Entrevista a Dani Fano: Los doce nacimientos de Miguel Mármol.

“Los doce nacimientos de Miguel Mármol” recrea la vida y muerte del líder salvadoreño Miguel Mármol. Es, además, la mayor apuesta de un creador singular: Dani Fano, que se ha volcado en recrear El Salvador que Mármol conoció zambulléndose de lleno en las huellas que aún hoy persisten de su existencia. Dani Fano es un nombre fundamental para el cómic vasco desde hace más de una década. Desde 2005 dirige y participa como autor en la revista de cómics Xabiroi, para la que ha realizado los álbumes “TeleATOI. Kalabaza haluzinogenoak” y “Anubis 3.0”, así como el guión del álbum “Kortsarioen ostatua” para el dibujante vizcaíno Guillermo González. Con Dani Fano conocemos mejor la obra y sus circunstancias.

¿Qué es “Los doce nacimientos de Miguel Mármol”?

Los doce nacimientos de Miguel Mármol es un cómic sobre Miguelito, sindicalista salvadoreño incansable e incombustible, y uno de los fundadores del Partido Comunista Salvadoreño. Pero no es una biografía al uso. La historia de Miguel la cuento a través de sus doce casi muertes, de sus doce resurrecciones, sus doce nacimientos. La obra está basada en textos de Eduardo Galeano y de Roque Dalton, y también es una puerta a la historia salvadoreña del siglo XX.

¿Cómo nace la obra?

Yo descubrí la figura de Miguelito a través de Eduardo Galeano. En principio a través de un texto breve de El libro de los abrazos y más tarde en el tercer tomo de Memoria del fuego, El siglo del viento, donde los nacimientos de Miguel Mármol hacen las veces de eje del libro. Después de leer esos textos empieza a rondarme la idea de hacer un cómic sobre el personaje. Así que comencé a investigar y llegué al libro Miguel Mármol de Roque Dalton. Leyendo ese libro me enamoro completamente de Miguelito y decido que tengo hacer algo, que ya no hay vuelta atrás. Pero desde aquí me era imposible afrontar un trabajo de esa magnitud sin ayuda, al proyecto le faltaba un pilar fundamental. Es entonces cuando contacté con Carlos Henríquez Consalvi Santiago, fundador y locutor de Radio Venceremos y actual director del Museo de la Palabra y la Imagen, dedicado a la difusión y conservación de la memoria histórica salvadoreña. Poder contar con la ayuda del museo es lo que le da sentido y firmeza al proyecto. Me puse en marcha.

¿Cuántos años de trabajo hay detrás de este libro?

Han sido ocho años de trabajo. Evidentemente no a dedicación exclusiva, a veces a salto de mata, pero siempre en mi cabeza. Los dos últimos años sí que han sido verdaderamente intensos en cuanto a dedicación.

¿Cómo ha sido la convivencia con Miguel durante todos estos años?

Hace tiempo que soy consciente de que yo no elegí a Miguelito sino que él me eligió a mí. Antes lo decía en broma, ahora estoy convencido de ello. Creo que él siempre ha estado velando por este proyecto, que su energía lo ha empujado todo. En mi cuarto tengo un busto de porexpan con un sombrero fedora que compré para poder dibujarlo en todas sus perspectivas, en casa lo llamamos Miguelito. Su foto está en mi mesa de trabajo. A veces ronda por el pasillo, oigo sus ágiles pisadas bailando una de José Alfredo Jiménez. Los trabajos que se alargan en el tiempo se vuelven pesados en algún momento, pero eso no me ha sucedido con este. He disfrutado cada momento. Miguel me ha acompañado todos estos años… y aquí sigue.

Eduardo Galeano es parte fundamental de la obra. ¿Cómo te enfrentas a sus textos?

Es fácil sacar jugo de los textos de Galeano, son extraordinarios y muy evocadores. Pero no los he usado tanto como en principio cabía esperar, así que han quedado relegados a una función más que nada inspiradora, y en parte también documental. Los textos de Roque Dalton son con mucho los más presentes, que además son increíblemente compatibles con los del uruguayo. Trabajar con un material de tan alto nivel facilita muchísimo las cosas.

