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Back Está aquí: Home De interés El mundo del comic con Infame&Co “No voy a dejar de hacer cómics porque el mercado se hunda”. Entrevista a Max

“No voy a dejar de hacer cómics porque el mercado se hunda”. Entrevista a Max

Francesc Capdevila es uno de los nombres fundamentales de nuestro cómic. Autor inquieto donde los haya, a pesar de su larga trayectoria busca siempre nuevos retos que amplíen sus horizontes. Lejos de encerrarse en el mundo de las viñetas, Max ha sabido relacionarse con otros medios demostrando lo lejos que puede llegar el mundo del cómic cuando estas sinergias están en manos de maestros. Pionero del underground en los comienzos de la democracia, en los 90 pasa a la edición independiente con una revista de culto: "Nosotros somos los muertos". El año 2007 recibe el primer Premio Nacional de Cómic don "Bardín el Superrealista" y actualmente afronta con energías renovadas un nuevo acercamiento al mundo de las viñetas. Con Max repasamos su trayectoria y hablamos de música, ilustración y por supuesto de tebeos.

 - Pregunta: Empezamos por el principio. Comienzas en los años 70 a publicar en fanzines ¿Cómo recuerdas estos comienzos?
- Respuesta: Lo recuerdo como algo aventurero. Empecé a hacer cómics porque conocía a los del "Rrollo enmascarado". Yo nunca había pensado hacer cómics a pesar de que siempre los había leído y me gustaba mucho dibujar. Siempre había soñado más hacer dibujos animados. Cuando conocí a esta gente y vi los cómics underground norteamericanos empecé a flipar. Eso me voló la cabeza. Yo nunca pensé que se podían hacer tebeos así. En esa época empecé a hacer páginas a medida que surgían las ocasiones.

- P.: Estamos hablando de la última época del franquismo y el cómic underground comenzaba a llegar de una forma totalmente marginal.
- R.: Exacto. Por esa época se editaron los tres volúmenes de la editorial Fundamentos dedicado al cómic underground, pero aparte de eso llegaban más o menos clandestinamente desde París o Amsterdam los tebeos norteamericanos. Si estabas en el ajo tenías acceso a ellos.

- P.: En esta primera época se ve la influencia de Robert Crumb, con un estilo muy puntillista.
- R.: Me fascinó tanto Crumb que empecé copiándolo directamente. Con el tiempo se me fue pasando y volví a lo que ya tenía aprendido y me había gustado siempre especialmente de la línea clara europea.

- P: En este momento creas uno de tus personajes más emblemáticos, Gustavo, que se convertirá en todo un icono de está época ¿Cómo nace el personaje?
- R.: Gustavo nace de una manera curiosa. En una mesa redonda con gente del mundo del cómic como Antonio Martín o Juanjo Fernández, el editor del Star. En esta mesa se hablaba del underground como algo sin ideología política y yo no estaba por eso. Yo pensaba que era una manera de hacer la revolución. A mi lado estaba Jaume Fargas, que es el que abrió la primera librería de cómic undergound en España, y opinaba como yo así que me animó a crear un personaje que reflejase eso. Así nació Gustavo, pero no se convirtió en serie hasta que nació "El Víbora".

- P.: Es un momento histórico del cómic en España. Es el año 79 y Berenguer decide unir los fanzines de la época que estaban reflejando unas sensibilidades muy diferentes.
- R.: Aquello fue genial. De la noche a la mañana pasamos de ir publicando aquí y allá sin cobrar de una manera marginal a tener trabajo cada mes sin ninguna restricción y con un jefe que no ejercía como tal. Todas las decisiones sobre las revistas, qué autores extranjeros publicar, qué especiales hacer... lo decidíamos todo en reuniones semanales. Para mí fue como la utopía hecha realidad y lo sigo recordando como el mejor momento que he vivido como dibujante.
Supuso para todos nosotros un aprendizaje muy rápido. Estábamos todos acojonados por publicar cada mes. Decidimos en una de las primeras reuniones hacer una revista en la línea de Bruguera y crear todos personajes. Cada uno aportó el suyo y resultó que entre todos cubría un amplio espectro de la vida postfranquista.

- P.: Era una época de gran apertura. En Barcelona la movida estaba mucho más politizada que en Madrid. Decía Nazario que, por ser más política, con el tiempo se había ninguneado más que la de Madrid.
- R.: Nazario tiene toda la razón. La movida en Madrid era sobre todo musical y a un nivel casi estético. En Barcelona tenía una carga política y social muy contestataria. La de los cómics, porque en ese momento la industria estaba en Barcelona. En ese momento Barcelona era el epicentro de todas las movidas libertarias. Feministas, gays... todas esas pequeñas revoluciones cotidianas que se intentaban poner en marcha. Lo que pasó es que los medios de comunicación estaban en Madrid así que si que ninguneo bastante.

- P.: Gustavo caló muy hondo entre los lectores de la revista y entre este público pero decides acabar con el personaje en un momento en que el personaje estaba muy vigente ¿Qué te lleva a tomar esa decisión?
- R.: Se me iba de las manos. Gustavo fue adoptado por grupos radicales y ecologistas variopintos y empecé a encontrármelo en pintadas en las calles, en pancartas en manifestaciones y eso me incomodó porque yo no tenía ganas de liderar nada ni de que mi personaje se convirtiese en eso así que decidí acabar con él. No sólo por eso, también tenía ganas de hacer otras cosas.

- P.: Empiezas a demostrar tu interés por hacer historias cortas, un formato que se está perdiendo actualmente con la desaparición de las revistas ¿Crees que siguen teniendo validez este tipo de formato?
- R.: Este tipo de historia ha quedado relegada a las webs o las escasas revistas que aún hay y es una pena porque es un formato divertido, agradable para el lector también y para mí en esa época fue un modo de aprendizaje. Usando el viejo método de ensayo y error buscaba mi propia voz, tanto en el contenido como en lo gráfico. El formato me permitía experimentar en muchas direcciones, buscar cosas y yo la practiqué mucho a pesar de que me seguía interesando tener personajes porque crear historias nuevas es un trabajo de la hostia. Si tienes un personaje es todo mucho más fácil. Ya tienes la mitad hecha como si dijeramos.

