Ismael Serrano: ¿Acabó su show en el Arriaga? (+ entrevista)

Ismael Serrano sentado y concentrado ante su tercer atril, a la derecha (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

CAL: *

Domingo 3 de febrero de 2019, Bilbao, Teatro Arriaga, 19 h, entradas de 18 a 35 € (entradas agotadas).

 

Final muy extraño en el recital teatralizado del cantautor madrileño, que dio un show en solitario creciente y muy logrado en las canciones de amor y del peso de la vida y que al final se vio emborronada por la invasión del escenario por un valenciano

 

Nos dio la sensación de que Ismael Serrano dejó sin terminar su recital vespertino dominical en el Arriaga. Y nos quedamos sin saber qué sucedió con ‘Ella’. En el lobby se anunciaba que el encuentro duraría dos horas y cuarto pero se acabó al de dos horas y 20 minutos. O sea, conociendo al personaje, la cosa quedó corta. Además, Ismael suele dar dos bises en esta gira y el domingo sólo hubo uno.

Tras dar ese primer bis y hacer mutis rápidamente, un sujeto invadió el escenario con una niña (el que suscribe llegó a pensar que la niña era ‘Ella’), intentaron desalojarle, pero ahí se quedó, soltando un discurso de cinco minutos, y eso que el maromo aseguró que no le gusta hablar. Sin micrófono contó que venían de Valencia, que había perdido un perro, que estaban grabando vídeos para la niña, que ella silbaba y la gente repetía su sonido. Y la niña sacó un chiflo y lo hizo sonar, y mucha de la gente que llenaba el teatro lo imitó, y el presunto padre lo grabó con un móvil cutre. Una situación más ridícula que surrealista. Y pensé que hemos nacido para esclavos. Y ahí se acabó el concierto y la gente probablemente se quedó sin oír más a Ismael, quien por culpa del anticlímax no reapareció.

Con Enrique, el chico que le sostuvo la letra en ‘Te odio’ (foto: Carlos García Azpiazu).

Dos espontáneos aparecieron en el recital dominical de público transversal y bastante joven: el inesperado y cortarrollos valenciano ya mentado (aún se ignora si más mimado o consentido es el padre o la hija), y un madrileño de San Sebastián de los Reyes que vino desde Torrelavega y sostuvo a Ismael el cuaderno con la letra de ‘Te odio’. La cantó sentado al borde del tablado, donde sufrió el rechazo de una chica de jersey gris de la segunda fila que prefirió no colaborar y a la que usó de diana de sus bromas a partir entonces.

En la segunda fila, con jersey gris, la chica blanco de las bromas de Ismael (foto: Carlos García Azpiazu).

«No canto desde el rencor ni desde la nostalgia, pero tengo memoria para no repetir los errores», avisó al abrir único bis el cantautor progre Ismael Serrano Morón, un madrileño de 44 años. Vale, el rencor que derramó sobre la chica de la segunda fila iba en broma, y más que en el rencor Ismael vive en una burbuja políticamente correcta, que ya sabemos es una dictadura. Sin embargo, la nostalgia le embarga hasta la melancolía, lo cual se percibe desde las anécdotas, como esa de juntarse los compañeros del instituto en Navidad (con tanto rencor reservado para el guaperas de entonces), o al referirse a los amores perdidos (cuando hablaba de ‘Ella’), hasta la misma lírica de sus canciones, veteadas por el paso del tiempo: «somos el lamento de una vieja herida» cantó en ‘Ven’, antes del verso, «he robado pan de la mesa del rico» (comparado conmigo Ismael es el rico, muy rico); «ahora que la adolescencia es un septiembre lejano» entonó en ‘Ahora’ (premiada con una ovación rota y durante la cual preguntó Ismael: «¿te acuerdas de esta canción?, qué jóvenes hemos sido»); o el sentirse cansado físicamente («y nieva sobre mi espalda cansada», confesaba en ‘Nieve’).

Ismael Serrano siente nostalgia, añoranza, hasta por lo que no ha vivido, como certifica su mayor éxito, el sesentayochista ‘Papá cuéntame otra vez’, antes del cual soltó un discurso reconociendo que al menos sus padres tenían un relato, que los de su generación ni eso (y aquí le falló la microfonía, lo cual sirve de metáfora no buscada).

Fue un concierto de 20 canciones en 140 minutos que se hizo corto, más aun conociendo al personaje. 26 canciones en dos horas y tres cuartos administró en mayo de 2018 en el Euskalduna, eso que entonces vino con banda, una estupenda banda dream pop, y se anunciaba que la cita duraría dos horas (así lo contamos). El domingo en el Arriaga se oyó mejor que en mayo en el Euskalduna. Y si en el Euskalduna Ismael dialogaba con una rosa para recorrer sus veinte años de carrera, aquí, en el Arriaga, le interpelaba la voz en off de un supuesto regidor del show (que le preguntaba por ‘Ella’). Y es que se supone que no era un concierto, sino un ensayo general para el concierto al que asitiría ‘Ella’. O sea se trataba de un metaconcierto. Lo malo es que entre tanto ensayo, tanto teatro, ajustes con los técnicos y conversaciones con la voz en off (que estaba grabada), a veces Ismael rompía la cuarta pared y nos preguntaba si lo estábamos pasando bien y demás. Ese fue el único fallo, el desajuste.