¿Llegaste a mostrar a Galeano la historia?

Los primeros capítulos acabados–hasta el tercer nacimiento– y el story-board completo, pero nada más. Una de las mayores penas, seguramente la única, es no haber acabado a tiempo este cómic para que Eduardo lo pudiese haber leído.

El lenguaje cobra especial importancia en “Los doce nacimientos de Miguel Mármol”. ¿Cómo afrontas dar la réplica a los textos del escritor?

Cuando usas textos de dos verdaderos monstruos como Dalton y Galeano –también hay alguno de Santiago Consalvi– es muy difícil luego estar a la altura. Seguramente –no lo he contabilizado– la mayoría del texto lo habré escrito yo. He sudado sangre y tinta china para emular su nivel. No te miento si te digo que en ocasiones he tardado más de un día para escribir el texto de un solo bocadillo. Escribir, reescribir, y volver a escribir lo reescrito. Ha sido un reto enorme intentar igualar en nivel de Dalton y Galeano, no lo he conseguido, pero he aprendido mucho en el intento.

EL realismo mágico parece asomar en las páginas del libro. A pesar de ser anarquista y ateo el protagonista, el libro tiene mucha magia a su alrededor.

Eso es El Salvador, eso es Latinoamérica. Y seguramente eso era también Europa hace menos de doscientos años. Aquí hemos ido perdiendo el vínculo con la magia, y puede acaso parecernos contradictorio que un comunista tenga esa relación con el mundo mágico de su tierra y con la religión, pero allí en El Salvador eso se vive con increíble naturalidad. La reivindicación del racionalismo científico, indiscutible e indisputable por las “clases bajas”, choca de frente con el mundo mágico y espiritual más asequible y cercano, y por eso precisamente ha sido utilizado como  instrumento del poder para el control de la población y la implantación del capitalismo. Ese proceso en latinoamérica, afortunadamente, está por resolverse y abre maravillosas ventanas a la imaginación.

Roque Dalton tiene una presencia constante en el libro.

Total y absolutamente. Aparte de sus textos, creo que su humor y su visión de El Salvador impregnan cada página del libro. Roque es tan autor como yo de este libro, o más.

El proceso de documentación de la obra ha ido más allá de la cita casual y te has inmerso en todo el universo que se narra.

Cuando uno afronta una obra a más de 8.000 kilómetros de distancia la principal sensación es de inseguridad, de estar metiendo la pata constantemente. Solo hay una manera de compensar eso: con una cantidad ingente de trabajo. El trabajo de documentación ha sido exhaustivo, a veces rayando la obsesión, pero he de reconocer que es una parte de mi trabajo que me encanta. Disfruto mucho sumergiéndome en libros, documentales y artículos sobre el tema que me interesa. Lo considero un privilegio. Cuando en El Salvador me agradecen el trabajo realizado les contesto siempre lo mismo: yo os he dado un cómic, nada más, vosotros me habéis dado a cambio vuestra cultura, vuestra historia, vuestra identidad. He salido ganando, claro.

¿Has podido visitar y conocer a algunos de los personajes de la historia?

Sí, a algunos, y sobre todo a sus descendientes. Desgraciadamente la mayoría de los personajes que aparecen en el libro han muerto, pero no todos. Cuando fui a El Salvador en 2013 a documentarme entrevisté a familiares de Miguel, a gente que le conoció. Cuando estuve este septiembre presentando el libro en el Museo de la Palabra y la Imagen estaba rodeado en la mesa por dos personajes que aparecen en el libro, Santiago Consalvi y el hijo de Miguelito, y por Amparo Marroquín nieta de Dagoberto Marroquín que también aparece en el libro. Fue estupendo. También fue muy emocionante llevar a Izalco un ejemplar del libro a casa de Juliana Ama sobrina nieta del líder indígena Feliciano Ama. Son parte viva del libro, y de la historia salvadoreña.

Precisamente uno de los grandes valores del libro es el trato a los personajes, tanto los principales como los secundarios.

