Ágil y divertido film realizado por Doug Liman y guionizado por Gay Spinelli, aunque con el paso de los minutos termina estancándose y redundando, pero sabiendo explotar la vena cómica del protagonista Tom Cruise, obra que pasa por un particular filtro de entusiasta alegría el Sueño Americano, en ello con claros efluvios a la scorsesiana “El Lobo de Wall St.” (2013), en la que era un corrupto broker de bolsa el que glosaba este sueño (toma prestada el protagonista la técnica humorística de “romper la cuarta pared”, ello a través de una serie de videos grabados en el futuro en los que va explicando sus avatares, incluso se acompañan estos videos de unos amenos mapas explicativos), a la que siguió en estilo “Juego de armas” (2016), donde eran unos traficantes de armas los que se enriquecían groseramente con chanchullos,aquí es un piloto de avión el que vive su particular ascensión a la riqueza rápida, siendo la edición fundamental para mostrar el frenesí constante,también recuerda a “Scarface” (1983) en lo de que el protagonista llega un momento en que tiene tanto dinero que no tiene lugar físico donde guardarlo.

Treinta y un años después de meterse en el uniforme del icónico piloto de la Marina USA Maverick en “Top Gun” (1986), con el que Cruise (junto al realizador Tony Scott) creó un enorme aparato de propaganda que hizo miles de jóvenes se enrolaran se alistaran en el ejército yanqui (ponían oficinas de reclutamiento a la puerta de los cines), pues aquí, enmarcando su historia en la también era Reagan, vuelve a surcar los cielos en la piel de un personaje que puede ser una continuación de este con más edad, pero más ajado por la realidad, encarna a Barry Seal, personaje real, con el que se hace lo contrario, airea con mala leche y sentido del humor la retahíla de trapicheos que realizaba el gobierno de los Estados Unidos en los ochenta, Nicaragua, Colombia, Guatemala, tráfico de armas, de droga… y un avispado piloto que ve una manera de forrarse vertiginosa y (relativamente segura), si Maverick pilotaba mejor que nadie un F14, Barry Seal con su rápida avioneta era capaz de burlar a toda la fuerza aérea norteamericana.

Relato que repasa con mordacidad un trozo importante de historia USA, lo hace con ironía, y mucho sentido del humor negro satírico, tratando entre otros temas el escándalo Irán-Contras, donde como curiosidad Arthur L. Liman, padre del director, fue el principal abogado de la investigación del Senado en el asunto y, según las notas de prensa de la película, interrogó al coronel Oliver North (lo encarna en el film Robert Farrior) durante las audiencias públicas. Es una clásica fábula sobre la codicia del capitalismo, sobre el ascenso, auge y caída, donde carga contra la hipocresía del Imperio USA, capaz de retorcer sus (demagogos) ideales por unos objetivos torticeros.

La vida de Barry Seal es fascinante y compleja, y se podría haber optado por hacer un drama profundo, pero el realizador opta por hacer una comedia ligera que resta intensidad y se toma superficialmente los hechos, cual aventura despreocupada, cuando en realidad era un oportunista tóxico que se relacionaba con lo peor de la especie humana, y aprovechándose de las drogas y del tráfico de armas.

Liman imprime ritmo trepidante gracias a una de sus marcas habituales como es una labor de edición arrolladora, con cambios constantes de escenarios (Arkansas, Colombia, Panamá, Nicaragua, Washington,…), con persistentes elipsis, confrontando con personajes iconos de nuestra cultura popular ochentera (Jimmy Carter, Ronald Reagan, Nancy Reagan, Pablo Escobar, Oliver North, Manuel Noriega, Jorge Ochoa, …)con inclusión de imágenes de archivo para reforzar la sensación verité, donde la información nos llega en torrente, sin apenas tiempo para procesarla, quizás con la intención de no verle las enormes costuras que se deshilachan por su nula hondura, esto deriva en falta de intensidad (nunca, ni frente a los poderosos capos de la droga, sientes en peligro a Barry, se lo toma todo como una aventura), pero potencia su humor, hace que llegue a una mayor gama de público, en detrimento de entrar con bisturí en la verdadera personalidad de este controvertido protagonista.

Ello con un enfoque ambiguo sobre el Sueño Americano a través del delito, enmascarado de (torticero) patriotismo. Una superficial sátira sobre unos convulsos tiempos donde la era Reagan mezcló en un totum revolutum inquietante, Guerra contra las drogas, Tráfico ilegal internacional de armas orquestado por la CIA, Lucha contra el comunismo, e incluso enfrentamiento al “Imperio del Mal de Irán”, una radiografía demasiado trivial de una era y un entorno geosocial emponzoñado de intereses tóxicos, la historia oculta (real politik) de una nación que predicaba con algo que en la trastienda pervertía, siendo epítome de estas maquinaciones el personaje (ficticio, mezcla de varios) encarnado por Donhnall Gleason del burócrata de la CIA que trabaja en un cubículo, y que desde allí pergeña estrafalarios planes en las cloacas de los estados.

