CINE: ‘La viuda’: Una extraña señora

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Texto por GERARDO CREMER

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Estreno: 24 de mayo de 2019

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Director: Neil Jordan

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Calificación: 3 estrellas de 5

 

Tráiler de ‘La viuda’:

 

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La joven inocente y la malvada bruja

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En el año 1984 Neil Jordan (Sligo, Irlanda, 1950) llevó al cine ‘En compañía de los lobos’, una revisión del cuento de ‘La caperucita roja’ cargada de simbolismo, de connotaciones sexuales, donde se remarcaba el proceso de transformación de la protagonista de niña a mujer. Jordan envolvía la historia en una imaginería visual puramente gótica. Ese tono gótico se repetirá en ‘Entrevista con el vampiro’ (1994) y ‘Byzantium’ (2013). Una tendencia visual que llevará a Jordan a alejarse del realismo.

El thriller ha sido también un género muy cercano a Jordan (‘La extraña que hay en ti’, 2007), siempre introduciendo elementos de extrañeza en la narración. El realismo suele deslizarse por los fotogramas de sus películas, pero queda pronto sepultado por una interesada mecánica orgánica (fotografía, iluminación, decorados, vestuarios) al servicio de la ficción, de los personajes. En el cine de Jordan suele ser típico la existencia de personajes inocentes que entran, bien por error, bien por relaciones personales, en mundos extraños al suyo. Y como en un cuento infantil, a lo Hansel y Gretel, van descubriendo, desde su inocencia, espejos deformados de sus deseos, entradas a mundos oscuros donde, en vez de una madre, solo encuentran a malvadas brujas.

El amplio y luminoso apartamento, estilo Tribeca, de Erica y Frances…

El ser inocente es Frances (Chloë Grace Moretz) una joven que lleva poco tiempo viviendo en la ciudad Nueva York, después de terminar sus estudios. Su forma de ser expresa una frágil inocencia además de una falta de seguridad, rasgos personales que provienen de una situación familiar complicada tras la muerte de su madre y el enfrentamiento con su padre, que se unió a otra mujer. La malvada bruja es Greta (Isabelle Huppert). Inicialmente se presenta ante Frances como una dulce y entrañable viejecita que sobrevive en su soledad, con un pasado marcado por la muerte de su esposo y la separación de su hija, desplazada en Paris. Cuando Frances encuentra en el metro de NY un bolso extraviado, ella decide devolvérselo a su propietaria. Del espacio abierto, amplio y luminoso, el apartamento de paredes de ladrillo estilo Tribeca donde convive con su amiga Erica (Maika Monroe), Frances se traslada a un territorio desconocido: la casa de Greta, a la que se entra por un patio interior y da paso a un edificio tipo cochera, un espacio de contraste con el apartamento moderno propiedad de Erica. El lugar trasmite un sentimiento ambivalente, tanto de cueva como de residencia acogedora. La habitación de Greta está decorada con mobiliario clásico y tiene paredes grises y poca luz natural que requiere iluminación artificial, pero es de tonos cálidos.

Greta es aconsejada por su amiga Erica para que evite acercarse a ese tipo de personas desconocidas. Erica es una chica con recursos, de familia adinerada, vitalista, cuya extroversión roza la desvergüenza: trasmite a Frances lo que piensa de manera directa, sin disimulos. Pero quizá la cercana muerte de su madre es la razón por la que Frances se acerque, con miedo, pero también con cierta ingenuidad, a Greta. Si el apartamento de Erica y Frances trasmite la libertad e informalidad de Erica y también su carácter extrovertido, el apartamento de Greta transmite todo lo contrario. Frances identifica el lugar y el carácter de Greta con la ternura y protección de su casa familiar y con el amor de su madre, algo perdido para siempre. Greta poco a poco se va apropiando de Frances, absorbiéndola, suplantándola como hija. Y cuando Frances descubre el malévolo juego, alertada por su amiga Erica, Greta se transforma, al igual que sucede en los cuentos clásicos para niños. La dulce ancianita da paso a la malévola bruja de Hansel y Gretel. Cruel y violenta, insolente y posesiva, Greta atrapa a Frances sin remisión, hasta las últimas consecuencias.

…contrasta con la oscura y cálida residencia de Greta.

