Con la muerte de Carrillo, desaparece otro protagonista en la transición hacia la democracia

Santiago Carrillo, el histórico dirigente del Partido Comunista, ha fallecido esta tarde a los 97 años en su casa de Madrid, mientras dormía la siesta, según ha contado uno de sus hijos. Los restos mortales permanecen en su residencia y se prevé que sean trasladados a un tanatorio madrileño esta misma tarde.

   Fuentes familiares no han sabido explicar cuál ha sido la causa última del fallecimiento, comentado únicamente la edad que tenía y que se encontraba muy cansado. El exdirigente del PCE había sufrido en la última semana un empeoramiento en su estado de salud, después de que en los últimos meses tuviera que ser ingresado en diversas ocasiones. La última vez que Carrillo estuvo ingresado fue en julio, en el hospital Gregorio Marañón, a causa de un problema de riego sanguíneo del que se recuperó.

Carrillo sufrió desde su retirada de la política siete ingresos hospitalarios, pero permaneció activo hasta el último momento con artículos periodísticos, nuevos libros y continuas apariciones públicas en conferencias, homenajes y tertulias radiofónicas. Además de las entrevistas que ha concedido y su participación semanal en un programa de radio, asistió durante los últimos años a numerosos actos públicos -conmemoraciones, conferencias y presentaciones de libros propias o ajenas, homenajes a personajes fallecidos...-, haciendo valer su condición de "jubilado de militancia, pero no del mundo de la política".

El veterano dirigente, nacido en 1915 en Gijón, anunció su retirada de la política en 1991 y, desde entonces, fue sometido a tres intervenciones quirúrgicas, que no le impidieron protagonizar una activa vida social incluso después de cumplir 95 años, en enero de 2010.

En marzo de aquel año asistió al homenaje convocado en el Congreso de los Diputados para rendir tributo al fallecido Jordi Solé Tura, en el que participaron los otros "padres" de la Constitución aún vivos, y regresó a la Cámara Baja el 23 de febrero de 2011 como uno de los principales invitados a un almuerzo en recuerdo del 23-F, presidido por el Rey Juan Carlos.

En el capítulo de apariciones públicas relacionadas con la pérdida de figuras destacadas de la Transición a la democracia cabe recordar cuando, en octubre de 2010, acudió a la capilla ardiente del histórico sindicalista Marcelino Camacho, o su presencia, en marzo de 2011, en la de Enrique Curiel, uno de sus compañeros de filas más cercanos en el PCE de la transición.

La capilla ardiente de Curiel estaba instalada en el Tanatorio de La Paz de Alcobendas, donde ya se había acercado en octubre de 2009 para rendir homenaje póstumo al exjefe de la Casa del Rey Sabino Fernández-Campo, una de las figuras clave en la desactivación del intento de golpe de Estado de 1981.

En estos últimos años, Carrillo ha viajado más de una vez a su tierra natal, Gijón, para pronunciar alguna conferencia o para agradecer su nombramiento como hijo predilecto de esta ciudad asturiana en junio de 2011, y también ha intervenido en encuentros informativos y en los cursos de verano organizados por la Asociación de Periodistas Parlamentarios en la Universidad Rey Juan Carlos.

También tomó la palabra en los actos de presentación de sus últimos libros, "Los viejos camaradas" (2010) y "La difícil reconciliación de los españoles" (2011), así como en los de libros ajenos: las memorias del lehendakari Ibarretxe escritas por Koldo Ordozgoiti y la novela de Julia Navarro "Dime quién soy".

Con la muerte de Santiago Carrillo, a los 97 años de edad, se pierde uno de los más significados opositores del franquismo y protagonista de la Transición. Su muerte se une a la de otros que, como Manuel Fraga, vivieron los momentos más convulsos del país, atesoraron luces y sombras para acabar mano a mano pilotando, junto a muchos otros, la suerte de un país que tenía que superar políticamente la muerte de Franco. El día en que Fraga, en un ya lejano año 1978, presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI se inmortalizó esa España que había alcanzado la reconciliación y que ahora es tan profundamente cuestionada. "Hemos convivido en la política. Gastamos bromas y otras veces discutimos civilizadamente. En ese sentido, nos hemos reconciliado. Nunca he planteado ninguna incompatibilidad con quienes fueron ministros y colabores del franquismo que luego apoyaron la Transición", dijo Carrillo de Fraga, también recientemente fallecido, recordando aquellos años.

Vozpopuli.com informa: El que fuera secretario general del PCE durante más de tres décadas murió mientras se echaba la siesta. En mayo de este año todavía superó una apendicitis y en julio un problema de riego que le llevaron al hospital. Por detrás quedaba una larguísima e intensa vida política durante la República y el franquismo que, curiosamente se eclipsó cuando España consiguió la normalidad democrática. Antes de eso, este republicano aceptó la bandera constitucional abriendo la puerta al que fue uno de los movimientos más arriesgados del Rey y de Adolfo Suárez: la legalización del PCE el 9 de abril de 1977. Ese fue el rubicón de la Transición, maniobra sin la cual el proceso democrático que se abría en España no hubiera quedado del todo legitimado.

Su nombre irá ligado a asuntos terribles como la matanza de Paracuellos, durante la Guerra Civil, pero también a otros como el eurocomunismo, que supuso la ruptura con la ortodoxia soviética alimentada por el estalinismo y las purgas. Pero si pudo vivir y resistir los momentos más desgarradores de la historia reciente de España, su ascendente se va a apagando en democracia. El PCE, símbolo de la lucha antifranquista, cede escaños en la España constitucional a los socialistas de Felipe González, que se configuran como la alternativa de izquierdas. Su figura va sufriendo un desgaste interno progresivo y el PCE prescinde de él en 1982, cuando deja el partido de los comunistas españoles en manos de Gerardo Iglesias, confiado en que podría, desde la distancia, controlar los movimientos del asturiano.

Iglesias rompe con su padre político, pero Carrillo no se resigna a pasar a la reserva. Vuelve a protagonizar sonoros enfrentamientos con su partido y en 1985 le expulsan del mismo. Funda entonces el Partido de los Trabajadores de España, con el que se presenta a las eleciones generales de 1986. No consigue siquiera su escaño y acaba haciendo un último movimiento político profundamente incomprendido por sus antiguos compañeros de filas: abre la puerta a que los miembros del PTE se integren en el PSOE, pero su historia política le pesa demasiado como para que acabe formando parte de una formación política con la que el PCE estuvo muchas veces enfrentada.

Gaspar Llamazares ha señalado con acierto de este hombre que fue político, escritor y periodista que Carrillo es producto de su época y ejemplo de los errores de la izquierda. Luces y sombras, que de todo ha habido

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