Diseños agresivos

Fuentes que no dan agua, bancos incómodos sin respaldo o divididos para que no te tumbes, púas en los soportales, árboles sin sombra, parques sin zonas deportivas. Empezamos a conocer algunas propuestas urbanas destinadas a espantar a los indeseables: mendigos, inmigrantes y personas sin hogar. La obsesión por la seguridad y el miedo hacia la pobreza está endureciendo para todos el entorno de algunos lugares. Se pretende levantar barreras físicas disuasorias en los espacios públicos, abiertos por naturaleza. Se argumenta que quien duerme en la calle es porque no quiere ir a los albergues y que la mayoría son delincuentes. Son estrategias para desplazar lo que la ciudad no quiere ver, disfrazadas de un discurso urbanista moderno, higienista, garantía de convivencia. El resultado son espacios agresivos, desprovistos de equipamientos, sólo aptos para la contemplación o el consumo comercial. Ordenar los espacios públicos no es tarea fácil: requiere un equilibrio entre vecinos y comerciantes, entre la convivencia y el conflicto y por encima de todo, el respeto a la diversidad y las reglas de juego.

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