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Back Está aquí: Home De interés El mundo del comic con Infame&Co #comic ¿Merece la pena destrozarte la vida para producir una obra maestra? Entrevista a Juan Díaz Canales, guionista de Blacksad

#comic ¿Merece la pena destrozarte la vida para producir una obra maestra? Entrevista a Juan Díaz Canales, guionista de Blacksad

Juan Díaz Canales es uno de los guionistas más relevantes del cómic español. El nombre de “Blacksad” podía ser la meta de cualquier guionista pero Díaz Canales, lejos de conformarse, realiza otras obras llenas de inquietud y amor por el medio. Junto a su enorme labor en el mundo de las viñetas, Díaz Canales ha desarrollado una intensa relación con la animación, en la que ha trabajado realizando storyboards y layouts. Gracias a su generosidad conocemos un poco más de cómo funciona la animación y por supuesto sus grandes trabajos en el cómic, desde “Blacksad” a “Fraternity”.

 

Con él repasamos su trayectoria y hablamos de dibujos animados, gatos detectives y muchas cosas más.

  P.: ¿Cómo era la animación cuando empezaste?

- R.: Era la edad de piedra. Empecé el año 90, justo después de acabar el instituto, en el estudio madrileño “Lápiz azul”, en el que daban un curso para formar un equipo de layout. Tras un proceso de selección contrataron a unos cuantos artistas para trabajar en series francesas y canadienses para Canal + como Tintín, que fue uno de nuestros primeros trabajos. Ahí conocí a Juanjo Guarnido y a Teresa Valero.

Un año después conseguí entrar en la facultad de Bellas Artes. Pero un año antes de acabar la carrera volví a la animación. Junto a Teresa y dos socios más y montamos un estudio que se llamó Tridente Animación.

- P.: ¿Cómo es tu trabajo en la animación?

- R.: En realidad nunca he animado sino que he estado en el proceso de preproducción. Siempre he trabajado los stoyboards y layouts, que es la fase previa a la animación. Los storys son la primera representación gráfica del guión y con el layout estableces el decorado y las proporciones en las que se van a animar los personajes en cada escena.

- P.:¿Cómo surgen los proyectos?

- R.: Buscándote la vida. Tienes que patearte un montón de festivales. En la época de Tridente íbamos con mucha frecuencia a Francia, al festival de Annecy o al de Cannes y sobre todo a París, donde están la mayor parte de las productoras. Y después, una vez tenías el cliente, intentando dejarle satisfecho y repita. A nivel europeo llegamos a tener un cierto prestigio. Menos la época dorada de Filmax en la que trabajamos para películas como “Nocturna” , “Gisaku” o “el Cid” nuestros clientes eran casi siempre extranjeros, especialmente de Francia, Dinamarca , Alemania o los Estados Unidos.

Llegamos a tener un estudio de 30 ó 40 personas junto a nuestros socios del Estudio Monigotes, que se ocupaban de la animación. Mantener eso era difícil. Viendo que la cosa se torcía cada vez más, antes de darnos el trompazo gigante, decidimos cerrar el año 2006. Llegó un momento en que nos fue imposible competir con los estudios de países emergentes como India o Corea. Además, el salto tecnológico a la animación 3D supuso un reciclaje brutal que no todo el mundo supo asimilar, el negocio se fue a pique. Con tan pocas productoras como apostaban era muy difícil salir hacia delante. Lo que hablamos tanto en el mundo del cómic es aplicable al mundo de la animación en España, que tiene una situación muy precaria y cualquier avatar manda a hacer puñetas.

Después de cerrar el estudio, una parte de los clientes nos han seguido llamando y tanto Teresa como yo hemos trabajado esporádicamente como freelance en series y películas para España, los países nórdicos o los EE.UU. En estos años hemos colaborado en proyectos tan interesantes como “Justin y la espada del valor” o “El lince perdido”.

- P.: Por lo que cuentas el salto del 2D al 3D supone un cambio brutal.

- R.: Ya lo hemos visto estos años. No sólo los pequeños estudios como nosotros, sino que titanes como Disney o Dreamworks cerraron de la noche a la mañana sus divisiones de 2D en todo el mundo. Pasaron de manejar presupuestos y sueldos increíbles a despedir a artistas legendarios como el mismísimo Glen Keane. Lo peculiar es que todo ha sucedido en un período de tiempo muy corto. En apenas unos 10 años, el panorama ha cambiado radicalmente.

- P.: En vuestro caso tenéis que desmantelar un gran equipo para adaptaros a la nueva situación.

- R.: Sí. Y eso que en todo el proceso, la preproducción es la que sale mejor parada por que el cambio tecnológico es menor. Para los animadores, sin embargo, el cambio es brutal. Ahora puedes animar en 3D sin tener conocimientos de dibujo. El oficio de animador 3D es completamente diferente, un cambio enorme de filosofía. Sin embargo las tareas del dibujante de storyboard o del diseñador de fondos y personajes no han cambiado tanto.

- P.: Escuchamos mucho que ya no se hacen dibujos como los de antes pero los niños están acostumbrados a un nivel de excelencia que era impensable para nuestros tiempos.

