“Si no experimento me aburro”. Entrevista a Javi de Castro

Foto: Noemi García

Para muchos de nosotros “La última aventura” fue el primer contacto con el trabajo de Javi de Castro. A partir de ese momento se fue convirtiendo en un autor indispensable a seguir que ha continuado sorprendiéndonos con obras cada vez más ambiciosas como este Larson. Larson es uno de los libros esenciales de  2017, un trabajo en el que nos muestra su madurez a la hora de equilibrar narración y experimentación a la hora de afrontar cada nueva obra. Con Javi de Castro hablamos de él y repasamos su trayectoria.

 Tu trayectoria está muy vinculada al mundo de los fanzines como “Oiga mire”, tu propia aportación. ¿Cómo nace el proyecto?

Como un proyecto de fin de curso, estudiaba ilustración, había que diseñar una editorial y me las apañe para colar una revista de cómics. Edité una pequeña tirada y poco a poco fui animándome a continuar. El fanzine se convirtió en el lugar donde publicar todas las historias cortas que iba haciendo para mi u otros fanzines. Empecé por darme un poco de visibilidad y me quedé por lo bien que me lo pasaba.

Colaboras con numerosas cabeceras como “Arros Negré” o “Thermozero” ¿Cómo ves la situación de la autoedición en nuestro país?

Es un gran momento, es muy fácil y relativamente barato editar hoy día. Hay más eventos que nunca, y seguramente este generando nuevo público. Sigue siendo la mejor forma de encontrar el cómic más vanguardista o alternativo. Y la mejor forma de conocer gente veterana y novel con las mismas pasiones.

Desde el comienzo vemos una preocupación por experimentar con la composición de página que se mantiene a lo largo de toda tu trayectoria.

Siempre lo he dicho: si no experimento me aburro. No es algo que me preocupe en exceso, pero me parece interesante, el cómic es un medio con muchas posibilidades y soy de los que les gusta aprovecharlas. Las historias cortas te permiten ser mucho más rompedor.

El color tiene un papel fundamental en tu obra. ¿Cómo te enfrentas a él?

Siempre me suele dar mucho miedo, pero en cuanto me arranco voy cogiéndole el gusto. Depende de cada obra, pero siempre intento que sea útil, en general todo lo que pongo en una página quiero que tenga una razón de ser, en el caso del color puedes expresar muchísimo usándolo bien, así que procuro que no sea meramente decorativo.

Con “Sandía para cenar” realizas tu primer trabajo largo. ¿Cómo te adaptas a la mayor extensión de la obra?

Creo que cuando trabajo en una historia larga tiendo a ser más conservador, la experimentación tiene que encajar en la narración y fluir, eso no siempre es fácil. Cuando escribo yo soy muy meticuloso y obsesivo,  reescribo cien veces. En el caso de “Sandía para cenar” fue un poco más inconsciente, empece a escribir sin preocuparme mucho de la extensión o de como iba a resolver las páginas. Aunque salió en 2014 lo hice dos años antes, tendría unos 20 o 21 años, era muy amateur.

Cuando Rubén se independiza descubrirá que tiene un compañero de piso inesperado: una sandia que vive la vida loca. ¿Cómo surge la idea de la obra?

Cuando me voy a vivir fuera de casa de mis padres, en principio surge con la idea de hacer una historia un poco más larga de lo que estaba acostumbrado. Al principio no había sandía ni nada, pero sí la idea de una especie de inquilino-compañero-hijo que es insoportable. Nunca he tenido malos compañeros de piso, pero una cosa que siempre me ha interesado mucho es el tema de pasarlo mal en tu propia casa. También estaba la idea de no poder cambiar voluntariamente, la envidia… Y jugar con la ficción, como desde dentro se acepta algo con normalidad y el lector también lo asume, en fin, un montón de cosas que al final dieron ese cómic. Muchas más páginas de las que esperaba al principio y que estuvieron mucho tiempo en un cajón, hasta que David López y “Thermozero” la rescataron, yo ya había optado por dejarlo inédito.

Con “La última aventura” colaboras con uno de los guionistas más activos de la actualidad, Josep Busquet. ¿Cómo nace la obra?

