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“Se está acabando la época de las editoriales de tebeos y llega la época de que haya tebeos en todas las editoriales". Entrevista a Álvaro Pons

En el año 2002 nació 'La Carcel de papel'. Álvaro Pons, su encargado, se consolida como una de las grandes figuras de la crítica del país, un referente que ha vivido en primera persona los cambios que ha vivido el medio en este tiempo. En 2012, en la cima de la popularidad, Álvaro Pons decide cerrar la web y apartarse del mundillo. A pesar de la distancia, el carcelero ama al medio y sigue con interés su actualidad. En esta entrevista repasamos la trayectoria de 'La Carcel de Papel' y las razones de su cierre y analiza la situación actual del cómic, desde como afecta la crisis a cada uno de sus protagonistas al futuro del medio.

 

- Pregunta: ¿Cuáles fueron las lecturas que hicieron que te enamorases del medio?
- R.: Siempre he dicho que no recuerdo un instante de mi vida sin un tebeo entre las manos. Tengo recuerdos de tebeos que me leía mi padre con apenas unos años de edad, de la colección DUMBO que publicaba tebeos de Disney que me fascinaban y que hoy sé que eran de Gottfredson, Don Rosa, Taliafierro o Barks. Y esos tebeos ya me enamoraron, ya despertaron un interés que el tiempo y la edad sólo hizo que aumentar. Tuve la suerte además de disfrutar de una buena colección de tebeos clásicos de mi padre, lo que me permitió conocer desde muy pequeño los clásicos de prensa americanos que publicaba Dólar, de Flash Gordon a Príncipe Valiente, junto a los tebeos de aquí como DDT, Pulgarcito o TBO. ¡Era difícil no caer rendido ante estas maravillas!

- P.: ¿Seguías la crítica especializada desde tus comienzos? ¿Cuáles eran tus escritores favoritos?
- R.: Mi primera lectura teórica fue "Los cómics, arte para el consumo y formas pop", de Terenci Moix, que recuerdo que me sirvió de base para hacer un trabajo sobre tebeos para clase, creo que cuando estaba en 7º u 8º de EGB. Poco después comencé a engancharme a las revistas que aparecieron a finales de los 70 y, por suerte, casi todas incluían secciones teóricas, muchas veces monopolizadas por el omnipresente Javier Coma, pero que pese a todos sus defectos, me descubrió muchísimos tebeos que desconocía. Recuerdo que por esas épocas comencé a leer algunos libros teóricos que estaban en la biblioteca, como los publicados por Gustavo Gili de Antonio Martín o Los cómics de Mao, pero sin duda el impacto más fuerte fue La historia de los Cómics de Toutain, una colección que apareció en fascículos y que semanalmente me estudiaba de la primera a la última página (¡siempre he sido un empollón!). Ahí descubrí un listado infinito de críticos y teóricos impresionantes y, creo, se encendió el interés por estudiar los tebeos más allá de la simple lectura. Por esa época además se dieron los grandes debates en este país entre línea clara y línea clásica, la aparición de Neuróptica, de Cairo y de gente como Ramón de España, Guiral, etc, que cambiaron completamente mi forma de entender el tebeo.

- P.: "La Cárcel de Papel" nace en 2001 ¿Qué te lleva a dar el salto a la web?
- R.: Llevaba escribiendo en fanzines desde principios de los 90, por esa época comencé a colaborar en Cartelera Turia y también llevaba algún tiempo en algunos medios digitales que comenzaban a nacer como la Guía del Cómic de José Antonio Serrano, o el proyecto digital Tebeos.biz, por lo que me pareció lógico hacerme una página web donde ir recopilando los escritos antiguos que tenía por ahí y lo que aparecía en la Turia. Originalmente la idea era sólo una página web sin más, pero al aparecer el formato weblog, consideré que era un sistema muy sencillo de publicación que permitiría colgar las cosas mucho más rápido y con sencillez.

- P.: El papel de "La Cárcel" fue de pionera en la crítica especializada en la web ¿Cómo recuerdas esos comienzos?
- R.: Si quieres que te diga la verdad, no creo que se pueda hablar de ser pionera... En esa época se dio una verdadera eclosión de revistas especializadas escritas: Volumen, Guía del Cómic, Slumberland, Dolmen, Nemo... y algunas de ellas ya se plantearon pasar al formato web, como Guía del Cómic, sin olvidar Dreamers y su abanico infinito de webs, las que ya existían como La Guía del Cómic de José Antonio Serrano o Tebeos.biz. La Cárcel sólo estrenaba un formato, el weblog, que ya existía en los USA. Lo que sí ocurrió es que, muy posiblemente, esa explosión de revistas fue una burbuja que se autodestruyó, con una oferta demasiado alta para una demanda muy reducida, quedando apenas reducida a la veteranía incombustible de Dolmen como única superviviente. En un momento dado se multiplicó de tal manera la oferta que la exigua demanda se dividió y repartió haciendo inviables prácticamente todos los proyectos. La web fue el único lugar donde podían subsistir, con mucha ilusión pero un presupuesto mínimo.
La crítica especializada ha sido siempre mínima y reducida, sólo se cambió el formato y modos de lectura, pero básicamente el mismo sistema de reseñas, artículos de divulgación, etc. que estructuraba las revistas impresas se podía encontrar ahora en las webs. Quizás no de forma aislada en una definida, pero sí en su conjunto. Incluso, si mucho me apuras, los mismos que escribíamos en las revistas éramos los que ahora participábamos en las webs.

- P.: En la Cárcel se mezclaban la crítica con las novedades y la agenda ¿Cómo te organizabas para administrar tanta información?
- R.: Fue algo que ocurrió de manera progresiva. Inicialmente ni siquiera me planteaba dar información de actualidad, pero me fueron llegando mails con "próximas novedades" y no me costaba nada ir colgándolos, igual que los anuncios de actividades. Era más un favor a amigos que otra cosa, pero lo que al principio era algo puntual se fue convirtiendo poco a poco en una parte fundamental de la web que cada vez fagocitaba más el trabajo que a mí me gustaba hacer, que era la opinión pura y dura, desde la reseña a la paja mental más extraña. Fui probando diferentes formas de seguir dando la información sin que afectase a lo que a mí me interesaba de la página ("la minicárcel"), pero llegó el momento en que era realmente un agobio, no sólo me comía muchísimo tiempo sino que incluso existía cierto apremio por parte de los que me enviaban la información y no pocas veces tuve que lidiar con cabreos de gente que decía que no había colgado la información o, incluso, como me dijeron una vez, que una presentación no había funcionado porque yo no la colgué... Posiblemente una de las muchas razones para cerrar la página fue la imposibilidad física de poder manejar toda la información que me llegaba. Supongo que si la página hubiese sido colectiva se hubiera podido mantener, pero no siendo yo sólo.

- P.: ¿En qué momento te diste cuenta de la proyección qué estaba alcanzando la página?
- R.: Fue algo muy lento. Las estadísticas dejaban claro que las visitas aumentaban de forma continuada, pero no era algo que me importara mucho. Quizás el momento en el que me di cuenta de la importancia a la que había llegado la cosa fue con el affaire de la pérdida de derechos de Marvel por Planeta, con frases del estilo "si lo dice La Cárcel, es cierto". Fue un bombazo inesperado que, de repente, cambio las reglas de juego en la página: ya no era mi página personal, era un lugar de información. Tuvo su gracia en su momento, pero quizás visto con perspectiva fue el mayor error que tuve, dar el salto de la opinión a la actualidad.