PETER PANK

- P.: A principios de los 80 vuelves precisamente a los personajes con un antagonista casi de Gustavo: "Peter Pank".
- R.: Empezó como una gamberrada. Cogí la película de Disney, no el libro de Barrie, y lo trasladé al mundo de las tribus urbanas. Me pareció que podía salir algo muy divertido y salvaje y empecé con ello sin guión. Empecé siguiendo fielmente la película y a partir de allí la cosa empezó a desbarrar en muchas direcciones. Capítulo a capítulo, improvisadamente, fue cogiendo su propio tono pero no había nada premeditado, solo las ganas de hacer algo muy gamberro.

- P.: El éxito del personaje hace que se enlace el final del primer álbum casi con el segundo "Licantropunk".
- R.: Con "Licantropunk" imaginé una continuación menos salvaje enfocada a una serie de homenajes a cosas que me gustaban: los tebeos de Bruguera, Conan, las historias de vampiros y licántropos y todo eso. Intenté hacer un guión, algo más planificado pero también de humor. No tan gamberra, que los años pasan y uno se va tranquilizando, pero muy divertida, con ganas de cachondearme del personaje. El personaje enseguida cogió mucha popularidad y empecé a verlo en camisetas piratas, en chupas de punks...

- P.: Después de "Licantropunk" llegará el tercer álbum en el que pareces perder interés por el personaje y se convierte en el último de la serie.
- R.: Eso es lo que parece pero lo que sucedió es que yo ya tenía un guión escrito que era bastante político. Era una especie de reflejo del país en aquellos momentos. Se me cruzó el compromiso de hacer esto con la posibilidad de publicar en "El pequeño País" de modo que me vi en la obligación de hacer dos libros al mismo tiempo y para solventarlo eché mano de un ayudante para hacer el álbum de "Peter Pank". Yo hice el guión y los lápices y todo lo demás lo hizo Gabi Beltrán. A mi es un trabajo que me gusta más que el anterior pero creo que no se perdonó que el acabado fuera de otra mano, aunque Gabi hizo un muy buen trabajo.

- P.: A la vez que desarrollas la historia de "Peter Pank" continúas realizando historias cortas en las que vuelcas tus inquietudes y el amor del que hablabas antes hacía el dibujo animado. Son historias que recopilarás en el álbum "El beso secreto". Son historias que, a pesar de ser gráficamente muy diferentes, sí tienen un nexo en el contenido. ¿Cómo vives esta dualidad de ir realizando a la vez estas historias a la vez que "Peter Pank"?
- R.: Todo se debe a la manga ancha que teníamos en "El Víbora". Me dí cuenta que podía ir en otras direcciones que podían interesar también a los lectores. El éxito de la revista permitió que empezase a haber cuadernillos en las páginas centrales a color y allí me permitía rendir homenaje al dibujo animado. Me permitía además experimentar con la técnica. Había cosas hechas con acuarela, otras con gouache... en algunas usando técnicas copiadas directamente del mundo de la animación y pasándomelo bien básicamente.

- P.: Poco a poco vas compaginándolo con el trabajo de ilustrador ¿qué diferencias veías entre tu labor como ilustrador y de dibujante en esta época?
- R.: En aquel momento no veía demasiadas diferencias. Entonces era como una prolongación del mundo del cómic porque pensaba que si me salían trabajos es porque me estaba haciendo conocido en el mundo del cómic y aún no era consciente de que la ilustración requiere otra manera de trabajar. Cuando me metí a trabajar en serio como ilustrador me dí cuenta de que no podía seguir así, que tenía que buscar otros recursos como dibujante.

- P.: Paulatinamente has ido cambiando de estilo, marcado por el deslumbramiento por otro autor, Yves Chaland y por el interés en la mitología celta. Surge de estas influencias en el año 84 "El Carnaval de los ciervos" con un nuevo enfoque y longitud.
- R.: Me deslumbró Chaland porque me recordaba a Herge, que me había encantado siempre, pero con un trazo nuevo, absolutamente moderno y actual (en aquel tiempo). Empecé a adoptar esa manera de hacer que coincidió con el cambio de plumilla por el pincel.

- P.: Los mitos serán algo recurrente en tu trayectoria. ¿Cómo surge este interés?.
- R.: Comienza con los celtas. Me venía de pequeño ya, de una película de Disney, "Merlín el mago". Ahí nace ya el interés por el rey Arturo que me enganchó mucho. Hice unas historias en esta línea y luego salté a la mitología griega que me nutrió de temas para varias historias.

- P.: Cuando estudiaste Bellas Artes coincidiste con Pere Joan, un autor que estará muy presente en tu trayectoria y que en los 80 publicaba en "Cairo". Intentas un acercamiento a la revista pero no llegó a buen término.
- R.: No llegó a buen término porque echaron a Joan Navarro de "Cairo" y cambió la línea de la revista. Tenía preparada una historia de tres páginas hecha a medias con Pere Joan que si se publicó pero ahí se cortó la línea editorial de "Cairo" y perdí el interés.

- P.: Poco a poco en tus historias vas integrando las lecturas que vas haciendo: Lewis Carroll, Borges... incluso planteas un encuentro imaginario entre Disney y Lovecraft ¿Cómo aceptaba tu público tus veleidades literarias?
- R.: El resto de historias no sé pero la de Disney y Lovecraft encantó a todo el mundo. De hecho como se publicó en 2 partes, cuando salió la primera todo el mundo se pensó que era el inicio de una historia larga, de un álbum completo. De hecho se me quejaron de que no prolongase la historia. En aquel momento había pillado un libro de Giani Rodari que da trucos para cuando no tienes ideas, algo muy útil cuando publicas cada mes. Uno de ellos era pensar en dos cosas opuestas y que podía suceder si se juntaban. Yo apliqué esa idea a dos de mis autores favoritos, Disney y Lovecraft y de ahí surgió la historia.