Yo conocía a Josep de un trabajo alimenticio de cuando estaba empezando y al final tuve que dejar. A partir de ahí siempre nos quedó la idea de hacer algo juntos y durante un tiempo que estuve en Barcelona fuimos hablando y poco a poco surgieron ideas para hacer un cómic. En principio íbamos a hacer otra cosa, más experimental y meta, pero cuando nos fueron dando largas nos presentamos a Dibbuks con un tebeo de aventuras, que no era de aventuras en realidad.

¿Cómo fue el trabajo en común?

Muy fácil, Josep te da mucha manga ancha para que modifiques lo que quieras, así que fue muy cómodo. Creo que no sería capaz de trabajar con un guión muy estricto. Así que me lo pase muy bien, era muy agradecido de dibujar, con todas las selvas, con portadas simuladas, posters, dvds, etc… es algo que me gusta mucho hacer. También dibujar a los personajes en épocas diferentes, fue muy divertido. Y no tenía la presión que tengo cuando escribo yo.

“La última aventura” se convierte en un homenaje a la figura del explorador, con especial cariño hacia los aventureros de serie B, actores que representan un papel en un mundo que ya no les considera. ¿Compartes el gusto de Busquet por estos perdedores entrañables?

Me encantan los perdedores, es mucho más fácil empatizar con ellos. A Josep también. De hecho el personaje de Thunders lo recuperamos para La Resistencia. Personalmente es mi favorito, porque además de un perdedor, es muy naif y tiene muchos defectos que normalmente despreciaríamos, pero como es un pringao, hace gracia. Es muy patético y no es muy consciente, eso le hace muy entrañable.

En las páginas de “La Resistencia” puedes experimentar más con la página.

Sí, como te decía, recuperamos al personaje de Thunders pero esta vez en un entorno de ciencia ficción retro. Es el mismo personaje pero no lo es. Y claro, son historias cortas que nos permite jugar con las páginas (en un número hay un “elije tu propia aventura”) y hacer lo que nos de la gana, sin continuidad y sin más preocupación que pasarlo bien, ¡ni siquiera me tengo que documentar! Yo me lo paso en grande, muchas veces Josep me cuenta lo que ha pensado para el próximo y no puedo esperar para dibujarlo. Me lo tomo como un pequeño descanso entre otros trabajos.

Con “La última aventura” logras el premio al autor relación del Salón del Cómic de Barcelona. ¿Cómo vives este momento?

No me lo creía. Tenía mis candidatos favoritos y fui a la entrega bastante tranquilo. Creía tener más posibilidades el año anterior que nominaron un fanzine colectivo que edite. Lo que más me alucinó fueron todas las felicitaciones y muestras de cariño, en persona y por redes. Que los compañeros se alegrasen por mi fue muy emocionante.

En tu siguiente trabajo vemos un gran cambio de registro. En “Que no, que no me muero” tratas un tema tan delicado como el cáncer de mama con guión de María Hernández Martí. ¿Cómo afrontas el reto?

Fue un encargo de la editorial, me pasaron los textos originales y me encantaron, me reí mucho. Estaban muy bien escritos y encajaban perfectamente en mi forma de ver la vida. La enfermedad no fue un problema, no es un libro sobre el cáncer, es un libro sobre Lupe, que resulta que tiene cáncer. María y yo nos entendimos mágicamente a la perfección, puede ser difícil entender el tono y llevarlo al cómic pero a mi no me supuso ningún problema. El mayor reto fue adaptar los textos que en un principio no habían sido pensados para ser un cómic. Había muchos monólogos, con todo lo que conlleva, no quería poner un personaje hablando sin más, también divaga mucho, adaptar eso era complicado, pero estoy muy orgulloso del resultado.

El original planteamiento incluye un abecedario que dará nombre a cada uno de los capítulos y vertebrará toda la obra.

Sí, eso ya estaba originalmente en los textos de María, la idea era hacer un diccionario de impaciencias, pero se dio cuenta de que Lupe, la protagonista, tenía mucha más paciencia de la que se imaginaba. La estructura me venía como un guante porque podía ser muy radical con el planteamiento de cada capitulo y no preocuparme de la transición entre uno y otro. Así tienes episodios con planos cenitales ocupando toda la página, uno contado a través de mails, otro con ilustraciones sobre abanicos… el formato cuadrado ayudo mucho a esto, hizo que me rompiera los esquemas a los que estoy acostumbrado. Aunque mantener la coherencia en todo el libro si fue más complicado, no solo por la narrativa, gráficamente el personaje evoluciona entre episodios, engorda, pierde pelo… se tenía que notar pero a la vez ser muy sutil.

