Victor Frankenstein: Desdibujado Prometeo

Cuando Kenneth Branagh realizó, en 1994, su propia versión de la obra de Shelley dejó al mundo en un choque de opiniones precisamente por alejarse por completo de los amaneramientos y del encorsetado cliché para acercarse más a la realidad de lo que intentabla la escritora dándole al monstruo y todo cuanto le rodeaba un tono más serio, más sombrío, más real y mucho más humano (ayudado siempre por un Robert DeNiro que consiguió conferirle a su personaje un enfoque más creíble que de costumbre). Sólo con el tiempo, a pesar de las críticas, “Frankenstein de Mary Shelley” acabaría convirtiéndose en una pieza de cierto culto (aunque menor). En resumidas cuentas era una forma como otra cualquiera de respetar la obra y darle un más adulto, incluso más gótico. La versión que ahora ofrece Paul McGuigan podría decirse que intenta recuperar ese tono y encajarlo en los orígenes del doctor (y científico) para alejarlo, así, de la ciencia ficción de serie B, del terror malsano y de la fantasía un barroca y acercarse más a la ciencia casi documental. Basándose en la obra de Shelley y teniéndola en todo momento presente para, al menos, respetar las constantes y todo lo que engloba el universo de Frankenstein, 20th Century Fox ha preferido darle una vuelta de tuerca más a la historia dejando el guión en manos de Max Landis, hijo del director de cine John Landis, enfocando la historia, como novedad, a través de los ojos de Igor y a su vez centrarse en los orígenes del científico mucho antes de convertirse en el doctor aclamado y temido y mucho antes de concebir su criatura.

A poco que uno vaya conociendo las intenciones y resultados de las películas basadas en los monstruos de la Universal (y en los monstruos en general) de los últimos años se habrá dado cuenta que se está tomando una rutina como norma y esa no es otra que restarle espectáculo y fantasía para centrarse o adentrarse en el tono solemne y alejado de todo tipo de acción desmesurada que pudiera propiciar el material de partida. Ya sucedió con “El hombre lobo” (Joe Johnston, 2010) y lo mismo sucedió con “Drácula, la leyenda jamás contada” (Gary Shore, 2014). No hace falta ser doctor en la materia para ver que con este “Victor Frankenstein” ha sucedido lo mismo. Se le ha despojado de la aventura diáfana, de la acción trepidante y el terror agresivo para jugar más con el tono serio, mucho más didáctico que fantástico y despojado en todo momento de supuestas alegorías sobrenaturales. Aquí lo que se trata es de enfocar en todo momento el objetivo sobre los descubrimientos que ofrece la ciencia en contra de la fe y la religión. Pero una cosa son las intenciones y otra muy distinta el resultado. Desde luego la película toca tan sólo de puntillas ese enfoque pero no decide ir hasta el final con todas las consecuencias precisamente por una falta clara de enfoque o tratamiento.

Tristemente el problema de base de toda la obra en cuestión es la falta absoluta de concreción. Toca muchos palos pero la gran mayoría se quedan a medias o no acaban por quedar rematados y bien cerrados. Todo comienza como una especie de película circense donde conocemos al protagonista de la función, Igor, un jorobado que tiene nociones de medicina pero debido a su malformación es utilizado como elemento de sorna y maltrato en el circo en el cual se encuentra encerrado […]. Es en esta sección, la del conocimiento y descubrimiento, cuando la película deja claro que el terror no es el centro de atención, ni tan siquiera el género dominante, pues por ejemplo la deformidad de Igor es presentado como un elemento de fácil curación y así no convertirla en el icono de servidumbre y pieza selecta en la constante galería de elementos relacionados o asociados con el panorama referente a Frankenstein. De ahí que todo suceda en una casa señorial y no en un castillo lúgubre. De ahí que las investigaciones estén expuestas de una forma casi documental y no como un episodio de serie B de telarañas, candelabros y falsas paredes.

Lógicamente si una película es presentada como perteneciente al género de terror, o si acaso de un horror blando sin apenas escenas de sangre y violencia, lo razonable sería que tuviésemos pequeños episodios de suspense repartidos a lo largo de todo el metraje pero aquí lo único que suscita algo parecido a miedo de nuevo cuño es el momento donde el doctor logra dar vida a un simio para demostrar su valía, su potencial y sus dotes en el campo de la medicina. Pero es un episodio tan escueto, tan rápido y tan mal narrado que apenas un susto de gato logra esbozar un sobresalto. Todo lo demás es carne de movimientos de cámara mal ejecutados, poco atractivos y desde luego mal acabados. Y aunque los efectos visuales logran transmitir algo de sensación malsana por lo putrefacto de la propuesta no sirven como sustituto del terror que hubiese venido muy bien. Porque hasta llegar a la parte final, esa donde aparecerá en todo su esplendor el monstruo, no hay nada que mantenga el interés, que sepa jugar con el ejercicio y desde luego acaba por resultar un filme poco agradecido y poco llamativo. De ahí que como película de terror tampoco funciona […]