- R.: Ha subido mucho el nivel incluso en el modo de contar las historias. La gran revolución ha venido marcada por Pixar, no solo a nivel tecnológico, sino por su excelente manera de contar las historias. También ha habido una cierta democratización. La tecnología ha permitido una mayor competencia.

Ves las series de televisión y tienen un nivel impresionante. Series como “El asombroso mundo de Gumball” eran impensables hace unos años. Esa integración de 3D, 2D, flash… todo mezclado y con un resultado final tan bueno es algo impresionante. ¡Y además, tiene gracia!

- P.: Las series han sustituido en cierto modo la relevancia que tenía el mundo del cine.¿Llegará algo como HBO al mundo de la animación?

R.: El mundo de la animación está muy vinculado al mundo de los niños y por lo tanto las productoras son mucho menos arriesgadas en cuanto a contenidos. La HBO está asociada a la calidad, en gran parte porque al ser una cadena de cable, puede asumir más riesgos artísticos. Las cadenas y productoras tradicionales tienden a ser conservadoras y eso hace que los más arriesgados sean los que al final sacan más provecho. Mira “Bob Esponja”. Si te presentas en una cadena de televisión de nuevas con una marcianada así, tienes muchas posibilidades de que te corran a gorrazos. Pero sin embargo, si pasas ese filtro, no es extraño que triunfes e incluso que te conviertas en una nueva tendencia, como ha pasado por ejemplo con “Hora de Aventuras”

- P.: “Los Simpson” han abierto otra época.

- R.: Eso es, pero enseguida las cadenas vuelven a su modo conservador, buscando a toda costa la repetición de ese modelo que ha demostrado funcionar. Pero uno no se inventa los Simpson cada día.


- P.: Colaboráis con “El lince perdido”. Detrás está Antonio Banderas, que quiere apostar por una producción hecha en España. ¿Crees que es necesario que exista esta clase de apuesta para sacar adelante el sector?

- R.:. Sí, y también con la siguiente película de Kandor, “Justin y la espada del Valor”. Aunque tengo una amistad con el director Manuel Sicilia, desconozco los números y la historia interna de la producción así que mi visión del asunto es muy limitada. Lo que si sé es que la presencia de Banderas es un espaldarazo gigante. No tanto por el dinero que pueda invertir, como por las puertas que se le pueden abrir a Banderas y que el resto de los mortales tenemos cerradas. Esto es algo que le he escuchado a él claramente. Está usando su imagen y contactos para abrir nuevos mercados y atraer inversiones. Con todo puede que no sea suficiente. Si comparas nuestros presupuestos, estamos a años luz de los de las grandes producciones americanas con las que hay que competir en las salas. Antes tenías que hacer una inversión sobre todo humana, ahora tienes que sumar las dos cosas: el capital humano y el capital tecnológico. Ya no puedes competir con cualquier cosa. Tienes que tener un software puntero y técnicos que sepan manejarlo… ¡Ojalá les vaya muy bien por que se lo merecen! Han trabajado muchísimo y las películas son cada vez mejores.

- P.: ¿Tienes proyectos en mente?

- R.: Ahora mismo no, pero puede surgir en cualquier momento. Siempre con prisas y cuando te viene peor. En cualquier caso, de un modo desacelerado cada vez estoy haciendo menos animación y cada vez más cómic que es lo que más me apasiona.


BLACKSAD

- P.: En tus comienzos en “El Lápiz azul” coincides con Juanjo Guarnido y empezáis a darle vueltas a una idea que tenías en mente hace tiempo.

- R.: En esa época, la gente del equipo de layout echábamos todas las horas del mundo en el estudio. Sobre todo por que éramos muy torpes, menos Juanjo claro, que por aquellas fechas ya dibujaba de maravilla. Nos costaba dios y ayuda sacar nuestra producción adelante, pero teníamos un ambiente muy bueno. Entre otras muchas cosas, una afición que compartíamos muchos de aquellos dibujantes de layouts eran los tebeos. Estábamos todo el día intercambiándolos y hablando de cómic: los que les gustaba el europeo, a vueltas con Corto Maltés; los que les gustaba el americano, “mira lo que ha hecho el melenudo este de Alan Moore, una cosa que se llama Watchmen”… y en ese caldo de cultivo Juanjo y yo, que éramos de los que más nos gustaba, pensamos que teníamos que hacer algún cómic juntos.

Todo se cortó cuando Juanjo se fue a trabajar al estudio que Disney abrió en Paris. Yo en cambio, hice un par de historias cortas en blanco y negro con un personaje de un gato detective. O sea “Blacksad” pero mal dibujado. Mi idea en un principio era hacer alguna historia corta para las revistas que agonizaban ya entonces como el “Cimoc” o “El Víbora”. El caso es que Juanjo y yo manteníamos aún el contacto a pesar de la distancia. Cuando le enseñé mis cutre-historietas para conocer su opinión, resultó que le encantaron. Él siempre había querido hacer un tebeo con animales de protagonistas así que me propuso redibujar la historia e intentar colocarla en algún sitio. Como él vivía en Paris y en España (recordemos que eran los años 90) no había manera de publicar, decidimos intentarlo directamente en el mercado franco-belga. Con la inocencia de la juventud preparamos un dossier para un proyecto de álbum a color y la historia que sigue es la que todo el mundo conoce.

