18º Azkena Rock Festival / Wilco + The Cult + …: Sonando fácil y trabajando duro

Billy Duffy e Ian Astbury de The Cult (foto: Facebook The Cult).

CAL: ** / *

Sábado 22 de junio de 2019, Vitoria, Mendizabala, puertas 17 h, 65 €, bono dos días 120 €.

 

11 conciertos pude ver durante la segunda jornada del 18 ARF y el mejor lo dieron Wilco, combinando purismos que chocan con su vitola de modernidad. The Cult molaron en el bis y el resto de la plancha fue un quiero y no puedo en su mayoría.

Me quedé con la sensación de estar en el peor ARF de las 18 ediciones.

Asistencia oficial: 19.000 almas.

 

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Balance: El peor Azkena Rock Festival

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El 18º Azkena Rock Festival artísticamente ha resultado descompensado y ha basado su éxito en los cuatro cabezas de cartel, que también han generado diversidad de opiniones en función de los gustos de cada cual. Sin duda ha sido el peor ARF en sus 18 ediciones (empero, yo iría incluso pagando), y es que han fallado los nombres medianos que nutrían el grueso de las planchas de viernes y sábado: una Neko Case demasiado etérea, unos Tesla en exceso autocaricatos, unos Corrosion Of Conformity a los que les falló la pegada del volumen necesario en el escenario tres, unos The Living End más aptos para un recinto hostelero que para un gran festival, unos Lucero que tocaron sin conjuntarse y hasta alguno de ellos beodo, unos Mt. Joy desubicados debido a su estilo indie pop, y hasta un Phil Anselmo al que no pude ver repasando a Pantera pero me dijeron que bah…  De los grupos medianos me convencieron Tropical Fuck Storm el viernes y Gang Of Four el sábado. Y me quedé con ganas de ver a Los Torontos en la calurosa carpa, que la liaron.

En general lo mejor del ARF se ha vivido en la Virgen Blanca durante los dos mediodías, sobre todo el sábado, con la intervención apoteósica de Danny & The Champions Of The World, tan rebosante de romanticismo y poderío melódico que muchos piden ya su inclusión en el escenario principal para 2020. Ojalá. Fue uno de los mejores conciertos del año y así lo contamos en el blog. También se cuentan maravillas de la carpa tipo salón del oeste llamada Trashville, lo malo es que muchos grupos de ahí se solapan con los principales y tal local suele congestionarse hasta convertirse en un horno sudoroso.

Los cuatro cabezas de cartel sí han cumplido. El viernes, los rockabillies The Stray Cats, en la gira de su 40º Aniversario, suscitaron el interés de una masa superior a la esperada en el arranque de su gira de 40º Aniversario, y The B-52’s, en su tour del agur, en su gira de despedida, recuperaron sus éxitos con un sonido a lo Talking Heads y un bajo demasiado alto, aunque ellos tres tan kitschs como siempre y ajenos a la nostalgia. Y el sábado, Wilco consiguieron sonar de cine, igual que en un disco, con un repertorio al que muchos espectadores consideraron impropio de un festival, por tranquilo y relajado, y después The Cult alearon hard rock y rollo gótico embelesando a la masa predispuesta y dando la campanada sobre todo en el bis. Los dos cabezas del jueves ya han actuado tres veces en el ARF, según las cuentas del cantante de los Cult y el teclista de los Wilco.

Y sobre los datos de asistencia oficiales, al margen de que parezcan cifras engordadas, extraña que acudieran 17.000 personas el viernes y 19.000 el sábado, cuando se notaba mucho menos movimiento en Mendizabala. Pero bueno, sé de gente que había comprado bono y solo acudió el viernes (Óscar Esteban) y de bastantes que apenas pisaron Mendizabala (el amigo Tsustas se montaba fiestas en una autocaravana y los amigos de Pato se desperdigaban por ahí a veces intoxicados: Rambín, Compain, Farris, Txamba…)

 

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Wilco, como oírlos en casa

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El grupo de Jeff Tweedy sonó de cine e hizo fácil lo difícil en un concierto creciente

que convenció a todo el mundo, no solo a los fans

 

El barbado Jeff Tweedy, líder de Wilco (foto: ARF).