Creo que Miguel lo eclipsa todo, pero he puesto mucho esfuerzo en destacar la importancia de los personajes secundarios, que en muchas ocasiones son determinantes. Aunque aparezcan en un par o tres de viñetas –casos como el de Farabundo Martí o Feliciano Ama– he intentado que se refleje su fuerza y personalidad. Dos personajes del libro que me encantan son las hermanas de Miguel Pilar y Cordelia. Por mucho que haya intentado destacarlas creo que todo esfuerzo será injusto con el verdadero papel de ambas en la vida de Miguelito. Otro personaje omnipresente en el libro es El Salvador, sus volcanes, sus cafetales, sus campos maíz y la fauna que los transita.

En tu trabajo en humor gráfico has desarrollado una gran facilidad para caracterizar a los personajes en el plano físico pero en el libro consigues, con pocos trazos, dotarles de humanidad y verosimilitud.

Me alegro de que lo interpretes así. Creo que siempre he sido un autor que trabaja mucho los personajes. Son el vehículo que transmiten la historia, si los personajes no son creíbles, la historia que cuentan tampoco lo será.

En el libro recreas El Salvador que Miguel conoció. ¿Cómo ha sido, desde la distancia la recreación de ese mundo que ya no existe?

Como ya te he contado creo que El Salvador era el otro personaje principal de la historia. El libro tenía que oler a maíz, a sudor de campesino, a yuyal, a ceiba y a flor de izote. Desgraciadamente sobre El Salvador no hay mucha documentación gráfica, pero no me puedo quejar, he encontrado la suficiente porque he tenido mucha ayuda. La ayuda del Museo de la Palabra y la Imagen, y la ayuda de cientos de salvadoreños que a través de páginas de Facebook, foros o instagram, comparten fotos antiguas de su país. A veces he metido la pata, claro está, pero he intentado que los salvadoreños se reconozcan a sí mismos y reconozcan su tierra. He puesto mucho énfasis en que se vea la evolución paisajística en el tiempo de El Salvador, sobre todo de su capital San Salvador.

A través de la historia de Miguel Mármol y de El Salvador pareces estar contando una crónica de toda una época de latinoamérica.

Como dice Galeano en uno de sus textos sobre Miguelito: “es las más certera metáfora de América Latina. Como él, América Latina ha muerto y ha nacido muchas veces, como él, sigue naciendo”. La lucha de Miguel es la lucha de El Salvador, la de Guatemala, la de Nicaragua… la de Cuba; y ahora la de Venezuela, y pronto será la de Brasil viendo como están las cosas.

¿Sigue vigente la lucha y el compromiso de Miguel Mármol?

Más que nunca. Todos los datos económicos mundiales indican que la desigualdad es cada vez mayor, y que cada vez es más globalizada. El discurso imperante acepta que el comunismo fracasó estrepitosamente, que la anarquía no es posible y que el socialismo debe estar supeditado a la caridad de las grandes corporaciones. Sin embargo no se pone en duda el capitalismo, que es un sistema que se sustenta en una feroz desigualdad que condena a la pobreza a la gente desfavorecida y a pueblos enteros. La lucha de la clase trabajadora es hoy más importante que nunca, y figuras como la de Miguel Mármol capaces de luchar sin descanso y sin perder la fe en que un cambio es posible son fundamentales.

Humanizas al personaje mostrando sus pequeñas miserias y renuncias para mantener su ideario.

La lucha de todos aquellos revolucionarios se dio en condiciones de verdadera miseria. Partían en su mayoría de situaciones económicas muy precarias, y aunque fueran artesanos o campesinos muy capaces, la entrega a su militancia política les impedía muchas veces ganarse el pan. El caso de El Salvador tiene sus particularidades. El Partido Comunista Salvadoreño, al contrario que en otros países en los que parte de la intelectualidad burguesa había participado en su fundación, fue creado por trabajadores, pescadores y campesinos, muchos de ellos analfabetos. Eran gente muy humilde que se encargaron de alfabetizarse y formarse políticamente, pero que casi nunca abandonaron la pobreza que les llevó a organizarse.