- P.: Con Mique Beltran haces las 5 historias que componen el álbum "Mujeres fatales", un intento de acercarte al mercado francés que no acabó de cuajar.
- R.: En realidad yo ya había publicado cosas en Francia: "El Carnaval de los ciervos" o el primer libro de "Peter Pank". Mique me ofreció hacer este libro porque necesitaba un registro más realista que el suyo y yo acepté porque me encanta su trabajo pero sobre todo para aprender de una vez a hacer guiones. Siempre me había costado mucho estructurarlos y darles forma de modo que vi que la ocasión la pintaban calva trabajando junto a Mique. De hecho mi única condición fue que hiciésemos los guiones juntos, o más bien que los hiciese él pero yo sentado a su lado para poder ver como los hacía, sobre todo la puesta en página.
Hicimos un libro que creo que está muy bien. Lo conseguimos vender en Francia a la editorial Albin Michel y no hubo continuidad por las peculiares características del mercado francés. Como es una industria de verdad, cuando publican a alguien por primera vez los editores piensan que están invirtiendo en él y esperan que siga sus consejos. Su principal consejo era que me dedicase al álbum erótico. Había un capítulo que estaba dedicado a eso y pensaban que tenía que seguir por ahí. No me apetecía nada dedicarme al monocultivo de todo eso y Mique no tenía tampoco nada en mente de modo que lo dejamos pasar.

ILUSTRADOR

- P.: Poco a poco la ilustración va ganando terreno al cómic. Dos autores, Ever Meulen y Joost Swarte te marcan la pauta de como combinar ambos mundos en una época de oro del cartelismo, finales de los 80. ¿cómo viviste esta época?
- R.: Los ayuntamientos apostaron fuerte por sus fiestas populares y como los dibujantes de cómic estábamos de moda recurrieron a nosotros. Fue muy bonito, de hecho el cartelismo es mi campo favorito de la ilustración. Fue en ese momento cuando tomé conciencia de la necesidad de adaptarme a mi labor como ilustrador. Yo estaba un poco cansado de hacer un cómic detrás de otro y vi que ahí había un camino. Con los carteles, los cuentos para niños y algunas portadas para discos fui tirando y a partir del año 90 más o menos se convirtió en mi modo de vida.
Tuve que adaptar mi forma de dibujar sobre todo conceptualmente. Mientras que en el cómic el dibujo está al servicio de una historia, en la ilustración el dibujo tiene que comunicar inmediatamente, por sí mismo, es más autónomo. También la ilustración es más proclive al lucimiento gráfico, permite más virguerías y hay que tener cuidado para no perderse pero, en general, lo que tenía aprendido del tebeo me vino muy bien después para la ilustración.
Como dices una de mis influencias fue Joost Swarte y Ever Meulen sobre todo.

- P.: En los cuentos infantiles te has restringido a ilustrar el trabajo de otros ¿No has tenido la tentación de hacer la obra completa?
- R.: No, la verdad es que no, al menos en el campo infantil. Sí que hice una colección de 8 libros para niños muy pequeños con muy poco texto por página. La colección en sí no tiene nombre pero el personaje principal era un pingüino.
A mí me cuesta escribir y si lo hago prefiero hacerlo para adultos, que es lo que me sale más natural. Escribir lo hice en "Órficas" y después en "Monólogo y alucinación del gigante blanco".

- P.: Entre los libros que has ilustrado llama la atención "Un perro en el grabado de Durero titulado El caballero, la muerte y el diablo» que edita Media Vaca en 2006. En este libro las ilustraciones a doble página se suceden sin ningún texto, que se junta al final del cuadernillo. Una edición muy curiosa y casi un capricho.
- R.: Surgió de una editorial alemana y Media Vaca se sumó a una coedición. La editorial alemana tiene una colección de libros ilustrados muy chula con autores de los que a mí me gustan y me ofrecieron hacer uno de estos libritos. Me propusieron un texto de Bukowski que nunca ha sido santo de mi devoción, así que les contrapropuse este texto de Marco Denevi que había leído hace muchos años y quería ilustrar algún día. Convencí a los alemanes y Media Vaca se sumó a la coedición.

- P.: ¿Tiene que ver con que sea una coedición el dejar todo el texto para el final?
- R.: No, eso fue una decisión deliberada a propuesta del editor de Media Vaca y que yo recibí alborozado. El motivo es que el relato original son 7 u 8 páginas sin puntos, sólo comas. Nos parecía absurdo parar un texto que no quiere interrupciones con los dibujos y por eso decidimos separarlos. Pusimos primero los dibujos porque en esta colección predomina la imagen sobre el texto. Es uno de mis libros favoritos.

- P.: Llama la atención la edición. No sé hasta qué punto te sueles involucrar en estas decisiones.
- R.: Salvo el formato, en este libro todo es decisión mía o a sugerencia de los editores. El papel, el tipo de diseño gráfico, los colores... para todo tenía carta blanca.
Siempre me ha interesado la tipografía, la encuadernación. Llega un momento en que si puedes elegir todos estos elementos lo haces. Este libro de Media Vaca es un bomboncito pero en los libros intento ocuparme de todo. En la portada, las guardas... procuro hacer la tipografía manual. Ahora me ayuda mi hija que es diseñadora.
Yo creo que es la manera de que el libro sobreviva, que aporte cosas que no puede dar lo digital. La elección de papeles, de tintas, la encuadernación... Hacer libros objeto realmente apetecibles, que se conviertan en una experiencia no trasladable a las pantallas.

