría inserto en un catálogo general, al lado de obras de otros temas y géneros, y accedería al circuito donde podría llegar a encontrarse con el público al que estaba principalmente destinado.
Partiendo de este planteamiento, tengo que decir que Errata Naturae fue siempre mi primera opción. Su catálogo reunía todas las características que podía desear –ensayo, filosofía, literatura, videojuegos, cine, televisión- y además sus libros me gustaban muchísimo, incluso en lo material, con un diseño muy elegante que remataban las portadas de David Sánchez. Pero como no conocía a los editores de Errata Naturae y estaba lo suficientemente ocupado con mis propios proyectos, así que diría que ésta era una de esas ideas que parecían condenadas a no pasar a la fase de la materialización. Una de esas cosas que uno piensa que sería bonito hacer, y ya está.
Fue entonces cuando Rubén Hernández, uno de los editores de Errata Naturae, se puso en contacto conmigo para pedirme que colaborase en un volumen sobre The Walking Dead con un artículo en torno al cómic en el que se basaba la serie. Si creyera en esas cosas, diría que era el destino. Acepté encantado y aproveché para comentarles la idea que tenía. Resultó que ellos hacía tiempo que querían publicar un libro sobre cómic, pero no veían la forma de meterle mano al tema porque no conocían a nadie que pudiera sacarlo adelante. Encuentro feliz para ambas partes. Al igual que en el caso de Panorama, no tardamos ni cinco minutos en ponernos de acuerdo.

- P.: En el libro pasamos de los hermanos Hernández al manga de Shintaro Kago, de Watchmen a Miguel Ángel Mártin, de la herencia del tebeo de Bruguera a la bande dessine moderna ¿Cuál es el leift motiv que vertebra la obra?
- R.: El cómic como argumento para el ensayo cultural de amplias miras. Fuera de eso, cada autor tuvo libertad para elegir temas y tratamientos según sus propios gustos e inclinaciones. No es que en Supercómic se toquen todos los estilos, tendencias y tradiciones del cómic, porque afortunadamente el cómic es muy amplio y Supercómic huye de pretensiones enciclopédicas, pero sí que creo que en el conjunto de ensayos reunidos hay una variedad muy grande que refleja ese espíritu, y que demuestra que se puede escribir desacomplejadamente y sobre temas relevantes en la actualidad no sólo a partir de Shintaro Kago o Joe Sacco, sino también de Mortadelo o el Universo Marvel. Me quedo contento porque me identifico con el espíritu que proyecta el libro: no es tanto el material, sino la actitud con la que se trata el material.

- P.: Los críticos elegidos son muy eclécticos y de muy diversas procedencias ¿Cómo haces la selección de participantes?
- R.: Invité a personas que admiraba por su trayectoria anterior, personas que sabía que podían escribir sobre cómics con pasión e inteligencia (o sea, con amor pero sin que se les nuble la razón, como decía antes) porque lo habían hecho en otras ocasiones. Personas, en resumidas cuentas, que iban a escribir textos que a mí me apetecería leer, porque en realidad debo confesar que éste es un libro que he confeccionado para mi propio placer, para disfrutar personalmente de su lectura. Quería, sobre todo, que fueran personas que se distinguieran por la calidad de su pensamiento, por la brillantez de sus ideas, porque escribían bien y porque tuvieran una perspectiva amplia, es decir, personas que supieran de cómic sin ser necesariamente especialistas en el campo. Personas que no fueran exclusivamente sabios del cómic, y que por tanto pudieran situar sus reflexiones sobre el cómic o a partir del cómic en relación con otros medios y campos del conocimiento de una forma natural. Creo que prácticamente todos los ensayos tienen esa perspectiva, aunque hay algunos en los que resulta todavía más manifiesta, como en los de Eloy Fernández Porta o Jordi Costa, por ejemplo.