En tu obra es habitual el uso del color. En este caso renuncias a él para adentrarte en un blanco y negro lleno de matices.

Por la época en la que se desarrolla la historia no lo veía de otra manera. Miguel nació en 1905 y el cómic termina en 1992. Toda la documentación gráfica de principios de siglo que tenía en mis manos era en blanco y negro. Ha sido una elección fácil y muy natural.

Hablábamos antes de la importancia del lenguaje. El libro nace en dos idiomas: castellano y euskera. ¿Ha sido difícil la traducción?

Muy difícil. Por eso no la he hecho yo. Me parecía realmente complicado traducir textos de Dalton y Galeano, y no me sentía capaz de hacer una versión que no perdiera valor con respecto a la versión en castellano. Por eso le propuse a Koldo Izagirre la traducción. Es un gran escritor y uno de los mejores traductores que conozco. Koldo ha hecho una versión original mucho más allá de una traducción. Tiene valor en sí misma. Estoy muy con contento con el resultado.

Además de autor eres editor. Desde Xabiroi realizas una revista fundamental para que una nueva generación crezca leyendo cómics y en euskera.

Creo que como dices Xabiroi se ha convertido en una pieza fundamental para el cómic euskaldun, tanto para la formación de lectores como para la visibilización de los autores autóctonos. Que haya una publicación periódica estable que se mantiene en el tiempo y que cuida con mimo la calidad de sus contenidos ayuda mucho a la estabilización del medio. Es una base sobre la que se puede construir mucho, y los resultados de los últimos años creo que corroboran este hecho. No todo ha sido gracias a Xabiroi, por supuesto, ha habido muchos factores más, pero creo que ha aportado más que un granito de arena en el crecimiento del cómic en Euskal Herria. Nunca podremos agradecerle lo suficiente a Ikastolen Elkartea la apuesta que hizo en 2005.

Posteriormente recopilas en álbum la obra realizada en la revista. Uno de los últimos trabajos “Santa Familia” ha recibido el Premio Euskadi por el guión de Eider Rodríguez. ¿Cómo vives este momento?

Con mucha alegría. Ningún editor ni creador debe vivir pendiente de los premios, porque sería absurdo, pero recibir el reconocimiento de la sociedad que te rodea es maravilloso y ayuda mucho a difundir las obras premiadas. Aunque la receptora del premio va a ser Eider Rodríguez, que se lo merece con creces, creo que Julen Ribas, el dibujante, es tan merecedor de él como la guionista. Han hecho un trabajo en equipo extraordinario. Es un cómic del que estamos especialmente orgullosos en Xabiroi.

Curiosamente es el segundo Premio Euskadi que recibís en Xabiroi. Con “Azken garaipena” Iban Zaldua recibió el premio, una vez más con Julen Ribas como compañero de viaje.

Y no es casualidad. Julen Ribas es un falso “autor joven”, porque acumula una experiencia increíble para su edad. Domina con maestría toda la expresividad y la narrativa del cómic. Un dibujante virtuoso que es capaz de controlar, e incluso sacrificar, ese virtuosismo en favor del relato que quiere contar. Un autor de cómic nato. Es un enorme privilegio poder contar con él en Xabiroi.

En Xabiroi apuestas por el formato de cómic francobelga, el que más has utilizado a lo largo de tu carrera. ¿Cómo afrontas el paso a la novela gráfica?

Sinceramente no creo que sean cosas distintas. Cada cómic tiene su formato y su extensión, pero el lenguaje artístico es el mismo. Del formato 17×24 hay dos cosas que me han gustado mucho. Por un lado, al ser un tamaño más pequeño, el número de viñetas es menor y los cambios de página se suceden con mayor frecuencia. Esto da mucho juego a la hora de estructurar el guión. Poder jugar con tantos cambios de página aporta una agilidad narrativa muy interesante. Por otro lado, tengo la sensación –al contrario de lo que pudiera parecer–, de que las viñetas grandes lucen mucho más. Al ser menor el número de viñetas por página, aunque no sean tan grandes como en el formato de álbum francobelga, tengo la impresión de que resultan más vistosas por el hecho de estar rodeadas de un menor número de ellas. Lo cierto es que este formato de 17×24 me ha gustado mucho. Me he sentido muy cómodo.

