Conocer la Historia para hacer Historia

Hay quienes son especialistas en el rechazo y en no tolerar otras ideas. Rechazo e intolerancia hacia quienes queremos construir una ciudad para nuestros hijos y nietos. Nada nuevo bajo el sol.

Otra vez nos tocar sufrir esa intolerancia a los concejales y concejalas socialistas de Bilbao. Nada nuevo. Cuando se debate cara a cara y no les sale bien, esas personas, intentan corregirse con escritos imaginativos sobre lo que los demás queremos. Les agradezco el gesto creativo. Pero nosotros, sabemos muy bien adónde vamos y qué queremos. Y no necesitamos intérpretes.
En el Pleno del pasado mes, ocurrió sólo una cosa: que los extremos se volvieron a alejar del camino. Circularon por los arcenes y en dirección contraria al sentido común. Pero eso, es sólo culpa suya. Que no pretendan que otros salgamos de ese cauce central, ni culparnos de su desacierto. Porque es por ese cauce por el que quiere ir la mayoría de la gente. Y sus errores son sólo suyos.

Se trababa de quitar los retratos de los alcaldes franquistas de Bilbao del lugar de honor que ocupaban. Y lo conseguimos. A pesar de ellos y ellas. Esos retratos no estarán visibles para cualquier ciudadano que suba a la planta que alberga el Salón Árabe o el de Plenos. Y no van a estar allí, porque existen una ley y un dictamen de recomendaciones al respecto que, curiosamente, aprobaron gobiernos socialistas. Qué casualidad. Y con la oposición frontal de esos extremos. Qué casualidad.

Y, además, ahora sí se va a explicitar que esos alcaldes y alcaldesa, ocuparon de forma ilegítima ese cargo. ¿Es esto malo? Parece que, a ojos de algún grupo político, sí lo es. Pero a mi juicio, eso es bueno. Porque yo no estoy aquí para proclamar dogmas o dictar doctrinas. Yo estoy aquí para fomentar una ciudadanía libre y crítica. Que pueda hacer, por sí misma, sus propios juicios. Porque ese es el primer paso para lograr una sociedad libre y democrática.

Yo repruebo alto y claro los discursos doctrinarios. Y censuro la imposición. Y condeno con toda contundencia los regímenes fascistas. Los de hace casi 80 años y los que querían imponer hace escasos tres. El de Franco y el de ETA. Otros, creo que no lo pueden decir así de alto y claro. Porque, en el fondo, no desean ciudadanos libres. Quieren ciudadanos adoctrinados y que cumplan sus dogmas. Y yo estoy aquí, precisamente, para que los dogmas, del signo que sean, no nos vuelvan a hacer sufrir. Estoy aquí para defender la democracia y la libertad.

Mis compañeros socialistas, antes, en la Guerra Civil, enarbolaron esas banderas, la de la libertad y la de la democracia. Y por eso, 20 batallones socialistas formaron parte del XIV Cuerpo del Ejército Popular. Para defender la legalidad democrática republicana. Y lo hicieron en compañías con nombres como Meabe, Pablo Iglesias o Amuategui. A algunas ni le sonaran los nombres.

Y, como decía Ramón Rubial, "para defender palmo a palmo con el fusil en la mano las montañas de nuestra tierra, para empapar con su sangre las praderas...". Nadie tiene más legitimidad que nosotros, sus nietos y herederos, para repudiar el franquismo. Podrán tener la misma, pero no más. Y no permitiré que nadie pretenda socavar esa legitimidad.

No hace tanto tiempo, mis compañeros y compañeras, con la voz y la palabra, combatieron otro fascismo en nuestras calles y plazas. Un fascismo implacable. El cobarde fascismo de ETA. La voz y la palabra contra la sinrazón de las bombas y las balas. La cabeza alta y mirando de frente, contra los disparos por la espalda y las ejecuciones. Otra vez. Como hace 80 años. Formando, de nuevo, escuadrones democráticos.
Y, por hacerlo, esas calles y plazas están también regadas con la sangre de compañeros como Fernando Buesa, Juan Priede, Enrique Casas, Ernest Lluch y tantos y tantos otros. Son demasiados años acudiendo a los cementerios de esta tierra a despedirles y rendirles homenaje para que ahora, los que volvían la cabeza en los años de plomo, juzguen a los socialistas. Y menos, los herederos de ETA, el peor vestigio de la dictadura franquista.

No ha habido batalla por la libertad en esta tierra, en la que no hayan estado presentes los militantes socialistas. Y no estoy dispuesto a permitir que nadie nos arrebate esa legitimidad histórica.

Soy concejal en mi ciudad. Soy socialista, por voluntad y convicción. Y esas dos condiciones –concejal y socialista-, me obligan a proponer que Irala sea pronto un Área de Rehabilitación Integrada, a intentar el acuerdo entre los vecinos de Atxuri, a conseguir que más espacios sin uso sirvan a la ciudadanía y a dar más participación a los vecinos y vecinas y más transparencia a los asuntos municipales. A eso quiero dedicarme en exclusiva. Y prefiero conjugar los verbos dialogar, acordar o pactar. También en el Pleno. Porque soy demócrata.

Como han hecho miles de socialistas desde que en 1886, un grupo de trabajadores, creara la primera agrupación socialista vasca en la calle Laguna de Bilbao, vamos a seguir aquí sin titubear. Defendiendo los intereses de aquellos a los que se quiere despojar de todo. Hasta de su libertad o su vida.

Vamos a seguir aquí aunque algunos no quieran, y vamos a defender a aquellos que sólo tienen como arma, la voz y la palabra, y cuya única fuerza está en su voto. Porque la fuerza de los totalitarismos, de los que se invocan en nombre de no sé qué sacrosanto dogma, al final, siempre terminan sufriéndola los más débiles. Como pasó con Franco y pretendió ETA. Y en ese frente, en el del combate a la intolerancia, me alistaré el primero. Estoy seguro de que en ese ejército democrático, estarán mis compañeros y compañeras del Partido Socialista y muchos vascos de bien que comparten esta noble tarea. Como ha sido siempre.

Alfonso Gil
Portavoz PSE-EE Ayuntamiento de Bilbao

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