Money Monster: This is America

Que en Estados Unidos cualquiera puede tener un arma y hacer lo que quiera con ella lo sabe todo el mundo. Sin embargo, desconocía por completo en que en este país cualquiera puede armarse con una pipa y entrar en medio de la emisión de un programa de TV eludiendo toda la seguridad del edificio, básicamente ¡porque no la hay! ¿De verdad alguien estaría tan zumbado para atreverse a manchar el traje de 2000 dólares de Mr. Nespresso? Hay que estar loco de verdad..

Dudo que esa sea la primera sensación que pretende dejarme el cuarto y angosto largometraje de la brillante actriz Jodie Foster, pero si comienzas tu película con una escena puramente de ciencia-ficción, ¿de verdad crees que puedo esperar mucho más del resto? Si además aderezas a un guión tan funcional en los personajes (Clooney, autoproclamado gurú mundial de las finanzas, un triunfador sin igual, ¿les suena?; Julia Roberts que pasaba por ahí y de la que únicamente sabemos que es la más “buena gente” del mundo; y el malote de turno, al que le falta poco para babear mientras sujeta el arma y que toda su capacidad para meter miedo se basa en “¡callaos todos o disparo!”) con escenas tan mal resueltas como la que ya he mencionado o las que transcurren en exteriores, o momentos del guión tan kamikazes y disparatados (absolutamente inconcebibles) como en el que la novia del secuestrador habla en público o se entrevistan con el dueño del banco así de fácil a punta de pistola, que pretenden ir de rompedores y de irónicos pero que se quedan en una pura caricatura, en una descarada burla al espectador que ha pagado su entrada.

Por tanto, cuando a Jodie se le viene abajo toda la peli entera, ¿qué es lo que supuestamente nos queda? ¿Su mensaje? Alegato de que nunca debemos fiarnos de los supuestos gurús de las finanzas y de que los bancos y los banqueros son más malos que la peste. ¿En qué se fundamenta dicho mensaje, en un tipo que invierte todos sus ahorros en una inversión suicida que lanza el programa más sensacionalista de toda la TV? Y yo me pregunto, ¿de verdad así es como Jodie espera que empatice y me compadezca del protagonista? Qué malos son los bancos que nos toman siempre a todos por tontos, eh…

Muchos dirán que realmente el mensaje es pura fachada, que esto es una obra de entretenimiento a cascoporro y que no hay que darle muchas más vueltas. Pero y el drama, ¿donde está, en empatizar con personajes a los que en ningún momento me creo? Y el suspense de la faceta de thriller, ¿en un niñato que solo amenaza y dispara al aire? Si ni siquiera cumples estos dos objetivos, el entretenimiento no te basta para mantener a flote una película que hace aguas por todas partes, desde la propia credibilidad de su guión sin pies ni cabeza ni desde el efectismo que supuestamente su género debería impregnarle.

Y ya para concluir un desenlace que muchos justificarán con que “¡guau!, cuánto sarcasmo, cuánta falsedad inunda nuestra sociedad de hoy en día, pasa una desgracia y solo ponemos mala cara en el instante, al otro ya hemos cambiado de canal”. Y precisamente la película hace gala del principal Mal al que pretende criticar. Una película sensacionalista, burda, con un guión insostenible, mediocre en su realización y con un mensaje final tan falsario como hipócrita. De lo peor que el cine comercial yankee nos ha dejado últimamente…

Por cierto, ¿y Clooney que tal? Pues muy bien, gracias. Derrochando todo su carisma en escenas tan forzadas como estúpidas, logrando la redención del espectador con una conversión de diablo a ángel de una escena a otra y hasta culminando con un puñetazo al que era uno de sus mayores benefactores. Y todo sin mancharse apenas su traje, ojo. Pues eso, en su salsa, lástima que él solo no de para arreglar el esperpento de peli que antes hemos tenido que tragar.

Por Patxi Álvarez