 

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Al servicio del personaje

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‘La viuda’ puede resultar una broma si se analiza con los ojos de la verosimilitud narrativa. La base genérica es el thriller de los años 80 y 90, tanto ‘Atracción fatal’ (1988) y ‘Misery’ (1991) como ‘La tutora’ (1990) o ‘Mujer blanca soltera busca’ (1992). Todas estas películas tienen una base realista asentada, unos códigos genéricos marcados dentro de un nuevo cine de producción regenerada, lejos ya de la indisciplina de los años 70. Al mismo tiempo, ‘La viuda’ utiliza códigos propios de la imaginería gótica, estableciendo un marco ficcional que la aleja del realismo del thriller antes comentado.

Una oposición entre realismo y ficción que significa el paso que da Frances desde el área protegida correspondiente al apartamento de Erica hacia los confines oscuros del cuento de hadas, ésto es, hacia la casa de Greta. Hay un proceso de transformación genérica, desde el thriller al gótico de terror, que se acelera una vez que Greta muestra su verdadera cara. Es como si Frances, inocentemente, hubiese abandonado ese mundo real para adentrarse en un mundo idealizado, soñado. Pero ese sueño termina tornándose en pesadilla. Incluso en la película Frances no es capaz de distinguir lo que es sueño de lo que es realidad. Cuando parece encontrarse en un sueño de pesadilla, como el de la protagonista de ‘En compañía de lobos’ soñando que es Caperucita Roja, su sueño se traslada a la realidad, dejando ambos espacios (distantemente violentos entre sí: el apartamento de Erica y la casa de Greta) en una incertidumbre de realidad, poniendo en duda si lo real es la luz o bien la oscuridad.

Erica es la única persona que avisa a Frances del peligro de acercarse a Greta.

Neil Jordan conduce orgánicamente toda la narrativa, utilizando todos los recursos de arte y de puesta en escena al servicio de los personajes. Desde el punto de vista del diseño de producción, a manos de la irlandesa Anna Rackard, Jordan traslada la ciudad de Nueva York a suelo irlandés, pero sobre todo juega con la oposición (las dos residencias) y la transformación (la cada vez más siniestra casa de Greta). Igualmente sucede con el vestuario, la también irlandesa Joan Bergin, con la ropa cada vez más apagada de Frances, durante todo ese descenso a los infiernos, mientras Greta destaca en rojo y blanco, demostrando un claro poderío sobre la joven.

Por su parte, otro irlandés, el director de fotografía Seamus McGarvey, desarrolla una imagen principalmente más intimista, optando por las lentes anamórficas, que le permiten aproximarse a una imagen más ficcional, más tradicional (propia del cine gótico). El juego de iluminación, mediante una luz artificial cálida, llena de recovecos y de sombras, contrasta con la luz natural de la casa de Erica, pero también con la artificialidad de las imágenes del ascensor que desciende a los infiernos, de un verde metálico frío. A su vez, el clasicismo de la lente anamórfica se combina con ciertos movimientos de cámara al hombro: los desplazamientos por el metro de Nueva York o la persecución de Erica por una enajenada Greta. Esta secuencia juega con el ‘POV shot’ (la visión subjetiva de aliento voyeurista) propia de Alfred Hitchcock.

La tierna viejecita junto al piano donde interpreta ‘Sueño de amor’.

Finalmente, la música de Javier Navarrete (Teruel, 1956) se mueve entre el clasicismo en la casa de Greta y la música electrónica en el apartamento de Frances y Erica. La música de Liszt, ‘Sueño de amor’, interpretada por la propia Isabella Huppert, se usa como tela de araña, a modo de mecanismo de Greta para hacer caer a Frances en su trampa. La música romántica de Liszt tiene ese componente de cuento infantil, de extraño romanticismo que puede tornarse en juego diabólico.

Con todo ello, Neil Jordan compone un film con las armas de un director de orquesta. Todo debe encajar en esta creación fantasiosa que sirve de puerta de acceso al misterio, a las sombras del alma, al lado opuesto del espejo. Frances, al tratar de encontrar una existencia paralela a su trauma, termina por caer en el interior de un sueño que no es más que otra pesadilla de nuestra infancia.

GERARDO CREMER

Buscando un camino al otro lado del espejo, en vez de un sueño Frances se encuentra con una pesadilla.

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Author: bilbaoenvivo

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