A pesar de ser perfectamente reconocible en cada uno de tus trabajos da la sensación que varías el estilo en función de cada obra. ¿Responde a la evolución natural o es algo premeditado?

Evolución premeditada, si no no se evoluciona, jaja, pero supongo que es un poco casual, siempre quieres mejorar y enfocarte hacía algún lado concreto pero todo me condiciona a la hora de dibujar, lo que veo, las herramientas que uso. No tienes todo el control. En este caso, por ejemplo, yo he notado un gran cambio al empezar a dibujar en digital.

El libro parece haber conseguido salir del círculo de los cómics para interesar a un público mucho más ámplio.

Sí, es el libro que más público ha tenido y eso puede ser porque ha interesado fuera del circuito habitual de lectores de cómics. Ya sea por la temática o por el empeño de la editorial, pero ha llegado a mucha más gente. Yo estoy muy contento.

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Tu siguiente proyecto sera tu obra más ambiciosa. ¿Qué es “Larson”?.

Larson es el cómic que más tiempo me ha llevado y en el que más trabajo he puesto. Era un proyecto que me llevaba rondando desde hace mucho tiempo y necesitaba sacar.

 ¿Cómo nace la obra?

Leí sobre el caso hace años y empecé a investigar. Quedó un poco como una curiosidad que contar pero siempre me rondó la cabeza. Me planteaba la posibilidad de adaptarlo yo mismo pero no sabía ni por donde empezar. Así que seguí con otros proyectos hasta que se me ocurrió el modo. Esto fue poco antes de empezar a dibujar “Que no, que no me muero”, así que por entonces ya había decidido que mi siguiente obra sería adaptar la historia de Larson y empecé a escribir.

La obra se basa en el caso real de Michael Larson, un vendedor ambulante de helados de Ohio que rompió todas las estadísticas al ganar 100.000 dolares en el concurso televisivo “Press your luck”.

Es una historia curiosísima y con un potencial increíble para ser adaptada, visualmente muy potente. Creo que fue una de las cosas que más me atrajo de la historia, todo ese universo de televisores, el ritmo detrás de las cámaras, y que, al final, es una historia de perdedores, que siempre es lo que más me ha interesado. Larson no es un héroe, ni le sale todo bien, es presa de sus propias obsesiones y aunque parezca mentira, ganar no le sirvió de mucho.

 Es tu primer proyecto como guionista alejado del mundo del fanzine. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Dura, como guionista soy mucho más exigente. Hice muchos cambios en el guión, y seguí haciendo cambios con el cómic casi terminado. Añadí, corté e hice todo lo posible para que fuera lo mejor posible. Cuando trabajo en colaboración las decisiones son conjuntas, hay un reparto de responsabilidades que me hace trabajar más tranquilo.

 Es también tu obra más larga. ¿Ha sido muy distinto el proceso a tus obras anteriores?

Ha sido muy distinto, todavía no he trabajado en dos cómics de la misma forma. En este caso la extensión tampoco era una preocupación, ocupó lo que tenía que ocupar. Tiene que ver en como planteas todo el proyecto, en el caso de “Sandía para cenar” y otros guiones míos fueron mucho menos meditados y con tramas completamente ficticias, en Larson no quise desviarme mucho del caso real y eso hace que tengas que buscar soluciones para que todo funcione.

 En Larson continúas experimentando pero todas las energías se concentran en lograr una mayor fluidez narrativa del relato.

El exceso de experimentación en una obra larga creo que puede ser un lastre, al final lo más importante es mantener una coherencia y que la lectura sea lo más fluida posible. Si lo consigues experimentando, adelante. Pero no creo que sea necesario, muchas veces son más las ganas del autor por destacar que de hacer una buena obra, me gusta usar los recursos que convengan y funcionen en cada momento y no aburrir al lector.

El ritmo es esencial en la obra. En Larson consigues transmitir la emoción y la fluidez de un programa de televisión.

Me alegro, en este cómic es fundamental, es un thriller total. Cuando pensaba en la historia me acordaba mucho de “Network” de Sidney Lumet que es una película con momentos de mucho ritmo televisivo. Me atrajo más la parte de la incredulidad y la investigación de los responsables del concurso que la del propio Larson.