- P.: Un dossier que enseguida tuvo una gran aceptación.

- R.: Sí, la dificultad fue hacerlo. A tu primer trabajo le das muchas vueltas. Juanjo tuvo muchos problemas con el tono, encontrar exactamente la técnica de acuarela que quería hacer. Estuvo mucho tiempo dándole vueltas hasta que los amigos le convencimos para moverlo tal como estaba. Una vez enviado el dossier, enseguida tuvimos muy buena aceptación y tres editoriales se interesaron de inmediato: Delcourt, Casterman y Dargaud, que es con quien firmamos al final el contrato.

- P.: ¿Cómo cambió desde tus historias cortas?

- R.: Cambió radicalmente porque mi aproximación gráfica era muy diferente. Mis páginas estaban muy influenciadas por el Alack Sinner de Muñoz y Sampayo. También me encantaban “Sombras” y “Cadáveres de permiso” de El Cubri, que para mí eran tebeos de referencia. En cuanto se convirtió en un proyecto más ambicioso, nos planteamos hacerlo a color y en formato álbum. Aunque se trata de un tebeo protagonizado por animales, la aproximación gráfica de Juanjo es muy realista. Eso nos obligó a ambientarlo en un lugar preciso: Nueva York en los años 50. A pesar de todo, la primera historia que hice de 12 páginas, que ya se titulaba “Un lugar entre las sombras” era básicamente la misma historia del primer tomo de la serie.

- P.: En este primer tomo coges todos los arquetipos del género negro y les das la vuelta.

- R.: No me considero un gran lector de género negro. Simplemente, a la hora de hacer algo propio intentas reproducir cosas que te gustan. Yo veía lo de El Cubri y era lo que quería hacer. Luego unas obras te llevan a otras. Así que de referencia en referencia, te empiezas a empapar de las películas de la época dorada del cine negro, de las novelas clásicas del género escritas por Dashiell Hammet o Raymond Chandler, etc, etc. Unas cosas te llevan a otras enriqueciendo ese mundo. Sin haber empezado con un plan preciso, te vas formando con el trabajo. Es algo que siempre me ha interesado y que te hace crecer no sólo como artista, sino como persona, que es más importante.

- P.: Como El Cubri intenta a través del género contar sus preocupaciones sociales reflejadas en unos Estados Unidos de los años 50. Mantienes la trama criminal pero te centras en la trastienda del sueño americano, sobre todo en esa época que define la cultura de las generaciones posteriores.

- R.: Eso es algo que hace muy bien Hernández Cava. ¡Ya me gustaría a mí llegarle a la suela de los zapatos! Pero tienes razón, el género negro es un buen vehículo para hablar de los conflictos sociales y no centrarse tan solo en aventurillas más o menos emocionantes.

Una vez decidimos que “Blacksad” iba a estar ambientada en los años 50 se nos abrió la puerta para poner en escena un montón de conflictos que están todavía de actualidad. De tal manera que hablando de los años 50, estamos hablando también de problemas que afectan a la gente hoy en día.


- P.: En el segundo tomo de la serie “Arctic Nation” os centráis en la discriminación racial. A lo largo de la serie jugáis con los animales de modo que reflejen algunas de las características de los personajes igual que en las fábulas. Juegas en la trama de este segundo tomo con los diferentes colores entre los animales y lo mezclas con el Ku klux Klan y la América profunda.

- R.: Queríamos usar el tema de los animales para hablar del racismo y se nos planteó enseguida el problema de cómo hacerlo. Podíamos hacerlo como Spiegelman en “Maus”, asociando un animal a una determinada raza, pero nos parecía un recurso que no iba a funcionar en nuestro caso. “Maus” es una obra que no tiene continuidad, pero nosotros tenemos que seguir una serie. Eso quiere decir que si hubiéramos asociado una especie animal a una determinada raza humana o incluso a una nacionalidad, hubiéramos acabado cayendo en una gran incoherencia. Hay muchísimas más especies animales que razas de seres humanos así que el paralelismo no hubiera funcionado.

La solución al final fue más sencilla. En lugar de fijarnos en las especies animales, lo hicimos en el color de la piel. Exactamente lo mismo que pasa en la vida real, en la que algunos seres humanos cuya estupidez no tiene límites, juzgan a sus semejantes por la aleatoria circunstancia de tener una tonalidad diferente.

- P.: El tema del mestizaje está muy presente.

- R.: Eso es. Además “Blacksad” no es completamente negro como le hacen ver esa especie de “panteras negras” que son los racistas del grupo “Black claws”.

- P.: El éxito de “Blacksad” fue inmediato. ¿Os pesó a la hora de afrontar este segundo tomo?