- P.: ¿Cómo era la relación con los editores? ¿Se convertían en cómplices del proyecto o había falta de transparencia por su parte? ¿Cómo ves la polémica sobre las tiradas del tebeo en España?
- R.: Hay de todo. En general he tenido muy buena relación con los editores y, de hecho, algunos de ellos son muy buenos amigos, con los que tengo relación personal de amistad más allá de los tebeos. Con muchos sí ha existido esa complicidad total y confianza, con total transparencia a sabiendas de que, evidentemente, yo tenía que callar muchas cosas. No secretos inconfesables, sino proyectos que estaban en negociación o cosas que dependían de varías carambolas que de haberse hecho públicas podían fracasar. Algunos, evidentemente, desconfiaban de mí y la relación con ellos era cordial pero distante. De todas formas, no me puedo quejar del trato con los editores, nunca he tenido problemas con ellos (más allá de algún desacuerdo puntual o de alguna bronca con alguno en particular que se quejó de que le hiciera una mala crítica).
Lo de las tiradas es otra historia completamente diferente, es uno de los muchos absurdos de la industria del tebeo en España y que no tiene ningún sentido. Es parte de un oscurantismo ridículo heredado de una concepción antediluviana del negocio. En cualquier país los datos de tirada y ventas son públicos, forma parte de la buena (o mala) salud del sector y ayuda a posicionar el sector institucional e industrialmente. De hecho, no hay un libro blanco de la industria del cómic por esa razón, aun cuando su existencia podría favorecer la instauración de ayudas públicas a la industria. Es ridículo. Afortunadamente, hay algunos editores que están rompiendo el tabú, pero todavía muy pocos. Si se supieran las cifras de tiradas y ventas, tendríamos una fotografía del sector en España clara, que realmente posicionaría cada tendencia o forma editorial en su lugar, más allá de los tópicos y los prejuicios.

- P.: ¿Y con los autores? ¿Cómo respondían a tus propuestas?
- R.: De maravilla. Los autores son y deben ser el centro de todo. Sin ellos no existe nada, no existiría la industria. Hay muchas partes de la industria que se olvidan de eso: todo existe gracias a los autores, sin ellos no habría ni editores, ni libreros, ni distribuidores, ni críticos y, no lo olvidemos, ni siquiera lectores. Afortunadamente mi relación con ellos ha sido siempre excelente y siempre se han apuntado a un bombardeo cuando les he pedido ayuda o los he liado en cualquier berenjenal.

- P.: Uno de los aspectos que más llamaba la atención de La Cárcel eran las airadas respuestas de los lectores ante los temas polémicos, creándose auténticos bandos defensores de uno u otro planteamiento ¿Cómo vivías esas reacciones?
- R.: Reconozco que muy mal. Mi forma de ser es completamente contraria a la polémica, no me gusta e intento llevar el diálogo y el debate desde el sentido común y el respeto. Pero por desgracia en internet las cosas son siempre exageradas y es imposible. Desde que comenzaron los troleos, me marqué como objetivo intentar dialogar hasta el infinito, intentar comprender las posturas y buscar que la gente se diese cuenta que la descalificación o el insulto eran improductivas. De hecho, no pocos amigos me han dicho mil veces que era gilipollas y que tenía que mandarlos a la mierda y banearlos. Pero al final sólo censuré a aquellos que insultaban a terceros a través del anonimato. No borré ningún comentario que me insultara (y los hay a porrones). Pero he llevado muy mal esas polémicas, no entiendo porque hay que montar esas broncas: si algo no te gusta no tienes por qué atacarlo, si no estás de acuerdo, se puede debatir sin descalificar. Y no entiendo la manía de enfrentar gustos u opiniones desde la manía de desvestir un santo para vestir otro. Si a mí me gusta un tebeo y a ti otro, ¿por qué no defender ambos?

- P.: El diseño de La Cárcel siempre ha estado unido a los contenidos, cambiando su formato a medida que estos se hacían más complejos.
- R.: Era una necesidad lógica. Tengo la suerte de defenderme algo en programación y, más o menos chapuceramente, he ido modificando todo el catálogo de acrónimos según las necesidades de la web, desde HTML a PHP pasando por SQL o CSS... Pero no lo veo como un mérito especial, la propia evolución de la página era la que marcaba lo que tenía que ir apareciendo.

- P.: Comentabas antes lo difícil de gobernar que se estaba volviendo la página. Las actualizaciones fueron prácticamente diarias durante largos periodos de tiempo. ¿Llegó a convertirse en una obsesión?
- R.: Fue una obsesión. Sin duda. Ahora, con la distancia del tiempo y casi desintoxicado de esa necesidad de actualización continua me doy cuenta de hasta dónde llegaba la obsesión. Era insana e impedía tener una visión de conjunto fresca y desprejuiciada.

- P.: ¿Qué momento de La Cárcel te ha hecho más feliz personalmente?
-R: Momento buenos hubo muchos, muchísimos, pero eran sobre todo esos pequeños momentos que daba el día a día. Los grandes placeres que me ha dado la Cárcel se dividen en las muchas amistades que he hecho y en aquello que nunca salía en la web, los muchísimos mails que me llegaron de lectores que agradecían haber descubierto una obra, un autor... He hecho grandes amistades "digitales" gracias a la página, de gente con la que mantengo contacto todavía hoy, ya sin la página. Recuerdo también como muy emocionante la carta que me envió la viuda de un dibujante español poco conocido por haberlo recordado en La Cárcel. Fue muy emocionante.

LA CRÍTICA

- P.: ¿Es difícil ser objetivo a la hora de realizar crítica?
- R.: Sinceramente, no creo en la objetividad de la crítica. De hecho creo que es imposible, que por definición la crítica es y debe ser subjetiva. La crítica no deja de ser un ejercicio de evaluación a partir de un criterio que se crea desde consideraciones subjetivas. Una crítica objetiva sería inútil, sería un simple recuento de características técnicas o formales. Una crítica es un análisis y evaluación posterior de todo, desde el conjunto de características formales hasta el fondo y contenido. Y eso se hace desde la consideración personal. Lo que sí me parece exigible es que esa crítica sea fundamentada, coherente y honesta. Fundamentada en tanto se establezca una argumentación contrastada y sólida, con una base de análisis definida desde el conocimiento profundo del medio y todo su contexto y coyuntura. Coherente en tanto exista un hilo argumental lógico en el discurso crítico, que no sea aleatorio o advenedizo, sino contrastable e, incluso, previsible dentro de los términos de argumentación. Al final, la crítica debe ser un contrato entre el lector y el crítico, en el que el lector conoce plenamente el argumentario del crítico y sabe cómo utilizarlo y traducirlo a sus propios gustos o querencias. Y eso sólo se logra desde la honestidad del crítico, que crea confianza en el lector. Para mí es importante que cuando la gente lea una crítica mía conozca mis gustos y no los asimile como propios, sino que extraiga conclusiones propias, que es muy diferente. Ya he dicho una vez que tan útil me parece que tras leer una reseña mía alguien diga "Álvaro ha puesto muy bien este tebeo europeo y hasta ahora coincido con él plenamente, voy a leerlo" como "Álvaro ha puesto a caldo este tebeo de superhéroes, ¡a leerlo!". En ambos casos, la reseña crítica ha sido de utilidad.