 Comentábamos antes que el color es uno de tus puntos fuertes. Renuncias a él para centrarte en la historia.

No me imaginaba esta historia en color, funciona muy bien en blanco y negro. Y ya tenía ganas de hacer un cómic así.

 La historia se ubica en los años 80 y recreas los cómics de la época con una trama de grises que nos recuerda las posibilidades técnicas del medio en esos momentos.

También, aunque el concurso en cuestión era muy colorido el acabado recuerda a un cómic de hace 40 años, así como el papel.

 En “Larson” vemos como el protagonista logra analizar el programa “Press your luck” hasta dar con las pautas que lo vertebran.

Aún sabiendo como lo hizo resulta increíble que lo consiguiera. Me gusta esta historia porque puede parecer  un “si quieres puedes” pero al final resulta ser todo lo contrario. Se suele contar siempre la historia de los triunfadores, pero Larson triunfó solo una vez, durante unos minutos, en toda su vida.

 La obsesión y su implicación en la vida personal del protagonista se convierten en el eje de la historia.

Según cuentan era muy de obsesionarse con temas concretos, en esta época le dio por los concursos de televisión y no le vino mal, pero imagino que era una persona difícil, ya venía de dos divorcios y apenas tenía 35 años. Quise ser muy sutil con todos los aspectos de su vida personal, era más atractivo darle un halo de misterio al personaje, dando pinceladas de sus motivaciones y obsesiones.

 ¿Es necesario un punto de obsesión para realizar una obra como Larson?

No creo, pero en mi caso sí lo fue jaja en todos las fases de este cómic he perdido horas con detalles absurdos, desde la documentación, los diálogos o la metodología del propio Larson.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación de la obra?

Muy exhaustivo, parece una tontería pero en este cómic me lo he tomado muy en serio. Todo lo que se ve es real, está sacado de catálogos de centros comerciales anteriores al 84, las casas las busqué en inmobiliarias del pueblo donde sucedía la acción… todo es lo más cercano a la realidad que pude. Hubo cosas más difíciles de encontrar, como mucha ambientación del plató, es posible que las cámaras que aparecen no sean las que usaban en la cbs, pero sí que son de programas de tele de esos años. Al final el lector medio no lo aprecia a simple vista, pero resulta mucho más convincente y consigue sumergirte mejor en la historia.

¿Prefieres ser tu propio guionista o trabajar con otros autores?. ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de cada una de las opciones?

Como ya dije, trabajar conmigo mismo como guionista es muy duro jaja Pero es diferente, la ventaja de repartir la autoría me permite trabajar más tranquilo pero también me gusta mucho escribir y ser más exigente a la hora de cambiar cosas. Ambas opciones tienen sus ventajas y desventajas, lo que no me gustaría trabajar es con un guionista con las ideas demasiado claras.

 De nuevo trabajas con Modernito Books. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Muy buena, si repito con ellos ha sido por voluntad propia. Larson fue un proyecto que solo presenté a dos editoriales y una fue Modernito. Quedé muy satisfecho tras “Que no” y con “Larson” igual. Sobre todo porque son críticos y miman mucho cada libro que sacan. Habrá autores que esto no les guste pero yo necesito opiniones. Y opiniones sinceras. En el caso de “Larson” me ayudaron mucho y estoy muy contento de ello, porque de mi idea inicial a lo que se ha publicado va un mundo. Y todo gracias a que mi editorial me preguntaba, me sugería o simplemente me pedía que descansara y me olvidara un tiempo de la historia. Todo ayudó al resultado final, del que estoy muy orgulloso.

 El libro lleva un tiempo en las librerías. ¿Cómo está siendo la reacción del público?

Bastante buena, de hecho estoy sorprendido porque hay mucha gente escribiéndome para felicitarme, en las sesiones de firmas me han venido lectores diciendo que ya lo han leído dos veces y cosas así. Con este cómic pretendía hacer pasar un buen rato al lector con un relato emocionante y creo que lo he conseguido.

 ¿Proyectos?

Por ahora no tengo nada en mente.

HISTORIA DE UNA PÁGINA

En este video podemos ver el proceso de una página desde su comienzo gracias a la generosidad del autor.

 

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