- P.: Curiosamente tanto en las introducciones de "Supercómic" como de "Panorama" en lugar de definir lo que nos encontraremos en el interior te centras en lo que no hallaremos ¿una huida de las etiquetas quizás?
- R.: No me gustan nada las etiquetas, no me gustan nada las definiciones esenciales en cuestiones culturales y de humanidades, porque me parecen siempre erróneas, ya que los fenómenos culturales son siempre históricos, no teóricos. Pero no sólo eso, sino que las definiciones son además autoritarias y excluyentes, así que intento por todos los medios presentar las obras de una forma en la que en cierta manera puedan hablar por sí mismas.

JAVIER OLIVARES

- P.: Con Javier Olivares has mantenido una colaboración constante a lo largo del tiempo. Por una parte, tu primer proyecto será "Beowulf", pero serán las vidas y obras de artistas las colaboraciones más habituales, desde el Gernika de Picasso a "Las vidas de Vasari", en la que recreáis las andanzas de algunos famosos pintores del arte clásico ¿Cómo afrontáis estas colaboraciones? En estos trabajos podemos ver algunos de tus trabajos más experimentales.
- R.: Las historietas de arte que hago con Javier Olivares derivan de forma muy directa, como es obvio, de mis estudios de Historia del arte. A lo largo de la carrera absorbes muchísimas historias de artistas que te resultan curiosas e interesantes por mil motivos, desde lo anecdótico a lo simbólico o lo humano, y debido a su natural diversidad, porque estamos hablando de historias ambientadas en todas las épocas de la humanidad (iba a decir de la historia, pero me quedaría corto, porque la Historia del arte empieza en la prehistoria) y en todos los continentes y civilizaciones, se prestan a tratamientos muy distintos. Javier y yo empezamos a hacerlas sin ningún plan preconcebido, sólo porque surgía la oportunidad en diversos medios, y al cabo de un tiempo nos dimos cuenta de que ya habíamos acumulado unas cuantas y podíamos seguir haciendo más hasta tener suficientes páginas como para completar un volumen. Que espero que tengamos listo algún día futuro, y en el que iremos probando todos los experimentos que se nos ocurran, que es lo más divertido.

- P.: La obra más larga hecha hasta la fecha con Olivares será una adaptación del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, en la que las doble páginas cobran un especial protagonismo.
- R.: Bueno, es una prolongación de ese espíritu experimental del que hablábamos antes. La verdad es que no hay demasiados cómics organizados a base de dobles páginas, tal vez los ejemplos más notables que a uno le vienen a la cabeza sean Atmósfera cero de Steranko y 300 de Miller, que en realidad son muy distintos entre sí. De modo que plantearte una historia entera a base de dobles páginas ya es meterte en terreno desconocido, no sabes muy bien cómo va a funcionar y qué vas a tener que hacer, y eso no sólo es emocionante siempre, sino que en un caso como éste, en el que tienes que volver a tratar una de las historias más sobadas del último siglo, te sirve para darle una vuelta de tuerca a todo el conjunto y ponerlo bajo otra luz. Para refrescarlo y darle nueva vida, por así decirlo. Y por otra parte, pensé que las dobles páginas no sólo plantearían un desafío narrativo, sino que servirían para explorar las posibilidades de la ilustración aplicada al cómic, que es algo que encajaba mucho con la carrera de Javier, el cual se ha movido siempre entre los dos medios, y muy especialmente en una editorial como SM. Tengo que decir que disfruté como un enano planificando esas dobles páginas con Javier y que volvería a hacerlo en cualquier momento. Me gusta mucho esa forma de contar historias.