- P.: ¿Cómo ves la crítica especializada en el país?
-R.: Tenemos excelentes críticos de tebeos, pero no tenemos críticos especializados: que no se me entienda mal, la lista de gente que hace excelentes reseñas críticas es amplia y no hace falta que la cite, pero ninguno de ellos puede vivir de esa labor como "crítico especializado" si entendemos como tal lo mismo que con otras artes o formas culturales. Es verdad que, en general, es muy, muy difícil vivir de la crítica o, simplemente, ganar algo de dinero de la crítica, pero es que ni siquiera existe una figura que podríamos denominar de "especialista en tebeos" en los medios de comunicación. Es verdad que yo en El País fui durante un tiempo el que se encargaba casi en exclusiva de los tebeos, pero no veo que se haya generalizado esa figura, que me parece muy importante, no tanto para centralizar todo lo que se hable de tebeos, sino para que los medios tengan referentes que puedan ayudar a los periodistas a documentarse y preparar sus trabajos cuando hablan de historieta. Hay, hoy por hoy, excelentes periodistas culturales que saben muchísimo de tebeos o, mucho más importante, que saben dónde buscar la información que necesitan, pero también vemos continuamente artículos con muchas deficiencias. Es cierto que no es un problema de la historieta, cualquier especialista en ciencias o humanidades sabe los muchos errores que se cometen en la prensa cuando se habla de temas muy particulares, pero es muy importante que para evitarlos los periodistas tengan a quien acudir. Y el problema, posiblemente, es que esos excelentes críticos y teóricos del tebeo que hay ahora en España no son suficientemente conocidos por las redacciones culturales.

- P.: Recientemente ha nacido la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España (ACDCómic) ¿Cómo ves la iniciativa?
-R: Cualquier intento de asociacionismo debe ser siempre bienvenido. Todavía es pronto para valorar la iniciativa porque apenas ha habido tiempo para que se establezca y comience a funcionar, pero me gustaría que siguiera una labor de observatorio como por ejemplo hace la ACBD en Francia, con unos informes anuales excelentes. Tiempo al tiempo, seguro que dará cosas muy buenas. Detrás hay gente muy buena, de lo mejor de la crítica española, así que seguro que saldrán buenas ideas y buenos proyectos.

LA TORMENTA PERFECTA

- P.: ¿Cómo ves la situación del mundo del cómic en España?
- R.: Depende de lo que hablemos. Si nos fijamos en el aspecto creativo, creo que es extraordinario, aunque reconozco que siempre peco de optimismo compulsivo en este aspecto. Pero no creo que sea nuevo: el potencial de los autores españoles ha sido siempre y es brutal. Lo fue antes de la democracia cuando no existía conciencia autoral pero sí un grupo de autores de calidad extraordinaria que tenían que afrontar su trabajo bajo unas condiciones terrible de explotación pero que, pese a todo, conseguían sacar adelante obra extraordinarias. Sólo tienes que mirar la riqueza estilística y temática de la Escuela Bruguera o de los autores de Valenciana para quedar fascinado por su labor. Pero también lo fue en la transición y esa espectacular eclosión del cómic de autor que vivimos en los 80, con una rabia creadora inigualable fruto de haberse quitado de encima la losa de la dictadura y la alegría e ilusión por reivindicar la historieta como un medio más allá de la consideración infantil, alimentado por la influencia europea y americana. Incluso en los 90, pese al colapso absoluto del mercado para los autores españoles, se dio una efervescencia creativa increíble canalizada a través de fanzines y pequeñas editoriales independientes, colectivos autorales o de autoedición. Hoy veo esa misma fuerza creativa, libre, independiente, ese espíritu de hacer cosas diferentes y distintas, pero que quizás está teniendo a su favor dos aspectos fundamentales: por un lado, una visibilidad como nunca se ha visto, tanto por el apoyo de los medios tradicionales -que ya está superando el que vivimos en los 80- como sobre todo por el de internet, que ha multiplicado la divulgación y formas de promoción hasta el infinito, aspectos que sin duda retroalimentan y favorecen que muchos autores den el paso a probar con la historieta. Por otro, sin duda, porque esa visibilidad está apoyándose en un apoyo popular, quizás todavía escaso y de una debilidad extrema por su sensibilidad a la crisis económica (como en todos los aspectos culturales). La obligación de toda generación creativa es ambicionar la superación de las anteriores, es la necesaria rebeldía generacional que hace que el arte avance, pero las últimas generaciones de autores han vivido brutales colapsos que han impedido cualquier evolución o avance. Primero en los 80 con la desaparición de cualquier forma de publicación tradicional entonces (que hizo prácticamente eclipsarse a la más grande generación de autores que ha tenido España, de los Giménez, Prado, Nazario, Pons, Max a los Sento, Micharmut o Torres, pasando por tantos y tantos) y luego en los 90 con un mercado fagocitado por el manga y el tebeo USA. Creo sinceramente que la actual generación de autores tiene el potencial de ser de una brillantez inalcanzable, que iguale o supere a esos mitos (y sin necesidad de desvestir santos para vestir otros, que en esto del arte, como consumidor, no hay nada como ser politeísta) ...si nadie le siega el camino.
Otra cuestión es la situación del cómic como medio, en el que hay que contabilizar tanto ese aspecto creativo como los industriales. Y ahí la situación es mucho más delicada. Lo que es evidente es que la industria del cómic está en completa reformulación. Creo que ya no es válido el concepto de editorial tradicional ligado a la concepción del cómic como una industria de entretenimiento, la megaeditorial que se dedica a la producción de blockbusters está tan en entredicho como las grandes superproducciones de Hollywood. Incluso si me apuras el propio concepto de editorial sólo de tebeos: es evidente que seguirán existiendo editoriales especializadas en cómic, pero creo que será desde una perspectiva elitista y selectiva, como puede pasar en la actualidad con los sellos especializados en arte, poesía o determinados temas. Lo lógico es que los tebeos, como producto (con toda la carga peyorativa que tiene esa palabra cuando se aplica a algo creativo), sean parte del entramado global del libro y/o del entretenimiento, como ya vemos en los USA, donde Marvel ya es del conglomerado Disney o DC del emporio Warner. A mucha menor medida, lo lógico es que aquí los tebeos se generalicen dentro de las ofertas de las editoriales, como ya está pasando: tanto los grandes sellos editoriales como los pequeños se están apuntando a la edición de tebeos. Hace años comentaba en La Cárcel que se había acabado la época de las revistas de tebeos y que era época de que hubiera tebeos en todas las revistas. Me equivoqué porque la evolución de los medios está siendo muy rápida, pero creo que se podría reconducir esa frase diciendo que se está acabando la época de las editoriales de tebeos y llega la época de que haya tebeos en todas las editoriales. Aunque sigue siendo una frase muy arriesgada con los cambios que vienen desde la edición/autoedición o la distribución/autodistribución digital...

