“Me gusta sorprender al lector y a mí mismo” Entrevista a Albert Monteys.

Albert Monteys es uno de nuestros autores más versátiles. En sus páginas el humor se expande para construir universos de ficción que saben salir del público especializado del cómic. Un autor inquieto que ha sido testigo de los grandes movimientos del cómic en las últimas décadas viviéndolos en primera persona. Con él recorremos su trayectoria y hablamos de los muchos mundos posibles detrás de las viñetas.

 Desde tus comienzos se ve que lo tuyo es el humor cuáles fueron tus influencias? 

Mis primeras influencias son la escuela Bruguera y la escuela Franco Belga. Ibáñez, Franquin, Uderzo, Vazquez… Iba pasando de unos a otros sin diferenciar mucho. Después ya me enganché al underground de los ochenta y al “comic indie” de los 90 que surgió de él. Clowes, Burns, Bagge y demás…

Comienzas tu labor como dibujante en Bellas Artes creando con otros compañeros de clase un tebeo mítico “Mondo Lirondo” ¿Qué recuerdas de esa época?.

Que nos lo pasábamos muy bien. Seguramente es la única época en mi vida en la que he dibujado lo que me ha dado la gana. Sin pensar en ventas, público ni editores… “Mondo Lirondo” consistía básicamente en jugar con tus amigos, hacernos reír unos a los otros y sacar el tebeo con unos retrasos espectaculares, siempre. Empezamos con Mondo Lirondo porque en la facultad de Bellas Artes se ninguneaba a los cómics de una manera espectacular, de manera que poco a poco fuimos perdiendo interés en las clases y nos quedamos en el bar, dibujando locuras con todo el tiempo del mundo por delante. No sé en qué momento decidimos convertir aquello en una cosa que fuera a imprenta, pero funcionó muy bien, Se vendían más Mondos Lirondos que la mayoría de tebeos que se publican hoy…

Estamos hablando de los años 90, una época en la que las revistas habían desaparecido y aún no se soñaba con el auge de la novela gráfica. La autoedición era el camino para muchos autores y pequeñas editoriales como Camaleón intentaban con más intención que medios seguir publicando. ¿Cómo vivíais la experiencia?

Bueno, la sensación durante los noventa era que se había ido todo al garete. Las revistas de “cómic adulto” iban de baja y no parecía que hubiera nada de producción propia que fuera a sustituirlas. Esa sensación de tramo final, que al final resulto ser sólo una fase más, tenía como ventaja la libertad creativa de no tener nada que perder. Además el formato que imperaba en esos momentos (el comic-book) hacía posible publicar barato y que no fuera descabellado tirarse a la piscina. No fue una época muy buena, editorialmente hablando, pero los recuerdos que conservo son todos maravillosos. Igual porque era más joven.

Todo era muy pequeño en esa época, muy poquita cosa, pero muchos de los nombres que ahora son habituales en el tebeo español, los autores de grandes tebeos actuales, empezaron en los noventa en esos formatos tan de supervivencia. Santiago García, Luís Bustos, Josep Busquet… la lista es enorme.

“Mondo Lirondo” ha dado algunos personajes míticos del cómic. ¿No pensasteis en algún momento que pudiera tener continuidad el proyecto?

“Mondo Lirondo” era, en gran medida, fruto de un ecosistema que desapareció cuando terminamos de estudiar Bellas Artes y nos tuvimos que buscar la vida cada uno por su lado. La idea de continuar el proyecto, o como mínimo seguir haciendo cosas con el colectivo de La Peñya, siempre estuvo ahí pero no encontrábamos ya el espacio o el momento para ponernos con ello. De todos modos hay un momento muy delicado, cuando tienes algo que te ha surgido espontáneamente y funciona muy bien, tienes la sensación de que has dado con algo que conecta y te planteas si vale la pena alargarle la vida más allá de su ciclo natural. Y en general no es buena idea, yo soy muy partidario de que las cosas terminen en algún momento, de cerrar un ciclo y empezar otro y no explotar las ideas que van surgiendo hasta que se seque la fuente.

 

“Mondo Lirondo” es una obra de culto que se ha reeditado constantemente.

Que se reediten los tebeos que han marcado un momento es, supongo, señal de buena salud de una industria. El tebeo volvió a editarse, tal cual en 2015, y esa edición ha ido un poco más lenta de ventas. ha pasado el tiempo supongo, se han hecho muchos tebeos en medio y el humor, a veces, no envejece tan bien como nos gustaría. Yo sigo encontrando mucho disfrute y mucho placer en sus páginas, pero entiendo que los caminos que recorrimos ahí son ahora mucho más habituales que cuando se publicó en 1992, cuando había muy pocas cosas parecidas.

Quince años después volvéis a reuniros en una nueva aventura en la que os convertís en protagonistas.

Ese guión se escribió poco después de cerrar el último número de Mondo Lirondo, con esa idea de seguir haciendo cosas juntos. Como seguir con “Mondo” era algo que no teníamos claro, nos planteamos hacer algo ligeramente distinto. Un cómic sobre volver a hacer “Mondo Lirondo”. Supongo que, inconscientemente sabíamos que regresar a ese momento que nos permitía hacer “Mondo lirondo” era ya imposible. Tardamos casi quince años en dibujarlo y es un tebeo del que estoy muy orgulloso, aunque no recibió el cariño que esperábamos. Seguramente llegó tarde.