- R.: Sinceramente creo que no. Cada tomo ha ido mejor que el anterior. Sí te pesa una cierta responsabilidad de cara al público y a la editorial. Pero a la hora de enfrentarte al trabajo te aíslas de todo eso e intentas hacerlo lo mejor posible. Creo que nos hemos mantenido bastante impermeables al fenómeno “Blacksad”.

- P.: Pasáis mucho tiempo para desarrollar el primer tomo. ¿Cambian los plazos al pasar a hacer una serie de éxito?.

- R.: Hemos tenido mucha suerte porque Dargaud nunca nos ha impuesto unos plazos de entrega estrictos. Solo entre el tomo tercero y el cuarto nos dijeron algo, pero fue porque realmente pasó mucho tiempo entre uno y otro. De cualquier modo, hay que tener en cuenta que la realización de un tomo de Blacksad es muy laboriosa. Juanjo es de los pocos autores que siguen haciendo color directo. Él lo prefiere así y creo que el esfuerzo merece la pena, pero forzosamente supone más trabajo. Además, sucede que ambos tenemos que compaginarlo con otros trabajos y temas personales que hacen que todo se alargue un poco más. En realidad, nunca hemos tenido una dedicación exclusiva a “Blacksad”.


- P.: En el siguiente tomo como decías vemos el peligro nuclear, un tema que sigue estando presente. Mezclas un montón de tramas haciendo hincapié en el contexto histórico concreto. Vemos el científico que recuerda al creador de los Nobel, la escritora que recuerda a Ayn Rand…

- R.: En general es raro que haga un reflejo tal cual. Prefiero coger elementos de aquí y de allá. Es el caso del senador Gallo, que es un trasunto de McCarthy pero ni tiene su personalidad, ni su aspecto físico ni es un alcohólico como él.

Intento coger referencias históricas o artísticas, como con los escritores de la generación beat que hemos usado en el quinto tomo. No tanto para que la gente lo reconozca y sea un guiño al lector avisado, sino porque trabajar con retazos biográficos reales aporta verosimilitud a la trama, le da consistencia. Es como ligar la salsa en un guiso.

- P.: En “Alma roja” mezclas el McCarthismo, la lucha contra los comunistas y la paranoia que genera. También el uso de científicos nazis por parte de Estados Unidos para emplear sus conocimientos en la creación de la bomba nuclear.

- R.: Me interesaba mucho mostrar cómo, para lo bueno y para lo malo, Estados Unidos cogió el relevo de Europa. Después de la segunda Guerra mundial numerosos científicos europeos impulsaron el desarrollo científico de los EE.UU. No solo en el caso evidente de la creación del armamento atómico, sino también en los campos de la medicina, de los vuelos espaciales, etc. El personaje de Otero por ejemplo, es una referencia a Severo Ochoa.

También es interesante ver cómo Nueva York desplazó a París como centro de la cultura mundial. Cómo llegaron los expresionistas alemanes y su influencia en el expresionismo abstracto que es la corriente artística de esa época. Todo esto me parecía muy interesante y digno de rememorar, porque muchas veces no nos fijamos en cierto detalles ni en cómo estos modelan realmente la historia.

- P.: ¿Es “Alma roja” el guión más complejo de la serie?

- R.: No lo sé. Es verdad que tiene su complicación, de hecho lo rehice de arriba abajo. El tomo cuarto también fue difícil pero de otro modo. No tiene tantos personajes pero sí tiene la estructura más complicada a nivel narrativo. Son dos tramas que se van cruzando: una a tiempo real y otra trama en paralelo que es una sucesión de flashbacks que la va complementando. Es cierto que “Alma roja” tuvo una carga de documentación importante y a lo mejor en el “El infierno, el silencio” el tipo de documentación era más gráfica para ambientarlo en Nueva Orleans que es una ciudad muy peculiar.


- P.: Como dices Nueva Orleans sirve de marco para la siguiente historia del personaje. Si hasta ahora los artistas estaban muy presentes en este álbum se convierten en protagonistas, en este caso los músicos de blues y su vida unida en ocasiones a la droga. Frente a la sordidez del trasfondo es un tomo muy colorido ¿Qué te llamo de Nueva Orleans?

- R.: Muchas cosas. Siguiendo con la asociación de colores de cada álbum en este caso tocaba el azul. Y Nueva Orleans era perfecta. Es la cuna del jazz y con una tradición de blues importantísima. Es una ciudad cuya noche es legendaria y además está junto al mar, en la desembocadura del Missisipi, con lo que el agua también está muy presente.

Cuando empecé a documentarme vi que tenía un montón de aspectos interesantes. Es un cruce de caminos entre la cultura española, la anglosajona, la francesa, la africana… Por ejemplo eso me dio pie a meter a todos esos personajes con su propio dialecto hablado por los descendientes de los esclavos traídos de África. El contraste de ese mundo canalla de la noche, la música y las drogas con el colorido del Mardi Gras, esa explosión de color, de luz, el aspecto mágico de la ciudad con el vudú, la santería… Había demasiados elementos interesantes como para prescindir de ellos.

- P.: Comentabas antes como el color de la portada marca el tono de lo que vamos a encontrar en el interior. El negro de la primera portada, igual que el género, la portada blanca que habla del racismo, la roja del peligro nuclear. ¿Cómo nace este juego?

