Los hombres libres de Jones: William Wallace en Pantuflas

Apreciable acercamiento a una figura real y desconocida para la mayoría, Newton Knight, un tipo que se rebeló contra los estados confederados en plena Guerra Civil, llegando a autoproclamar un estado independiente en Mississippi, el llamado Estado libre de Jones (por ser el epicentro el condado de Jones). Lo que comienza por una protesta de Knight en contra de un sistema que exentaba del servicio militar a los terratenientes acaudalados poseedores de veinte esclavos (la llamada Ley de los 20 negros), enviando a la Guerra a los hombres blancos más pobres, muy pronto se convierte en una cruzada antiesclavista, llega a tener como pareja a una antigua esclava, Rachel, posteriormente crearía una comunidad interracial, erigiéndose Newton Knight como luchador por la igualdad, sea entre razas o clases sociales. Dirige y guioniza Gary Ross basándose libremente en los libros “El Estado Libre de Jones” de Victoria E. Bynum y “El Estado de Jones” de Sally Jenkins y John Stauffer, lo malo es que su realización queda muy plana, falta de aristas y matices, pues este rebelde con causa es retratado de modo hagiográfico, como una especie de Robin Hood sin defectos, su buenismo puro chirría un poco. Es un ejercicio didácticamente atractivo, reflejando un trozo de historia estadounidense oculto, siendo un pedazo en el complicado puzle de la construcción de este Imperio llamado Estados Unidos, donde se mezclan temas como el clasismo social que llevó a los pobres a la guerra y a los ricos a descansar en sus mansiones, se aborda la esclavitud a la que el Sur sometió a los negros, y como esta no acabó con la guerra, se extendió con la opresión y las leyes segregacionistas (eufemismo que n realidad quiere decir racistas), exponiendo la llamada Reconstrucción (plan del gobierno para pacificar el Sur) fue un que todo siga casi igual, en este clima enrarecido la aparición del nefasto Ku Kux Klan, especie de salvadores de la “supremacía blanca” (puaj). Pues todo esto es tratado de un modo desequilibrado y superficial, abarcando demasiado y al final llegando a ser un docu-drama ( las imágenes de archivo de la época refuerzan esta sensación)falto de emocionar, quedando en un esbozo de lo que pudo haber sido. Este es el gran problema del director, que parece hacer el film con el mando a distancia, de modo aséptico, sin arriesgar y haciendo que nos deje fríos, sintiéndose alargada en demasía, ello deriva en el tedio por la nula implicación que consigue del espectador, su complacencia y condescendencia es notable, siendo un tiro en el pie lo del flash-forward que nos meten sin sentido (todo para demostrar algo evidente, que décadas después seguía el racismo). Tras esta historia hay una buena película pero Ross no la ha hecho, siendo muy sugestiva su propuesta pero este magnetismo no lo aguanta el metraje. Su canto a la libertad, al antibelicismo y contra el racismo queda atrofiado por un devenir nada incisivo.

Después de sobrevivir a la Batalla de Corinto (1862), Newton Knight (Matthew McConaughey), un humilde campesino del Condado de Jones (Mississippi) sirve como enfermero de campo de batalla en el ejército confederado, frustrado por lo que ve a su alrededor deserta y regresa a su granja y con su esposa, Serena (Keri Russell). Una vez allí sale en defensa de algunos granjeros que les son expropiadas sus cosechas y animales por el ejército confederado, esto lo convierte en un proscrito buscado por la justicia, lo que le hace huir al pantano con algunos negros esclavos fugitivos liderados por Moses (Mahershala Ali). Tienen importancia en la historia Rachel (Gugu Mbatha-Raw), una esclava que traba relación con New.

Es un relato que en su arranque te atrapa, con una excelente inmersión en una batalla de la Guerra de Secesión, con planos-secuencia vibrantes en el modo de implicar al espectador, con un creíble modo ve exponernos el hastío de los combatientes sintiéndose piezas a sacrificar por las élites de terratenientes de las grandes plantaciones de algodón, y de cómo decide desertar por ideales (para él la Guerra es para salvaguardas a los oligarcas amos de decenas esclavos negros) y no por cobardía, un alegato antibélico bien forjado en pocos minutos, es el aliento de que algo bueno está por desarrollarse, luego vemos que más que defender a los negros, lo que intenta hacer valer es la justicia social que oprime a los pobres a favor de las clases altas, en principio no es una lucha de razas es clasista, los pobres cuasi-equiparados a los negros, esto bien expuesto en unos cuantos esbozos del latrocinio del ejército sudista, con efluvios a cine de aventuras (a lo Robin Hood, cambiando el bosque de Sherwood por los pantanos de Mississippi), con asaltos, escaramuzas, batallas, con ingeniosos encadenados elípticos, como cuando tras asaltar a un grupo de soldados confederados, pasamos directamente a ver como los rebeldes se están comiendo asados los perros de los asaltados, mordaz simbolgía de una victoria. Todo mostrado con un grado de autenticidad notable.