 

Posteriormente creas en solitario “Calavera Lunar”. Desde “Mondo Lirondo” utilizas, y aquí está más presente, la cultura de calle, los tebeos, muñecos articulados, anuncios y demás.

Sí, las generaciones que han vivido guerras hablan de ello, la mía es de las primeras cuyas experiencias más bestias proceden todas de la ficción. Por eso, supongo, esa fijación con el imaginario de la cultura popular. Es lo que nos ha marcado.

“Calavera Lunar” será tu primera obra propia “larga”.

Imagino que el hecho de que, en mi caso, “obra larga” sean 24 páginas habla mucho del tipo de dibujante que soy. Siempre se me han dado mejor las extensiones cortas, plantear el tema, rematar deprisa y a otra cosa. En todo caso fueron 24 páginas que dieron mucho de sí. Otro tema al que vuelvo una y otra vez, más allá de la ciencia-ficción es el de hacer obras que son, ficcionalmente, un fragmento de otra obra más larga. Calavera es el número 267 de una serie que no existe. Creo que tiene que ver con el tipo de lecturas que me iniciaron en el mundo del cómic. Pillabas el número 67 de Spiderman y tenías que imaginarte el resto, y solía ser mejor de lo que había sucedido en realidad. Me pasaba lo mismo con el cine y la TV, la mayoría de películas las pillabas ya empezadas, por lo menos en mi casa. Creo que le tengo mucho cariño a ese tipo de narrativa fragmentada, a dejar que el lector rellene la trama, la historia…

En ocasiones has amagado con retomar el personaje.

Sí, tengo unas 20 páginas más de Calavera repartidas por revistas varias. Como en el caso de “Mondo Lirondo”, no siempre es buena idea retomar las cosas más allá de su vida natural. No son malas historietas, alguna me gusta muchísimo, pero no me sentía muy cómodo alargando algo que, en el fondo, era un chiste puntual.

En esta época “El Jueves” busca refrescar su plantilla y os integráis en ella nuevos autores como tu mismo o Manel Fontdevila. ¿Cómo fueron los comienzos?. ¿Te costó mucho pasar de un mundo cercano al fanzine a una revista de periodicidad semanal, referente además en el mundo del humor?

Me supuso un reto enorme, un pequeño infierno en realidad, adaptarme al formato y a las entregas semanales. Estaba acostumbrado a hacer lo que quisiera cuando quisiera, y de repente tenía que entregar chistes de una página cada martes… por suerte el cerebro se me fue amoldando a esa manera de trabajar y no tardé mucho atravesar el desierto y sentirme cómodo otra vez.

 

Creas al personaje “Tato”, un repartidor de pizza que vive en un piso compartido. En esta serie se ve tu gran capacidad para trabajar los personajes secundarios y llevar el lenguaje cotidiano a las viñetas.

Sí. Los tres primeros años de “Tato” son totalmente olvidables, a causa de ese cambio de ritmo que comentaba antes. Una vez empecé a sentirme cómodo pude comenzar a divertirme, a poner más cosas mías y cuando el dibujante se divierte, en general, también se divierte el lector. También, todo hay que decirlo, tenía al lado a Manel Fontdevila, que es un titán del humor, los personajes y la cotidianidad, y me fijé muy fuerte en lo que hacía y cómo lo hacía. Sin la influencia de Manel, mis tebeos para “El Jueves” hubieran sido otros, seguro.

En “El Jueves” encontramos dos nombres que se repetirán a lo largo de toda tu trayectoria. Uno de ellos es Manel.

Manel es una de mis influencias fundamentales, aparte de un buen amigo y colega. Ya en la etapa de Camaleón él y Pep Brocal sacaban el “Mister Brain” que nos tenía a todos alucinados así que, cuando entramos en “El Jueves”, más o menos al mismo tiempo yo abrí bien los ojos para aprender todo lo que pudiera. Creo que mis tebeos para “El Jueves” no serían los mismos si él no hubiera estado ahí. Es un humorista con un instinto y una inteligencia brutales, pero además venía ya bregado de muchos años haciendo chiste diario. Creo, de verdad, que es uno de los mejores autores de nuestra generación y, al principio, trabajar con el me imponía mucho respeto.

Junto a él realizabas una de las series más emblemáticas de la revista: “Para ti que eres joven” ¿Cuál era vuestro método de trabajo?

Manel y yo tenemos ideas muy parecidas sobre el humor así que el trabajo siempre fue muy fluido hasta el punto en que no había, prácticamente, método de trabajo. Una vez al mes hacíamos una lista de temas, los desglosábamos en partes y cada uno hacía lo suyo desde su casa. Muchas veces veía los chistes de Manel directamente cuando salían publicados en “El Jueves”. Nos entendíamos tan bien que todo funcionaba como si nos lo hubiéramos hablado mucho.

El otro nombre es Manuel Bartual, autor multidisciplinar que muestra que la creatividad no es solo saber contar historias sino también generar los formatos adecuados para que evolucionen.

