Frank. La increíble historia de una dictadura olvidada. Entrevista a Ximo Abadia

La capacidad de la ilustración para contar historias complejas de un modo sencillo se muestra sin ambages en uno de los grandes libros del año, “Frank”, de Ximo Abadia, un acercamiento a la dictadura de Franco para todos los públicos. Con el libro vemos la evolución de un autor inquieto que ha ido conociendo de cerca todos los campos del mercado editorial. Con Ximo hablamos de “Frank” y conocemos su trayectoria.

¿Qué es “Frank. La increíble historia de una dictadura olvidada”?.


Es una búsqueda personal para intentar entender porqué se nos habían prohibido cuarenta años de nuestra historia. Porqué en este país habíamos normalizado una dictadura. Intento aportar algo de información a la gente más joven, que a nosotros no se nos dió.

¿Cómo nace la obra?

Me fui con mi compañera a Camboya hace dos años y pudimos ver todos los campos de concentración y de exterminio de la época de los jemeres rojos. Camboya, junto con España, son los dos países que no han levantado fosas después de una guerra civil. Curiosamente ellos van por delante nuestro porque puedes ver los campos de concentración mientras que nosotros no podemos conocer nada. Es así como pretendo acercarme a la figura del dictador. Hay una frase que dice que hay que conocer el pasado para mirar futuro.

En tu trabajo en prensa ya habíamos visto tu compromiso con la sociedad en la que vives pero en el álbum ilustrado no se hace tan patente hasta “Frank”.

Sí creo que hay un cambio. Antes tenía el listón más cerrado. En el campo infantil no puedes tocar ciertos temas, pero estoy dejando de lado esa faceta para trabajar en otros campos.

Llevas años trabajando como ilustrador pero “Frank” te impulsa hacia nuevos territorios.

“Frank” me permite experimentar y buscar nuevas herramientas. Es algo importante en el trabajo de ilustrador: buscar siempre nuevos caminos para evitar repetirte. Creo que “Frank” y otro libro que saldrá este año sobre el espacio marcan una línea que quiero experimentar. Me siento más yo ahora, quizás antes estaba realizando una obra más de encargo.

De todos modos da la sensación de que tus trabajos anteriores has ido puliendo tu estilo hasta llegar a “Frank” con un conocimiento pleno de las herramientas que puedes emplear.

No sé si soy quien debe decirlo. Me faltan muchas herramientas por controlar. Yo empecé haciendo cómic. Es un mundo que me apasiona, pero del que es muy difícil vivir. Ví que era más rápido trabajando ilustración, empecé con el libro infantil, después pasé a prensa, pero “Frank” no es una novela gráfica, es quizás un álbum ilustrado. Al final cuantas más herramientas tengas es más posible hacer un trabajo más potente que conjugue las cualidades de cada uno de los medios.

Vamos a tus comienzos. En “Clonk” te acercas a la novela gráfica en un momento en el que permite expandir el mensaje en un número ilimitado de páginas.

Siempre me gustaron los tebeos francobelgas pero el cambio vino cuando un tío mío, Tomás,  me regaló la colección completa de “El Víbora”. Me parece una época muy interesante. Es una época de experimentación en la que podías leer a autores como Max o Crumb. Me encanta la manera de narrar, pero es mucho trabajo para todo el trabajo que conlleva aunque me parece el arte más puro.

En “Clonk” cuentas un viaje.

Sí. Me fui a México de mochila.  Allí vi el concepto tan diferente de la muerte que tienen, esa idea de que mientras la gente no te olvida no te mueres del todo. Es una idea que me permitió experimentar y jugar con el arte secuencial.

Tanto en “Clonk” como en “La bipolarite du chocolat” vemos los referentes de la época, desde Max hasta Alberto Vázquez.

Sí. Cuando empiezas encuentras muchas influencias. Para mí Max fue mi primera gran influencia, es un genio y  probablemente me fijase en el trabajo de Alberto Vázquez que es una maravilla. También me gusta mucho lo que hace Robert Crumb con negros y plumillas. Son técnicas muy distintas. Me gusta mucho la forma de narrar muy cortada en la línea de las películas de Kusturika que son a la vez oscuros y tiernos. Todos esos referentes estaban en esa coctelera.

Comentabas cómo te acercas a la ilustración infantil en la que ya empiezas a colaborar con Dibbuks con “De mayor quiero ser pequeño”.

Sí. Mi primer libro infantil fue con Dibbuks. Quería probar esa línea y el libro funciona. A partir de allí empecé a colaborar con editoriales como SM o Edelvives. Era una manera más rápida de trabajar. Allí encontré un medio que me permitía ganarme el jornal y abrí otro campo.