Leyendo del periódico noticias curiosas, como la del octogenario atacado por un buitre
(foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

Ismael irrumpió corriendo por el patio de butacas, porque se había perdido y llegaba tarde. Muy lograda y divertida su entrada, sí. Y en tal recital teatralizado interpretó desde tres atriles, el central, uno a la derecha donde cantó sentado (¡y hasta donde nevó!), y otro a la izquierda (no nos parece mal que tenga la letra a mano, pues son canciones tan largas…). Iba chequeando la cosa, hablando con dos técnicos que permanecían en la escena oscura y chatarrera, y reveló una solvencia estupenda a la guitarra, pues fue muy versátil en diferentes estilos, desde los arpegios brasileños de ‘Últimamente’ hasta los americanos del country alternativo del ‘Ojalá’ de Silvio.

Hum… El concierto fue creciente y hubo quizá tres momentos más flojos entre la veintena de piezas: la primera vez que usó el loop para tocar sobre el ritmo ya marcado por la guitarra (‘Sucede que a veces’, la cuarta), cuando se puso más explícitamente reivindicativo y dijo que se acercaba el 8 de marzo y aseguró que tenía toda la esperanza puesta en  «vosotras» (la feminista ‘El día de la ira’, la de «nadie podrá decidir sobre tu vientre» y otros rozamientos con el panfleto, que fue la novena canción), y cuando encendió la radio y de ella salió un innecesario y disruptivo ritmo reguetón que deslució la canción en cuestión (‘La llamada’, la duodécima).

Serrano, un cantautor de carga política sentado al borde del escenario (foto: Carlos García Azpiazu).

En efecto: Ismael Serrano canta suavito, pero sus mensajes tienen hondo calado político, un mensaje no tan subliminal (reyes que pierden coronas, palacios que se derrumban, un grito de revolución soltado por un espectador desde un palco, otro de asesino gritado por muchas chicas a mitad de una canción…; por supuesto, no hubo ninguna referencia a la desintegración de Podemos ni la de Maduro, pero ahí seguía él lanzando lecciones morales) en títulos como ‘Al bando vencido’ abriendo el bis, o antes, en modo de poética panfletaria, ‘Si se callase el ruido’, con buenos loops aumentando su voz hasta el coro

Pero lo mejor de este concierto creciente fueron las canciones de amor, que sobre todo llovieron por la parte postrera, canciones de amor ya fuera en versiones (‘Palabras para Julia’ de Paco Ibáñez adaptando a José Agustín Goytisolo en plan folk recogido, ‘Ojalá’ de Silvio Rodríguez en plan crepuscular) o en originales: la mentada y brasileña ‘Últimamente’, un ‘Recuerdo’ que quizá fue lo más bonito y logrado de la velada, la exangüe y efectiva ‘Vértigo’… Y también le quedaron bonitas canciones recargadas de la tristura que abriga al poeta, pues él, Ismael, es un poeta, un vate, un trovador (‘Sin ti a mi lado’, una de las que el artista se presenta como perdedor, ‘Ahora que te encuentro’ y el aire de derrota…).

Esta dominical fue de las mejores veces que hemos visto a Ismael. Incluso no abusó tanto del vibrato, optando más bien por un susurro recurrente. Y por cierto, las entradas estaban agotadas, pero se liberaron 7 butacas buenas a última hora de las que se consiguieron vender dos más.

OSCAR CUBILLO

 

Ismael pensativo ante el tercer atril, el de la derecha (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

 

+++ ENTREVISTA +++

«En Madrid suelo estar con mi hija, trato de escribir y de leer, de compartir con los amigos… »

 

El cantautor madrileño habla de la crisis de Podemos, del teleprompter y de sus guitarras

antes de sus recitales en el Arriaga (agotado) y Principal (la víspera quedan 60 entradas)

 

El cantautor progre madrileño Ismael Serrano Morón (Madrid, 9 de marzo de 1974) está prolongando la gira de celebración de sus veinte años de carrera. En 1997 editó su primer disco, ‘Atrapados en azul’, contenedor de su gran éxito ‘Papá, cuéntame otra vez’, y en octubre de octubre de 2017 lanzó el doble CD + DVD  en directo ‘20 años – Hoy es siempre’ (Sony), que presentó por España y América a lo largo de 2018. Y ahora prolonga la efemérides con el repertorio más oculto de un nuevo directo titulado ‘Todavía’, grabado en formato íntimo en Argentina, ante sus amigos, y con solo un corte inédito, ‘Crucé un océano’. Ismael actuó el domingo en Bilbao, y el miércoles anterior, por la tarde, le pegábamos un telefonazo.

¿Dónde vives? ¿En Madrid o entre Madrid y Argentina?