Manuel no para de tener ideas en todas direcciones. desde fuera nos parece alucinante que pueda hacer todo lo que hace. De hecho creo que lo que demuestra Manuel es que, si sabes contar historias vas a hacerlo bien en todos los formatos y, claro, él además tiene la inteligencia suficiente como para darse cuenta de qué herramientas te da cada formato para explotarlas al máximo. Mi apuesta es que todavía no ha acabado de sorprendernos, porque creo que lo que le motiva de  verdad es pisar nuevos terrenos.

 

“El Jueves” decide crear una nueva revista, “Mister K”, con la voluntad de recuperar el público infantil. Allí comenzarás a publicar “Carlitos Fax”.

En el año 2004 José Luís Martín, editor de El Jueves propuso crear una nueva revista para niños. La idea era recuperar el cómic infantil de quiosco y, dado que en El Jueves ya existía la maquinaria humana como para publicar una revista de historietas regular, pensó que sería bueno aprovechar el momento. Ahí se me propuso pensar una serie para esa nueva revista, que terminó llamándose “Mister K”.

Me planteé hacer el tipo de tebeo que yo disfrutaba de niño (mi tebeo favorito a los 12 años era “Súper López”) y mezclarlo con otra pasión, la ciencia-ficción retro. De ahí nace “Carlitos Fax”, un robot que empieza siendo material de oficina pero que quiere ser periodista.

La verdad es que es un material del que estoy muy contento. En su momento me costaba un montón producir la historieta semanal, pero viéndolo todo junto, conseguí hacer lo que me proponía. Historietas para niños con algo de enjundia.

¿Tiene sentido intentar recuperar ese público infantil que comentábamos?

Siempre ha habido, desde el mundo de la historieta, esa sensación de que los niños han abandonado la lectura de tebeos y que eso conduce a la desaparición del lector adulto. El momento cumbre del tebeo infantil en este país fue en los años cincuenta y desde entonces los cómics han competido con el cine, la televisión, los videojuegos y la vida en si mismo. Sigue habiendo muchos niños que tienen los cómics entre sus aficiones y lecturas. En su gran mayoría son lectores de manga. Lo que intento decir es que no sólo es posible sino que bastante bien estamos. Los cómics no volverán a ser un medio de masas, pero todavía tienen un espacio el las bibliotecas de niños y adultos, creo yo. Hacer tebeos que merezcan la pena es la parte que nos toca como autores.

“Mister K” era una idea romántica y, como la mayoría de ideas románticas, poco realista. Fue una revista fantástica, pero posiblemente el público era más el niño que llevábamos dentro los dibujantes que los niños reales que tenían que comprarla. Además, pilló a los quioscos en una época en la que el público joven no tenía costumbre de acercarse a ellos. La revista fue dando bandazos, intentando encontrar la fórmula mientras las ventas bajaban hasta que, lamentablemente, hubo que cerrarla. Que nos quiten lo bailado.

En la época en la que creas Carlitos compaginas su realización con las colaboraciones de “El Jueves” realizando un continuo tour de force.

A nivel de trabajo, esa época fue una locura. Dibujaba tres o cuatro páginas semanales para “El Jueves” más la tres de “Carlitos Fax”, no sé ni cómo lo hacía. Lo que sí es cierto es que cuando entras en una vorágine creativa de esas características resulta más fácil escribir y dibujar. El motor está siempre en marcha, supongo. Son más costosas la épocas en las que uno hace pocas páginas y cada una supone empezar de cero.

Durante una temporada ejerces de director para la revista “El Jueves”. ¿Qué te supone desarrollar esas nuevas funciones?

La verdad es que como director, pese a la parte creativa del trabajo, lo pasé bastante mal. No estoy nada cómodo con la responsabilidad, la toma de decisiones y las jerarquías. Vivía lleno de dudas, convencido de que lo estaba haciendo muy mal, de que me estaba cargando la revista. En fin, que fue un relajo cuando regresé al freelancismo.

En paralelo a “El Jueves” has colaborado con diferentes cabeceras de cómic, como “El Manglar”, dirigida por Manuel Bartual. En estas colaboraciones se ve una búsqueda del gag puro, sin continuidad, cambiando el estilo en función de lo contado.

En el Manglar hacía la serie “The Funny Pages” que consistía en meterme en la piel de varios dibujantes de estilos muy diversos y ofrecer entregas de series que no existen. Me gusta jugar y creo que se nota en los resultados. Espero seguirla algún día…

“El Jueves” bebe directamente del público del kiosco. Manuel Bartual y Ricardo Dibbuks intentaron con “El Manglar” recuperar ese espacio para las viñetas ¿Es una utopia hoy día?

El quiosco es un espacio que se debilita, no solo para los cómics, donde la batalla se perdió hace años, sino para la prensa en general. Creo que el papel de consumo rápido acabará pasando todo a formato digital. No sé cuanto tiempo llevará esa transición, pero me parece natural y lógica. El papel quedará para librerías y será más un lujo, un capricho con su punto de fetiche. No soy gurú de nada, ¡eh? O sea que posiblemente me esté equivocando de lleno.

 Colaboras con Hernán Migoya en su resurrección de “Hazañas Bélicas” ¿Cómo afrontas un trabajo tan peculiar?