El viernes, en el 18 Azkena Rock Festival, se consiguió librar el listón gracias a los dos cabezas de cartel: Los Stray Cats, en forma en su primer concierto de la gira de los 40 años, y los B-52’s, que con un sonido muy funky y siempre desenfadados recalaron en la gira de su despedida. El sábado, los grupos fuera del prime time a priori resultaban menos interesantes que la víspera, o sea que el ARF debería sostenerse en los digamos tres cabezas de cartel, dos metaleros como The Cult y Phil Anselmo repasando a Pantera, más el presunto gran cabeza de cartel de la jornada, Wilco (CAL: **), el primer nombre que se reveló en 2018 para que arrastrara la venta de abonos (ya saben que para 2020 están contratados y anunciados Social Distortion y Fu Manchu), unos Wilco de encanto dudoso en territorio azkenero. De hecho, atrajeron mucho menos público que los Stray cats. También ayuda a eso que Wilco, como nos dijo el teclista, hayan estado tres veces actuando en el Azkena Rock Festival (yo no me acuerdo, pero quizá cuente como una su actuación en la sala vitoriana, con sold out).

Y es que, aunque están bien los grupos de rock aseados, afeitados y que no apelen constantemente a los bajos instintos (y no lo decimos por la estética desastrada del líder Jeff Tweedy), quizá su propuesta musical resultara demasiado intelectual o requiriera demasiada concentración para un sábado noche. Esto dejando aparte su dudoso tirón: recordemos que en 2012 actuaron en el palacio Euskalduna de Bilbao a 112 euros la entrada más cara, y no llegaron a medio aforo, quedándose en un millar de espectadores (así lo contamos). Menos mal que en el Azkena Rock Festival el precio es más barato (si no contamos los hoteles, claro) y hay muchos más grupos.

Liderados y ya personificados por su cantante Jeff Tweedy, Wilco (Chicago, Illinois, 1994; por cierto, estaba sin afeitar y con sobrepeso y cuerpo cansado) ya actuaron también en Vitoria levantando pasiones en la Sala Azkena hace al menos doce años. Estaban en la cima, generaban aún más pasiones y llenaron un local que se quedó pequeño. Ahora funcionan al albur de Tweedy y de sus antojos de girar en solitario o bajo el nombre de Wilco, formación en la que solo permanece de los originales el bajista John Stirratt. Y en el ARF actuaron en sexteto y elaboraron 20 canciones en 95 minutos crecientes en todos los sentidos.

Sí, con la luz solar por eso de salir a las 10 menos cuarto (bueno, en realidad un minuto antes de la hora prevista), Wilco comenzaron oficiando como desubicados, a causa de la introspección de su cancionero, lleno de arreglos, de concesiones a los coros hippies. Pero a pesar de los prejuicios y los temores, Tweedy encadenó un repertorio variado que fue a más en cada canción, en el propio listado y respecto al ambiente de la velada: cuando cayó la noche y los focos hicieron efecto, la cita creció más y llegó a arropar no solo a los fans que les jaleaban desde el principio. Si lo comparamos con el concierto similar que en el ARF de 2018 dio Van Morrison, deberíamos confrontar la decepción frente al León de Belfast y el reconocimiento respecto a los americanos. 

Wilco repasaron el cancionero americano como unos nuevos The Band. Empezaron con country que se tornaba psicodélico, lograron los coros de la masa (la bastante hippie ‘I am trying to break your heart’; «muy nostálgico y muy de festival», observó Rambín)), conectaron con sus viejos rivales Jayhawks o con Fleetwood Mac (‘War on war’)… «Lleva una bandaza y hace que suene todo fácil y con gusto», elogió Rambín: «Mira, hay tres guitarras: Jeff hace acordes, ese otro más acordes pero mejor, y el de la izquierda los arreglos solistas». Por cierto, Jeff Tweedy no pareció usar teleprompter, eso que sus repertorios son largos y suelen cambiar a menudo de canciones.

La cosa se oyó de cine, como escuchar un disco en casa: desde los tintineos de los teclados hasta los detalles del bajo. Y Tweedy, a pesar de su halo de modernidad, se movió por palos canónicos, por estilos clásicos: a lo Beatles sinfónicos (‘Misunderstood’ -«temazo de los temazos» subrayó Compain al reconocerlo en sus primeros compases-, ‘Hummingbird’), destilando lisergia matemática a lo Television, asimilando a Big Star, pasando por el country cósmico de slides alt co (‘California stars’), por el country gospel, por el soul de los 70s más sedoso (‘Jesus etc’), por el rock velveniano (‘Im always in love’), por más pop psicodélico (‘Heavy metal drummer’), por el rollo T-Rex… Todo en capítulos estancos, de artesanos talentosos. Aún me extraña que ante Wilco hubiera menos gente que en los Stray Cats. «Es que ya no me interesa lo que hacen», alegó Tsustas, uno de sus fans de antaño. Yo no entiendo nada.