MÚSICA

- P.: Otro de los campos en los que te mueves es en la música. En el año 87 firmas con Santiago Auseron "El canto del gallo" que logra aunar lo que llevas aprendido en el campo de la ilustración y del cómic por primera vez. ¿Cómo surge la historia y que significó para ti?
- R.: Esa historieta supuso mucho, fue una especie de hito para mí. Vinieron a buscarme a mí los de Radio Futura para hacer una historieta a partir de una canción. Yo les propuse algo más orgánico, a partir de su canción yo haría un guión y se lo devolvería a Santiago Auserón para que él escribiera los diálogos. La cosa fue lenta porque aún no había mail, ni siquiera fax y nos íbamos comunicando por carta. La cosa se fue cociendo a fuego lento y salió muy bien.
Quise hacer la historia aplicando técnicas de ilustración porque el tema en sí me lo daba. Intenté trabajar con una gama reducida de colores que era la que la canción me pedía. La canción era un reggae y por eso me fui a los colores cálidos. Busqué una relación entre el sonido y los colores y estoy muy contento del resultado. Me abrió mucho la cabeza y funcionó. Lo más bonito es que cuando Radio Futura interpretaba esa canción en directo ponían los nuevos diálogos de la canción. Santiago los rapeaba en mitad del tema.

- P.: Comenzáis una estrecha relación que es muy intensa durante años.
- R.: Sí, nos hicimos muy amigos y cuando ha habido la posibilidad de colaborar hemos ido a por ello. Hice la portada para un maxi single. También hice el cartel para la gira de Kiko Veneno y Juan Perro, uno de esos carteles redondos, alguna portada más y el videoclip de "Tierra".

- P.: Por fin se hacía realidad tu sueño de hacer animación. ¿Cómo te implicaste en el proceso del clip?
- R.: Me impliqué a tope pero la cosa se complicó. Creo que por novato intenté hacer una cosa muy ambiciosa que se iba de presupuesto. Intervenía además una productora de Barcelona, un equipo de animación que estaba en Valencia, otro equipo que estaba en Lisboa y todo empezó a volverse muy complicado. Hice el storyboard, dibujé los fondos, hice pruebas de color pero me comenzaron a llegar cosas que no me convencían. Intenté enderezar el rumbo de la historia pero no hubo manera. Se acabó además la pasta y lo que quedaba se hizo un poco así, de cualquier manera.
Acabé incluso disgustado. El 60% creo que está bien y el resto flojea mucho. No suelo tener problemas para trabajar en equipo pero en este caso había una distancia física casi insalvable, con el equipo repartido por toda la geografía ibérica.

- P.: En el mundo de la música has continuado colaborando con otros grupos, especialmente con Los planetas.
- R.: Nos conocimos a la salida de un concierto por medio de amigos comunes. Jota es lector de cómics habitualmente y por ahí hubo conexión. Me llamaron para hacer el vídeo con animación y me planteé evitar los errores del vídeo de Radio Futura y hacer algo más sencillo con un equipo reducido de gente, 4 personas y todos en Mallorca. Las nuevas posibilidades facilitaron mucho el proceso y quedó muy chulo ese videoclip. Después haría la portada para "Una ópera egipcia" y lo último unas proyecciones para un concierto.

- P.: En el mundo de la música destacan las aportaciones al grupo Neotokyo, en el que mezclas el homenaje a Tezuka con las nuevas tendencias de un modo espectacular.
- R.: Con Neotokyo he estado muchos años. Llegué al mundo del manga y la música electrónica gracias a ellos y gracias a ellos también he podido sacar mi lado psicodélico, que siempre ha estado agazapado y me ha salido una fusión muy divertida y para mi muy liberadora. Para mí es un juego. Con ellos no hay presión, son trabajos que he hecho prácticamente gratis, por placer, y es muy relajado. Es dejar salir lo que te inspira su música.

NOSOTROS SOMOS LOS MUERTOS

- P.: Volviendo a los años 80, cada vez son más motivadores los proyectos y se va notando cada vez más el cansancio en hacer cómics que mencionabas antes. En el 89 como decías compaginas "Pankdinista" con "La biblioteca de Turpín", que realizas para "El País semanal", produciendo dos páginas cada semana ¿Qué te lleva a este proyecto?
- R.: Me interesaba porque me abría nuevas posibilidades. Por una parte porque era para niños y por otra parte porque salía con un suplemento que se entregaba cada fin de semana con "El País". Para mí era la oportunidad de darme a conocer a un público masivo y además pagaban muy bien. Yo lo hice con muchas ganas y mucha ilusión. Era complicado estructurar un guión con episodios muy cortos que hilvanados iban en un libro general pero creo que salió bien.
Desde el principio tenía en mente una biblioteca ideal infantil/juvenil asociada a las cosas que me seguían gustando. Usé clásicos de la literatura y todo lo que me interesaba que pensaba que podía interesar a los chavales, desde Sherlock Holmes, hasta extraterrestres o mitología griega.
Ahora estoy más contento que entonces. Muchos de los lectores que se me acercan a ferias más jóvenes que yo me conocieron ahí, leyendo la biblioteca cuando eran chavales. Sin darme cuenta estaba poniendo la semilla de mi futuro público.

- P.: El álbum "El jugador de los dioses" que realizas por el quinto centenario supone la puntilla que te hace distanciarte durante años del mundo del cómic.
- R.: Con ese libro todo salió mal. Era un libro que estaba haciendo sólo por la pasta y decidí que no lo volvería a hacer. Para mí es algo que no funciona. Con ese libro descubrí que yo tenía que hacer mis cosas. Si eso coincide mucho con el encargo, vale, pero si no, es mejor dejarlo estar.

- P.: En los 90 acaba el boom del cómic adulto y caen casi todas las revistas. Tú en ese momento estabas distanciado del mundo del cómic pero en alguna ocasión has dicho como una generación de autores se quedó sin lugares donde publicar ¿Cómo recuerdas esos momentos?
- R.: Fue un auténtico desastre. No quedó nada. Coincidió con la renovación que hubo del mundo de los superhéroes, que atrapó a otro público, y la aparición del manga. La gente que hacía cómic en España, no solo de autor, se quedó colgada. Las editoriales no estaban por la labor de arriesgar y poco a podo todo fue languideciendo.