Mi primer pronto fue decir que no, puesto que no soy el tipo de dibujante que funcione en el tipo de tebeo que, a priori, es “Hazañas bélicas”. Después, viendo la lista de dibujantes que tenían en mente entendí a lo que estábamos jugando y me puse a ello. El guión de Hernán era muy divertido e intenté, para el encargo, empaparme de Boixcar. Nada fácil…


Manuel Bartual creará el sello “Caramba”. Para la editorial realizas varios trabajos. El primero, “Ser un hombre: ¿Cómo y por qué”?

La semilla de “Ser Un Hombre…” está en la cantidad de literatura reivindicando y definiendo a la mujer que ha aparecido en las últimas décadas. No existe un material equivalente sobre el hombre aunque, claro, en realidad el 90% de la literatura anterior trata sobre los hombres.  Por otro lado siempre he sentido una cierta fascinación por esa masculinidad de manual a la que no me acerco ni de lejos. Y finalmente, me pareció un tema que podía venderse con facilidad y alegría, ¡hay que pensar en todo!

EL FIN

 Hay un momento que hace que tu vida de un vuelco importante. Como integrante de la plantilla de la revista “El Jueves” asistes al cambio de una portada de la sucesión del rey censurada por la propia editorial. ¿Cómo vives esos momentos?.

Pues con cabreo, tristeza, angustia y, porqué no decirlo, con una cierta épica. Se nos presenta la elección de agachar la cabeza y acatar o plantar cara. Momentos que recordaremos toda la vida, vamos.

Los acontecimientos se suceden y derivan en un abandono masivo de los autores de la revista en repulsa de la política de RBA con el tratamiento a la corona. ¿Qué os lleva a tomar esta decisión?

Lo de “El Jueves” era un trabajo, claro, pero un trabajo que tenías que creerte, en el que iba implícito un pacto de confianza con los lectores que nos distanciaba de otros muchos medios. De repente nuestro editor decide pisotear ese pacto y ni nos pregunta qué opinamos. El único activo que tiene un humorista de actualidad es la credibilidad, así que cuando el editor decidió dilapidar la nuestra no nos quedó otra opción.

¿Cómo vives la presión mediática que se generó?

Como persona tímida que soy, mal. Por otro lado el público e incluso los periodistas, que están acostumbrados a trabajar bajo presiones similares, se solidarizaron mucho con nosotros, o sea que fue una presión en forma de masaje. Estas cosas siempre son agotadoras mentalmente, pero el balance fue positivo.

No era el primer encontronazo de la revista con la corona. En el pasado otra portada de Fontdevila había supuesto el secuestro de la edición. ¿Continúa habiendo personajes intocables? ¿Has encontrado mucho temas tabúes en tu trayectoria en la revista?

R.: El gran tabú, no sólo en “El Jueves” sino en todos los medios que llevan publicidad, son las marcas. A esa presión, me sabe mal decirlo, nos habíamos doblegado algunas veces. Nada de lo que estar orgulloso, pero siempre buscábamos la manera de puentearlo de alguna manera. El otro gran tema es la autocensura y la corrección política, ahí cada uno se conoce sus límites. No recuerdo más presiones que hayan sido eficaces.

Abandonar “El Jueves” supone dejar la única revista de humor que puede aportar estabilidad económica a los autores en este país. ¿Fue difícil tomar la decisión?

Fue más fácil, y hablo por mi, de lo que esperaba. Por un lado porque nunca tuve dudas de qué camino debía tomar y, de hecho, volvería a hacerlo. Por el otro porque llevaba ya casi 20 años en la revista y algo por dentro me avisaba de que quizás no era un mal momento para un cambio de rumbo.

Las miradas durante esos días estaban puestas sobre vosotros. La gente esperaba que los autores salientes realizaseis una nueva revista y sí que la lleváis a cabo aunque de un modo sorprendente. Antes de la coronación de Felipe VI lanzáis una revista por Internet: “Orgullo y Satisfacción”. ¿Cómo nace la propuesta?

Pues dos días después de dimitir nos reunimos Bernardo Vergara, Manel Fontdevila, Guillermo, Manuel Bartual y yo para decidir que hacer a continuación. Guillermo tenía claro que el camino era hacer otra revista y que teníamos que salir antes de la coronación de Felipe VI. No teníamos un duro, así que la única opción era hacerla digital y atarnos sólo a la generosidad de los lectores. Había modelos anteriores, como el de panelsyndicate.com que demostraban que el experimento tenía posibilidades de ser viable.

¿Cómo se organizaba “Orgullo y Satisfacción”?

Orgullo tenía una redacción formada por Manel Fontedevila, Manuel Bartual, Guillermo Torres, Bernardo Vergara y yo mismo desde la que se decidía casi todo lo que tenía que ver con la revista, contenidos, secciones, portada…. Una estructura, de hecho, heredada de “El Jueves”. Nos reuníamos mucho por Skype, sobre todo al principio, aunque cuando había que tomar decisiones muy de peso intentábamos viajar y reunirnos en persona. Los colaboradores entregaban sus series y encargos, Manuel lo maqueaba todo (lo que era un sufrir porque los dibujantes tenemos tendencia a entregar siempre a ultima hora) y ahí ya cruzábamos los dedos para que la gente siguiera apostando por la revista. El 80% de los beneficios se repartía entre los autores según lo que hubiera aportado al número y el otro 20% era para pagar gastos y a nuestro imprescindible informático, Sergio.