- P: En las redes sociales se ha popularizado el término Tormenta perfecta para reflejar la crisis en el mundo del cómic. Cada día vemos polémicas relacionadas con los saldos y devoluciones ¿Cómo ves el futuro de las editoriales?
- R.: Pues conecto con una respuesta anterior: difícil. No sabemos nada oficialmente de las ventas del tebeo en España, ese absurdo oscurantismo que actúa como una losa para la propia industria, pero los rumores, lo que te van contando los editores y libreros en petit comité, es que las ventas se han desplomado para casi todas las editoriales. Una caída que puede ser crítica sobre todo para las editoriales de tamaño medio, que no tienen detrás un conglomerado empresarial que soporte una larga temporada de pérdidas o una estructura tan pequeña (en muchos casos unipersonal) que permita soportar la sequía reduciendo al mínimo las novedades. Si los datos que se barajan son ciertos, podemos ver cómo un buen número de pequeñas librerías cierran, lo que generaría una reducción de los puntos de ventas que veremos cómo afecta realmente a los balances de las editoriales. Es cierto que la mayoría de las ventas de tebeos se concentran en unas pocas librerías, pero si hay un colapso, puede afectar de forma mortal a muchas editoriales. No creo que afecte a las grandes como Panini, por ejemplo, que ha demostrado que la fidelidad de los compradores de Marvel es a prueba de crisis, ni tampoco a muy pequeñas como Ponent, Sins Entido, etc, pero sí a muchas otras. El tema de las devoluciones es indicativo de la delicada situación económica de las librerías, que ya tienen que recurrir a la devolución masiva para hacer caja y los saldos, como siempre he mantenido, son un veneno para el mercado (sobre todo si son a corto plazo, menos de un año), son pan para hoy hambre para mañana. Sobre todo, en una coyuntura de crisis tan grave: ante ciertas novedades el comentario más generalizado está siendo "ya lo saldarán". Todo junto, podría ser una situación de "tormenta perfecta" que cambiaría radicalmente el panorama de la industria del cómic en España, pero no la haría desaparecer, ojo, sería un cambio profundo que, quizás, es necesario.
Pero en cualquier caso, sin las cifras reales de ventas es muy difícil saber qué está pasando. Cualquier análisis en este sentido debe ser frío y metódico, intentando contextualizar los datos. Con los pocos que tenemos, la sensación que da es que el mercado ha cambiado globalmente poco: lo que sigue vendiendo burradas inconcebibles es Mortadelo y Filemón, el manga, Marvel y Esther. Y luego tenemos pequeños fenómenos aislados de superventas como Arrugas, Persépolis o Chico y Rita, que certifican el funcionamiento del cómic de forma mimética al del mercado del libro: libros con ventas espectaculares que son los que aguantan a la gran mayoría con ventas muy pequeñas. Los datos que dejan entrever los editores es que las ventas se mueven en el entorno de 1000-1500 ejemplares, pero hay muchísimos casos donde las ventas no llegan a 500, muy, muy lejos de las ventas millonarias de Ibáñez, del manga o de esas excepciones que comentábamos. Es posible que si miramos la globalidad la foto no haya cambiado mucho (excepción hecha del aumento de facturación que muestran los estudios del gremio de editores), pero es evidente que de cerca las cosas han cambiado en la última década: la novela gráfica se ha consolidado como el formato de venta preferido frente a la revista o el comic-book (excepción hecha de Marvel, aunque hay que considerar también que para muchos compradores no habituales los paperbacks son "novelas gráficas" y que, de hecho, se publicitan como tales); mientras desaparecían los tebeos de los quioscos, la gran superficie ha hecho una aparición contundente a través de FNAC, Casa del Libro o El corte inglés... Son cambios fundamentales que todavía no sabemos hasta qué punto se consolidarán y en qué dirección irán, es muy difícil predecir cómo será todo.

P.: Comentabas el cierre de librerías y las devoluciones como un problema que repercutirá en el resto de la industria. Además de las devoluciones ¿crees que las librerías tienen herramientas para capear el temporal?
- R.: Las librerías (generalistas y especializadas) están en proceso de completa transformación. El auge del libro digital, la globalización de las ventas que permite comprar un libro instantáneamente desde cualquier lugar del mundo y los cambios en las formas de consumo del libro obligarán a un cambio completo de su fisionomía. Las devoluciones masivas son sólo un síntoma de la precariedad económica y de la falta de liquidez que afecta a todas las empresas, pero detrás hay un problema más grave en el caso del libro: su necesaria reconversión. En el caso de las librerías generalistas, paradójicamente, la reconversión apunta a la especialización, a la búsqueda de un público determinado y fiel pero... ¿cómo se especializa una librería especializada? Es una paradoja, pero posiblemente no haya más remedio que especializarse mucho y buscar nuevas vías de actuación: el merchandising ha caído a plomo, pero se abren nuevas vías que dejen la dependencia de las novedades mensuales, como el stock cuidado, la importación, los originales, la atracción del lector como centro cultural, el ser proactivos y no simplemente un montón de estanterías... Creo que esto es una tormentita teniendo en cuenta lo que viene detrás: ¿qué pasará cuando los comic.books de Marvel se vendan más en digital? Eso pasará antes o después, es un formato ideal para el consumo en tabletas pero, ¿qué ocurrirá con las librerías que basan su facturación en los comic-books? Es tan sólo un ejemplo de lo que puede ocurrir y que, en el fondo, traerá una cosa buena: potenciará la figura del librero, del librero de verdad, no del que simplemente es un dependiente que coloca las novedades en las estanterías y ya está.

- P.: De cara a los autores ¿crees que la crisis puede suponer el fin de una etapa especialmente fértil creativamente?
- R.: Los autores han vivido en crisis permanente, por desgracia. Y siempre se ha demostrado que la crisis los ha empujado a avanzar y superarse. Hoy, el que elige la historieta para crear debe entender que lo hace como medio de expresión, no como una profesión en el sentido que se tenía de ella hace 40 años. Es una opción expresiva como la literatura, la música o la pintura, que no garantiza ingresos suficientes más que a unos pocos. Como decía hace tiempo, un dibujante hoy puede vivir de los tebeos pero muy difícilmente de su obra. Si tiene calidad y capacidad, puede emigrar hacia industrias consolidadas como la francesa o la americana y conseguir asentarse en esos mercados como un profesional de primera, tenemos ejemplos para dar y vender en ese aspecto, que constatan la calidad de los autores españoles. Pero si lo que se quiere es vivir de una obra personal, me temo, la cosa es más difícil: publicar es posiblemente más fácil que nunca, pero conseguir vivir de esa obra está reservado a un puñado de "elegidos", ésa es la realidad. Si se hace historieta desde un punto de vista de obra personal, debe ser como resultado de una elección personal expresiva, porque se quiere contar o transmitir algo y se elige como la mejor opción el lenguaje del tebeo, a sabiendas de que no es una opción comercial, sino de necesidad personal. Si tiene suerte, mucha suerte, conseguirá unos ingresos que hagan que su trabajo sea recompensado, pero muy difícilmente será económicamente rentable. Son dos opciones tan válidas como defendibles, no creo que se pueda defender una respecto a otra: me parece tan respetable que alguien quiera vivir de su profesión como dibujante de historietas porque ama y tiene pasión por la historieta desde un trabajo, llamemos, de encargo (hecho desde la profesionalidad y en muchas ocasiones con muchas posibilidades creativas que pueden dar grandes obras, incluso algunas plenamente personales, aunque ya sabemos que industrias como la americana cada vez desprecian más el trabajo del autor), como que alguien elija la historieta como medio de expresión de un sentimiento o de una historia y quiera realizar su obra personal. Lo que sí que es evidente es que la crisis se cebará sobre los primeros con más facilidad que con los segundos: el autor que se dedica a la historieta de encargo precisa de una infraestructura industrial detrás que es golpeada por la crisis y que, con seguridad, refleja las dificultades del momento económico. Sin embargo, en el segundo caso, la poca o nula dependencia económica del proceso creativo hace que la crisis pueda afectar menos al autor que elige este camino; por desgracia, casi con seguridad recibirá poca compensación económica con crisis que sin crisis.
Pero, en cualquier caso, la realidad ha mostrado que incluso en los momentos más difíciles para el autor español (como en los 90), la crisis actúa como un acicate que estimula la creación todavía más.