Y todo narrado en un estilo cuasi-paródico-distendido, todo aséptico, sin verse las consecuencias reales de estas tropelías, sin dilemas morales, lo jocoso prima por encima de lo profundo, confundiéndose por mor de las licencias dramáticas (o sea, cómicas) las “hazañas” reales, con lo impostado y falso (los encuentros festivos con los capos colombianos, su aterrizaje forzoso [divertidísimo] en una urbanización,…). Todo lineal, sin apenas sobresaltos en su devenir, un esbozo sarcástico, narrado con nervio, pero sin entrar en la complejidad que se haya tras lo narrado.

Barry Seal encarnado con carisma y espíritu individualista por un excelente Tom Cruise, amo y señor de la pantalla, es enfocado sin entrar en su psicología, lo vemos como un aventurero aburrido de trabajar de piloto de vuelos comerciales que decide embarcarse en una odisea en vuelos proscritos por el continente americano,…

… el actor le otorga carácter solaz, pero no hay matices, no hay intención que nos afecte (por lo menos a mí) lo que le ocurre, lo vemos como un triunfador al que nada le afecta lo que pasa alrededor, esto gracias a un guión que ha edulcorado su personalidad, a favor de que le veamos como un pícaro oportunista que como el brazo ejecutor de tantos males, tan suavizada y trivializado su rol que cuando al final llega la catarsis (supuestamente) emocional no me provoca sentimiento alguno, impacta al que desconozca lo que le pasó al protagonista, pero no me toca la fibra sensible, en este aspecto falta que le hubieran marcado con alguna dimensión dramática, de lo que carece Barry.

Destacar que Cruise pilota realmente las avionetas que vemos en pantalla, ya que el actor posee el título de piloto; Tampoco en el apartado íntimo-familiar se gana mucho, hay un mínimo conflicto al inicio con su esposa, pero en cuanto el dinero entra cual inundación la mujer se dedica a disfrutar de la bon vivant; se nos incrusta una innecesaria subtrama con el cuñado (paleto), un Caleb Landry Jones pasado de vueltas, que no aporta elemento alguno, con un comportamiento tan arcaico y estúpido que no se sabe que pinta allí, chirría más que Robocop recién despertado, desapareciendo de la película como si nada, un pegote; Esto se enlaza con el desaprovechamiento de los secundarios muletas sin alma que se mueven alrededor de Barry, desde su ya mencionada esposa, sus compañeros de “aventuras”, meros comparsas sin alma, y es que no vemos que realmente Barry tenga amigos que perfilen la personalidad del protagonista demasiado liviano. Siendo sangrante el aporte de un Jesse Plemons (aunque lo parezca, no es el hermano de Matt Damon), en un papel que parece acortado en la mesa de montaje, pues tiene momentos que parece tendrá peso en la trama, pero solo es un bluff.

El único que intenta romper esto es Domhaall Gleeson con su rolde agente de la CIA Monty Shafer, pero solo consigue en cuentagotas, siendo un error con todo el potencial que posee, casi da para un spin-off.

La puesta en escena resulta lo dinámica que Liman acostumbra (como ya he mencionado), con una buena ambientación del tiempo, con escenarios realistas, con un buen diseño de producción de Dan Weil (“The Bourne Identity”), con escenarios cambiantes, en sus mobiliarios, autos, en su vestuario de Kym Barrett (“Matrix”) y donde la fotografía de César Charlone (“Ciudad de Dios”), aportando en sus filtros sensación (envejeciendo los fotogramas) de estar ante imágenes de los 70 y 80, ello con una cámara juguetona, moviéndose repentinamente, con zooms enfáticos, con escrutadores primeros planos, con subjetivos, contrapicados; esto en miscelánea con el montaje de Andrew Mondshein (“El sexto sentido”), endiabladamente adrenalítica, un huracán veloz que hace que los momentos valle se pasen mejor, con un notable manejo de las elipsis; como estimables son las escenas de acción, mayormente las de vuelos, de gran realismo, como ya he mencionado con Cruise a los mandos, pilotó en la película el Aerostar 600 y un Cessna 414 con el propio Liman de co-piloto; La música es de Christophe Beck (“Frozen”), amoldándose al ritmo fulgurante y desenfadado de la cinta, añadiéndose temas de…..

Como agujeros o lagunas argumentales me queda inverosímil que la CIA le contrate y no supervise lo que hace, convirtiéndose en traficante ante sus narices, incluso llevando armas a países distintos de los que se le encomendó, y nos quieren hacer ver que todo esto lo hizo con total libertad, durante tanto tiempo, la historia real no puede ser tan de versión infantiloide, faltan muchas zonas al margen que den más luz y que el guión ha pulido en pos de su comedia.

En conjunto, una cinta con altibajos, con agujeros narrativos, pero con un ritmo y humor estimable que en sus mejores momentos la hacen recomendable.

Patxi Álvarez