Consejos para que los más pequeños aprendan jugando

Mezclar diversión y educación no solo es posible, sino que además es muy eficaz. Una de las primeras cosas que los niños aprenden a hacer es jugar. Todo se convierte en un juego si sabe cómo enfocarse, y los más pequeños de la casa son especialistas a la hora de poner a funcionar la imaginación y convertir cualquier situación en puro divertimento. Este especial interés es un pilar base para desarrollar y potenciar tanto sus conocimientos como sus habilidades, y es que si se divierten, pueden aprender más todavía sin darse cuenta.

Motivarlos y jugar con ellos es también una labor que los adultos deben desempeñar si quieren fomentar la creatividad y el desarrollo de los niños. Con historias, con pequeñas actividades o con juguetes; da igual el vehículo siempre que el «peque» se divierta y pueda adquirir más conocimientos sobre el mundo que le rodea.

Los espectros de edad influyen, ya que no es lo mismo un niño de 1 año que otro de 4. Las edades afectan a los intereses y las formas de divertirse, por eso, portales como Cerebrito Pérez saben que deben distinguir entre unas y otras a la hora de ofrecer juguetes con los que enseñar y aprender.

Saber cómo participar en estas sesiones de juego de los infantes es muy importante, como también saber qué juguetes educativos sirven para potenciar unas facetas o características determinadas. Por eso, os traemos una serie de consejos para saber cómo mezclar juego y enseñanza y que los más pequeños de casa aprendan mientras se lo pasan pipa.

Movimiento y motricidad

Cosas tan sencillas como bailar al ritmo de una pegadiza canción, jugar al pilla-pilla, o un buen rato de escondite. Estas actividades requieren el uso del cuerpo, de la coordinación y de un continuo movimiento. Todo esto ayuda a que los niños tengan más conciencia sobre su propio cuerpo, mejoren su motricidad, fortalezcan ligeramente su musculatura y hasta aprendan a coordinar sus movimientos, entre otras tantas cosas. Son muchísimos beneficios para el mínimo esfuerzo que suponen.

Constructiva construcción

Los juegos de bloques, puzles y todo aquello que requiera ensamblar o colocar piezas de forma determinada son una buena forma de potenciar otras habilidades del niño. Se trata de una forma natural de aprender sobre formas y tamaños, mejorar la coordinación entre ojo y mano o hasta adquirir una visión espacial tan importante a lo largo de nuestra vida. Como efecto secundario también tienen el estímulo de la memoria y hasta la importancia de la organización y el orden.

El aire libre nunca viene mal

Muchos expertos recomiendan que los niños inviertan, al menos, una hora diaria a jugar en parques, calles o cualquier recinto al aire libre donde puedan hacerlo con total seguridad. Esto no solo les enseña a conocer nuevos lugares y entornos, sino que también sirve para liberar tensiones, relacionarse con otros niños y con el espacio que les rodea, reforzar su sistema inmunológico y hasta aprender a cuidar la naturaleza. Una buena carrera, una sesión de pilla-pilla con otros niños y puede que alguna que otra pequeña caída; todo les viene bien para desarrollarse y aprender.

Libera su artista interior

Pintar, hacer sus propios juguetes, colorear o hasta esculpir formas con plastilina o arcilla ayudan muchísimo a potenciar el aspecto más creativo de los pequeños, que ya es alto de por sí. Este tipo de actividades favorecen su capacidad de abstracción, de replicar y conocer mejor tanto los objetos como el entorno y las personas que les rodean, potencian su retentiva y hasta su interés por investigar sobre cómo funcionan las cosas. Todo esto, como punto y final, sirve para que expresen lo que piensan y sienten, pudiendo dejar fluir sus sentimientos a través de lo que representan sobre el papel… o la pared.

¡Imítame!

Es por todos conocida esa afirmación que asegura que los niños imitan todo lo que ven hacer a los mayores, y esta es una muy buena forma de empezar un juego con ellos. Si representan situaciones cotidianas, personajes tanto de la realidad como de la ficción o hasta imitan roles que ven en casa pueden comenzar a forjar su personalidad mientras conocen mejor a los que le rodean y a sí mismos. Con esto, comienza el desarrollo de su lenguaje, potencian su capacidad de relacionarse con otros y hasta empiezan a entender cómo funciona el mundo de sus padres, ese complicado mundo que habitúan los adultos.

Padres primerizos, padres veteranos, docentes y demás personas que puedan relacionarse con los niños día a día. Aprender es importante, jugar también, y mezclar ambas cosas es una prioridad absoluta para que los pequeños crezcan bien y desarrollen todas sus facultades desde edades tempranas. ¡La diversión puede ser un tremendo estimulante para sus pequeños e imparables cerebros!