Brawl in Cell Block 99: Liberando a la bestia

Brawl in Cell Block Liberando a la bestia . Impactante segunda dirección (también guioniza) de S. Craig Zahler, tras la, para mi, sobrevalorada “Bone Tomahawk”, aunque en su ópera prima deja algunas marcas que repite aquí.

La crudeza gore que aquí atomiza en momentos de puro pulp comicquero, y es que el realizador se deleita en una explícita violencia que no recordaba desde la gala “Irreversible” (2002) de Gaspar Noé, con primeros planos desgarradores de desmembramientos, roturas de huesos, lijamientos de rostros contra el suelo, aplastamientos de cráneos, decapitaciones, explosiones de cabezas, todo un deleite para los aficionados al mencionado gore, pero por el contrario a los aprensivos y escrupulosos mejor no verla.

Y todo esto salpicado de un humor negro desengrasante muy de agradecer, pues hace que parezca no se toman en serio lo que nos cuentan.

Tiene en su protagonista a un enorme baluarte, un Vince Vaughn excelente, en probablemente su mejor actuación hasta la fecha, muy bueno su arco de desarrollo, una especie de bomba de relojería haciendo tic-tac, hasta que explota y entonces es como una presa que revienta dejando todo su caudal (de salvajismo atávico) desparramarse por la pantalla.

En el lado de los peros está su tremendo desequilibrio entre todo lo que sucede con el protagonista cuando está en la calle, confuso, artificioso, con muchas lagunas argumentales, con elipsis mal colocadas, con una fluidez que se atasca en situaciones chirriantes, esto se acentúa por un metraje excesivo, que provoca el tedio en esta primera parte por además su ritmo lento rallando lo espeso, lo bueno es que si esperas a ser “encarcelado” con Bradley te montaras en el tren del terror que circula por el Valle del Horror en un increscendo bestial.

No es la típica historia de supervivencia, trata de lo que estás dispuesto a hacer por las personas que amas, lo que eres capaz de sacrificar por proteger aquello que más quieres.

La película en su primera mitad compone la personalidad del protagonista, lo hace a fuego lento, lo vemos estoico, rudo, con problemas con su mujer, con violencia interior latente que deja aflorar en la destrucción del coche, lo vemos muy patriota con su bandera de la barras y estrella en la puerta de su casa, lo vemos leal a su jefe, amoroso con su esposa hasta perdonar lo imperdonable, lo cual hace que empaticemos con este Bradley de códigos morales rígidos, pero toda esta subtrama pre-cárcel me es monótona, trivial, nada original, esto lastra la cinta hasta extremos pesarosos.

Todo cambia cuando ingresa en prisión, sobre todo tras la aparición (estelar) de Eleazar encarnado de modo siniestro por un gran Udo Kier, aquí el argumento se retuerce modo Avernal con el chantaje a Bradley para que mate a un preso de otra penitenciaría (de extrema seguridad)o el bebé que espera su mujer, tremenda imaginación.

Con esto es como si la Caja de Pandora se hubiera abierto, y entonces lo que antes era ramplón y plano comienza un recorrido trepidante de descenso a los infiernos, donde a cada tramo se convierte en una pantalla a superar en la entrada al Averno de Dante, una espiral de brutalidad que a medida que lo acerca su objetivo lo aleja más de ser un humano, un tornado de violencia que barre con todo lo que se le acerca, una travesía que lleva al protagonista a saltar de una celda más deprimente a otra más asquerosa, de una prisión a otra, una odisea darwinista donde Bradley parece estar encima de esta pirámide de supervivencia (o no), destrozando huesos, cabezas, aplastando, matando, y ello en inquietantes primeros planos, ayudado por prótesis y maquillajes en algún momento hiperrealistas, apareciendo en una escena uno de los más imaginativos a la par que escalofriantes modos de matar que se haya visto en pantalla desde por lo menos “American History X”, no hace falta que diga ni el de uno ni el de otros.

Violencia filmada de modo claro, sin apenas cortes, en planos abiertas, sin ediciones epilépticas, haciéndonos sentir el dolor por lo bien que están rodadas las luchas, con coreografías vigorosas y realistas creadas por el coordinador de especialistas Drew Leary (“Banshee” o “Daredevil”), nada de artes marciales que cuasi-desafían la gravedad, estas transpiran verdad, muy físicas. Esto atomizado por los punzantes efectos visuales coordinados por Tim Rossiter (“The wrestler”, otro film de crudeza física-violenta), esto en miscelánea con la mezcla de sonido de Craig Kyllonen (“Barry Seal”), que hace los golpes roturas nos lleguen y sintamos como casi nuestros.