A pesar de que tienen muchas similitudes la narración entre el cómic y el libro ilustrado tienen unas reglas muy diferentes.

Sí. Creo que son mundos distintos. Para mí ilustrar era mucho más sencillo y el modo de enfocarlo me daba más libertad a la hora de contar.

 Enseguida vemos en tu trabajo tu capacidad para crear iconos.

Creo que tiene que ver con que me empezó a interesar mucho el mundo de la cartelería con figuras como Isidro Ferrer y Pablo Amargo o la cartelería soviética. Me encanta cómo, con tan poco, se pueden contar tantas cosas. Fue una época de probar y al final creo que se ha juntado todo lo que ya había hecho. Necesitaba cambiar y esos mensajes mucho más claros me permitían crecer en otros aspectos.

Llama la atención la portada del libro. No sé hasta qué punto participas del diseño del libro.

Me parece importante la portada y de hecho la hice yo porque a veces te la pueden liar. Tiene un diseño muy minimalista en la línea del cartelismo soviético. Después se le incluyeron las tiras, que creo que fue un acierto, y Ricardo propuso poner barniz UVI por todos lados, que creo que gana también.

La portada es muy importante con tantas novedades que salen al mes. La portada es como un cartel y hay que conseguir que el libro destaque sobre otros y creo que con “Frank” lo hemos logrado.

Muchas veces empiezo a trabajar los proyectos por la portada. Me lo planteo como un cartel que me puede marcar en que dirección voy a trabajar el resto del libro.

En este caso la portada es de tu propio libro pero ¿cómo trabajas cuando recibes un encargo?.

Por lo general me mandan el libro en un pdf. Tengo la suerte de que me están mandando libros que tienen un punto de crítica social que creo que me vienen al pelo para ilustrar. Busco referencias porque creo que las portadas no tienen que contar lo que viene dentro, hay que buscar algo que lo muestre, pero sin desvelarlo por completo. Me parece muy divertido realizar portadas y carteles. Al final, cuando encuentro la idea la realizo pero puedo pasar una semana dándole vueltas. Me gusta ese momento de búsqueda más que ver la portada acabada.

Saber, equivocarme, me parece lo mejor de esta profesión.

¿Cómo es el proceso de una tira de prensa?

Es parecido, aunque quizás tengas que contar más la idea. Te mandan el texto y vas buscando unas ideas claves. Las destilas con tu mensaje. No quieren una literalidad sino que el ilustrador tenga su propio discurso. Busco palabras que sean para mí claves, aunque no tienen que ser las más importantes del texto, y sobre ello trabajo. Lo bonito es que texto e imagen se acompañen, que no cuenten lo mismo.

En prensa se valora especialmente esa capacidad de transmitir mensajes complejos de formas muy sintéticas.

La prensa va muy rápido y no te deja tiempo para reflexionar. Lo icónico te permite una flexibilidad para transmitir mucho en poco espacio como esa cartelería comunista que te decía, que se dirigía a un público prácticamente analfabeto y que debía hacerse entender de un modo muy rápido.

¿Cómo se trabaja en prensa? ¿Tienes muchos condicionantes?

Depende de con quién trabajes. Suelo tener libertad aunque de vez en cuando quieran meter mano. Aunque tampoco hay mucho tiempo para pensarlo así que hay que intentar evitar perder el tiempo. Creo que trabajo rápido y eso es muy bueno para prensa.

En prensa se consigue una abstracción que permite lanzar mensajes más radicales de un modo más accesible.

Depende del lector. Creo que es importante dar al lector un mensaje camuflado que pueda llegarle.

Es algo que está muy presente en “Frank”. Evitas la alusión directa a Franco.

Sí. Yo vengo de un pueblo de Benidorm. Si le digo a mi madre que voy a hacer un libro sobre Franco, sé que se iba a quedar blanca. Tampoco quieres meterte en discursos agresivos. Si eres elegante puedes llegar a más gente. Este libro tiene un periodo de maduración de un año. Al principio iba a llevar más datos, pero hablando con dos ilustradores amigos, Manuel Marsol y David de las Heras, me decían que quizás era preferible hacer un libro menos concreto que pudiese llegar a más gente y me evitase conflictos con gente extremista que no tuviesen por donde cogerme. Quizás es más fuerte el mensaje cuando no les das armas para denunciarte y les puedas desarmar mejor.

Al final lo puedes entender como una historia de Franco o de la dictadura en general.

Quizás hace que tu mensaje sea más exportable.

Quizás sí, aunque pensaba que era una historia muy de nuestra tierra. Al principio era una historia que iba a hacer para mí y luego he visto que tenía sentido para los más pequeños y adultos. También ha interesado en Francia, donde quieren cambiar el título por “El dictador” y pueda llegar a otro público.