- R.: Tampoco era algo premeditado. Nos dimos cuenta de ello a partir del tercer álbum y nos pareció una feliz coincidencia. Fui tirando del hilo y encontré un montón de referencias que venían al caso con cada color. De todas maneras ya vamos a dar por finalizado el ciclo de los colores. Continuar nos obligaría a meter colores secundarios como el naranja o el morado y acabaríamos cayendo en lo anecdótico y rebuscado.


- P.: El último álbum se titula precisamente “Amarillo”. Es el más cercano a una road movie. La ruta 66 atravesada en un Cadillac.

- R.: De hecho, en un Cadillac modelo “El Dorado”. Es precisamente lo que te decía, que empiezas a tirar del hilo y luego todo empieza a encajar. El amarillo hace referencia a la luz, al sol y tradicionalmente lo asociamos al miedo, a la cobardía o a la envidia, que también tienen una presencia importante en el libro. Encuentro que lo de los colores le ha dado una cierta uniformidad a la serie y que siempre jugado a nuestro favor. A mí por lo menos, me ha servido de recurso creativo.

- P.: El homenaje más claro es a los representantes de la generación beat como el autor de “En el camino” Jack Kerouac.

- R.: Homenaje no es igual la palabra adecuada. Para mí las historias son un medio para reflexionar y de hacerme preguntas, pero rara vez llego a conclusiones definitivas. Mi aproximación a los autores de la generación beat es en cierta manera una reflexión sobre los artistas malditos y sobre la utilidad del arte. ¿Merece realmente la pena destrozarte la vida a cambio de producir una obra maestra? ¿Es que tiene más valor el arte, en el sentido más espiritual del término, que las personas? ¿Es justificable los efectos extremadamente dañinos que tienen algunos comportamientos artísticos llevados al límite sobre las personas y la sociedad? Como te digo, para mí es más un discurso dialéctico que un homenaje.

Los autores de la generación Beat me interesan. Los he leído con placer e interés, pero eso no se traduce en una admiración automática por el autor, sino en todo caso, por su obra. Son apasionantes las grandes contradicciones que se plantean ellos mismos e incluso la gente cuando los lee y los interpreta. Yo por mi parte, procuro no deslumbrarme por el aura “cool” de estos personajes y procuro no perder de vista las enormes sombras que también proyectan. Porque matar a tu mujer, ser un yonki o condenar a tu hijo por tu forma de vida como hizo Burroughs ¿es algo que merece la pena, por mucho que tu obra sea revolucionaria y un hito en la historia de la literatura? Yo creo que no. Pero en cualquier caso son preguntas recurrentes en cuanto investigas un poco en las biografías de los grandes artistas.

Es una cosa que se ha envuelto en un halo de romanticismo, cuando en realidad es muy dramática. Ahí tienes el caso de la música jazz, de Charlie Parker, Billy Holliday… gente muy desgraciada, que se ha arrastrado por la vida y que en muchos casos han sido muy dañinos para otras personas.

No es tampoco una condena, ojo. Es una reflexión. Son preguntas que me hago en voz alta con los medios que tengo a mi disposición, que son los tebeos.

- P.: Curiosamente “Amarillo” es uno de los álbums más diáfanos de la serie. Tenemos un secundario que es claramente el Coyote

- R.: ¡Es el Coyote siguiendo al Correcaminos, de hecho! Ese si que es un guiño en toda regla. No es muy evidente porque el Correcaminos de Chuck Jones es mucho más estilizado que el animal real, al que Juanjo se ha acercado mucho más gráficamente. Era un gag que no podíamos dejar de meter...

En cuanto a lo de la ligereza, algunas personas nos lo ha comentado pero no estoy muy de acuerdo. Quizás el humor si está llevado algo más al extremo. Hay alguna secuencia más “cartoon”, pero el recorrido del protagonista, el joven escritor, es el de un absoluto perdedor. Todo le sale muy mal. Tiene mala suerte, sobre todo la peor de las suertes, que es no aguantarse a si mismo. A su alrededor todo es drama. Analizándolo objetivamente, no creo que sea tan ligero, sino más bien tirando a dramático.

Por otra parte, hay otro cambio más epidérmico y es que por primera vez vemos paisajes a cielo abierto en la serie. Blacksad siempre se había movido hasta ahora por escenarios urbanos y en “Amarillo” en cambio, vemos interminables carreteras, llanuras floreadas , paisajes soleados, la presencia del Circo…

- P.: Un Circo que es más una corte de los milagros. La gente que va huyendo se va uniendo al Circo y se va formando una sociedad que funciona con sus propios códigos de moralidad.

- R.: Eso me parece muy de novela negra. Presentas una pequeña sociedad y ves como funciona. Es igual que con los moteros. También me interesó. Intento meter siempre cosas que tengan una segunda lectura, no como un pasatiempo que hay que resolver, sino para añadir a todo un matiz. Los moteros no sólo son unos personajes simpáticos sino también son una metáfora de un rebaño, como lo somos todos los que nos juntamos por intereses o gustos comunes en un momento dado.

