Rubalcaba

CARLOS SANTOS. PERIODISTA

Muere Alfredo Pérez Rubalcaba

Así somos. Un día decimos en el barómetro del CIS que los políticos son el segundo problema del país y al día siguiente todo el mundo, salvo algunos miserables, se vuelca en reconocer los méritos de un hombre que dedicó su vida a la política.

Aunque algunos podrían ahorrarse los elogios (no es de buen gusto elogiar a quien antes se insultó), el reconocimiento generalizado a Rubalcaba demuestra que aún tenemos sentido de la Historia y aún sabemos distinguir: entre los que roban y los que no roban, por ejemplo; entre los que entienden la política como servicio público y los que la usan en beneficio privado; los que usan puertas giratorias y los que se vuelven a su casa y su trabajo de antes…

Rubalcaba, a quien traté desde los años 80, cuando empezó a mostrar sus habilidades negociadoras en las sombras del Ministerio de Educación, ha cometido errores y ha mostrado limitaciones e insuficiencias, por supuesto, pero el aplauso que suscitan sus aciertos es justificado.

«Mi madre me enseñó la importancia de ser útil», me dijo en cierta ocasión. Creo que lo ha sido. Que ha ejercido hasta el final esa vocación de servicio que aprendió en casa, con la mirada, el oído y la palabra como armas, con una rara mezcla de autoridad y mano izquierda y, desde luego, con muchísimas horas de trabajo. ¿Qué más se puede pedir?

Hoy, su memoria sirve para saber un poco mejor lo que queremos. Sabemos que buena parte de nuestros problemas son de origen político, pero sabemos también que la solución está en la política.

Por eso, además de dar importancia histórica a quien la merece, conservamos la buena costumbre de ir en masa a las urnas. Ojalá no perdamos esa buena costumbre de aquí al día 26.

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Author: CARLOS SANTOS. PERIODISTA

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