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El modelo de ciudad que vende la Cumbre Mundial de Alcaldes no nos representa

Los próximos 13, 14 y 15 de junio tendrá lugar en Bilbo la atrevidamente llamada Cumbre Mundial de Alcaldes. Una cumbre en la que participarán delegaciones de decenas de ciudades del mundo, delegaciones compuestas por algún cargo público de las urbes allí representadas, pero sobre todo, por su clase empresarial, y por varias multinacionales. Por supuesto, la ciudadanía no está invitada. Nos gustaría dejar claro que se trata de una cumbre no oficial, por tanto, desligada de cualquier tipo de control democrático, cuya agenda se marca por una fundación privada.


Se nos quiere vender un modelo muy concreto de ciudad muy poco transparente, construido entre muy pocas personas o élites. ¿Porqué cada vez más las decisiones y reflexiones que nos afectan se desarrollan en espacios que quedan fueran de los espacios clásicos, y oficiales, de decisión y de control? Una cumbre en la que la prioridad no son las personas, sino el negocio especulativo y la empresa privada. Los ejes del encuentro, economía competitiva, Máster Planning y gobernanza, así como las multinacionales que participan (Iberdrola, BBVA, Shell, Sener, IBM, entre otras) son demostrativos de ello. Es evidente que este encuentro tiene un marcado contenido económico, de especial interés para las grandes empresas capitalistas, cuya motivación no es afrontar esos problemas globales, sino seguir explotando vías para su enriquecimiento, en el ámbito que sea.

 

Un modelo de ciudad en la que importa más el continente que el contenido, una ciudad de celofán muy bonita por fuera pero con cada vez mayores evidentes carencias.

No nos queda ninguna duda que esta cumbre ha sido organizada con el único objetivo de enaltecer la "buena gestión" de este Ayuntamiento, una cuestión que no deja de ser un mito, tal y como ha quedado acreditado estos últimos meses. La creación de este nuevo mito del siglo XXI, 'Bilbo = buena gestión', ha sido posible fundamentalmente gracias a la conjunción de varios factores fundamentales: años de bonanza económica, coincidentes con el boom de la especulación y la venta indiscriminada de espacio y patrimonio público, y una hábil y acertada propaganda política que ha sabido invertir en la creación, obtención y, mucho nos tememos que en algunos casos también en la compra, de un sinfín de premios, nominaciones y medallas, cuyo punto culmen ha sido el conceder rango de oficialidad a un premio atrevidamente llamado "mejor alcalde del mundo", organizado por una elitista fundación privada.

Sin embargo, tal y como ha sucedido con otros mitos recientes como la fortaleza económica de España o el papel de su monarquía, el mito de la buena gestión asociado a la actuación del gobierno municipal de Bilbao, con Azkuna al frente, ha quedado finalmente de manifiesto lo que es y siempre ha sido: un gigante de pies de barro.

Un mito que se derrumba por su vertiente económica. La deuda acumulada del Consistorio que alcanza ya los 84,5 millones de euros deja en evidencia la falacia que se escondía tras el tan cacareado "déficit 0". Una elevada deuda que nos va a tocar pagar a escote al conjunto de la ciudadanía y que no es sino la consecuencia directa de un modelo de gestión, una forma de hacer política, muy parecida a la desarrollada por el PP en diferentes lugares del Estado, basada casi en exclusiva en el ladrillazo y la especulación, generador de la actual grave crisis que padecemos, y que hace aguas por todos los lados.

Pero el mito de la buena gestión no sólo se resquebraja por su vertiente económica. Durante todos estos años se ha creado y profundizado en un Bilbao de dos velocidades. La brecha que separa el conjunto formado por el centro de la ciudad y las grandes empresas de los barrios y la ciudadanía es cada vez mayor. La última encuesta encargada por el Ayuntamiento sobre gestión de calidad de la población en general, llevada a cabo por Ikerfel y dada a conocer esta misma semana, no deja lugar a dudas: sólo el 32% considera que el Ayuntamiento atiende las necesidades de los barrios o distritos equitativamente, seis puntos por debajo de los niveles de aceptación que se recogían en 2009. Preguntados por la percepción acerca de la crisis en Bilbo la conclusión mayoritaria entre las personas de 40 a 55 años también es significativa: "aquí en el centro apenas se ha notado la crisis, el Ayuntamiento ha mantenido los servicios".
La brecha social también es importante. El paro alcanza sus máximos históricos: 32.518 personas, un 117% más que en 2007. Del mismo modo se han disparado el número de personas y sectores en situación de exclusión y desamparo, sólo en 2012 se formalizaron un total de 5.451 solicitudes de Ayuda de Emergencia Social en el municipio. Sólo 4 de los 38 barrios de Bilbao están por encima de la renta media de la ciudad.

En consecuencia, tenemos serias dudas que este tipo de eventos, además del elevado gasto que suponen, 500.000 euros, sirvan para algo más que el autobombo y la propaganda.

Por ello, desde EH Bildu consideramos que Bilbo necesita otro modelo de ciudad, transparente, que sea construido desde abajo hacia arriba, que ponga a las personas como eje y que tenga como prioridad la construcción de un modelo económico diferente en la que la economía social juegue un papel determinante.

Necesitamos foros abiertos y participativos en los que discutir y fijar entre el mayor número de agentes sociales y vecinales posibles cómo implementar iniciativas de promoción empresarial y desarrollo económico y territorial que tengan más en cuenta la dimensión social y la sostenibilidad, en garantizar unos más y mejores servicios públicos, en llevar a cabo políticas de bienestar social, en invertir de verdad en los barrios y sus vecinos y vecinas, en vez de dejarles las migajas de las operaciones especulativas del centro, en llevar a cabo políticas de vivienda que estén más dirigidas a garantizar el derecho a una vivienda digna que a facilitar la construcción de promociones de vivienda libre y a no hacerles competencia desde lo público a nivel de precios, en políticas de fomento del potencial comunitario, en políticas educativas reales y planes locales de inclusión social.

En Bilbo se hace necesario incorporar cláusulas sociales en los contratos que redunden positivamente en el empleo, en la economía local, en la cultura y en el medio ambiente. Porque en la gestión económica, caben muchas cuestiones más allá de las monetarias. Esta es la diferencia entre la economía capitalista y la economía alternativa y solidaria, es la diferencia entre poner el beneficio económico en el centro de la política económica o poner a las personas y la comunidad. Impulsar el cooperativismo tanto a nivel empresarial, de consumo o de vivienda para dar salida a los problemas que están empezando a ahogar a un gran número de bilbainos, y que van a más. Recuperar el espacio público como un espacio de encuentro y vivencia y no sólo de consumo. Fortalecer los instrumentos políticos democráticos que todavía resisten. En definitiva, aumentar la participación ciudadana en la gestión de la ciudad, porque la ciudad es para sus ciudadanos y ciudadanas y no para el mercado global.

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