ÓSCAR CUBILLO

 

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Trabajando duro tras la media noche

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Con un Ian Astbury que se echó el concierto a sus espaldas, The Cult cumplieron con su papel de cabezas de cartel

al repasar su LP ‘Sonic Temple’ ante una masa entregada

 

Ian Astbury, el gran jefe de los Cult (foto: ARF).

Se supone que los cabezas de cartel del sábado en el 18 Azkena Rock Festival eran Wilco, pero por cantidad de público congregado, apreturas entre la masa y respuesta del gentío, The Cult (CAL: *) se llevaron el gato al agua pasada la medianoche en el escenario principal, lo cual no significa que dieran un mejor concierto que los yanquis que les precedieron sobre el mismo escenario principal, el God.

The Cult era un grupo inglés de rock gótico que devino en mito metálico gracias a dos álbumes genéricos y muy acedecescos, ‘Electric’ (87; álbum que recrearon en el ARF 2017, treinta años después) y ‘Sonic temple’ (89), y ya han actuado varias veces en el ARF, dejando siempre buena impresión con sus bolos crecientes. «Esta es nuestra tercera vez», informó al final su cantante Ian Astbury, que se echó el concierto a sus espaldas y lo llevó hasta las alturas según entraba en calor, entonaba la garganta y sudaba las toxinas mientras bailaba y no dejaba de agitar la pandereta (hasta cuatro arrojó al público, tres en la última canción) y se ajustaba cada dos por tres las gafas oscuras, que se le deslizaban por el movimiento y el sudor, claro.

The Cult tripitían en el Azkena en la gira de 30 aniversario del otros de estos dos LPs filometaleros, ‘Sonic temple’ (89), su cuarto álbum, que alcanzó el disco de platino en 1993. La de Vitoria era la primera fecha europea y atención al cotilleo: El grupo viajaba en primera clase desde California vía Madrid. Al aterrizar en la capital, en vez de abandonar la nave los de primera clase antes que nadie, todo el pasaje salió apelotonado, sin respetar las categorías, y observó Billy Duffy, el guitarrista y colíder: «Esto parece Japón».

The Cult oficiaron en quinteto con un teclista de apoyo e Ian apechugó con la responsabilidad principal del frontman mientras su colega Billy le surtía de riffs roqueros secos y de ambientes góticos. Como siempre también, al concierto de 17 temas en 87 minutos le costó despegar por los ajustes de sonido, que al principio parecía irregular y sofocado, y que no dio de sí del todo hasta llegar al bis triple. ‘Sun king’ sonó flojo y mal ecualizado, ‘New York City’ les quedó apelmazada, ‘Automatic blues’ llegó demasiado mortecina para que alcanzara su plenitud…

Billy Duffy, colíder de The Cult, un hacha muy limitado (foto: ARF).

Sin embargo, la gente estaba muy predispuesta y coreaba a la mínima. La banda alternaba el rock duro con lo gótico (flojo ‘American horse’) y seguimos sin alcanzar y mucho menos romper el techo de cristal en la solemne y de aura orquestal ‘Edie (Ciao baby)’, aunque, claro, los ingleses acertaban mediante fogonazos como ‘Fire baby’ que prendían de excitación a la afición. The Cult abundaban en las ambientaciones (‘American gothic’) y alcanzaban la comunión con el respetable (‘Spirit walker’), Ian pedía palmas y se le respondía brazos en alto (‘She sells sanctuary’), y el show se acabó sin terminar de resolverse la papeleta, sin llegar a cotas similares a las de las tantas veces que les hemos visto antes, en festivales (también el BBK Live) y salas.

Pero quedaba el bis, triple, que fue cuando el volumen subió un escalón y el impacto se multiplicó. ‘Wild flower’ se elevó sobre el gran riff sesgado de la guitarra de Duffy, ‘The rain’ puso a cantar contento al paisanaje y encima coló pasajes muy U2, y se cerró el bolo con un apoteósico y coreado ‘Love removal machine’ (baby, baby, baby…) antes del cual dijo Ian: «We love España. Estamos trabajando duro». Ya, sobre todo él. Acabó el concierto dejando buen sabor de boca (The Cult nos volvieron a embelesar) y Billy Duffy, que es muy futbolero, se puso a jalear: «Oe, oe, oe, Ian Atbury, ian Astbury», en señal de reconocimiento a su socio, para que nos diéramos todos cuenta de la situación.

