CAOS. Entrevista a Javier Alcázar

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La historia del cómic está llena de grandes nombres que desaparecen en el tiempo y la memoria a pesar de su inmenso talento. El presente a veces nos hace olvidar que en todas las épocas ha habido grandes propuestas que merece la pena recuperar. Es el caso de la obra de Auraleón, un creador esencial en la época de Toutain que, sin embargo, hoy corre el riesgo de no ser conocido por las nuevas generaciones. Javier Alcázar ha creado la editorial Isla de Nabumbu para que el nombre del creador vuelva a estar en nuestras estanterías con una preciosa edición de su trabajo como autor completo. Con él hablamos de Caos y Auraleón.

  ¿Qué es “Caos”?

“Caos” es el título que le hemos dado al libro que recopila las historietas que Rafael Aura León (que firmaba como “Auraleón”) publicó en la revista “1984” a principios de los años ochenta. Se trata de unas historias de ciencia ficción autoconclusivas e independientes aunque con el hilo común de un futuro pesimista. Aunque en su momento esta serie no tuvo una denominación genérica nosotros hemos escogido el título de una de ellas (“Caos”) porque pensamos que define muy bien el tono de la obra.

 

¿Cómo nace la obra?

Todo surge hace varios años, cuando estábamos realizando un número monográfico de Tebeosfera dedicado al horror en el cómic.

En ese momento pudimos investigar sobre varios autores que se dedicaron al tema y uno de ellos era Auraléon. Me llamó la atención la enorme cantidad de trabajo que había desarrollado con una calidad muy alta, y por otra parte el desconocimiento que existía sobre su trayectoria profesional, cuando otros autores de su generación sí habían tenido cierta repercusión. Apenas existía información accesible sobre este autor, y parte de la que existía no era cierta. Hice un extenso artículo biográfico, llegando hasta donde se podía llegar con mis medios, impresionado por lo que iba descubriendo a cada paso. Posteriormente tuve acceso a más publicaciones, a más profesionales, aunque todavía quedan muchas cosas por averiguar. Pensé que Auraleón merecía que su obra fuera conocida hoy día, y de entre todo lo que produjo lo más accesible (y lo que podía representar más al autor, puesto que él era también el autor del guión) era este conjunto de historietas.

¿Por qué empieza la labor de edición por un autor hoy casi desconocido para el público moderno?

Básicamente porque lo considero necesario. En el caso de Auraleón llaman la atención varias cosas: que siempre trabajó para la agencia Selecciones Ilustradas de Toutain, que siempre trabajó sobre guiones ajenos (¡salvo en las historietas de “Caos”!), que siempre hizo historietas en blanco y negro (solo conozco tres ilustraciones a color de este autor, y dos de ellas nunca se han publicado), y que abandonó por completo el mundo artístico cuando dejó el cómic a mediados de los ochenta. También fue el único autor de los reconocidos que no llegó a tener libro recopilatorio de su obra por parte del propio Toutain. Quizás todas estas cuestiones, tan específicas, hayan provocado o potenciado su olvido.

 

La familia del autor participa en el libro.

Durante el proceso de promoción, a través de un editor amigo, conseguimos contactar con la sobrina del autor, que nos cedió la maravillosa ilustración que hemos utilizado para las cubiertas, y que nos ha dado todo el apoyo moral cuando ha conocido la labor que estamos realizando. Pero estos familiares no tienen material relacionado con la historieta, los originales se han perdido o, en el caso de las historietas realizadas para la editorial Warren, están en manos de coleccionistas.

A través de la obra de Carlos Giménez podemos rastrear el contexto en el que se desarrolló el trabajo de Auraleón, empezando por “Los profesionales” en el que se muestra el ambiente en el que se desarrolló el trabajo de la agencia Selecciones Ilustradas, hasta “Pepé” en el que vemos la participación de algunos de los dibujantes más capacitados de la misma en el mercado americano a través de la editorial Warren, en la que Auraleón realizó algunos de sus mejores trabajos.

Esto habría que puntualizarlo. Como detalle curioso del autor, éste fue siempre muy reservado y aunque estaba presente en la agencia desde finales de los sesenta, nunca participó de la camaradería que unía al resto de jóvenes autores. Hizo amistad con Beà, con Manel Domínguez, todos los autores con los que he contactado hablan bien de él, pero no era festivo ni extrovertido como podían ser el resto. Auraleón fue un dibujante de Selecciones Ilustradas, pero no fue el típico dibujante de la agencia.

¿Cómo ha sido el proceso de digitalización de la obra?