- P.: Se volvió al fanzinismo, al prozine. El año 93, cansado y hastiado de la pasividad del mundo del cómic con la guerra de Bosnia te unes de nuevo a Pere Joan y decidís sacar un fanzine, "Nosotros somos los muertos".
- R.: Llevaba varios años haciendo solo ilustración y me volvía a picar el gusanillo de cómic. Sabía que quería hacer algo distinto pero no sabía qué. Coincidió con la guerra de Yugoslavia que me enervó bastante e hice lo poco que podía: contar una historia con toda la mala hostia que llevaba dentro. La ofrecí a "El Víbora" pero me la rechazaron con el argumento de que eran tiempos tristes, que no estaba la gente para amargarla. Me dije, a la mierda, vuelvo a los fanzines, de modo que le llamé a Pere e hicimos lo que nos dio la gana. Cuando lo sacamos en el Salón, causo sensación. Ese año no había nada más, hasta tal punto que muchos autores se acercaron para ofrecerse para continuar con la historia. Fue esto lo que nos animó a seguir con el proyecto. Teníamos de ejemplo a L'Association, fundada en Francia por 6 autores y que estaba revolucionando el panorama. Nos pusimos a ello y 2 años después salió el primer número de "Nosotros Somos los Muertos".

- P.: "Nosotros somos los muertos" consta de dos etapas: la primera, de 5/6 números influenciada por la salida en libro de "Maus". Un libro que cambia incluso tu forma de dibujar, volviendo al blanco y negro y a la plumilla.
- R.: Sí que lo cambió todo. Primero por volver a editar, segundo por la vuelta al blanco y negro y tercero por renunciar a ese estilo preciosista al que había ido a parar a finales de los 80. Lo cambié por un estilo más brusco, más expresionista, influido por el "Maus" y por el blanco y negro de Mattoti.
También supuso un cambio de contenidos, me habían dejado de interesar unas cosas, me interesaban otras y sentía la necesidad de hacer otro tipo de historias.

- P.: "Nosotros Somos los Muertos" se dirigía a otro tipo de lectores y de autores que salen de los cauces comerciales habituales. ¿Cómo te veías de editor? ¿Cómo autor como lo vivías?
- R.: Mantenía separadas las dos facetas, de hecho en "Los Muertos" hay poquísimas cosas mías, era una cosa totalmente distinta. Ahí aprendí lo difícil que es ser editor. Para mí el editor era un poco el patrón, el que te da de comer y a la vez tu enemigo y me quejaba de lo mal que lo hacían. Después te das cuenta de las dificultades que tiene que afrontar, que no son moco de pavo. Esto no disculpa los comportamientos absurdos de algunos editores pero editar tiene su mérito, desde luego.

- P.: ¿Cómo organizabais los números? No teníais una periodicidad fija.
- R: Los hacíamos cuando buenamente podíamos aunque nos llevaba más tiempo del que en principio queríamos. La intención primera era sacar un número al año y más o menos lo cumplimos. Afectó mucho el aislamiento que sufrimos los isleños, porque de estar en Madrid o Barcelona hubiésemos montado algo similar a L'Association en Francia, con más gente implicada. Como en la isla estábamos Pere y yo nos acabamos convirtiendo en un mando bicéfalo que para cada número imaginábamos un tema genérico pero sin obligar a nadie a trabajar en él y luego recopilábamos cosas de fuera que nos gustaban. Nuestra intención era, por una parte publicar cosas de fuera que nadie estaba publicando, por otra a gente de aquí que se había quedado sin sitio para hacerlo e ir incorporando gente de nuevas hornadas.
Intentábamos mantener un equilibrio con todo esto y el momento más bonito era cuando reuníamos material y confeccionábamos la maqueta de la revista: decidir el orden de la revista, buscar su ritmo, encargar la portada... y después venía la parte fea de la revista, intentar venderla, que es algo que nunca conseguimos hacer porque va en contra de nuestro carácter. Nos fuimos asociando con pequeñas editoriales pero siempre con resultados desastrosos y por eso cerramos la revista al final.

- P.: Es una revista de culto que no se ha superado.
- R.: Tampoco se han visto muchas cosas similares. Últimamente hay algo. Está "La Cruda" en Barcelona, la gente de "Ultraradio" en Madrid y otros colectivos que hacen cosas interesantes, pero en aquel momento éramos muy radicales y sabíamos que sólo la compraban dibujantes. Ese es un techo difícil de rebasar y que no daba para lo que siempre habíamos querido, pagar las colaboraciones bien. Las pagábamos pero simbólicamente.

- P.: Además de como editor sigues evolucionando como autor dirigiéndote a un público adulto. Un encargo te lleva a asumir tu primer libro como escritor: "Órficas". ¿Cómo nace?
- R: La Fundación Luis Cernuda encargaba libros de artista. A cada autor le ofrecían realizar un libro sobre lo que quisiera y como quisiera y me tocó a mi pero una semana después me propusieron hacer algo con "Orfeo", porque se iba a celebrar el 300 aniversario de la ópera de Monteverdi. Me pareció bien porque no tenía entonces ningún tema y me servía en bandeja un tema de mitología, todo ello sin ninguna exigencia más que se incluyese el libreto de la ópera.
A partir de ahí le dí vueltas de que me apetecía hacer y quise hacer un libro que incluyese de todo: relatos, cómics, el libreto... Me adentré en el tema y me encantó. Me puse a hacer dibujos y dibujos y me decidí a escribir cuando las tuve todas conmigo. Se me había ocurrido una historia que era para escribir, no para dibujar y me lancé. Así sale este libro tan variado que tiene todo esto: ilustraciones pequeñitas en blanco y negro, otras grandes a todo color, un cómic a dos tintas, el relato, un montón de citas clásicas y el libreto de la ópera.