En un momento inicial contáis con la solidaridad del público que empatiza con vuestra situación pero poco a poco el proyecto va mostrando cuál es la sostenibilidad real del proyecto.

Salimos muy fuerte porque nos acompañaba un escándalo mediático y había mucha solidaridad. Después ya nos quedamos con los lectores a los que de verdad les interesa una revista de humor (más allá del gesto de apoyo) y, de ahí, poco a poco, se fueron cayendo los que no se sienten cómodos leyendo una revista digital. Resumiendo, el primer número vende 30.000 ejemplares y el último 6.000, que sigue sin ser una mala cifra, sobre todo para un digital, pero somos 19 autores a repartir de manera que nos sale poco a cuenta. Así que, tras tres años y medio decidimos cerrar Orgullo, pero muy contentos de los que hemos logrado.

¿Cómo viviste su cierre?

Llevábamos ya tiempo oliéndonos la tostada. Lo que más pena me da es que “Orgullo y Satisfacción” no funciona mal en cuanto a ventas, sobre todo si lo comparas con otras iniciativas similares, pero es un monstruo tan grande y resulta tan costoso cerrar cada número y somos tantos, que a final de mes no salen los números. Hemos descubierto, además, que no nos entusiasma ser editores, ¡lo que nos gusta es dibujar!

¿Qué balance sacas de la experiencia?

Todo es positivo. Cuando salimos ya considerábamos que si durábamos un año, la cosa iba a valer la pena. Habremos estado más de tres años, más de treinta números divirtiéndonos y haciendo lo que nos gusta y lo que queremos. Mirando hacia atrás, lo volvería a hacer casi todo exactamente igual.

¿Será un adiós definitivo?

Me temo que sí. Lo hemos hablado de todas las maneras posibles y no vemos que haya manera de seguir. Como autores seguiremos en otros sitios. Como colectivo, puede que nos juntemos para otras cosas. Como editores no nos volvéis a pillar.

A la vez que iba creciendo “Orgullo y Satisfacción” publicas con Astiberri “Misterios comestibles” ¿Cómo nace la obra?

Fue un encargo de Astiberri, dentro de la colección “Leyendas Urbanas” que ya habían empezado hacía un año. Me propusieron un volumen dentro de la serie, que se centra en que los autores den su visión personal de una leyenda concreta. Yo elegí las leyendas urbanas que hablan sobre comida porque me pareció un tema amplio y universal.

La colección “Leyendas urbanas” ensaya un nuevo formato más económico que pueda interesar a un público ocasional no especialmente interesado en el mundo del cómic ¿Crees que es posible acceder a este público?

El mundo del cómic bascula siempre entre predicar a los conversos y llegar a un público más general. Creo que, ahora mismo, existen puntos de venta que permiten llegar a ese público “no iniciado” o sea que todo es posible. Algunos éxitos dentro de lo que se ha dado en llamar “novela gráfica” no se entienden sin ese acceso al público no especializado.

En “Misterios comestibles” encontramos al Monteys humorista en estado puro, con un toque de surrealismo que siempre obtiene una carcajada del lector. ¿Se valora suficiente el humor en este medio?

R.: El humor se valora mucho desde el lado del público y la crítica no sabe nunca muy bien qué hacer con él. De todos modos me parece de mal gusto quejarme  de que la academia no valora el humor en todo lo que vale cuando llevo 20 años viviendo de esto.

Con “Caramba” editáis un tomo en el que mostráis lo mejor de “Orgullo y Satisfacción”.

Siempre tuvimos la sensación de que mucha gente no nos leía, o les costaba leernos, porque no  les gustaba el cómic digital, así que dábamos por sentado que, al sacarlo en papel lo que hacíamos iba a llegar a más gente. Además, nos hacía ilusión, qué caray. Los dos formatos, como se va demostrando, son compatibles y conviven muy bien, de hecho se retroalimentan. Lo de publicar libros de vez en cuando era una cosa que formaba parte del proyecto desde el principio.

En tu caso, te conviertes en personaje para contar las miserias humanas centradas en tus propias experiencias. ¿Cómo nace “El show de Albert Monteys”?

Cuando nos planteamos hacer series nuevas para “Orgullo y Satisfacción” (muchos estábamos saturados de nuestras series en “El Jueves”) me dí cuenta de que, de hecho, tenía ya un personaje sin serie en la revista, que era yo mismo. Me dibujaba en muchos rincones de mis historietas para aclarar cosas, darle remate a asuntos o simplemente contar alguna cosa que me había pasado. De manera que decidí retomar esa línea y convertirlo en serie. Al fin y al cabo, llevaba casi 20 años haciendo chistes de Tato que es un personaje muy alejado de mi carácter, hacerme a mí mismo iba a ser mucho más fácil y directo.

Reírse de uno mismo puede dar mucho de sí.

Tenía ahí un plan diabólico consistente en que los lectores me conocieran como autor, lo que genera una cierta empatía y, esa era mi teoría, hace que los cómics de ese dibujante te gusten más. Algún youtube me dijo alguna vez que eso era “hacer marca” pero como concepto me parece tan feo que prefiero el término “plan diabólico”.