Antes de plantear siquiera el formato del libro hablé con Antonio Moreno, que es el que ha realizado la labor de restauración, por si el proyecto fuera factible. No podíamos partir de los originales, que están desaparecidos, y el único material con el que contábamos era el reproducido en las revistas de Toutain. Hay que tener en cuenta que la impresión de estas historietas no siempre tenía la mayor calidad, que el paso del tiempo ha afectado a veces al papel y que el autor usó técnicas mixtas difícilmente reproducibles. Así, no existía un método único y rápido para recuperar la línea de dibujo, los fondos, la rotulación… Se ha tenido que trabajar página a página, viñeta a viñeta, aplicando en cada caso el método más adecuado. Pero el tesón de Antonio y su capacidad de trabajo han dado como resultado unas páginas impresionantes, que sorprenden todavía más si se conoce de donde se han sacado. Estas historietas nunca han sido reproducidas con esta calidad, que además creo que es la que se merecen.

El libro es el primer trabajo que editas con “La isla de Nabumbu”. ¿Cómo nace la editorial?

La editorial nace como necesidad precisamente para recuperar la labor de Auraleón. No quería implicar económicamente a nadie con esta locura, con muy poco margen de recuperación del dinero invertido y un nulo propósito de beneficio, así que no tuve más remedio que crear mi propio sello. No explicaré de donde surge le nombre, pero seguro que a muchos lectores les suena de algo de su infancia.

¿Es un primer paso para continuar recuperando otras obras perdidas de nuestra historia?

El primer objetivo es recuperar la obra de Auraleón, parcial o totalmente, en lo que hemos denominado Proyecto Auraléon. Pero no quiero que la cosa se quede aquí, y por supuesto que me gustaría recuperar la obra de otros autores que han quedado relegados la olvido, o de autores que son reconocidos pero que no encuentran hueco en el difícil mercado de hoy en día. Es más, no limito la labor de la editorial a hacer obras de recuperación; me gustaría publicar proyectos de autores actuales, incluso de autores no consagrados. Pero todo esto depende de la respuesta de los lectores, y de hasta donde llegue mi capacidad para convencer a éstos de que los productos que editamos merecen la pena.

¿Es tu primera experiencia como editor?

Ya había ejercido (y sigo ejerciendo) funciones de editor en la Asociación Cultural Tebeosfera. Allí coordiné el libro sobre Jan (“Jan, el genio humilde”)  y los dos tomos de Cuentos de Din Don  que recopilaban parte de la obra de Jan publicada en Cuba e inédita en España (por cierto, también con restauración de Antonio Moreno). Hasta ahora también he dirigido la edición de los dos libros aparecidos en la colección Bocadillos de Tebeosfera, “La legislación sobre historieta en España” y “Las caras de la guerra”, recientemente publicado.

Cuentas con la colaboración de la Asociación Cultural Tebeosfera para la distribución de la obra.

La Asociación siempre ha estado muy presente dado su interés en la recuperación del patrimonio  historietístico español, y como ya he comentado todo surgió elaborando un número monográfico de la revista que publicamos. Aunque he querido llevar a cabo un proyecto personal e independiente (los socios de Tebeosfera no tienen por qué sufrir los riesgos editoriales de uno de sus miembros), para la distribución comercial era necesaria una red de distribución establecida, aunque fuera modesta y artesanal como la que ha establecido la asociación. Es complicado contar con una distribuidora convencional con este tipo de productos.

¿Cómo está siendo la respuesta del público a la propuesta?

La respuesta inicial (y antes, cuando mostré los avances preliminares) ha sido muy buena, al menos entre el público lector de cómics habitual. Muchas personas han alabado la decisión de rescatar a este autor y la propia edición del libro (que hay que reconocer que se ha hecho con mucho cariño). Lo malo es que todavía no hemos visto esa respuesta positiva en las ventas (el libro hace poco más de un mes que ha salido a la venta), de las que depende que sigamos adelante. Pero soy optimista y creo que cuando el libro esté más publicitado y los lectores comprueben la calidad del material que hemos editado, se venderá bien y podremos seguir adelante con el resto de cosas que tenemos pensadas.

¿Qué ha sido lo más positivo y lo más complicado de la elaboración del libro?

Hay muchas cosas positivas: recuperar a uno de tus autores preferidos, compartir con otras personas la pasión por redescubrir páginas casi olvidadas, conocer a profesionales admirados que han dado información, apoyo o ambas cosas al proyecto, entrar en contacto (¡por fin!) con familiares del autor… tener finalmente el libro entre las manos, tal y como lo teníamos en mente, ha sido una experiencia fabulosa. ¿Lo malo? La cantidad de horas de trabajo que se han tenido que invertir para sacar adelante el proyecto, y las que quedan todavía para promocionarlo y darlo a conocer. Comprendo que las editoriales convencionales no quieran editar este tipo del libros porque, sinceramente, esto no está pagado.

¿Proyectos?

¡Muchos! Como decía, no solo me gustaría recuperar obras de autores poco recordados como Auraleón, sino de otros autores más conocidos, o incluso autores extranjeros, o autores jóvenes o actuales… Me llama mucho la atención el cómic destinado a la infancia y juventud, y creo que habría que dedicar esfuerzos a potenciar esto… Incluso la locura de editar una publicación periódica, quien sabe. Y no solo cómic, también libros… Si proyectos se me ocurren, lo que no tengo es tiempo ni dinero…

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