- P.: Desde hace años trabajas con Olivares en vuestra obra más ambiciosa "Las Meninas". Lejos de los pequeños formatos de la vida Vasari planteáis un trabajo de largo recorrido ¿Qué nos encontraremos en "Las Meninas" y como está siendo el proceso?
- R.: El proceso ha sido largo sobre todo por mi propia vagancia, que ha hecho que arrastrara el guión durante más tiempo del que es decente. Podría decirte que he estado cuatro años escribiendo el guión, pero en realidad ése es el período durante el cual he tenido el guión sin terminar. Si sumamos todo el tiempo que le he dedicado realmente, sería mucho menor. Nos ha costado mucho arrancar por eso, por mi pereza y porque me ha costado encontrar la forma de enfocar el libro. Pero bueno, es como te decía antes hablando de El Vecino, una cosa es que sepas lo que quieres hacer y otra cosa es que lo hagas realmente. Para cuando llega el momento en que ejecutas, eres otra persona, sabes otras cosas, has vivido otras experiencias y eres capaz de hacer cosas que no te imaginabas cuando tuviste la idea por vez primera. En ese sentido, creo que estos años de deriva desde que iniciamos el proyecto han acabado finalmente teniendo un efecto positivo sobre el mismo y me han ayudado a madurarlo, y diría que a Javier también, por la manera en que está resolviendo ahora mismo las páginas. No sólo la manera en un sentido técnico y artístico, sino de carácter y voluntad. Lo veo muy centrado y creo que está dibujando unas páginas impresionantes. Pero si te digo la verdad, siento una curiosidad enorme por ver este libro acabado. Creo que no acabo de hacerme una idea clara de qué es lo que va a salir al final.

- P.: Hablábamos antes de "Beowulf", un proyecto que replanteas completamente con la llegada del nuevo dibujante: David Rubín ¿Qué tienen en común el "Beowulf" de Olivares y de Rubín?
- R.: El poema original en el que se basan. A partir de ahí, el Beowulf de David Rubín tiene un guión distinto del Beowulf de Javier Olivares, y desde luego que la interpretación de uno no tiene nada que ver con la del otro. Hay una sustancia narrativa básica compartida, pero finalmente las dos historias son completamente distintas, y cada uno se ha llevado ese material hacia su propio mundo. Es un proceso curioso porque enseña mucho sobre cómo funcionan realmente las historias, qué es lo importante y qué es lo accesorio. A veces es lo contrario de lo que se suele decir.

- P.: Desde hace un tiempo resides en Estados Unidos ¿mantienes contacto con la realidad del cómic español? ¿Ha cambiado tu perspectiva de nuestro mundillo tu estancia allí?
- R.: Mantengo contacto a distancia, pero hoy en día, con internet, las distancias se han acortado mucho, y gran parte de las cosas que hacía en España las hacía de todos modos en el ciberespacio, de manera que eso no ha cambiado demasiado. Creo que sigo estando bastante al tanto de la actualidad, pero quizás con la ventaja de estar un paso separado de ella, lo cual me permite no sentirme tan abrumado por su inmediatez y ver las cosas con una pizca de perspectiva, lo cual siempre es interesante.

- P.: La crisis es un tema recurrente: saldos, devoluciones, tormentas perfectas... ¿Crees que puede cerrarse una etapa de crecimiento artístico por las circunstancias ambientales?
- R.: A estas alturas, y tal y como está el país, casi te diría que pensar que el cómic va a salir indemne del cráter en el que se está convirtiendo España sería de locos. La crisis está arrasando con la sociedad y la economía española en todos los órdenes, menos en el sector de lujo que atiende a las élites ricas, las únicas beneficiadas de todo este desastre. Evidentemente, el cómic no se va a salvar de la catástrofe. Habrá que ver qué podemos salvar del naufragio.

- P.: ¿Proyectos?
- R.: Que tebeos que ya están en marcha como el Beowulf, Las Meninas, El Vecino 4 o el Jaimito se concluyan y lleguen al público, y que otros de los que todavía no voy a hablar pero que ya están en desarrollo sigan prosperando. En gran medida depende de mí y de que sea capaz de cumplir con los compromisos que he adquirido, así que no puedo quejarme: estoy donde he querido estar toda mi vida. Ahora se trata de que no me quede aquí.

- P.: ¿Cómo te ves en el futuro?
- R.: Viejo, acabado, cansado, gordo y dormido.

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