- P.: La crisis del sector hace que se busquen culpables de la situación. Muchas miradas se cuestionan el sistema de distribución empleado ¿Cómo ves el mundo de las distribuidoras? ¿Se valora lo suficiente o es uno de los grandes desconocidos?
-R: Es, sin duda, un gran desconocido. En este momento hay una distribuidora para librerías especializadas, SD, que actúa casi en régimen de monopolio, lo que nunca es bueno. Pero por otra parte, es evidente el papel que ha tenido SD en el mercado del tebeo español ha sido importantísimo y, en muchos momentos, la supervivencia de muchas editoriales ha sido posible gracias a ellos. Han creado un sistema sólido de librerías especializadas y son los responsables de la apertura a grandes superficies como la FNAC o Casa del Libro, que ha favorecido la apertura a nuevos lectores no habituales que no entraban en las librerías especializadas, a lo que hay que añadir su apuesta por la distribución digital. En los últimos años estamos viendo cómo distribuidoras generalistas de libros estás entrando también en la distribución, fundamentalmente gracias a las novelas gráficas, que como formato es mucho más conocido para las librerías (frente al álbum o el cómic-book, que ven como infantil en el primer caso y como frágil en el segundo), lo que sin duda favorecerá a todos.

LA NOVELA GRÁFICA

- P.: ¿Crees que el auge de la novela gráfica ha conseguido atraer un público nuevo? ¿Cuál es la línea de trabajo para lograr lectores para el futuro?
-R: El problema de la bajada de lectores es genérico, pero por otra parte cada vez se lee más. Es una curiosa paradoja: los nuevos medios digitales, las redes sociales, se basan en la comunicación epistolar, que se ha recuperado y potenciado hasta el infinito y, por otra parte, la lectura tradicional se pierde. Y eso afecta, sin duda, al tebeo. Es evidente que la novela gráfica ha atraído a nuevos lectores, sobre todo a aquellos que mantenían una actitud distante por el prejuicio hacia un medio considerado infantil que la nueva etiqueta ha derrumbado. La novela gráfica se ha convertido en un eficaz sinónimo de "cómic para adultos", algo que no consiguieron en su día acepciones como cómic, comix, cómic-novela o tantas otras. Y hablo conscientemente de etiqueta en este caso, porque estamos viendo como su uso generalizado ha quebrado la barrera que existía para muchos lectores: vemos cómo se habla de las "novelas gráficas" de Walking Dead o de Iron Man, cómo Marvel recupera el sello o DC presenta sus Essentials como Novelas Gráficas, en un claro etiquetado editorial que, sin duda, ha prendido en el público. Pero paralelamente, hay otras formas de novela gráfica, las que se están practicando desde el cómic de autor, que han roto a su vez otras barreras, de la sempiterna Maus a Persépolis, abriendo esa otra frontera intelectual que todavía quedaba y que seguía rechazando cualquier forma de historieta. Las dos cosas se están viviendo en paralelo y son beneficiosas: tanto el uso del concepto como etiqueta que evita prejuicios como su asociación a un cómic de autor que es fácilmente defendible desde unos postulados menos ligados al entertainment y más propios de la intelectualidad tradicional.


El problema es que los números relativos siguen siendo bajos en uno y otro caso: para un medio con vocación comercial como ese cómic ligado a grandes superproducciones de Hollywood (que están fagocitando en género propio de la historieta, aunque ése es otro tema), la ambición debería ser vender cientos de miles de ejemplares, lo que evidentemente no se da. Para el cómic de autor, vemos que todavía las ventas son muy bajas si miramos no la media, sino la moda, la venta más habitual de un tebeo, que estará alrededor de los 1000 ejemplares como mucho. Hay, afortunadamente, grande superventas como Persépolis o Arrugas que están actuando de rompehielos, pero todavía hay mucho camino que recorrer. Por eso sigue siendo necesaria la labor de promoción, que creo que salvo dos o tres editoriales, es inexistente. La promoción parece ser dejada en manos de blogueros o unos pocos medios, cuando debería ser un proceso muy activo. Ahí todavía hace falta aprender mucho de las editoriales generalistas, que hasta para la edición de tirada más baja realizan grandes esfuerzo de promoción y difusión que no veo en el mundo del tebeo de forma habitual. Y hay que recuperar sin miedo todos los públicos lectores: hay que potenciar ese sector de la joven lectora (supuestamente, según las encuestas, la más activa), que está siendo abandonado, igual que es necesario retomar necesariamente el público infantil. Un sector para el que hay producción (sobre todo de franquiciados de series de TV y cine y manga), pero que está muy mal segmentado: hay muchísimos tebeos para chavales a partir de 7-8 años, pero por ejemplo el segmento de prelectores apenas es cuidado, con excepciones como Bang!o Thule. Me sorprende en ese sentido cómo cuida todos los segmentos Marvel, que tiene líneas para todo tipo de lectores y que deberían ser cuidadas aquí. Los Super Hero Squad, por ejemplo, tienen publicaciones para prelectores, para iniciación a la lectura, etc...¿por qué no traducirlos aquí?
Y, por supuesto, hay que aprovechar la oportunidad de la distribución digital, para crear nuevos lectores con nuevas propuestas e ideas.

- P.: ¿Por qué crees que la novela gráfica crea tantas fobias y filias?
-R: Es curioso como los debates terminológicos han sido siempre polémicos. Por alguna extraña razón, es imposible debatir en este medio sin caer en el enfrentamiento. No se participa en un debate abierto y plural, sino directamente en la descalificación del contrario. Y en el caso del debate la novela gráfica, es imposible no encontrar similitudes tanto por argumentaciones como por formas con los vividos en los 80 entre línea clara y línea clásica. Si bien en general el debate de ideas es bueno y necesario, creo que, en este caso, las discusiones han sido profundamente negativas porque han polarizado las posiciones de los grupos y han desviado el foco de la discusión desde los autores a una concepción que se confunde muchas veces con categorización. Como ya he comentado antes, creo que el concepto de novela gráfica ha sido muy positivo desde cualquier perspectiva y que la paradoja es que todas sus acepciones tienen argumentos razonables a favor y en contra. Personalmente, ya lo he comentado muchas veces, mi visión de la novela gráfica es que es un formato en el que se ha desarrollado con todo su potencial el cómic de autor. Como medio que ha de ser reproducido finalmente para su difusión y sujeto a unas limitaciones muy definidas de formato, los autores han tenido que luchar siempre contra esas constricciones formales, desde la tira diaria al cómic-book o el álbum, demostrando siempre que existe la posibilidad de hacer una obra personal capaz de saltar esas restricciones derivadas de las imposiciones de las tecnologías de reproducción de cada época, un cómic de autor que se define claramente por la aportación autoral personal. Lo vimos desde Herriman a Miller, por citar casos de evidentes de cómic de autor que traspasan la barrera formal. La novela gráfica aparece como un formato que libera totalmente esas restricciones y deja al autor libertad total para controlar continente y contenido. Es un cambio que aparece, lógicamente, favorecido de nuevo por los avances tecnológicos y de distribución (hoy se pueden hacer pequeñas tiradas de lujo con cualquier opción de formato -¡que se lo digan a Chris Ware!-, lo que hace 30 años era completamente inviable), pero que da total sentido a lo que podemos llamar cómic de autor, ese concepto que tanto defendía Javier Coma hace años y al que el tiempo le ha dado la razón. Creo que sólo por eso, la novela gráfica es un concepto extraordinario.
Sin embargo, como ya he comentado antes, al amparo de su éxito autoral y creativo han aparecido otras utilizaciones del término que han resultado igualmente beneficiosas para la historieta: su uso como etiqueta desde las editoriales es evidente, pero no menos evidente es que funciona, que desde el público no habitual del tebeo se ve una novela gráfica con ojos diferentes a si en su portada pone "tebeo" o "cómic". Absurdo, eufemístico y ridículo si se quiere... pero eficaz comercialmente, que es lo que se busca a fin de cuentas. Discutir aquí si su uso es absurdo y que "son tebeos", no tiene a mi entender sentido, porque el objetivo, que es la difusión, se cumple.
Y, sin duda, también se puede hablar de un movimiento autoral, aunque quizás éste es el punto más delicado porque parece como si se entendiese esta defensa como el establecimiento de un canon que define como "buenos" a los que hacen novela gráfica y "malos" al resto. Evidentemente, la articulación de un movimiento autoral es mucho más compleja, pero creo que sí hay argumentos para la existencia de ese movimiento si nos fijamos en el tebeo americano y, paradójicamente, en el patrio. No lo veo en el caso francés, donde los movimientos autorales y creativos siguen otros caminos y donde no se ha necesitado un término que defina un cómic adulto, ya que el cómic de autor es aceptado y defendido desde los años 60. Pero como decía, en el tebeo americano sí que se puede buscar un grupo de autores que se conectan entre sí por el uso de la novela gráfica, incluso considerando temáticas más o menos definidas alrededor de determinados contenidos; al igual que en España, donde hay grupos de autores que, siguiendo ese modelo, también defienden la novela gráfica como su forma de expresión. Creo que puede ser limitante en su análisis, pero sin duda es difícilmente contraargumentable cuando son los propios autores los que se reconocen como parte de ese movimiento. Creo que es una manera de expresar su defensa de un cómic de autor, pero como digo, tampoco veo problemas porque la organización autoral alrededor de un movimiento crea siempre nuevos retos creativos.
Al final, como ya comente, es uno y trino, un concepto muy afortunado que sin duda hay que defender.
El problema viene de hacer la equivalencia "novela gráfica"=bueno, "no novela gráfica"=malo. Un error garrafal que también lo sería si lo trasladamos a "comic de autor"=bueno, "cómic comercial"=malo. Quizás el problema también es que no llegamos a diferenciar la calidad de un trabajo profesional de encargo con la calidad global del tebeo: se confunde que un tebeo comercial malo no implica que la labor del dibujante (que es generalmente el afectado) sea mala, hay mil ejemplos de dibujantes que trabajan para los USA y Francia con una labor profesional encomiable y extraordinaria, que hacen su trabajo desde una rigurosidad y exigencia muy elevada, pero que son engullidos por malos guiones, malos planteamientos editoriales, etc. ¿Significa eso que por hacer un mal tebeo, sean malos profesionales? En absoluto. Pero parece que todavía nos cuesta diferenciar que un tebeo comercial tiene parámetros de análisis añadidos sobre el tebeo de autor, que hace su análisis un poco más complejo, paradójicamente. Al final, existen grandes obras y malas obras, gracias o pese a excelentes trabajos de sus autores.