- P.: ¿Habéis pensado en reeditarlo?
- R.: Ha habido un intento de reeditarlo hace un par de años truncado por la crisis económica y después alguien me ha hablado en serio de reeditarlo. No es fácil porque todos los originales están vendidos y no hay nada escaneado. La diputación tiene negativos de todo el libro pero hay que remaquetarlo entero porque la maqueta está hecha a mano, como se hacían las cosas entonces. Hay una tarea ardua. Todavía, si todo va bien, pueden pasar un par de años para hacerlo en condiciones.

- P.: Harás un segundo libro, "Monólogo y alucinación del gigante blanco" con un formato más tradicional en el que escribes y las imágenes son más un acompañamiento.
- R.: Fue un encargo de Paco Camarasa y Mac Diego para su colección Mercat, libros heterogéneos que no tenían que ser necesariamente cómics. Ya desde el principio, envalentonado por la experiencia de "Órficas", pensé en hacer un libro ilustrado y escrito por mí mismo y estoy supercontento del resultado. A nivel literario no sé como será aunque creo que sí que es digno y a nivel gráfico creo que es de lo mejorcito que he hecho. Es uno de mis libros favoritos.

- P.: A pesar del resultado tampoco has vuelto a escribir, no sé si has tenido tentaciones de volver a hacerlo.
- R.: No, alguna tentación si pero llegas a la conclusión de que en esta vida no tienes tiempo para hacer todo lo que te gustaría y entonces decides centrarte más en la ilustración, o en proyectos raros, y en el cómic. Las ideas que se me han ido ocurriendo desde entonces se podían dibujar así que las he ido haciendo en cómic.

- P.: Siguiendo con la influencia de "Maus", intentas acercarte a lo que hoy se llama novela gráfica, una historia en blanco y negro sin la limitación de espacio de los álbums franceses de 48 o 56 páginas. Es uno de tus grandes proyectos que no llega a hacerse, "El mapa de la oscuridad" ¿Cómo surge y cuándo decides desistir?
- R.: Surge por esas ganas de hacer una novela gráfica usando ese estilo más bronco que en ese momento tenía entre manos. Escribo la historia, no un guión sino pequeños resúmenes, y al empezar a dibujarlo no paso de la cuarta página. He contado muchas veces que la excusa era que la historia pasaba en el Cáucaso y era imposible encontrar información visual pero en el fondo era una excusa. Lo que pasó es que aquello superaba mis fuerzas, así que lo fui apartando hasta que lo olvidé.

- P.: ¿Para siempre?
- R.: Si, creo que sí, Hay cachitos que los puedo usar para otras historias, de hecho algunos fragmentos los he usado ya pero el libro como tal no lo voy a hacer.

- P.: Para quitarte la espinita surge otro proyecto de gran longitud: "El Prolongado sueño del Sr. T". En este trabajo te metes en otros temas, con la psique, el surrealismo, que empieza a estar muy presente en tu obra.
- R.: Nació en salas de espera de hospitales. Ese año me tocó pasar mucho tiempo en ellas y tenía muchas horas muertas en las que iba dándole vueltas al tema. Sí me veía con fuerzas de afrontarlo aunque requería un dibujo más realista pero como era un estilo un poco sucio me lance y salió todo rodado. Conseguí colocarlo en "El Víbora" y no tuve grandes problemas.

- P.: Lo recopiláis en un formato reducido frente al resto de obras de "Todo Max".
- R.: Sí, pensaba que requería otro formato y veía que funcionaba en autores que me gustaban fuera de España.

- P.: Poco a poco surge un personaje que vas publicando en todos los sitios disponibles en una época en que no había casi donde publicar, "Bardín el Superrealista" ¿Cómo te enfrentas a tener de nuevo un personaje?
- R.: Después del "Prolongado sueño" tenía ganas de seguir haciendo cómics pero con algo totalmente opuesto: quería volver al color con un estilo más cómico, quizás movido por la influencia de Chris Ware. Si Chris Ware se nutría de los pioneros del cómic americano por qué no hacer lo mismo partiendo de los pioneros del cómic español. Me repasé los "Pulgarcitos", los "Tiovivos" y me puse a hacer historias cortas super divertidas con monigotes. Me hice el planteamiento de tener un personaje para reconectar con un público mayor. Con Gustavo y Peter Pank vi que los personajes funcionan y pensé hacer uno pero que no tuviese personalidad. Gustavo y Peter Pank eran personajes muy únicos, con personalidades muy marcadas y con Bardín busqué lo contrario, un personaje anónimo en el que cupiese de todo.
Lo que quería era no limitarme. Como no había donde publicar periódicamente lo que iba haciendo era irlo publicando donde me pidieran algo, un periódico, un fanzine, un prozine... y así fui acumulando páginas que fueron definiendo al personaje dentro de su indefinición y cuando tuve suficiente material pensé en hacer una historia larga para completar el libro.

- P.: Fueron 6 años de trabajos esporádicos pero a pesar de hacerlo a salto de mata da una sensación muy homogénea ¿tenías en todo momento una imagen de conjunto?
- R.: Si, la tenía y la sigo teniendo. Sigo teniendo multitud de guiones de Bardín por dibujar. No lo he apartado y en cualquier momento vuelvo a él.

- P.: A raíz del personaje surgen otros proyectos como "Bardín baila con la más fea".
- R.: A raíz de "Los muertos" hago amistad con autores de todo el mundo y buscaba algún modo de aprovecharlo para hacer algo divertido y especial. Se me ocurrió una variante controlada del clásico cadáver exquisito con un principio y final controlado y en el resto de páginas con Bardín bailando ilustrado por esos autores. Yo me lo pasé bomba y creo que los autores también y quedó un tebeo curioso.

- P.: ¿Repetirías?
- R.: No, porque requiere estar muy encima y quería centrarme en mi labor de autor, que es en la que estoy ahora.