Mikel Casal hizo para MediaVaca un libro, “Así es la dictadura”, dentro de una serie de libros en los que se hablaba de los diferentes tipo de regímenes. Da la sensación de que el libro ilustrado está viviendo un momento de apertura. Tradicionalmente lo vinculábamos a lo infantil y juvenil y cada vez se presenta más a un lector o lectora adulta.

Yo creo que está viviendo una buena época. Hay un gran nivel de ilustradores y de ediciones como los cuatro libros que comentas. El libro se está abriendo a otros temas como los que trata Ana Penyas hablando de la Transición o del exilio con un nivel gráfico espectacular. Hace años surgió el debate del libro digital y creo que libros como el de Mikel dan un golpe en la mesa y demuestran el valor del libro editado en papel.

Has trabajado con editoriales como Impedimenta que abren las posibilidades del libro ilustrado en otras direcciones.

Es interesante. Con Impedimenta hice el “Kamasutra”. Trabajan mucho la narrativa, pero cuidan mucho la ilustración especialmente para adultos. Está muy bien que se dirija directamente a este público.

Son libros que hacen intraducible la experiencia lectora al mundo digital.

Sí que es cierto que cuidan el libro como objeto aunque creo que hay un riesgo de que se editen demasiadas cosas, pero creo que se cuida mucho lo que se publica.

Volviendo a Mikel Casal, él contaba que su estilo está muy definido por su papel en prensa. Consciente de que el papel de los periódicos permite una pobre reproducción elige colores muy intensos y con pocos matices para desarrollar sus ilustraciones.

No había pensado en el papel, pero la falta de tiempo en prensa hace que tengas que buscar una mayor agilidad a la hora de trabajar y buscar contar lo máximo en el mínimo tiempo.

En “Frank” juegas, además de con colores planos muy contrastados, juegas con la rugosidad del lápiz, buscando la textura de las herramientas.

Sí, me gusta descubrir la frescura y el error y ese punto analógico que te pueda dar el grafito aunque posteriormente trabaje también con el ordenador. Surgen cosas inesperadas que lo digital no te puede dar y creo que es bonito mostrarlo con moderación, claro.

Las repeticiones están también muy presentes.

Sí, me parecen interesantes las pequeñas diferencias de las series hechas en manual. Creo que le da un punto especial.

Los círculos y cuadrados se vuelven protagonistas en la historia.

Sí. Desde el principio ví que el libro estaba destinado a niños también y pensé en aquellos juegos con figuras geométricas. Me parece una forma sencilla de explicar las cosas más sencilla que hacerlo de un modo literal y todos sabemos lo que es una mente cuadriculada. Me parecía una forma de explicárselo al chaval de un modo sencillo  y que el padre tampoco se sintiese atacado y pensase que barbaridad. Se limita a una contraposición de ideas y a nivel de iconos funcionaba bien.

Da la sensación de que “Frank” ha caído en el momento apropiado en el lugar adecuado.

Yo creo que sí. Se han alineado los astros porque no era algo buscado. El interés de Franco viene de frases como la del antiguo presidente, Rajoy, en el que se vanagloriaba de haber dedicado cero euros a la memoria histórica. Te hierve la sangre al ver ese tipo de circunstancias. Parece que ahora puede haber cambios y me alegra si el libro puede aportar su granito de arena. Aunque creo que les va a costar, les van a poner muchas trabas.

Venimos de un periodo en el que la libertad de expresión ha sufrido graves ataques.

Sí que se ha visto, aunque yo no he tenido problemas más allá de algún comentario en redes. Es gracioso porque los mismos que aplican la ley mordaza piden respeto pero no respetan a nadie. Mientras se secuestran revistas como la de El Jueves por la portada, se denuncia a la revista Mongolia, el Intermedio va a juicio o se monta un escándalo por un cartel de Carnavales en el que se dibuja un obispo. Pero en cambio se muestran mensajes fascistas sin ningún pudor y con total libertad. Son conscientes de que lo gráfico es un arma pero en el momento actual, con las redes, cuanto más intentan tapar algo más consiguen el efecto contrario pero sí que ha habido un retroceso en la libertad de expresión. Solo tienes que ver lo que está pasando con los músicos.

Durante el franquismo muchos humoristas gráficos tenían que sortear la censura e hicieron de ello un arte, algo que también se ve en “Frank”.

Lo que he hecho yo es mínimo frente a cómo se la jugaban entonces. Me imagino que cada uno tiene un lenguaje y creo que es bueno camuflar un poco el mensaje. Si el libro se hubiese llamado Franco llegaría a la gente de otro modo. Al final es una bombita más camuflada. Ser más literal no quiere decir que sea mejor.