- P.: A lo largo del tiempo el nombre para denominar al medio ha suscitado siempre diversas polémicas ¿Por qué resultan tan importantes los nombres?
-R: Te lo he comentado más o menos en la pregunta anterior, y la respuesta se puede resumir en que quizás es un problema de autoidentidad. El tebeo es un arte ya establecido, ya empieza a no ser joven, pero sigue sin encontrar una identidad propia. Machacado durante años por la categorización de medio infantil y comercial, ahora está buscando una identidad y reconocimiento propios. Pero es tan complicado que ni siquiera tenemos una definición clara de lo que es la historieta, ni siquiera nos ponemos de acuerdo en un nombre que, de alguna manera, defina y afirme su identidad.

- P.: "Panorama" es un muestrario de la situación de la novela gráfica en España ¿Cómo ves este panorama? ¿Cuáles son los valores que se asentarán en el futuro?
-R: Pues en una pregunta anterior te lo decía: creo que estamos ante una generación muy brillante de autores que, si Santa Crisis lo permite, puede dar lugar a las obras más importantes de la historia del tebeo. Es curioso porque es un momento de convivencia generacional único que puede y debe dar resultados fascinantes: tenemos todavía en activo y dando obras maestras a genios como Carlos Giménez, Sento Llobell, Kim y Altarriba, Micharmut, Max, Miguelanxo Prado, Bartolomé Seguí, Laura, Felipe Hernández Cava o Montesol, por sólo citar algunos, y una generación más joven está dando el salto a obras de enjundia que compiten con las de los anteriores, con autores como José Domingo, Marcos Prior, Esteban Hernández, David Rubín, Miguel B. Núñez, Álvaro Ortiz, Alfonso Zapico, Felipe Almendros o David Sánchez, de nuevo citando muchos menos de los que debería. Pero que en paralelo están trabajando para nuestro país mientras una generación numerosísima de excelentes autores trabaja directamente para el extranjero, como pasó en los 70: son los David Aja, Juanjo Guarnido, Juan Díaz Canales, Teresa Valero, Ken Niimura, Raúle y Roger, Carlos Pacheco, Pasqual Ferry, Jose Luis Munuera, Ana Miralles, Daniel Acuña... Es un panorama que promete mucho, muchísimo, pero que se asentará según cómo evolucionen la industria y el mercado, aunque la creatividad se mueve aparte de los bandazos del mercado, el asentamiento final como autores depende de tantas variables que es muy difícil predecir nada. ¿Quién podría pensar que no quedaría nada prácticamente de la brillantísima generación del Madriz o de los autores de Cairo? En aquél momento, parecía un futuro esplendoroso, y mira en lo que acabó. Pero soy optimista compulsivo: creo que por fin se asentará el tebeo y, con todas las dificultades, estas nuevas generaciones nos darán tebeos que serán recordados.

FESTIVALES

- P: Valencia es un referente histórico en el mundo de las viñetas y cuna de autores que han marcado distintas épocas. A pesar de ello no acaba de cuajar un festival a pesar de recientes intentos ¿Cuál crees que es la causa?
- R.: Valencia es definitivamente diferente. Yo he estado involucrado en una forma u otra en, por lo menos, una decena de intentos de montar algo en nuestra ciudad y siempre, siempre, la cosa se ha ido al traste. Cualquier intento de hacer algo realmente grande en esta ciudad, que creo que sería un éxito, se ha topado de bruces con la realidad de un mundillo muy desmembrado y con intereses muy diferentes. Para colmo ya no hay prácticamente industria del tebeo en Valencia, por lo que la cosa se hace más compleja.
Pero no pierdo la esperanza: en este momento hay dos iniciativas que, con el tiempo, pueden ser el germen de algo grande con características muy diferenciadas. Por un lado las Jornadas del Cómic de Valencia que organiza la Asociación Valenciana del Cómic, muy modestas, pero que han conseguido celebrarse en dos ocasiones, lo que ya es un éxito sin precedentes. Si consiguen el apoyo de librerías y editoriales, pueden consolidarse como una oferta sólida desde una perspectiva más tradicional en su concepción. Por otra parte, el Tenderete, que llega ya a su sexta edición y me parece un evento de primera línea alrededor de la creación más combativa. Un evento del fanzine y de la creatividad que consigue traer gente no sólo de toda España, sino de Argentina, Italia, Francia o países del Este, que quizás necesita más proyección y conocimiento y que, creo, es hoy por hoy uno de los eventos más atractivos que se realizan alrededor de la historieta en este país.
Quizás el error que cometimos es querer hacer cosas a lo grande y era mejor ir poco a poco, como están yendo estas dos iniciativas que, espero y deseo, tengan muchísimo éxito y se consoliden.