- P.: Los moteros se parecen a los de “Salvaje”. En el caso de la película asolan el pueblo, mientras que en “Amarillo” le das la vuelta y frente a la policía son los personajes positivos que hacen que la historia avance en una buena dirección.

- R.: Imagina lo aburridas que podrían ser las historias si estás en un género tan codificado como el policiaco y utilizas sistemáticamente los arquetipos sin cambiarlos. Mucho más si encima usas animales como en las fábulas que conoce todo el mundo. A veces tienes que darles una vuelta de tuerca para que no se vuelva todo previsible.

- P.: Poco a poco el personaje de Weekly va cogiendo más protagonismo en la serie y se va formando una pareja como la de Don Quijote y Sancho Panza.

- R.: En “Amarillo” solo sale al principio y al final de la historia. Su papel es importante. Está ahí para dar continuidad a la historia, pues el principio del tomo quinto coincide cronológicamente con el final del tomo cuarto. Pero nunca he visto a Weekly como coprotagonista. Está claro que cuando metes un personaje así, es para dar un contrapunto al protagonista. Pero lo que no me gustaría que se convirtiera es un “sidekick”, un Robín, la mascota que va junto al protagonista. Para mí Weekly representa algo más profundo. Es la imagen que yo tengo muchas veces de la amistad, la de dos tipos radicalmente diferentes, pero que se aprecian profundamente. Weekly es un tío totalmente opuesto a la seriedad de Blacksad, un vivalavirgen que constantemente la caga y a que pesar de todo, es amigo del detective. Se ayudan mutuamente, son capaces de hacer cualquier cosa el uno por el otro. Se han caído bien y no hay quien los separe. Es probablemente el único amigo que tiene Blacksad.

- P.: Intentas que entre los tomos haya una cierta continuidad.

- R.: Una progresión cronológica. Me ayuda a creerme el universo que estamos creando y su coherencia. Nosotros, al igual que los lectores, vamos conociendo poco a poco el universo de Blacksad. Nos encontramos con nuevos personajes, vemos como Blacksad se va haciendo viejo… No queremos que los personajes estén como en muchas teleseries congelados en el tiempo. Nos gusta ver cómo evolucionan.


LOS PATRICIOS

- P.: Además de “Blacksad” inicias una nueva serie con Gabor, también compañero del mundo de la animación. Se trata de “Los Patricios”.

- R.: Es un caso parecido a lo que me sucedió con Juanjo, pero unos años después. Gabor y yo trabajábamos juntos en Tridente. Echamos horas y horas de tablero, codo con codo, compartiendo marrones pero también muchas risas. En un momento dado decidimos hacer algo juntos y así nació “Los Patricios”, una serie de humor. Salieron dos tomos en Francia publicados por Glénat y que en España publicó Dibbuks en un solo tomo, pero no acabó de funcionar. Es muy difícil hacer humor en una cultura que no es la tuya aunque sea tan cercana como la francesa. Es evidente que tenemos muchas cosas en común con nuestros queridos vecinos, pero creo que el humor no es una de ellas. Su humor es muy distinto al nuestro. El caso es que la serie no fue a más y surgieron otros proyectos diferentes. Gabor comenzó a hacer “Isabellae” con guiones de Raule y la serie les va de lujo, cosa que me alegra infinito. Gabor es un gran dibujante, muy versátil y creo que su estilo de dibujo se adapta de maravilla al cómic fantástico e histórico. Si un día se tercia ya haremos algo de nuevo.

- P.: En “Los Patricios” cuentas la historia de Taq, un novelista de éxito cansado de repetir cliches y que quiere ser poeta a pesar de las editoriales y del público. Participando en un brainstorming demencial da vida a Los Patricios, unos pequeños seres que cambiaran la forma de vida del pequeño pueblo de Wandala.

¿Cómo surge la serie y qué querías contar?

- R.: Yo me pongo el listón muy alto y luego pasa lo que pasa. Queríamos hacer un tebeo estilo Super López pero las historias tipo Bruguera en Francia no funcionan muy bien. Queríamos conseguir eso que tienen los tebeos de Super López, que son a la vez comedias hilarantes , pero con un guión muy bien organizado que tiene su comienzo, nudo y desenlace, a pesar de que la historia progresa de gag en gag. En mi panteón de obras maestras, tengo varios tebeos de Jan, como “Los Cabecicubos” o “La semana más larga”

- P.: Poco a poco los secundarios van cogiendo mayor protagonismo y en el segundo tomo el alcalde se convertirá en el personaje principal.

- R.: Era la época en que Gallardón estaba de alcalde en Madrid, soterrándonos la M-30, su gran obra faraónica. Tenía las referencias muy a mano. Por no hablar de la candidatura olímpica…

- P.: La serie se convierte en una sátira a las formas de gobierno totalitarias.

- R.: Y absurdas. Igual no tiene mucha gracia porque la realidad ha superado ese surrealismo de intentar hacer unos juegos olímpicos en un sitio que no tiene nieve. Antes lo veías en los tebeos y tenía mucha gracia, pero es que en los últimos años lo hemos visto hacerse realidad. Aeropuertos sin aviones, una estación del AVE en una población de 100 habitantes… ese tipo de cosas.