La editorial elegida para llevar a cabo el proyecto es Astiberri.

Era mi primera elección. Hoy día ya nadie puede discutir que Astiberri es uno de los referentes más sólidos del cómic estatal, y del cómic europeo. Los conocía desde hace tiempo, conocía su catálogo y su forma de trabajar. Es la primera editorial a la que le presenté el proyecto y tuve la gran suerte de que les gustase la propuesta. A partir de ahí todo ha sido muy fácil. Han hecho suyo el proyecto y han sido muy generosos a la hora de dejarme trabajar a mi ritmo y a la hora de entender los intereses del Museo de la Imagen y la Palabra. Con las dos ediciones en la mano –euskera y castellano–, a poco más medio mes de la publicación del libro, creo que puedo decir sin lugar a dudas que no podía haber elegido mejores compañeros de viaje.

“Los doce nacimientos de Miguel Mármol” es el primer cómic publicado que ha ganado las Becas de creación del Gobierno Vasco.

Sí, he tenido la suerte de estrenar estas ayudas, que van a ser muy importantes en la consolidación del cómic en nuestro país. Los doce nacimientos de Miguel Mármol es el primero porque cuando salió la convocatoria de las ayudas era el proyecto más avanzado, pero pronto veremos salir a la luz los demás. Los enciclopedistas de Alex Orbe y Pérez Ledo ya está en la rampa de salida, y espero que pronto veamos también el de Javi de Isusi y el de Joseba Larratxe y Yurre Ugarte. Los que vienen para el año siguiente también ponen los dientes largos. Vamos a disfrutar.

Casi se podría decir que con el libro Miguel Mármol suma un nuevo nacimiento.

Me hace gracia oírtelo decir pues fue la misma frase que me dijeron dos salvadoreños muy queridos en la presentación de San Salvador. Quizá sea cierto, puede que este libro sea su decimotercer nacimiento, pero no será el último. Cada vez que una obrera, campesina, pescador o artesano alce su puño para decir que ya está bien de tanta injusticia volverá a nacer Miguelito. Hay gente que viene al mundo para quedarse.

Después de tantos años pegado a un proyecto tan intenso. ¿Cómo afrontas la salida del libro?

Tengo sensaciones muy raras, la verdad. Muy positivas, claro, estoy en una nube, pero me siento un tanto desbordado. Desde el 23 de septiembre que fui a El Salvador a hacer la gira de presentaciones todo ha sido muy intenso. Muchas emociones, muchas sorpresas, todas agradables. Me veo en un tobogán que me lleva y me propulsa pero no distingo el suelo. Todo se calmará, me imagino. Es bonito ver cómo el libro, una vez publicado, hace su propio camino. Ya no es tuyo, es de quien lo lee. A través de la percepción de los lectores descubres un libro nuevo. Es muy divertido y enriquecedor.

¿Te han quedado ganas de volver al universo de Miguel y Galeano o deseas cerrar ya una etapa?

Me han quedado ganas de volver al universo salvadoreño. El Museo de la Palabra y la Imagen encierra maravillas que piden a gritos ser contadas. Las gentes de la tierra de volcanes, del Pulgarcito de América, me han contado historias increíbles que darían para toda un biblioteca de cómics. Es un país magnético. Pero por ahora creo que voy a volver la vista a mi tierra. Aquí también tenemos mil y una historias que contar y ya estamos tardando.

¿Proyectos?

Ya hemos puesto en marcha el siguiente. Será una serie para Xabiroi sobre la figura del trikitilari Jazinto Rivas Elgeta –que curiosamente nació el mismo año que Miguel Mármol–. El guión correrá a cargo de Koldo Izagirre, yo haré los dibujos y Garluk Agirre le pondrá el color. Un gran equipo con el que estoy deseando empezar a trabajar. Elgeta es un personaje con una vida increíblemente novelesca y creo que nos va a dar mucho juego.

Links de interés:

Entrevista a Dani Fano por su trayectoria.

Infame&Co