- P.: A pesar de ello "Los muertos" conoce una segunda etapa mucho más visual con el epígrafe "Gráfica radiante" más cercano a la revista de arte y a color.
- R.: La segunda vuelta surge sobre todo porque Pere Joan había montado una agencia de comunicación con otro socio y había un excedente de pasta para invertir en algún proyecto de modo que me convenció para seguir pero con un planteamiento distinto. Como la primera etapa fue de suma pobreza en ésta parecía que había más posibilidades de hacer cosas.
Por otra parte, si en la primera parte nos centramos en el contenido en esta etapa preferimos centrarnos en el dibujo. El cómic va atravesando ciclos, en unos predomina el dibujo y en otros el guión. Cuando comenzamos con esta etapa ya estaba en auge un predominio del contenido sobre el dibujo, veíamos muchas historias muy interesantes muy mal dibujadas y mucho dibujante buenísimo que no hacía cómics y decidimos atacar por este tipo de trabajos.

TIEMPOS MODERNOS

- P.: En el 2007 hay dos sucesos que cierran etapas: por una parte cerráis la revista y por otra ganas el Premio nacional, precisamente por el recopilatorio de Bardín, que cierra una época. Para cerrar los muertos la excusa es que el mercado ha cambiado, que ya no hace falta vuestra presencia. El Premio Nacional, el cierre de los muertos... ¿Estaba cambiando el mundo del cómic?
- R.: Sucedía una cosa. Las grandes editoriales empezaban a arrebatarnos a los autores, eso nos condenaba a la radicalización extrema y las ventas no despegaban nunca, por eso decidimos cerrar. Cierto agotamiento por nuestra parte, las ventas no permitían pagar decentemente a los autores... Nos encontramos con este contrasentido y decidimos acabar.

- P.: Grandes editoriales como Mondadori deciden publicar en la época a autores como Alcazar y Brieva y llevar estos libros a grandes superficies. El surgimiento de los Premios Nacionales... ¿Crees que ha cambiado la percepción del mundo del cómic, su lugar en la sociedad o es coyuntural?
- R.: Algo había cambiado. Que Mondadori se interese por esos autores significa algo. Esos señores no están para tirar mil ejemplares y ver si se recupera algo. Pero si se interesan y beneficia a todos, pues genial. Todo parecía confluir en esos años hacia un futuro prometedor. La venta en grandes superficies, el Premio Nacional, el interés de los medios y las grandes editoriales, un público que llega nuevo interesado por obras adultas...
Es lo que buscábamos los que hacíamos obras para un público adulto pero ha llegado una crisis que lo está barriendo todo y al cómic también. No sé que va a pasar pero no pinta bien. Es una especie de coitus interruptus.

- P.: En la crisis de las revistas de los años 80 sí que había autores con ganas pero se quedaron sin plataformas para hacerlo ¿Crees que puede volver a pasar?
- R.: Sí que puede pasar. Además el número de autores ha crecido de un modo tan exponencial... Quizás haya que volver un poco a la autoedición, que ahora no significa exactamente hacer fotocopias, se puede subir a la web o lo que sea. Hay distintas maneras de hacer llegar los cómics que no son los tradicionales, el problema es que aún nadie sabe cómo sacar dinero de ello. Trabajamos de esto y tenemos que vivir de esto. Si no se puede nos dedicamos a otra cosa y se pierden talentos pero no sé que va a pasar, no tengo ni idea.
Ahora lo veo todo muy confuso y muy extraño. Yo mismo no tengo clara mi continuidad en esto. Sí seguiré haciendo cómics pero no sé que haré con ellos. Pero si hay que volver a la casilla de salida se vuelve. Yo ya he estado 2 veces en el underground y estoy dispuesto a hacerlo una tercera si hace falta. Esa es una lección que aprendí. Yo no voy a dejar de hacer cómics porque el mercado se hunda.

- P.: Ahora estás muy activo con el blog. Actualizas con frecuencia y podemos ver encargos de carácter más local que de otro modo se perderían para una gran parte del público ¿Qué ventajas le ves al uso de los blogs?
- R.: Una evidente es el contacto cotidiano. Antes entre libro y libro el escritor desaparecía. Ahora eso está solventado y permite a los lectores saber en qué andas. Es un tipo de contacto que el lector agradece y yo mismo como lector de otros lo hago. En mi caso, que saco igual un tebeo cada 5 o 6 años me es muy útil.

- P.: Tu siguiente trabajo será "Vapor". Ya en los 80 tocaste una historia similar en "Las tentaciones de Santo Albino". También vuelves al surrealismo de Buñuel reinterpretando a tu modo "Simón en el desierto" con una línea cada vez más estilizada, que usarás también en carteles y que lleva tu estilo a formas cada vez más sencillas, casi iconos.
- R.: Hay un trabajo de fondo que cada autor hace por sí mismo, más allá de que publique en un sitio u otro, dirigir su manera de dibujar hacia puntos que le interesan. Con el tiempo he visto que quiero llegar a la iconicidad máxima. Cada vez me gusta más Calpurnio.
Estoy trabajando para llegar a algo similar, pero no como él, claro. Cuando se me ocurren ideas intento quedarme con las que se acercan a lo que quiero hacer ahora. Descarto las que me exigen cosas que no me apetecen. Yo andaba preparando un segundo libro de Bardín, de hecho una historia larga de Bardín pero me surgió la idea de "Vapor" y lo aparqué. Me gusta esta línea de despojamiento de adornos y va bien con la historia que habla del exceso de estímulos externos que nos ofrece el mundo contemporáneo. Engarcé el tema con el de los anacoretas que siempre me ha interesado y que sucediese en un desierto me ayudaba mucho a este despojamiento gráfico.

- P.: Será tu primer trabajo publicado directamente en el formato final. Los anteriores los habías ido publicando en distintas revistas antes de ser recopiladas. Es además tu trabajo más largo hasta la fecha ¿Afecta mucho perder el contacto con el público en el proceso?
- R.: Estaba haciendo otros proyectos y lo difícil era trabajar de esta manera. Hay interrupciones largas porque tienes que hacer trabajos alimenticios y te desconcentras. Si lo dejas un par de meses te cuesta reengancharte pero como la historia me gustaba tanto he podido ir haciéndola así. Está hecha en tres empujones distintos. En el primero hice unas 16 páginas, el segundo otras 30 y la última parte la hice toda seguida.

