Ilegales: Presentando su ‘Rebelión’

Ni una distracción de Jorge Martínez, con las letras memorizadas al dedillo (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: **

Viernes 8 de febrero de 2019, Bilbao, Kafe Antzokia, 22 h, 20-22 € (entradas agotadas).

Primeras fechas.

 

Agotaron con antelación el aforo del Antzoki los asturianos, que en formato cuarteto administraron su inoxidable y clásico rock preciso y violento pilotado por el incombustible y espigado Jorge Martínez

 

Viernes de guitarras peligrosas el viernes en Bilbao. Abrimos la jornada en el Cotton Club, porque me hacía mucha ilusión hincar el diente a Gatomojado, cuarteto vallecano de blues-rock con deje ‘leñero’ que actuó ante una treintena de seres humanos (como se cuenta en el post previo), y rematamos la velada en el Kafe Antzokia, con aforo agotado para ver a los asturianos resucitados Ilegales (1982-2011, y la encarnación actual, de 2014 en adelante) presentando su último disco, el undécimo oficial, ‘Rebelión’. O sea que habría veinte personas por cada una de las que estuvimos en el Cotton Club. Ilegales, en cuarteto preciso, acerado y eléctrico, con Willy Vijande al bajo, volumen poderoso (a una espectadora se le formó un tapón en el oído), durante una hora y tres cuartos tocaron 34 canciones sólidas y cromadas según las cuentas de su líder, Jorge Martínez (treinta antes del bis, que lo dijo él mismo, y cuatro en el bis, que lo anticipó), un Jorge Martínez alto y espigado, del todo calvo, con pinta de Mortadelo y con camisa blanca de rayas verticales negras a modo de barrotes (aunque advirtió que a la cárcel sólo había ido a tocar).

En cuarteto con el fiel Vijande al bajo y un segundo guitarrista y teclista más joven (foto: Carlos García Azpiazu).

Todo el mundo salió encantado y nadie puso ninguna pega al concierto. Bueno, sí: uno dijo que en vez de 30 canciones podría haber tocado 40. Y así, pleno de facultades a sus 63 o 64 años, dando saltos mejor que Wilko Johnson y contoneándose más larguirucho que Leiva, el incombustible Jorge, sin usar Teleprompter ni atriles y esgrimiendo una Stratocaster blanca, enlazó las canciones sin dejar resquicios para la cháchara, yendo al grano, a un meollo tan esquemático como es su fórmula roquera. Enlazó las canciones alternando los rocks movidos con los ataques de melancolía, sobre todo el provocado por ‘Me gusta cómo hueles’, inspirado por una chica suicida, y antes del cual introdujo Jorge Ilegal: «Ahora vamos con una de esas canciones frágiles. No la tocábamos desde principio de los 90. Me ha sorprendido que no venga ningún patán a joderla». Y continuó con otra en la misma onda: ‘La casa del misterio’.

El súcubo ovetense solía saludar echándose la mano a la frente (imagen de móvil: Carlos Benito).

La masa (hum… talludita y bastante mixta) acudió predispuesta al Kafe Antzokia y gozó de canciones añejas: el ska narcotraficante ‘Hola mamoncete’, la nihilista ‘Ella saltó por la ventana’, raptos melancólicos como ‘Agotados de esperar el fin’, borrascas que pasados los años aún se entienden más en su crudeza como ‘El norte está lleno de frío’, más melancolía en ‘Enamorados de Varsovia’… Y ahí, firme en el centro de la escena, saludando echándose la mano a la frente como un militar, brindando por los que están y los que ya no están (y elevó un vaso de lo que parecía kalimotxo), secándose el cráneo con una toalla negra, Jorge Ilegal siguió desgranando melodías tristes en punteos de su Stratocaster blanca, o acerados alaridos de sus seis cuerdas, mientras el repertorio combinaba macarrismo descarado (‘Voy al bar’, el himno ‘Chicos pálidos para la máquina’, ‘El demonio’…) y autoafirmaciones chulescas (el sabor surf de ‘Si la muerte me mira de frente me pongo de lao’, ‘Ruido’) con sensibilidad epidérmica (la coreada por el gentío ‘Yo soy quien espía los juegos de los niños’, luego ‘Regreso al sexo químicamente puro’…).

Repartiendo sus sinceras bendiciones antes de la última canción, ‘Destruye’ (foto: Carlos García Azpiazu).

Inteligente y controlador, tras el mentado lapso con el par de canciones ‘frágiles’ ubicado allá por el ecuador, Jorge Martínez apretó en el epílogo con clásicos personales violentos hasta el surrealismo: el rockabilly a lo Robert Gordon con Link Wray ‘Eres una puta’, el psychobilly ‘Soy un macarra’, el himno coreado a pleno pulmón ‘Tiempos nuevos, tiempos salvajes’ (el que reza: «toma un arma, eso te salvará / levántate y lucha esta es tu pelea / levántate y lucha, no voy a luchar por ti»), una ‘Dextro-anfetamina’  tan acelerada como los punkarras The Exploited, o ‘Bestia, bestia’ (la de «mis dos puños cuidan de mí»). Y para el bis cuádruple recuperó ‘Hombre solitario’ y ‘Problema sexual’, y tras impartirnos sincero su bendición, la noche, la fiesta se acabó con ‘Destruye’ y su gradación.

ÓSCAR CUBILLO

Hum, si la Strato es rosácea y no blanquecina, esta imagen es de los últimos compases del show (foto: Carlos García Azpiazu).

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Author: bilbaoenvivo

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