ÓSCAR CUBILLO

 

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Pasando la tarde en Mendizabala

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Tesla, esperados por muchos, convencieron a los suyos (foto: Piru Lamiako).

Si bien el viernes por la tarde no se cumplieron del todo las expectativas en el 18 ARF, de la plancha vespertina sabatina ya preveíamos antes de ir que el nivel de los grupos pequeños y medianos no era para echar cohetes. O sea que de antemano descarté la decepción y me lancé a los escenarios con intención de ser sorprendido… para bien. El getxotarra Garbayo, en el escenario Love, el tercero en importancia, reunió a muchos getxotarras entre el respetable y cumplió con su pop costelliano de letras más esotéricas ahora que es formal y no un bala. También había más getxotarras sobre el escenario: Pit a la guitarra y Alfredo Niharra como pipa de guitarras. Me llamó la atención que llevara su nombre, o sea su apellido, impreso en el bombo de la batería. Como debe ser.

Luego, en el segundo escenario, el Respect, ¡tocaban unos indies! Unos tales Mt. Joy, de Filadelfia, más apropiados para el Bilbao Live o el Bime que para el Azkena. Normal que tuvieran poca peña ante ellos en su primera actuación en España, según destacaron. Como fuera de hora y de lugar, al sol matador, arbitraron un repertorio sin chispa, indie, flotante y miedoso, con algún eco Mumford And Sons en plan coral, para no variar.

Había algo de menos gente a esa hora de la tarde que el viernes en la explanada de Mendizabala, pero se veía a mogollón de niños con los oídos protegidos por auriculares. Hartos del indie me refugié en la carpa Trash A Go-Go, que era un horno. La condensación era tal que te ponías a sudar nada más entrar. Si la víspera se entraba en esa carpa para entrar en calor, esta vez fue un esfuerzo atender a The Courettes, un danés a la batería y una brasileña a la guitarra que, en plan White Stripes más garajeros, incitaron y movieron a su antojo al personal. «Hace calor como en Brasil aquí, hot», dijo la chica en castellano. Buf, jo que sí.

Entre la afición de Mendizabala y en Vitoria ciudad se habían visto ese sábado numerosas camisetas de Tesla, cinco metaleros californianos con 35 años de carrera que descargaban en el escenario principal, el God. «El cantante está igual que hace 40 años», dijo un fan entusiasmado con su sleaze rock casi caricaturesco, muy en la estela de Guns N Roses, con dos guitarras exhibicionistas e incansables, un cantante con voz cascada y forzada, muchas púas lanzadas al público encantado, y un sonido a chicharra que desmereció el esfuerzo.

Neko Case, la enésima decepción del 18º ARF (foto: Piru Lamiako).

Como al de pocas canciones ya te sabías la película de Tesla, me trasladé al tercer escenario a ver a los Meat Puppets de Seattle, que llevan 40 años en el rollo con su punk progresivo y han sacado un disco muy chulo titulado ‘Dusty notes’. Como cambiaban tanto de estilo durante su actuación, su propuesta en quinteto era interesante: les oí hacer hardcore progresivo, cow punk a lo Mojo Nixon, folk algo hindú…

Después los metaleros Corrosion Of Conformity me dejaron frío por mor de la escasa pegada sónica del escenario tercero, y el actuar a la luz de la tarde no les benefició en absoluto. Neko Case me cayó mal por su infantil pantalón de esqueleto y me decepcionó con su propuesta en cuarteto acústico, etéreo, pedante y lenta, muy difícil de destacar en un festival al aire libre, a pleno sol y en un escenario tan grande. Y ya por la noche pude ver a Gang Of Four, que sonaron a volumen potente y muy creíbles con el post-punk pionero del que es responsable su líder y guitarrista, Andy Gill. Quise pasar a ver un poco de Morgan, pero no hubo quorum con los amigotes de Pato.

ÓSCAR CUBILLO

Los metaleros Corrosion Of Conformity, con mucha luz y poco volumen (foto: ARF).

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Author: bilbaoenvivo

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