¿Cuánto hay de real en el show que nos muestras?

Bastante más de lo que me gustaría admitir. El punto de partida de cada historieta es totalmente real, pero la comedia que se deriva de eso, la peripecia poquísima, casi nunca lo es. Yo, además, soy bastante más tranquilo y apocado que el personaje de mi historieta, que expresa todo lo que le pasa por la cabeza a gritos. Más que ser yo, es un avatar que dice las cosas que yo no suelo atreverme a decir.

Familiares muy cercanos se convierten también en personajes. ¿Cómo se encuentran en ese papel?

Es una pregunta que me hacen mucho. La verdad es que ni me los he trabajo como personajes per se, es decir, mi mujer y mis hijos están en la historieta más para que proyecte mis obsesiones y darme la réplica sensata que como caracteres en si mismos.  En general en casa nos queremos bastante y hay mucha placidez, pero ya sabes, ¡la comedia no entiende de eso! Mi familia lleva toda la vida aguantándome, así que ya entienden mis chistes.

Astiberri ha recopilado recientemente las historias en un solo volumen. ¿Cómo lleva el Show el paso de lo digital al papel?

Me resulta muy difícil leer mis tebeos una vez salen publicados, pero por el feedback de los lectores, todo seguido se convierte en una lectura muy intensa. Mejor irlo leyendo de a sorbos.

OTROS MUNDOS

 Compaginas tu trabajo en el cómic con encargos de ilustración. ¿Cómo te planteas estos trabajos?

Siempre había dicho que yo no era un ilustrador porque no me gustaba mucho mi estilo de dibujo y me parecía que si lo desvinculaba de mis guiones se quedaba un poco en nada. Pero iban llegando encargos y uno no está para decir que no a casi nada. Además, estos encargos suponen un cierto reto, un asomarse a cosas que nunca has hecho que tienen un punto estimulante. La verdad es que estos últimos años me lo he pasado muy bien con algunos encargos. Es como jugar con las reglas de otro. Cuando hago cómics yo me pongo casi todas las limitaciones. En el caso de la ilustración tienes otros condicionantes que te llevan a otros sitios. De todos modos me sigo considerando un dibujante de cómics que, ocasionalmente, hace trabajos de ilustración. Sigo sintiéndome un poco intruso en ese terreno.

¿Cómo te adaptas al encargo?

En general, cuando me encargan un trabajo de ilustración saben a quién se lo están pidiendo, conocen mi estilo y querer esencialmente dibujos de Albert Monteys. Eso me pone muy fácil llevar las cosas a mi terreno, claro. Después ya cada encargo tiene sus condicionantes. Una portada de libro, ilustraciones para un juego, la etiqueta de un vermut… todo son universos nuevos a los que aportas tu idiosincracia pero tienes que tener en cuenta el nuevo formato, que se pide, cómo va a ser el resultado final. En todo caso, no soy lo bastante versátil como para sacarme un estilo nuevo en cada encargo, así que siempre soy yo con mi estilo haciendo esto o lo otro.

¿Cómo te enfrentas a una ilustración? ¿Cambia mucho tu planteamiento frente al que utilizas al narrar en viñetas?

En los cómics he aprendido a relativizar el valor del dibujo frente a la narrativa. Es decir, no me siento obligado a tener un estilo virtuoso, pero sí uno que construya la historia que estoy contando. En el caso de la ilustración, que también es un arte narrativo, creo yo, te lo sueles jugar todo a una carta así que la manera en la que te enfrentas al dibujo es algo distinta. De todos modos me descubro siempre recurriendo a mi set de herramientas de dibujante de tebeos, que es el que tengo y muchas de las cosas que hago en ilustración tienen su origen en los cómics. En los cómics, eso sí, hay muchas cosas que ya sé que no funcionan por instinto. Cuando hago ilustración tengo la sensación de estar empezando siempre.

Da la sensación que hay un campo a explorar en el mundo de los juegos, en el que puedes desarrollar tu habilidad para el diseño de personajes.

De nuevo, los juegos, sobre todo los juegos de mesa modernos, son sistemas narrativos, no tan alejados de los cómics. En este caso las mecánicas que desarrollan la historia son otras. La interacción de las reglas con los componentes del juego, con las ilustraciones, con experiencia de cada jugador. Es un mundo muy complejo y ahí el trabajo del ilustrador es entender qué está contando el juego, como y facilitar o redondear la experiencia. De repente te puedes concentrar en algunas cartas como si fueran una colección de cromos, lo cual es divertidísmo, pero al momento siguiente tienes que diseñar una serie de iconos que dejan claro cómo se juega, o tener en cuenta cómo se va a usar una carta encima de la mesa. Yo soy muy jugador o sea que todo eso me resulta apasionante.

 No sé hasta que punto puedes ser más libre al crear personajes que no tengas que mover posteriormente en un montón de viñetas.

No es algo que me plantee, la verdad. Suelo actuar un poco por instinto cuando diseño personajes.

 

El modo en el que utilizas el color también varía. Frente a tu registro habitual, basado en pocos colores distribuidos con sabiduria para ayudar a la narrativa, en las cartas utilizas una paleta más amplía y renuncias a los colores planos.