Tu trabajo recuerda también de los títulos de crédito de Saul Bass.

No lo he pensado, pero alguna vez me lo han dicho y me parece estupendo porque su trabajo me parece muy elegante. Hay influencias que no tenía presentes pero me alegro.

¿Cómo vives el fenómeno de “Frank”?

Sorprendido y agradecido. En tu día a día sigues currando y tienes que seguir aprendiendo pero es curioso como un libro que ni siquiera ibas a publicar lleve ya tres ediciones en tres meses. Es mi trabajo más personal y me alegra de que funcione porque en él quería hablar de mi tierra. Si algún libro tenía que ser, me alegra que sea “Frank”.

Recientemente has recibido el Premio Llibreter. ¿Cómo lo has recibido?

Muy bien porque es un premio que dan los libreros. Es bonito que lo da gente que vive entre libros. También te cuentan historias bonitas como un señor mayor que agradecía que se estuviese contando su historia y que no se olvide. Me alegra que el premio haga, además, que ese mensaje que tiras en una botella, llegue a más gente.

¿Hay un antes y un después de “Frank” a la hora de afrontar los nuevos proyectos?

Hay un proceso de cambio y en ese momento está incluido “Frank”. Tener acceso al mercado británico o alemán hace que evolucione el modo de trabajar, te da una mayor estabilidad económica y una mayor tranquilidad al haber mayores tiradas. Antes de conseguir esa estabilidad tienes que diversificarte mucho más y coger trabajos de ilustración para prensa, varios libros de texto para ganarte el sueldo. Esa seguridad que te da tener esa línea que eres más tú y que a la gente le gusta te permite preparar los proyectos con más calma, poder acceder a libros que están mejor pagados y te dan oportunidad de decir que no a otras cosas que antes no me podía permitir.

¿Cómo son los mercados alemanes e ingleses?

El inglés en particular es muy potente. Tiene unas tiradas muy fuertes lo que hace que cobremos un mejor adelanto. A nivel de enfocar el libro me gusta como trabajan en grupo. Hay dos editores que trabajan contigo en ese libro y está bien que haya alguien que te aporte nuevas ideas y que hagan que el libro mejore. Es otra forma diferente de trabajar. Con los alemanes acabo de empezar a trabajar y te permiten una experimentación mayor.

La figura del editor a veces está mal vista pero un editor es importante que participe.

En “Frank” Ricardo no se metió en nada, solo en una frase. Pero trabajó mucho en conseguir una portada potente. Lo que sí veo en nuestro mercado es que hay mucha prisa por imprimir. Hay veces que falta un tiempo de reposo y algo más de maceración. Creo, sin embargo, que tenemos unos editores espectaculares que hacen lo que pueden con los recursos que tienen.

No sé si la ilustración tiene el riesgo de convertirse en tendencia.

Yo creo que ya es una moda. Eso está bien, aunque yo veo la figura del ilustrador de otra manera, sentado en su estudio intentando hacer evolucionar su trabajo. Mi idea de ilustración tiene un 99% de trabajo y un 1% de glamour, si llega. Me parece bien que haya esa tendencia, pero creo que son trabajos perecederos, según modas. Creo que al final de todo lo que habla es tu trabajo, no tu imagen. No es un reflejo de lo que es la profesión para mí. Me gusta pensar que trabajamos una artesanía y nos faltan vidas para aprender. Me parece más interesante el proceso que el resultado final.

Después de “Frank” quieres abrir otra lata de gusanos: la monarquía.

Sí. es una idea que tengo aunque aún no la he podido desarrollar. Me parece otro tema tabú en este país y deberíamos poder hablar sobre ello. No hay que olvidar que la monarquía la reintrodujo Franco. Deberíamos poder elegir sí queremos al jefe de Estado. No tiene sentido que en el siglo XXI haya figuras que tengan un cargo por derecho divino. Es una figura que no entiendo. Me gustaría contarlo con tacto pero si no han sido figuras ejemplares deberíamos poder hablar de ello.

¿Proyectos?

Acabo de acabar un libro sobre el espacio con Big Picture Press que aún no se ha publicado y firmar contrato para otro del estilo. Es un libro muy grande y tengo que meter mucho detallito. He firmado también con una editorial alemana para hacer un libro sobre Goliath el gigante pero de un modo diferente y cambiaré de registro.

Tenía pendiente hacer un libro con Libre Albedrío sobre la figura del cineasta Meliès, que lo seleccionaron para Bolonia. Es un libro mudo, lo que lleva una mayor planificación.

Tengo otro proyecto con A buen paso y portadas que tengo que hacer. Ese va a ser mi año.

Infame&Co