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La política de movilidad y la transformación de Bilbao

Mucho se ha hablado y escrito sobre la transformación urbanística de Bilbao. Muchos de esos análisis se centran principalmente en la gestión del proyecto de Abandoibarra y del denominado "Efecto Guggenheim", pero muy pocos han considerado la influencia que ha tenido la política de movilidad en el diseño del Bilbao que hoy podemos disfrutar. Tres han sido a mi modo de ver los hitos que han marcado desde la movilidad esta transformación.
El primer hito ha sido el desarrollo y mejora de una potente red de transporte público, tanto urbano como metropolitano. En este aspecto, la construcción de las líneas 1 y 2 de Metro, diseñadas por Norman Foster, han sido el buque insignia que ha permitido visualizar la extensión de esta red, pero no son menos importantes la recuperación del tranvía en Bilbao, el inicio de la construcción de la línea 3 de Metro, la consolidación y mejora de Bilbobus, la optimización de Bizkaibus, los soterramientos de RENFE y FEVE y la construcción de nuevas estaciones urbanas para estas líneas. Todas estas actuaciones han permitido ofrecer una alternativa efectiva, rápida y cómoda para toda la ciudadanía del área metropolitana de Bilbao, y forman la piedra angular sobre la que se puede construir el Bilbao del futuro al ofrecer una alternativa real al coche particular y por lo tanto liberar espacio en la ciudad.


El segundo hito ha sido el cambio de foco del coche al peatón. Durante décadas el coche ha sido el rey de la ciudad. Las ciudades se diseñaban y construían pensando en lo mejor para los conductores, con avenidas de muchos carriles, estacionamientos en superficie y vías de alta capacidad que desaguaban directamente en el centro de la ciudad, seccionando en dos los barrios que pillaban a su paso. Ante este panorama, el peatón se tenía que buscar la vida esquivando coches, cuando no escondiéndose de ellos, como ocurría en muchas avenidas en las que el peatón tenía que cruzar la calle usando pasadizos subterráneos. Todo esto cambió cuando se puso al peatón en el centro de la política de movilidad, acondicionando la ciudad para que pueda ser disfrutada caminando, sin tener que esquivar los coches, con garantías de seguridad y de accesibilidad. Con ello se ensancharon aceras, se peatonalizaron calles, se construyeron rebajes de acera, ascensores y rampas mecánicas que garantizaran la accesibilidad y se recuperaron espacios para el uso y disfrute de toda la ciudadanía. Espacios donde los niños pudieran jugar y donde los vecinos y vecinas de Bilbao pudieran desarrollar su vida social, cultural y comercial con comodidad, seguridad y calidad de vida. Para poder llevar esto a cabo también fue necesaria una potente política de aparcamientos que duplicó el número de plazas para residentes que tenía la ciudad en un lapso de ocho años.


El tercer, y de momento último, hito ha sido sin duda la apertura de los nuevos accesos de San Mamés y el inicio de los trámites para el derribo del viaducto de Sabino Arana. Este viaducto es un ejemplo claro de aquella política que se hacía en épocas pasadas en las que el rey de la calle era el coche y la ciudad se tenía que doblegar ante él. No importaba que atravesase en altura calles centrales de la ciudad ni que aterrizase a escasos 550 metros de la Gran Vía de Bilbao. Había que dar un nuevo paso en esa transformación y para ello, con la colaboración indispensable de la Diputación Foral de Bizkaia, se iniciaron los trabajos para construir una entrada alternativa más urbana que posibilitase el derribo del viejo monstruo de hormigón. Un acceso que permitirá recuperar la Avenida Sabino Arana como un gran boulevard y que reduciendo su capacidad de almacenamiento de coches, obliga a los conductores a cambiar la forma de pensar a la hora de acceder a la ciudad. Ya no se trata sólo de elegir entre el transporte público y el coche particular, sino que una vez hecha elección a favor del coche, obliga al conductor a optar entre uno de los 7 accesos con que cuenta la Villa, en función del destino al que quiera llegar, de forma que el trayecto sea lo más corto posible desde las vías de alta capacidad. Este último cambio de mentalidad permitirá reducir los tráficos de tránsito en el centro de la ciudad y ayudará a mejorar la calidad de vida al reducir el callejeo innecesario de los coches.


Pero con este tercer hito no se llega a la meta. Nos queda mucho por hacer para seguir mejorando la calidad de vida de los vecinos y vecinas de Bilbao: el cierre del anillo tranviario y su extensión a nuevos barrios, la conclusión de la línea 3 de Metro, la conexión ferroviaria con el aeropuerto, la llegada de la alta velocidad, el soterramiento de las vías de tren en la ciudad, la extensión de la red de bidegorris, el incremento de los puntos de recarga para coches eléctricos... Grandes retos para continuar transformando la ciudad, garantizando servicios públicos de calidad y manteniendo la política de movilidad sostenible como hilo conductor de la transformación de Bilbao.

Asier Abaunza Robles
Concejal Delegado de Circulación y Transportes
Ayuntamiento de Bilbao

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