Jesús Méndez + Antonio Reyes: Duelo de cante calé

Jesús Méndez, cerebral y a veces ardiente (foto: Carlos García Azpiazu).

CAL: ** / *

Viernes 8 de marzo de 2019, Barakaldo, 23º Viernes Flamencos, Teatro Barakaldo, 20.30 h, 25 €, 22 € en el anfiteatro.

 

En su paso por la sala grande del Teatro Barakaldo, los gitanos jerezanos oficiaron el uno cerebral y para el público, y el otro dulce y para sí mismo

 

De la cartelera melómana del viernes en Bizkaia nos decantamos por la cuarta de las siete sesiones de la 23ª edición de los Viernes Flamencos del Teatro Barakaldo, por el programa bautizado ‘De Jerez y Los Puertos’ y coliderado por dos cantaores gitanos pujantes como Antonio Reyes (43 años) y Jesús Méndez (34). Les escoltó el guitarrista Manuel Parrilla (51), que no anduvo fino: suponen los que saben que se le notó falto de practica por llevar tiempo sin tocar.

La cita baracaldesa, de 13 temas en 97 minutos, empezó muy bien con tres momentos solistas. Los dos cantaores por tonás, revelando sus estilos a capela, para entendernos, ambos con las gargantas calentadas: nuestro favorito Jesús Méndez, sobrino de La Paquera, colmó la sala grande del teatro (200 personas ya habría, más que las 150 que caben de la sala sótano) con su chorro vocal poderoso beneficiado por el eco microfónico, y Antonio Reyes Montoya, ganador del Giraldillo al cante en la Bienal de 2014, desplegó su aire dulce, alargando la vibración con duende.

Parrilla a solas libró el examen y luego se puso al servicio de Jesús Méndez (CAL: **), nacido Jesús Ruiz Cabello en la Plazuela del Barrio de San Miguel de Jerez de la Frontera. Méndez entonó con poderío, segurísimo de sus facultades, jondo aunque cerebral, calé pero moderno, firme y abarcador. Saludó diciendo que «es un privilegio venir siempre por Barakaldo», y reinició rotundo la velada a dúo por soleá («si las piedras de la calle tuvieran conocimientoooo»), con Parrilla mirándole atentísimo y parándose imperceptiblemente los dos, como suspendidos, cuando Jesús pareció pensar en algo fuera de campo. Pero remontaron y «ole» jalearon muchos y «suena puro, ¿eh?» planteó un espectador de la fila de atrás.

La siguiente pieza, la taranta, fue el cénit de la cita. Fue arte que se admiraría en un teatro neoyorquino, con Méndez entregado y minero antes de culminar su tanda triple por tientos-tangos que en la parte más alegre rebosó gitanería: «de Barcelona a Valencia, de Valencia a Sevilla, las gitanas bailan todas por seguiriyas», y después, en una expansión vocal que levantó un «¡hala!» del aficionado de atrás, entonó el jerezano: «Dolores… Dolores, ¿con qué te lavas la cara que te huele tanto a flores?». Buah, acabó Méndez y el patio se puso a gritar «muy bien», «oso ondo» y «aúpa tú» mientras aplaudía a rabiar.

Antonio Reyes, de aire estilista y dulce, en pie en la toná inicial (foto: Carlos García Azpiazu).

Jesús hizo mutis y le sustituyó en escena el pícaro y barbado Antonio Reyes (CAL: *), que saludó así: «Ante todo muchas gracias, sólo decir que estoy encantao de estar en esta bendita tierra una vez más. Y agradecer también a la organización por traerme. Trataré de charlar poco y de agradarles a ustedes. Empezaré por alegrías de mi tierra, de Chiclana, Cádiz», y cantó recogido, muy melódico, y Parrilla hacía agua, porque Antonio parecía cantar muy a su bola y le costaba seguirle. Y propuso el cantaor: «Un poquito por tangos», y «muy bien» aprobó el sujeto de la fila de atrás, y «vamos allá» se animó Reyes, quien cantó, más que moderno, actual, y transversal, en plan el flamenquito que gusta a tantos, por ejemplo a los guipuzcoanos de Sonakay (los del ‘Txoria txori’ por bulerías, ya saben, los del programa televisivo Got Talent), colando un fragmento estilista del ‘A tu vera’ de Lola Flores a modo de carnaza, con Parrilla fatal, un Parrilla que, menos mal, se recompuso en las seguiriyas, que estuvieron fenomenal, con Reyes interpretando más canónico y rompiendo por momentos.

El epílogo se vivió con los tres oficiantes sobre la tarima. Apoyándose ambos cantaores a las palmas, Jesús Méndez, con ese poderío sobrado que le servía para tapar las carencias pasajeras de Parrilla, con unas tablas premiadas al acabar con oles y una larga ovación, se puede decir que por bulerías aplastó a un Antonio Reyes destensado en las suyas (jo, si hasta Antonio le miraba con prevención a Jesús). Y tras el paripé del bis, se prolongaron por fandangos: Méndez cantó ardiente y Reyes suavito y estilista y poniéndose en pie.

Concluyamos diciendo que resultó una satisfactoria velada esta ‘De Jerez y Los Puertos’, con Jesús Méndez controlando todo arriba y abajo y Antonio Reyes superado en el supuesto duelo. Un Reyes que cantó para él, gustándose y atreviéndose en quiebros que despistaban a Parrilla, aunque halagara al respetable prometiéndole que cantaría para agradarnos. Je, je, qué zalamero…

ÓSCAR CUBILLO

Méndez, Reyes y el ese día mayormente despistado Parrilla (foto: Carlos García Azpiazu).

 

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Author: bilbaoenvivo

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