Cada trabajo te pide una cosa. Concretamente en el juego “Gretchinz” me pidieron un estilo más “pintado” con degradados, sin líneas. No es algo que haría cada semana y, desde luego, en un cómic no me suele funcionar, pero soy muy partidario de aceptar los retos de este tipo, ver qué sale y qué aprendo en el proceso. Si no me dan ese tipo de instrucciones recurro a los colores planos y a las paletas básicas, que son las que me gustan y en las que me siento cómodo.

¿Cómo es el proceso de trabajo en el desarrollo de un juego?

Bueno, lo primero es jugar unas cuantas partidas, tener claras las reglas y como van a interactuar los jugadores con los componentes. Normalmente en las oficinas del editor (Devir en este caso) hacemos algunas partidas de prueba y me cuenta bien cómo ven el proyecto. Si se puede hablar con el diseñador del juego, claro, mucho mejor. A partir de ahí hay un proceso mucho más colaborativo que en mucho cómics. Un sube y baja de bocetos y maquetas para que todo encaje y sea lo que tiene que ser. al fin y al cabo estamos fabricando un mecanismo de una cierta complejidad entre todos y el dibujo además de bonito tiene que ser “usable” cuando los jugadores se sienten en la mesa. En algunos casos, si trabajas con licencias como en el caso de Games Workshop, tienes que procurar que todo sea canónico y consecuente con el universo  en el que estás trabajando.  Normalmente llega un momento en el que todo está más o menos claro y afrontas el arte final que consiste en pulir y pulir hasta que la cosa es presentable. Suele haber, siempre pasa, ultimas correcciones que pueden tener que ver con cambios en el formato de las cajas, nuevas reglas que cambien durante las pruebas de juego… Es un trabajo con mucho más movimiento que otros de ilustración.

La creatividad no solo engloba desarrollar una historia de un modo diferente. Volviendo a Bartual, creatividad es también saber encontrar nuevos enfoques y formatos que permitan seguir desarrollando vuestro trabajo en nuevas direcciones. ¿Es complicado encontrar estas nuevas vías?

No dedico mucho tiempo a pensar en eso, si te soy sincero. me parece más bien que, si estás con las orejas abiertas se te puede revelar nuevas vías, nuevas maneras de hacer las cosas. Pero no es un tema que me obsesione. Estamos instalados en el cambio constante, eso está claro, y supongo que el futuro nos sorprenderá (como en el caso de Bartual) con mil y una maneras de contar historias en nuevos formatos que, a su vez, influirán sobre la narrativa, pero soy muy poco planificador y muy de dejarme llevar, así que no voy buscando problemas, ¡ya surgirán solos!

En “El Jueves” coincides con otro autor que ha sabido diversificar sus colaboraciones en otros medios para contar en viñetas de un modo distinto como es Mauro Entrialgo. No sé el autor de cómic debería abrir su espacio más allá del mercado editorial para poder continuar desarrollando sus propuestas o al menos hacerlas sostenibles.

Está claro que al cómic salir de su marco (temático, gráfico, comercial, etc.) le suele salir a cuenta. Tenemos, en general, una visión muy limitada de los que se puede hacer con los tebeos. Una visión que, por suerte, se ha estado ampliando muchísimo estos últimos años. Frente a la visión de “hobby” que todavía permanece en muchos casos (con su nostalgia, su coleccionismo, su resistencia a las novedades) están los millones de posibilidades comunicativas de la narrativa gráfica. Supongo que hace falta gente lo bastante brillante como para aprovecharlas y salirse del espacio que todavía constriñe en muchos casos al mundo de los cómics. Pero vamos, las posibilidades están ahí y la gente con ingenio sabrá aprovecharlas.

HASTA EL INFINITO Y MÁS ALLA

 Hablábamos antes de Panel Sindicate y nos sorprende ver como decides plantear tu propia propuesta,  “¡UNIVERSO!”. ¿Cómo nace la serie?

Marcos Martín y Brian K. Vaughan llevaban ya un tiempo publicando su serie The Private Eye en su plataforma de venta de cómic digital panelsyndicate.com. Marcos tenía la idea de ampliar la oferta de la plataforma ofreciendo obra de autores afines y me propuso que pensara algo que encajara ahí. Era una oportunidad única y, tras darle muchas vueltas, le propuse “¡UNIVERSO!”, una serie que, entendía yo, podía resultarme divertida de producir y, al mismo tiempo, ser interesante para lectores de todo el mundo. Ahí busqué un estilo de dibujo más naturalista y un enfoque que, sin alejarse de la comedia, no se basara tanto en el slapstick.


La serie es la más ambiciosa que has realizado hasta la fecha a todos los niveles. En cuanto a la historia partes de la creación del “¡UNIVERSO!” y mantienes una apuesta cada vez más alta.

Mi idea es hacer historias autoconclusivas con una idea de base memorable y potente. después cruzo los dedos (y me dejo los sesos) para que el desarrollo y el final estén a la altura. El resultado es que los números no aparecen con la regularidad que me gustaría, pero se aproximan bastante a lo que quiero contar.

En lo creativo asumes cambios que van desde el estilo hasta la forma de narrar, incluido el modo en el que te relacionas con la página, mucho más libre y sin restricciones.