- P.: Me recordaba un poco al “Rey Pitufo”

- R.: Otra obra de referencia. Quieras que no, son cosas que interiorizas y se quedan contigo para siempre. Los Pitufos son tebeos que a pesar de tener esa imagen de ingenuidad y a través de gags, te hacen una crítica demoledora de la sociedad, como en el caso del “Rey pitufo”, “El pitufo negro”. Especialmente los primeros álbumes de la serie, son auténticas joyas.

- P.: También está cercano a Franquin.

- R.: Eso son palabras mayores. Ahí ves mucho la potencia del cómic como medio. Te está entreteniendo pero a la vez te está hablando de algo serio. No sólo es una sucesión de chistes y trompazos, aunque también los tiene.

Siempre he revindicado eso también con “Blacksad”. No veo por qué el entretenimiento tiene que estar reñido con la reflexión. Mira el cine: la cantidad de obras maestras que son aparentemente pura diversión, pero que tienen una carga de profundidad muy fuerte. Hay ejemplos gloriosos como “El apartamento” de Billy Wilder o más recientemente “Little Miss Sunshine”.

 

FRATERNITY

- P.: Después de “Los Patricios” formas otro tándem, en este caso con Munuera, uno de los autores españoles más asentados en el mercado francés.

- R.: Sí. Nuestro pionero. Muchas veces hemos oído que Juanjo y yo somos los autores de nuestra generación pioneros en Francia. Bueno, pues es falso: para cuando nosotros llegamos, Munuera ya llevaba un montón de trabajos publicados.

- P.: ¿Cómo surge la colaboración?

- R.: Empezamos a coincidir en festivales de cómic en Francia. Y conocer a José Luís es amarle. Es un tipo con un talento loco y una cabeza privilegiada. Enseguida nos apeteció hacer algo juntos. Un día me dijo que quería hacer un western fantástico y así nació “Fraternity” que es, como dice él, un “una de vaqueros pero sin vaqueros.”

Di con la idea de la comunidad utópica que existió en la realidad. En nuestro tebeo era “New Fraternity” y en la realidad era “New Harmony”. Seguí ese hilo mezclándolo con la guerra de Secesión, con algún elemento fantástico y ahí nos metimos. Una gran experiencia a repetir.

- P.: Frente a las otras series es un círculo completo formando una novela gráfica.

- R.: Siempre fue nuestra idea, contarla del tirón pero el mercado francés tiene sus peculiaridades. Dargaud acaba de publicar en Francia la versión integral con un tamaño ligeramente más grande que la de Astiberri. Una novela gráfica, vaya, que posiblemente es el formato en el que tenía que haber salido desde el principio.

- P.: En el libro analizas cómo son las utopías y en qué quedan. Comentaba Munuera la contradicción de que en la cuna del capitalismo surja un modelo tan socialista.

- R.: Es lo que comentaba antes de Estados Unidos. Es un país apasionante, una pura contradicción. En muchos casos, fue la verdadera tierra prometida, en la que diferentes colectivos, tan diferentes entre sí como las sectas religiosas o los socialistas utópicos, encontraron la libertad y la oportunidad para poner en práctica su modelo de sociedad, mientras que en la vieja Europa, les resultaba imposible. Desde el punto de vista histórico y también narrativo, es apasionante.

- P.: En este caso también a través de una comunidad cerrada vas analizando sus choques y rencillas.

- R.: No es algo que haya inventado yo. Es la eterna comedia humana: reduces la trama a un pequeño conjunto de personas y ahí representas a escala la historia de la humanidad. No es que sea un artificio narrativo, es que pasa todos los días delante de nuestras narices. Sólo hay que asistir a una junta de vecinos o a la reunión del AMPA del colegio de los niños para darse cuenta. El conflicto de intereses y los problemas no se diferencian en casi nada a la asamblea de Naciones Unidas.

- P.: En el libro hay un monstruo que resulta más humano que los personajes.

- R.: La metáfora es bastante evidente. En el libro se plasma la lucha eterna entre la razón y el instinto. El monstruo representa ese instinto, lo que hacemos sin reflexionar, que unas veces nos lleva a la perdición pero que otras veces echas de menos. El instinto tiene mucho de pureza, de honestidad, de ausencia de segundas intenciones. Como te decía antes, me hago bastantes preguntas pero al final no llego a grandes conclusiones. Por la historia tiene un final abierto, porque en realidad hay cosas que no sé dónde van a parar. Probablemente el final de los grandes conflictos del ser humano no sean otra cosa que un bucle que se repite.

- P.: Toda la elaboración de “Fraternity” compensa para dos tomos?

- R.: No me lo planteo la elaboración de la obra en términos de compensación o cantidad de trabajo. Procuro hacer lo que me pide la historia. Intentar hacer otros cálculos, como por ejemplo pensar en dejarlo como una serie abierta de forma artificial por si acaso, me parece poco honesto. Son estrategias que no suelen acabar bien, que dejan al desnudo las costuras del traje. Prefiero intentar contar lo que quiero y punto.