- P.: ¿Balance del libro?
- R.: Estoy muy contento. Creo que es mi mejor cómic largo y sobre todo me ha dado muchas marcha para seguir haciendo tebeos. Poco a poco se va invirtiendo la ecuación y estoy dedicando más tiempo a hacer cómics frente a la ilustración.

- P.: En esta línea haces un encargo: "Paseo astral". Coges "El País" del día 2 de enero de 2012 y con él cuentas la historia. Es un encargo para hacer en el stand de Arco que haces en un tiempo bastante corto.
- R.: Sí, es un poco como una continuación del mundo visual de "Vapor". En este caso tenía el condicionante de que iba a ser expuesto en una feria de arte contemporáneo y tenía mes y medio para hacerlo.
Quería basar este trabajo en tres patas:
La confrontación del cómic con el arte contemporáneo y la cuestión del original colgado en la pared. El mundo del arte contemporáneo siempre ha vivido de espaldas al mundo del cómic como no sea para saquearlo parcialmente y quería hacer la historia y provocar debate sobre este tema.
La otra pata era trabajar con la actualidad cotidiana sin perder de vista que los cómics se desarrollaron en el mundo de la prensa y la tercera pata era volver al mundo artesanal. No usar el ordenador para nada y hacer originales con tijeras y pegamento, haciendo collages.
Se me ocurrió la idea de un personaje que pasease por las páginas de un periódico. Elegí el periódico una vez tenía hecho el guión. Curiosamente hay páginas que me incitaron a hacer cosas que no estaban e el guión y en ocasiones el azar hacía que coincidiesen con la idea que tenía.

- P.: Lo editáis en un formato grande, un poco más pequeño que el original. ¿Hay que seguir empujando para que se editen estos trabajos ?
- R.: A mí me gusta que todo lo que hago se edite y esté a disposición de quien quiera verlo pero en este caso no fue difícil. Hablando con "La Cúpula", estuvieron encantados de publicar el libro y pusieron muchas facilidades. Este tamaño grande por ejemplo, que algunos consideran menos comercial, lo aceptaron sin ningún problema. La gente me pregunta por qué sigo en "La Cúpula" después de tantos años. Bueno, si tienes un editor que te comprende y te secunda después de tanto tiempo, ¿para qué cambiar?.

- P.: También con "El País" llevas un largo camino y volvéis a colaborar en "¡Oh, diabólica ficción!".
- R.: Llevo además como 5 años colaborando con ellos haciendo ilustraciones en Babelia A raíz de lo de Arco, "El País" empezó a apostar por el cómic ubicando una página semanal de distintos autores. Finalmente decidieron que hiciésemos una serie Paco Roca y yo, alternándonos cada semana y estoy muy entusiasmado con esto. Es una historia y un personaje que me gusta y me hace mucha ilusión. Es la primera vez que puedo publicar cómics periódicamente desde los años 80.

- P.: Cada 2 semanas te cuestiones en dos páginas el mundo de la ficción.
- R.: En realidad es una celebración absoluta del mundo de la ficción de todo tipo. Puede parecer un tema raro para un suplemento de periódico pero creo que interesa mucho. Ahora todo el mundo se ha convertido en autor, todo el mundo tiene un blog donde pone sus cosas. Los talleres de escritura creativa están a rebosar y es un tema que da para mucho y permite mucho cachondeo.

- P.: Acaba de salir otro trabajo "Conversación de sombras en la Villa de los Papiros".
- R.: Sí, es un libro mixto, mitad textos mitad cómics. Los textos no son míos. Nace a sugerencia de la Casa del Lector a raíz de una exposición sobre la Villa de los Papiros, una villa romana que apareció enterrada bajo la lava del Vesubio y que contenía una biblioteca de 2000 papiros de filosofía epicurea.
Es la única biblioteca de la antigüedad que ha sobrevivido y me ofrecieron hacer un cómic sobre ello. Yo estuve encantado por dos razones: primero por la biblioteca en sí, me encanta el tema de los libros, y por el tema de la filosofía epicurea. Desde hace 12 años estoy ilustrando unos libros de filosofía con Maite Larrauri que me han aportado mucho y que me han ayudado luego en el cómic a trasladar conceptos abstractos difíciles de representar.
"Conversación de sombras es un libro extraño hecho con siluetas a dos tintas y un par de textos de Epicuro y de Plinio, que asistió a la erupción del volcán.

- P.: Has trabajado en música. editorial, cómic... ¿en qué campo te encuentras más a gusto?
- R.: En el cómic porque hago lo que me da la gana. Para mí es lo más cómodo y lo más gustoso En la ilustración disfruto sobre todo con los carteles. En las colaboraciones musicales también me encuentro muy a gusto.

- P.: Si entre "Bardín" y "Vapor" han pasado 5 o 6 años, sin embargo este año has sacado distintos proyectos ¿Vas a seguir con este ritmo?
- R.: De ilustración procuro hacer sólo cosas que me hagan mucha ilusión, que me supongan un reto. Tengo en proyecto para 2014 ilustrar un libro de Alberto Manguel y otro de Ana Merino, y el que será el décimo y último de la colección de filosofía, con Maite Larrauri. El resto del tiempo voy a dedicarlo a la serie para El País Semanal, y a un nuevo cómic, largo y sin palabras.

- P.: ¿Cómo te ves en el futuro?
- R.: No lo sé. A mí me gustaría seguir haciendo libros y participando en proyectos raros. Proyectos que te sacan de lo habitual, de lo conocido y te permiten sumergirte en ellos. A mí esto me divierte y me emociona mucho. Pero sobre todo, lo que quiero es seguir imaginando historias y dibujándolas.

 

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