- P.: Siguiendo con los eventos comiqueros, viviste de cerca la realización del stand de España en el salón de Angoulême, el más relevante de Europa. Entre las causas que motivaron el cierre de La Carcel, parece ocupar un espacio importante ¿Cómo fue el proceso? Desde la distancia ¿repetirías la experiencia?
- R: Es, de lejos, el proyecto más complejo en el que he estado involucrado. El proyecto nació en los Encuentros del Cómic de Sevilla, donde se creó un pequeño grupo de trabajo que contactó con el Ministerio de Cultura y con el que comenzó a trabajar. Las primeras propuestas que se pactaron entre varios colectivos ligados a la historieta definían una exposición con un grupo reducido de autores de gran prestigio, pero no quedaba claro quién sería el comisario responsable, para el que se barajaban varios nombres, incluido el mío. A mi nombre se llegó al final, creo, porque generaba cierto consenso no tanto por ser el mejor (todos los que yo sé que se habían barajado eran mucho mejores que yo), sino por ser el más aceptado y el que menos conflictos podía generar. En el Salón del Cómic del 2011 tuvimos una reunión los responsables del Ministerio de Cultura, Paco Cerrejón, que había actuado de gestor de todo el proyecto y yo y acordamos que fuera el comisario de la exposición. Se me pasó la lista de ilustres autores pactados y mi primera decisión ya causó problemas porque decidí no usarla. Mi idea era hacer una muestra lo más amplia de la realidad del tebeo español, que contemplara tanto el ilustre pasado como el brillante futuro, pero que no dejara de lado ni siquiera a los que estaban trabajando en el extranjero. Una idea demasiado ambiciosa para hacer con originales (sería involucrar a más de 100 autores) y que, hablando con Paco –en la práctica el co-comisario de la exposición-, pensamos que sería mejor hacerla de reproducciones, ya que lo que buscábamos no era tanto el aspecto de exposición artística como el didáctico de mostrar todas las posibilidades de nuestro tebeo. Después de muchas ideas, utilicé en parte el concepto que habíamos creado para el pabellón de la Comunitat Valenciana en el Salón del 2007, pensando en que con el apoyo del Ministerio, la exposición podría ser itinerante y autocontenida, como aquélla (que era modular con una gran zona central de actividades y tebeoteca, y que recaló en más de 25 ciudades). El diseño final de la expo sería el de cuatro zonas de exposición, sin apenas texto para dejar toda la potencia en la variedad de los autores españoles, sólo apabullar con las imágenes. Una zona mostraría el pasado del tebeo, otra de los autores que trabajaron y trabajan para el extranjero, otra dedicada a los premios nacionales (una exigencia lógica del ministerio) y otra dedicada al futuro, además de muestras de los tebeos que estaban en exposición. La propuesta agradó al ministerio y se lanzó el proyecto: por un lado, comenzaron las gestiones de contratación del diseño y montaje de la exposición y, por mi parte, comencé a trabajar en la selección de autores y en los contactos con las editoriales. Una selección que, evidentemente, no era de mi gusto personal, sino un intento de mostrar toda la diversidad del tebeo. La labor era casi imposible y tuvimos que marcar algunos criterios de trabajo: que hubieran sido publicados en los últimos dos años, que hubiera presencia de todas las editoriales españolas (a fin de cuentas, el proyecto lo financiaba la Dirección General del Libro y una de sus funciones es la promoción de las editoriales) y que tuviéramos acceso a materiales de reproducción de alta calidad. No fue fácil y se quedaron muchos fuera, por lo que añadimos un gran panel donde estaban representados todos los autores españoles que conocemos con un código QR que permitía acceder a sus webs personales. Además, teníamos que hacer un catálogo en el que intenté que participaran todos los teóricos de renombre, con la máxima representación de todas las ideas y no el típico catálogo realizado íntegramente por el comisario que era habitual en las exposiciones del ministerio. Aunque al final por motivos presupuestarios no estuvieron todos los que hubiera querido, conseguimos la colaboración de teóricos tan importantes como José Mª Conget, Antonio Altarriba o Santiago García, con textos para cada zona. En paralelo, el concurso público para el diseño y montaje de la exposición se fue retrasando por diferentes problemas y, cuando por fin se concedió, tuve que volver a repensar la exposición para adecuarla al nuevo presupuesto y a las características del diseño ganador (como comisario apenas tuve intervención en la elección del diseño, lo importante fue la propuesta económica), mientras que el pobre Paco Cerrejón tenía que cambiar casi cada día la propuesta de actividades. Para colmo, nos pillaron las elecciones, el cambio de Gobierno y la desaparición del ministerio y de la Dirección General del Libro apenas a unas semanas de la exposición. Una locura, pero al final todo salió adelante gracias al apoyo decidido de la Dirección General del Libro, que desde el primer momento apostó por este proyecto como su actividad más importante. Ya en Angoulême, tuvimos muchos problemas con las reproducciones de los materiales que se habían hecho, que tuvieron que rehacerse en muchos casos, con la iluminación, con algunas traducciones...pero al final la exposición salió adelante y fue un éxito de público y, sobre todo, de respuesta: la sensación que la gente nos transmitía cuando salía de la expo es que no se podían imaginar la variedad del tebeo español y ver a muchísimos editores extranjeros apuntándose los nombres de autores o pidiendo datos de editoriales era una gozada.
Por desgracia, el trabajo me saturó. Reconozco que fue la gota que colmó el vaso, un trabajo excesivo que tuvo muchos sinsabores: los primeros, los enfrentamientos personales con amigos que se enfadaron conmigo por no aparecer en la expo, lo que me dolió muchísimo, quizás lo que más; después, los problemas generados por el diseño de la expo, muy criticado por algunas personas (e incluso acusado de plagio) y ante lo que yo tenía poca o nula capacidad de acción; que la exposición no realizara la itinerancia prevista (aunque nos la pidieron desde Japón, Brasil, UK, toda Francia, Bélgica, Italia, Suecia...) por los recortes; que no se hubiera aprovechado para mandar una misión comercial... En la balanza global, todo el mundo consideró un éxito la exposición y nos felicitaron efusivamente por los resultados, pero en lo personal fue la puntilla que me estaba diciendo que no podía mantener mi dedicación a los tebeos como un trabajo a tiempo completo, con otro trabajo que me absorbía y un hijo pequeño al que quería dedicar toda mi atención. Así que decidí volver a disfrutar de los tebeos como lector de a pie. Sé que nunca lo seré, que estaré siempre involucrado y que no puedo evitar seguir colaborando en proyectos, pero he quitado el pie del acelerador y voy a un ritmo tranquilo, el que puedo.
Y, evidentemente, no, jamás repetiré la experiencia. Aunque eso suena a la típica frase que me tragaré...