- P.: Estás trabajando en los nuevos álbums de “Blacksad” y leo que forman también un díptico que forme un solo arco argumental. ¿Intentáis salir del estándar del álbum francés?

- R.: Exactamente. Intentamos contar una historia un poco más compleja. Con el formato de 54 páginas y una historia policiaca, o bien te ves forzado a ser demasiado denso o demasiado elíptico. Y en ambos casos corres el riesgo de que el lector se pierda en la historia. Nosotros siempre hemos intentado guardar el equilibrio, pero esta vez hemos comentado al editor si podíamos hacer una historia de 108 páginas dividida en 2 álbumes que salgan publicados con muy poco intervalo de tiempo entre ellos. Y la respuesta ha sido positiva, así que una vez que arranquemos, nuestra idea es hacerlos hacerlos seguidos, sin meter otro proyecto en medio.

- P.: ¿Se te va quedando corto el formato álbum?

- R.: No lo sé. No sé tampoco si seguiremos con los dípticos. Cuando empezamos se nos quedaron cortas las 46 páginas. Pasamos al siguiente tamaño, el de 54 y a veces hemos tenido la sensación de que se nos quedaba corto también. Hemos tenido la suerte de que los álbumes han funcionado muy bien y los editores no nos han puesto muchas pegas cuando hemos querido cambiar. Pero sinceramente, no sé que vendrá después. Igual sacamos uno de 80 páginas… ¡Vaya usted a saber!

El editor está lógicamente encantado porque la serie ha entrado en la categoría de series que venden más de 200.000 ejemplares. Mientras siga así, supongo que tendremos un margen amplio de confianza. Pero igual que uno nunca sabe ni cómo ni por qué llega el éxito, tampoco tienes ningún elemento de juicio para saber cuánto puede durar.

Al margen de cualquier consideración, es justo decir que la relación con Dargaud, ha sido siempre inmejorable. Nos han dejado libertad creativa total sin decirnos que nunca que debíamos hacer. La experiencia del editor chungo no la hemos vivido aún. Mucha gente te dice que es porque la serie es un éxito, pero también conocemos todos casos de autores que han triunfado y que sin embargo han paseado su trabajo por todos los catálogos. Yo creo que el éxito no te garantiza una buena relación con nadie, ni te garantiza la editorial vaya a hacer bien su trabajo.

- P.: También parece que queda mejor hablar mal del editor.

- R.: Sí y es lógico que haya enfrentamiento muchas veces, porque al final son dos intereses que chocan. De todas formas, yo creo que no tiene que haber confrontación por sistema. Siempre es mejor la negociación y el diálogo. En fin, sabemos que hay todo tipo de casos. Y en el nuestro ha sido muy positivo. Lo mismo nos pasa con Norma, con los que siempre hemos tenido una relación estupenda y que hacen un trabajo fantástico en la edición española.

- P.: Desde sus comienzos “Blacksad” se ha cansado de ganar todos los premios habidos.

- R.: Habrá que preguntarle a él si se cansa o no. Yo sospecho que a un gato detective todas esas cosas tan mundanas le dan igual. Bastante tiene con llegar a fin de mes con un sueldo de mierda y un trabajo de perseguir esposas infieles.

- P.: ¿Y a los autores?

- R.: A los autores les da gustito pero luego te ves delante de la página en blanco y tienes que hacer abstracción. Se agradecen un montón, sobre todo premios votados por los compañeros de profesión, u otros premios que abren puertas. Por ejemplo el Eisner tiene un significado especial, si tienes en cuenta lo difícil que es publicar un álbum europeo en los Estados Unidos. Haber puesto esa pica en Flandes te da satisfacción especial, sobre todo si permite que detrás vengan otros títulos y otros autores.

Lo del éxito es como una dinamo que se pone en marcha y que cada vez va cogiendo más velocidad, hasta que se empieza a frenar. No sabemos cuando parará, pero es seguro que lo hará. Esa la tendencia natural de las cosas: naces, creces y mueres mientras que van naciendo otros. En cualquier caso no tengo ninguna queja ni con la vida. Soy un tipo afortunado.

- P.: Proyectos.

- R.: Aún estamos empezando con lo nuevo de “Blacksad”. Aún está muy fresco el último álbum y su promoción encima ha coincidido con la Navidad que es por definición un periodo muy improductivo laboralmente hablando. Así que todo está en una fase muy primigenia aún. Es un proyecto largo así que el trabajo aún durará bastante. Por eso mismo no me planteo otras colaboraciones hasta acabar.

- P.: ¿Cómo te ves de mayor?

- R.: Ya me veo mayor cuando me miro al espejo. Pero cuando sea aún más mayor, me veo haciendo lo mismo. Aún no le he perdido ni el gusto ni el respeto a esto de contar historias así que espero seguir haciéndolo muchos años más, sea en historieta o con la animación. Ojalá pueda seguir en este oficio que me encanta y me apasiona. Y si puede ser, hacerlo cada vez un poquito mejor.

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