Punto aparte merece el tramo de la prisión de máxima seguridad de Redfield, una especie de fortaleza medieval compuesta por mazmorras mugrientas, pestilentes, con los retretes rebosantes, se asemeja a una pesadilla donde cualquier lugar que se ve parece imaginado para la tortura, hay un nivel aún peor con celdas con el suelo de cristales rotos, y por si fuera poco aquí son ataviados con un cinturón que provoca calambres eléctricos derivados del mando a distancia que maneja el jefe de guardias.

Estos guardias visten como especie de pseudo. Nazis de las SS, todo de negro, el alcaide es un siniestro Tuggs, con bigote y puro en la boca y haciendo temblar con sus métodos de control penitenciario. Este alcaide es encarnado por un estupendo Don Johnson (el eterno Sonny Crockett de “Miami Vice”), vestido de negro elegante, con una imagen pulp, el actor en sus cortas apariciones infunde temor con un cinismo turbador, notable.

Vince Vaughn como Bradley Thomas está colosal, de físico imponente, con ese toque perturbador de la cruz tatuada en su cabeza rapada y que tanto partido saca la cámara, cual alegoría de la cruz que soporta, un enorme hombre cual Golem nunca se tuerce, siempre hacia adelante, sabe dotar de carácter a su pétreo rol, emite ser un tipo siempre al borde de estallar, de mirada que deja traslucir fragilidad en lo que ama, un anti-héroe con personalidad; Jennifer Carpenter (la eterna Debra de la serie “Dexter”) como la sufridora esposa, demuestra dos cosas, que es guapa, y que aún no es actriz de mérito; El actor germano Udo Kier resulta extraordinario en su papel de sombrío malo malísimo, con mesura, flema, pero con aura de terror, muy bueno, un sádico estremecedor cuando cuenta a Bradley lo que hará al feto de su mujer si no cumple.

Como defectos acuciados están la mencionada primera parte, un armazón echo con papel de fumar, con situaciones que no permiten un mínimo análisis en la estulticia que proyectan. Se suma que siendo extenso el minutaje no se produce una química entre Bradley y su esposa Lauren necesaria para que cuando se abren las puertas del Infierno sintamos el dolor y rabia de él, es todo por imperativo del guión, nos montamos con el protagonista en su tren del terror, “disfrutamos” de su aquelarre gore, pero nunca nos emocionamos con él.

Tiene una destacable puesta en escena, sobresaliendo la parte carcelaria, con diseño de producción de Freddy Waff (“Bone Tomahawk”), rodando en íntegramente en el estado USA de Nueva York (exteriores en Staten Island; y para las penitenciarías de Arthur Kill Correctional Facility y para el tétrico Redleaf en Fort Wadsworth), muy de comic pulp la cárcel de Redleaf, comentada arriba, destacando el modo de filtrarla por la cinematografía de Benji Bakshi (“Bone Tomahawk”), irradiando un cromatismo anaranjado-amarillento macilento, de escasa iluminación, emitiendo ser especie de antesala de la muerte, haciendo sentir al espectador turbiedad, suciedad, feísmo, sensación de asfixia, un clima muy grindhouse (cine de explotation); La música es obra del propio director junto a Jeff Herriott, e interpretada por The O’Jays, Butch Tavares, y Adi Armour, melodías soul vintage que es oída de modo cinegético (en los autos,…), impregnando de un aire atemporal el relato.

Momentos recordables: El Momento, en plena vorágine atávica Bradley pisa la nuca de uno de sus rivales aturdido en el suelo, la aplasta, y no contento con ello restriega el suelo con su rostro cual patinete (puaj!), luego muestra la cara lijada de este con el cráneo al descubierto, una de esas escenas que recuerdas por siempre; Tampoco está mal la decapitación salvaje (se queda corta la palabra) del malo a fuerza de pisadas sobre un váter; Para terminar con el alcaide Stuggs reventando la cabeza de Bradley sobre la cámara, y fundido a negro.

La siguiente cinta de S. Craig Zahler fue en 2018 y llevará por título Dragged Across Concrete, volverá a dirigir a Vince Vaughn, Jennifer Carpenter y a Don Johnson, junto a Mel Gibson.

Aunque irregular, promete este director mucho más de lo que para mí avanzaba su debut con el referido western, deja entrever un director políticamente incorrecto, que es valiente al intentar dar algo novedoso, que si es capaz de pulir sus guiones y quitar los michelines puede dar muchas alegrías a los cinéfilos

Patxi Álvarez