ADIOS, MUCHACHOS, ADIOS

- P.: Continúa colgada La Cárcel de Papel y se puede visitar, convirtiéndose en un perfecto diario de los últimos 10 años del mundo del cómic en España ¿Cuáles son, para ti, los grandes hitos que ha vivido el medio en este periodo?
- R.: En 10 años han pasado muchas cosas, demasiadas. Pero quizás la más importante es que eso de lo que yo hablaba de "normalizar" el tebeo, casi, casi, casi se ha hecho realidad. Hemos visto cómo ha cambiado el modelo imperante de una o dos grandes editoriales de comic-books, con gran preponderancia del tebeo de importación franquiciado a la consolidación de una pléyade de pequeñas editoriales que han apostado por el cómic de autor en formato de libro. Es un cambio que ha venido determinado tanto por cuestiones de percepción social del tebeo como por posibilidades tecnológicas: hace 30 años era impensable publicar tebeos en formato de libro con una tirada ínfima, de menos de 1000 ejemplares y hoy es posible casi la impresión a demanda con un lujo y una perfección abrumadora. Ese cambio ha repercutido en el mercado aumentando el número de editoriales y la oferta, permitiendo para el lector una diversidad nunca vista que se ha beneficiado simultáneamente de la apertura que supuso para los autores la novela gráfica, en tanto la autoría alcanza la totalidad del concepto de la obra. Y ha permitido que el lento cambio de mentalidad hacia la historieta diera por fin el vuelco necesario. En los años 80 vivimos un cambio de percepción de la alta cultura hacia la historieta espectacular, que incluyó a los tebeos en toda manifestación de vanguardia cultural que se preciara, en prensa, en libros y ensayos, pero no se consolidó porque le faltó la respuesta popular, por ese cambio en la estereotipada consideración infantil del tebeo que no llego a calar. Sin embargo, en esta década hemos visto que la generalización de la presencia del tebeo en todo tipo de comercios, desde la librería especializadas a la gran superficie, la canibalización de la historieta más comercial por parte del cine, junto a la fundamental instauración del Premio Nacional en 2007 y la aparición de obras que han impactado mediáticamente como Arrugas o Persépolis, han cambiado radicalmente esa percepción. Un cambio en el que ha actuado de forma fundamental el concepto de novela gráfica, que se ha revelado como afortunado en todas sus acepciones. Aunque es un concepto conflictivo, con muchas aproximaciones y mucha discusión alrededor de ellas, cada vez me maravillo más de su plasticidad y tiendo a pensar que todas sus acepciones son tan posibles como felices, es uno y trino: es formato, es etiqueta editorial, es un movimiento..., en todas sus definiciones podemos encontrar argumentos a favor y en contra, pero en cada una de esas opciones ha tenido consecuencias beneficiosas para el tebeo, desde simple sinónimo de tebeo para adultos a etiqueta aprovechada para entrar en grandes superficies o fenómeno autoral. A partir del premio nacional la prensa comenzó a mirar al tebeo con interés y el público descubrió que existía un cómic de autor para adultos que no tenía nada que ver con el estereotipo reduccionista que se le había asignado al cómic. Un cambio de perspectiva que se alimentó de esa diversidad brutal de oferta, de muy pequeña tirada, sí, pero de una pluralidad extrema, desde el tebeo comercial más convencional a lo más vanguardista. Y con un efecto todavía mayor de retroalimentación hacia los propios autores, que se han animado a hacer tebeos cuando ya casi lo habían abandonado.
En cierta medida, el tebeo se ha incluido por derecho propio dentro de la estructura industrial y cultural del libro, con todo lo bueno y lo malo que eso aporta. Muy bueno para el lector y quizás peor para un autor que ya no tiene la opción de actuar de profesional de una industria como antaño. Al igual que en el libro, es muy fácil publicar tu obra, pero muy difícil vivir de ella y eso obliga a, más que nunca, que aquellos que quieran vivir profesionalmente de la historieta deban buscar otros mercados donde todavía existe una industria instaurada del tebeo, como en Francia o EE.UU. Un cambio que, a mi entender, sólo expresa esa "normalización" de la que tanto hablábamos, equiparando al tebeo a cualquier otra forma cultural. Lo que está por ver es el grado de estabilidad de esta normalización. Sólo hace falta ver lo que ocurrió en los 80 para ser escéptico pero, como decía antes, creo que esta vez hay una componente popular que puede darle matices distintos a lo vivido en esa década.
Y todo a la par que se está gestando ante nuestras narices un cambio en el propio modelo de mercado y de negocio alrededor del libro por la irrupción, de nuevo, de nuevas y tecnologías que esta vez impactan a todos los niveles: desde los creativos a los puramente industriales. El futuro es apasionante.

- P.: Existían secciones especialmente queridas por los lectores, además de los premios, la compra para el salón de Barcelona o los títulos del año ¿te planteas retomar estas listas aunque sea en otro formato?
- R.: Sí, es posible que en cuento tenga tiempo lo haga. Los premios no, es algo que requería mucho esfuerzo y tiempo y, la verdad es algo absurdo, debe ser algo establecido no desde una página web sino desde una entidad con importancia. Sería interesante que lo dieran las asociaciones gremiales que han ido apareciendo, etc.

- P.: La aparición de las redes sociales ha cambiado en muchos casos el modo de relacionarse con el público ¿Cómo ha sido la convivencia de La Cárcel con ellas?
- R.: No han convivido mucho, la verdad. El cierre de la página ha coincidido con la eclosión de Facebook y Twitter. En los dos últimos años había enlaces a ambos, pero su función era más de promoción que realmente aprovechar sus opciones. Creo que ahora, si volviera a hacer la página, trasladaría los comentarios a las redes sociales, lo montaría de otra forma para que los posts del blog fueran simples aperturas de debate que aprovecharan las posibilidades de las redes sociales.

- P.: ¿Alguna vez te has planteado volver a abrir "La Cárcel" con un equipo de colaboradores?
-R: Lo he pensado y lo he desechado rápidamente. La Cárcel era un espacio personal y, si vuelve alguna vez, deberá mantener es máxima. Creo que era su factor diferenciador y lo que le daba cierta credibilidad: era la opinión de una sola persona, gustara o no, que intentaba mantener dentro de la honestidad y unos criterios más o menos afortunados.

- P.: Que le recomendarías a alguien que quisiera seguir tus pasos y hacer algo similar a "La Carcel"
-R: Que se lo piense dos veces... No, en serio, lo primero que lea muchos tebeos, que tenga la mente abierta y que nunca diga no a un tebeo. A partir de ahí, que se empape de cultura, de literatura, de cine, de pintura, porque la historieta no es un arte aislado, es parte de un conglomerado creativo infinito donde todo importa. Y, por último, que sea honesto: que construya un criterio personal y definido, que cree confianza en el lector. La objetividad, etc, etc son paparruchas. Lo importante es la coherencia y la honestidad, aun sabiendo que los criterios pueden cambiar con el tiempo, pero si se hace con honestidad, el lector lo aceptará.

- P.:¿Alguna vez te has planteado pasar al otro lado del espejo y escribir o dibujar cómics?
-R: Me lo han preguntado mil veces y la gente se extraña cuando contesto que no, que de ninguna manera. Reconozco que me gusta mucho dibujar, pero como hobby relajante para el que apenas tengo tiempo (ya ni recuerdo la última vez que cogí un lápiz!), no para dibujar tebeos, que me parece algo complicadísimo y hercúleo. No tengo necesidad de contar historias, no es algo que me interese. Mi vocación es docente, enseñar es algo que me apasiona, me lo paso bomba con mis clases y mis estudiantes y lo único que he hecho es prolongar esa vocación hacia los tebeos, mi otra gran pasión. Pero prefiero leer las historias de los demás, ¡son mucho más interesantes!

- P.: Sigues de cerca el mundo del cómic ¿Cuál fue el último tebeo que te ilusiono descubrir? ¿Cuál tienes en la mesilla?
-R: Playground, de Berliac. Estoy entusiasmado con este autor. En este momento, la "mesilla" es una montaña de tebeos de más de dos metros (y no exagero!), pero los que han escalado a las primeras plazas han sido la maravillosa edición del Barnaby de Fantagraphics, el The End de Anders Nielsen y varios números de L'episode, el alucinante fanzine que edita el colectivo Na.

- P.: ¿Proyectos?
-R: Leer tebeos, seguir con mis reseñas en Cartelera Turia de Valencia, terminar de escribir un libro que estoy preparando (sobre tebeos, obviamente), tirar adelante un par de proyectos a largo plazo...Y aprenderme los nombres de los superhéroes Marvel, que le apasionan a mi hijo (en casa de herrero...) y me saca los colores cada vez que vemos los episodios de Super Hero Squad. La triste realidad de la paternidad del gafapasta es ésa...

- P.: ¿Cómo te ves en el futuro?
-R: Leyendo tebeos.

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