Ahora más en Madrid, la verdad. Mi casa, mi hogar, donde está mi familia y donde vive hija mi hija, es en Madrid. Lo que sucede es que gran parte de mis mejores amigos viven en Buenos Aires, y la madre de mi hija es porteña, de Buenos Aires, así que vamos y venimos porque también tengo familia ahí. Entonces paso bastantes meses del año ahí pero vivo en Madrid.

¿Y qué haces en Madrid un día que no debes salir a dar conciertos?

Pues creo que fundamentalmente pasar todo el tiempo que puedo con mi hija. Yo tengo una niña de cinco años y lo más difícil de este oficio ahora mismo es viajar e irse. La distancia. Fíjate: algo de lo que más me ha aportado en este oficio, que ha sido el viajar. Soy consciente de que la esencia de este oficio es echarte la guitarra al hombro e ir de un lado a otro, pero ahora viajar cuesta un poco más porque supone echar de menos a mi hija y a mi gente. Pero bueno, en Madrid suelo estar con mi hija, trato de escribir y de leer, de compartir con los amigos…

Ya viniste al Euskalduna con la gira de 20 años. Ahora regresas sin banda de acompañamiento, sin esa banda tan dream pop. ¿Qué más diferencias habrá entre los dos espectáculos?

Se trata de recuperar algunas canciones que por lo general se quedan fuera del repertorio y que habitualmente quizá no están tan presentes. Se trata también de cantar canciones que sí venimos haciendo y que son más conocidas. Y se trata sobre todo de hacer repaso de estos temas en estado químicamente puro, ¿no? Creo que esto hace más fácil la complicidad con el público, el diálogo con el público. Facilita la improvisación y, bueno, esa cercanía que se produce cuando uno presenta las canciones con voz y guitarra.

¿Te entrevistará durante el espectáculo la rosa que en el Euskalduna te tildó de cursi, pedante, solemne, triste…? Esa fue una bienvenida autocaricatura, Ismael. Otros ni se atreverían.

No, pero sí habrá otra voz que me interpele. No será una rosa, pero habrá alguien que me ayudará a mantener un diálogo.

Ismael en el segundo atril, el de la izquierda (foto: Enrique Moreno Esquibel / Teatro Arriaga).

El teleprompter con las letras… Lo usaste en el Euskalduna. Cada vez más cantantes lo usan. ¿Por qué es necesario? Hay quien lo tiene a mano pero ni lo mira, que solo lo lleva por sentirse seguro.

No sé. Se ha generado un hábito en mí. Una cierta esclavitud quizá debida a una cuestión de inseguridad, fundamentalmente. La verdad es que uno se sabe las canciones, pero este hábito genera una dependencia que te esclaviza de alguna manera y me temo que soy rehén de este hábito que sí me molaría dejar. Tenerlo como recordatorio está bien, lo malo es cuando eres muy dependiente. Además yo me he acostumbrado porque estoy pendiente de muchas cosas en el escenario. En el caso de la rosa había otros muchos factores: lo musical, la letra, los textos que debía decir, los efectos que se producían en el escenario, las luces… La atención está tan repartida que uno tiene el teleprompter casi como refuerzo también.

¿Qué te gustaría hacer en Bilbao si tienes algunas horas libres?

No, no tendremos mucho tiempo libre. Salimos de Madrid y llegaremos el mismo día por la tarde y hay mucho que ensayar, que montar… Hay que probar sonido y demás. La puesta en escena es un tanto particular y hay que ver el recinto y comprobar todo in situ. Pero bueno, si hubiera tiempo fundamentalmente lo que me gustaría es pasear. Eso es lo que haría.

¿Cuántas guitarras tienes y cuál es tu favorita?

Jo, tendría que contarlas porque tengo unas cuantas. Tengo un par de Takamines, tengo una Prudencio, y la que más me gusta es la última que he conseguido, una guitarra Raimundo que me ha fabricado una gente de Valencia. Es una guitarra española muy bonita y con esta gente tenemos un proyecto de hacer guitarras juntos. Eso en cuanto a guitarras de cuerdas de nailon. Respecto a las guitarras con cuerdas de acero tengo el corazón dividido entre una Lowden que utilizo sobre todo para grabar y componer, y luego la Taylor que llevo en directo porque creo que no hay ninguna guitarra que suene tan bien en vivo gracias a su pastilla.

¿Qué opinas de la crisis de Podemos en Madrid, que están ahí desertando?

Pues que es una pena. Al votante le cuesta movilizarse e ilusionarse, y si lo combinas con crisis como esta, que yo creo que más bien es personalista, le desanimas aún más. Le desmovilizas cuando hay que conseguir lo contrario. Quizá, como hijos de nuestra generación, somos hiperindividualistas, personalistas. Somos incapaces de encontrar puntos de encuentro. Bueno, yo podría entender que tanta división en la izquierda respondiera a cuestiones programáticas, a que hay diferentes hojas de ruta, pero ni siquiera es eso. El problema parece ser algo personal, y eso le sume a uno en una melancolía absoluta.

ÓSCAR CUBILLO

 

‘Crucé un océano’, la canción inédita del disco en directo ‘Todavía’:

 

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Author: bilbaoenvivo

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