“¡UNIVERSO!” es un tebeo pensado para leer en digital (tablet, movil u ordenador) y ahí funcionan muchas de las cosas que ya funcionaban en los cómic de papel, pero se añaden lagunas que son exclusivas de este medio. No me veo limitado por estructura de los pliegos de papel, de manera que puedo si la historia lo pide añadirle páginas sin que suponga un sobrecoste. Al mismo tiempo, tengo que tener en cuenta que la página se va a leer en formatos muy variados, así que intento ser lo más claro y menos denso posible. A nivel narrativo son tantas las cosas que cambian (el paso de página a página, por ejemplo) que todavía tengo la sensación de estar empezando a explorar un territorio muy grande y con muchas posibilidades. El tiempo dirá.

Tu estilo de dibujo se vuelve más naturalista de lo que estamos acostumbrados.

Las de “¡UNIVERSO!” son otro tipo de historia y requerían otro tipo de dibujo, así que opté por reinventarme un poco y ver qué salía. Hasta ahora no me había atrevido a usar ese tipo de dibujo, pero ya me sentía lo bastante seguro como para jugar esa baza. Curiosamente, a los lectores de aquí les parece que he americanizado el dibujo, mientras que los lectores y reseñadores norteamericanos destacan siempre lo europeo que les parece. Espero, sea como sea, ir mejorando en ese aspecto, aprender un poco con cada número.

En tu trayectoria te has centrado especialmente en historias cortas. ¿Cómo te adaptas a un formato tan largo?

A mí, como autor, me gusta ir variando. había estado todo la vida trabajando en “El Jueves” en extensiones, como mucho, de tres páginas de manera que tener más espacio ha sido un regalo del cielo. No me veo, todavía, escribiendo una novela gráfica de 240 páginas pero en el formato de “¡UNIVERSO!”, de historias entre las 30 y las 40 páginas me siento como pez en el agua. Eso sí, suponen mucho más trabajo y estructura que el gag de página de “El Jueves”.

En “¡UNIVERSO!” recuperas los lugares comunes de la ciencia ficción con un punto de vista original.

Sí, supongo que lo que estoy haciendo es coger un escenario que me resulta cómodo y goloso a la hora de dibujar. Al final voy a estar cientos de horas ahí metido, de manera que es mejor que me resulte confortable. Por otro lado, me gustaría sorprender al lector y, si es posible, a mí mismo de manera que dedico mucho tiempo a contar la historia saliéndome de los carriles habituales.

 Recopilas los 5 primeros números en un libro editado por Astiberri. A pesar de ser cada número independiente la lectura de todos juntos nos da una mayor información sobre el mundo que estás creando.

Todas las historias de “¡UNIVERSO!” suceden en la misma realidad y, aunque están interconectadas de maneras más o menos sutiles, cada una funciona como una unidad independiente y puede ser una lectura individual. Que al leerlas todas tenga recompensa extra es un pequeño reto que me he autoimpuesto y una manera de recompensar al lector fiel. Al fin y al cabo “¡UNIVERSO!” es una colección, una serie, y uno de los objetivos es que el lector regrese a por el siguiente número.


“¡UNIVERSO!” se dirige a un público global y te permite soñar con la conquista de un nuevo mercado: el americano, en el que editoriales como Image han demostrado que hay espacio para otro tipo de cómics diferente.

Así es, con “¡UNIVERSO!” entro en otro mundo de posibilidades respecto al público que lee mi obra. Durante los primeros 20 años de mi carrera raro era que algún lector fuera de España conociera mi obra. Estos dos años que llevo con la serie me han dado visibilidad en Estados Unidos justo, creo yo, en el momento en el que el lector de allí está más abierto a propuestas que se salgan un poco del mainstream. Veremos lo que sucede.

“¡UNIVERSO!” ha posibilitado tu colaboración con autores de este mercado como el guionista Matt Fraction.

He dibujado una novela gráfica escrita por Matt Fraction que ilustra un álbum del músico neoyorquino Jonathan Coulton. Coulton tenía en marcha un concept álbum en el que las canciones contaban una historia y le propuso a Fracción lanzarlo junto a una novela gráfica. Fraction había leído algunos números de “¡UNIVERSO!” y pensó que mi estilo podía encajar. Es el tebeo más largo que he dibujado y la primera vez que colaboro con un guionista. Me lo he pasado genial y la historia (que mezcla ciencia ficción con redes sociales) estaba hecha a mi medida.

“¡UNIVERSO!” te sorprende, además, con una nominación a los Premios Eisner. ¿Cómo viviste la nominación?

Con muchísima emoción, la verdad. No creo demasiado en los premios, pero sí me reconforta mucho el apoyo de los lectores que me llegó con este. Ni tan siquiera me planteaba ganar, claro, pero sólo estar ahí nominado y la visibilidad que eso me dio, ¡maravilloso!

¿Proyectos?

Pues dedicarme en exclusiva a “¡UNIVERSO!” durante, como mínimo, el próximo año y medio. Quiero aprovechar la ola que se está formando y, además, es lo que más me divierte en estos momentos, así que miel sobre hojuelas. A ver si consigo tener otro volumen para 2019…

Infame&Co