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Una leyenda en sus últimos coletazos

A estas alturas, pocos hay que puedan sentirse sorprendidos de lo que un concierto de Los Suaves puede ofrecer. La noche del pasado viernes en el parque Ardanza de Galdakao no fue una excepción, y el espectáculo que la banda orensana ofreció fue similar en todos los aspectos al que vienen presentando en directo desde hace ya varios años, es decir, un excelente sonido, un espléndido trabajo instrumental en el que destaca el dúo de guitarristas formado por Alberto Cereijo y Fernando Calvo, una cuidada iluminación y puesta en escena, y un trabajo vocal poco edificante ofrecido por su vocalista, letrista y alma máter Yosi Domínguez..

 

Pese a los evidentes problemas de voz, memoria en lo que a las letras se refiere e incluso decoro en su presencia escénica de Yosi, no se puede negar que Los Suaves han alcanzado hace un largo tiempo el estatus de leyenda, incluso de mito en el rock cantando en español, y que Yosi es el máximo responsable de dicho estatus, sin que quede muy claro si esos problemas y actitudes son tomados como secundarios por sus legiones de fans, o si incluso son un componente imprescindible de esa leyenda, sin los cuales Los Suaves sería un grupo más de tantos.

Desde luego, la multitud que se dio cita el viernes estaba en su mayor parte dispuesta a perdonar cualquier desliz (más que esperado, por otra parte) a cambio de disfrutar en directo de temas que son ya himnos para toda una generación, eso sí cada vez más veterana. Y es que cuando de un concierto de Los Suaves se trata, cualquier valoración está, ya desde el inicio, distorsionada por la certeza previa de que el trabajo vocal de Yosi ni es ni será ya jamás el idóneo.

Partiendo de esa base, el concierto del viernes puede ser calificado como de bueno, incluso brillante en algunas ocasiones, valoración que aquel que se acercara a ver por vez primera a los gallegos sin tener noción alguna de su evolución más reciente sin duda no compartirá.

Hay que decir, pese a ello, que los inicios no fueron en absoluto alentadores, y que incluso con las reservas comentadas sobre el trabajo vocal actual de Yosi, su actuación fue peor que las que recientemente había podido presenciar este cronista, sin ir más lejos hace escasos meses en Vitoria. Tras la típica intro instrumental, la descarga de los orensanos se inició con la habitual "Preparado para el rock and roll", en la que la voz de Yosi presentó un pésimo estado, con síntomas incluso de afonía.

Peor impresión aún dejó su voz con "Cuando los sueños se van", única concesión a su trabajo más reciente "Adiós Adiós" del 2010, en la que el veterano vocalista fue incapaz de recordar una buena parte de la letra dejando que el público cantase en su lugar, y con "Palabras para Julia", versión de un tema del cantautor Paco Ibáñez sobre un poema de José Agustín Goytisolo que cerraba una primera parte de concierto un tanto decepcionante, que hizo temer que Yosi no sería capaz de llegar a su final en unas condiciones mínimamente dignas.

La situación cambió bastante con "Maldita sea mi suerte", tema título de su cuarto álbum en el que Yosi mejoró notablemente su actuación de la media hora anterior, y en la que la cara de preocupación que el guitarrista Alberto Cereijo había mostrado en los primeros temas se relajó de un modo muy notorio. A partir de este tema, Los Suaves dieron cancha a casi todos sus álbumes, con la excepción de los dos primeros y del más reciente y personal "El jardín de las delicias", acompañados en numerosas ocasiones por llamaradas que salían desde la parte trasera del escenario.

Sonaron, por este orden, "Por una vez en la vida", "Viajando al fin de la noche", "¿Sabes? ¡Phil Lynott murió!" dedicada al malogrado líder de la banda irlandesa Thin Lizzy, "Malas noticias" y un emotivo "Pardao" en el que Yosi se colgó una guitarra acústica que resultó casi inaudible. Cabe destacar que, como es habitual en los últimos años, algunos de los temas añadieron largos pasajes instrumentales que daban rienda suelta a las virtudes de los dos guitarristas, especialmente de un magnífico Alberto Cereijo que se hace cargo de la mayor parte del trabajo solista.

Se alcanzó a la hora de concierto con uno de los primeros temas que dieron notoriedad a la banda, la muy coreada "No puedo dejar el rock", y después del reciente clásico "Mi casa" de su álbum "Si yo fuera Dios" y de una algo más añeja "Dulce castigo", la primera parte del show se cerró con la canción más conocida de la banda gallega, "Dolores se llamaba Lola", tras hora y cuarto de un recital claramente in crescendo.

Aún hubo tiempo para un par de bises que alargaron el concierto hasta la hora y cincuenta minutos. El primero de ellos se inició con "San Francisco Express", en la que Yosi salió al escenario ataviado con una camiseta del Athletic para el regocijo de los presentes. Tras ella sonó "El afilador", canción dedicada a los emigrantes gallegos en cuya parte instrumental Yosi colgó de su pie de micro las banderas de Euskadi y de Galicia y que finalizó con un guiño al himno de Galicia de la mano de la guitarra de Alberto Cereijo. Hubo un primer amago de final con una canción reciente, pero cuya letra ha convertido en un clásico de los finales de concierto, "Ya nos vamos", que los guitarristas empalmaron con la parte instrumental del "Highway star" de Deep Purple antes de despedirse parecía que definitivamente entre una gran marea de confeti lanzada desde el escenario sobre el público.

Sonó incluso el fragmento operístico que Los Suaves usan normalmente como despedida, pero un Yosi al que se notaba agradecido con su público instó al resto de músicos a volver al escenario para acometer "La noche se muere", nuevamente con una larga y bella parte instrumental final que, esta vez sí, supuso la traca final.

En definitiva, buena noche de rock and roll a cargo de una banda que ha alcanzado hace largo tiempo un aura legendaria. Puede que no sea su mejor momento, puede que esté claro que ese momento ya nunca vaya a volver, puede que a muchos las actuaciones de Yosi les parezcan carentes de la más mínima dignidad, pero algo se habrá perdido para siempre en el corazón de casi todos los aficionados al rock cuando ya no puedan volver a escuchar sobre un escenario temas que, indudablemente, formarán parte para siempre de sus vidas.

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