Pero a medida que el film avanza se convierte en más y más plana en su plúmbea fuerza esquemática, todo monótono, previsible, sin giros, sin sorprender, sin grandes escenas, aunque con una estupenda ambientación, pretende abarcar muchos temas (clasismo, antibelicismo, rebeldía ante la tiranía, esclavismo, segregación racial, y hasta una historia de amor interracial bastante naif, y el colmo es un juicio a mediados del SXX sobre un matrimonio interracial…), un totum revolutum que termina por ser más estimable como documental que como película dramática, y en este afán rasca poco, va perdiendo empuje con el paso de los minutos hasta notarse lánguida, sobre todo esto acentuado a partir de que el héroe se refugia en el pantano, y ya atomizado tras el final de la Guerra,…

…donde esta sensación de evolución cansina se atomiza con elipsis temporales que atropellan el ritmo, estas ante la falta de desarrollo orgánico se intentan coser con fotos de la época con rótulos sobreimpresionados sobre lo que sucede a nivel político-social (problemas del voto de los negros, nacimiento del KKK, linchamientos,…), creando impresión de docu-drama aséptico marcado por algunas viñetas, alargándose el metraje de modo cuasi-letárgico, provocando todo esto el alejamiento del espectador.

Lo del flash-forward salpicado por el metraje en que vemos en la década de los 1950 sobre un juicio donde un descendiente de Newton Knight se encuentra defendiéndose de que su matrimonio es ajustado a ley, pues se le imputa de infringir las leyes anti-mestizaje, acusándole de tener en su sangre porcentaje de negra, desvía la atención y arruga el ritmo narrativo, queda confuso, pues supongo que la idea es que veamos que más de ocho décadas después el racismo, pero esto queda liviano.

Deriva en una elegía del protagonista un ser cuasi-divino, sin aristas, y si las tienen se pasa por lo alto de ellas, me refiero entre otros elementos a su relación con su esposa blanca (e hijo) abandonadas, y su posterior pareja negra y como las hacen coincidir de modo grimante, sin ponerse una mala cara. Y es que esta cuasi-deidad es visto como un ser superior capaz de ser enfermero, granjero, carpintero, pescador, cazador, herrero, reverendo predicador, político, líder y estratega guerrillero, especie de cruce entre Espartaco y Robin Hood, y en este recorrido no se le dan matices, siempre adelante sin dudas o dilemas morales, se auto-erige en el Mesías de su comunidad al que todos siguen ciegamente. Lo malo es que en este ensalzamiento sin defectos de la figura de Newton Knight se pierde sentido de la humanización, esto provoca la simpleza de un héroe sin fisuras, ni grietas con el que no nos emocionamos, en el que su vis vengativa es vanagloriada como algo justo, sin que hayan debates ético-morales.

Matthew McConaughey da vigor y carisma a su rol, manejando el acento sureño de modo incisivo, lástima de lo escasamente matizado que está. Mahershala Ali está desaprovechado en un papel al que le falta cancha, solo apunta. Gugu Mbatha-Ray como la amante negra del héroe queda muy plúmbea, mera muleta romántica. Keri Russell lo mismo que la anterior, aunque con menos peso, se les suma una escena estridente con las dos haciendo las labores como buenas amigas (cua, cuaa, cuaaaa!). Resto de secundarios sin entidad para ser comentados.

La puesta en escena entre por los ojos por el realismo que emite, con un brillante diseño de producción de Philip Messina (“Ocean’s eleven” o “Los juegos del hambre”), filmándose mayormente en el estado de Louisiana (St. Bernard Parish, New Orleans, Buckner Mansion, Bush, St Bernard Parish Library, Evergreen Plantation, Clinton, Paradis, Round Table Club, Greensburgh, Braithwaite, St. John’s Episcopal Church) y en el condado de Jones en Mississippi, recreando (en sus lares, cabañas, páramos, pantanos, mansiones, etc) este tiempo, todo esto visto por la fotografía de Benoît Delhomme (“La teoría del todo” o “1408”) que ofrece bonitas estampas sudistas, con planos generales que son lienzos hermosos. Suma la gran labor en maquillaje y peluquería que da patina de veracidad en los rostros, así como el vestuario creado por Louise Frogley (“El fuego de la venganza” o “Traffic”). La música de Nicholas Britell (“12 años de esclavitud” o “Whiplash”) aportando un score de resonancias íntimas.

En conjunto queda una estimulante propuesta, cautivadora en su primer tercio, pero que no cumple las expectativas creadas.

Patxi Álvarez