[…]Visualmente luce muy bien, superando con creces lo exigible pero está claro que el guión de Max Landis flojea irremediablemente en casi todos los aspectos. Landis lleva siendo uno de los guionistas más reclamados y aclamados de los últimos años y ha conseguido algunos trabajos muy logrados que han demostrado que tiene cierta madera para concebir libretos que contienen lo que una película necesita. En cambio el guión de esta película navega por un mar de irregularidades muy difíciles de sortear. Porque contiene lo mejor y lo peor al respecto demostrando así que no todas las ideas son buenas por ser una película de corte fantástico. Y siendo sinceros de lo mejor hay poco reseñable más allá de puntos muy concretos.

Si nos ponemos rigurosos la película puede llegar a contener varios aciertos como el trato respetuoso y casi heroico que se le da al personaje de Igor (aunque quizás tan naif que resulta chocante e incluso confuso), intenta alejarse del terror sin ton ni son al carecer por completo de escenas cruentas pero por otro lado no le da al monstruo el trato apropiado y si se lo da lo hace de forma tan rápida y tan tarde que todo el tinglado se acaba diluyendo sin acabar de comprender bien todo lo que el guionista quería contarnos. La lucha de la ciencia contra la religión está ahí y podría decirse que es uno de los leitmotiv esenciales pero tanto guionista como director no rematan la jugada sino que es una pincelada tras otra sin llegar a ahondar en la materia lo suficiente como para utilizarlo como piedra de toque o como fundamento básico. Ampliando un poco más este aspecto. Una de las razones por las que el doctor Frankenstein es perseguido es por el enfoque científico transgresor de sus estudios e investigaciones provocando el dilema moral y religioso pues sus exposiciones son consideradas casi blasfemias. Pero no hay una confrontación directa ni entre la religión y la ciencia ni entre los personajes implicados, tan sólo pequeñas frases y pequeños atisbos que no dan mayor juego al tema. Otro de los asuntos que trata es descubrir como una de las razones por las cuales se intenta resucitar a los muertos es por un episodio dramático del personaje interpretado por McAvoy pero llegados al clímax todo se acaba tornando en un galimatías de tomo y lomo […].

Por último pero desde luego no menos importante hay que hacer mención a lo que sirve como reclamo oculto o menos enfatizado en el tráiler pero sí algo que viene anclado al apellido en sí: el monstruo, el ser inyectado de vida a través de la muerte. Se ha decidido, por extraño que parezca, recurrir a efectos artesanales para plasmar a la criatura materializándola en un maquillaje adecuado. Incluso puede verse esa intención de no querer recurrir al manido CGI abusando de infografía que quizás acabe en el olvido por el exceso visual. Pero tristemente tenemos un pequeño gran problema al respecto. Su aparición no sólo llega muy tarde sino que además es extremadamente tosca, sin nada original que entregar al espectador. Tan sólo es un mero objeto para una pelea entre el doctor, su ayudante y el monstruo […].

Eso conlleva que, si hasta ese momento toda la película nadaba en un mar de auto complacencia poco atractiva y sin arriesgar en ningún aspecto de sus intenciones al no llevar a buen puerto ninguno de los géneros que tocaba, cuando llegamos a la parte final, al clímax donde las cartas están sobre la mesa, “Victor Frankenstein” se torna un producto que desea llegar al final sea como fuere, sin plantearse previamente cómo organizar o orquestar el propio producto para resultar coherente en su conjunto […]. Esto acaba con la convicción de que estamos ante una película que no funciona como monster movie pues es pobre en ese aspecto, no funciona como película de aventuras pues las que hay son muy pocas y mal llevadas, ni por asomo da el pego como drama pues el que nos cuenta y el que encierra el personaje de Victor Frankenstein es más un esbozo o una pincelada para que el espectador se compadezca de él pero no llega a profundizar al respecto sino que se queda en la superficie y desde luego como cine de suspense es más bien blando, con apenas un par de sustos de gato mal llevados y sin nada que lo convierta en algo destacable. Tristemente prometía ser algo distinto, algo serio y en cierto modo riguroso aún siendo pura fantasía victoriana. Pero se queda a medio gas en todo aspecto sin llegar a ofrecer nada que la salve del tedio y del aburrimiento. Es un espectáculo desinflado tirando a malo para su propia desgracia.

Por Patxi Álvarez