Ryan Bingham: Un vaquero demasiado pulcro

Ryan Bingham colgando la guitarra acústica y el soporte de la armónica (foto: Mr. Duck).

CAL: *

Jueves 6 de junio de 2019, Bilbao, Kafe Antzokia, 21.30 h, 18-22 €.

De chaval domador de toros en los rodeos del auténtico Oeste y después ganador del Oscar a la mejor canción por ‘The Weary King’, incluida en la película ‘Crazy Heart / Corazón rebelde’ (09), Ryan Bingham (Hobbs, Nuevo México, 1981) anda de gira Europea (España, Escandinavia y Reino Unido en dos semanas y media) presentando su sexto álbum oficial, ‘American love song’, en cuya portada posa apoyado en un coche descapotable que tira de un remolque para transportar caballos. Bilbao fue la primera fecha del Eurotour, que en España pasó por cuatro ciudades sin descanso hasta el domingo: Bilbao, Avilés, Madrid y Barcelona.
Su sexto álbum de estudio, ‘Canción de amor americana’, está producido por Charlie Sexton, guitarrista de Bob Dylan. Leemos que las letras tratan sobre la pobreza, la pobreza, el racismo, las armas de fuego o los inmigrantes en la frontera Texas-México. La música alterna rock sudista a lo Mike Harris y boogie vía Drive-By Truckers, marasmos camperos stonianos, góspel coral y blues amenazador.

 

El mal sonido, la banda de encargo y la frialdad en la ejecución desmejoraron el concierto en el Kafe Antzokia del ganador de un Oscar por la canción ‘The weary kind’. Se notó que fue el primero de su gira europea

 

En tres conciertos de música americana estuvimos el jueves y la verdad que el que mayor ilusión nos generaba resultó el menos bueno, el menos satisfactorio. Nos referimos al de Ryan Bingham en el Kafe Antzokia, al que para verle incluso el empático Pato abandonó su refugio en la montaña, y es que este forajido le gusta mucho, tanto que hasta le vio en vivo en Waco, Texas, en el festival Margarita. Antes, a las 7, en el Fnac, hincamos el diente a William Gutiérrez, el líder de Los Brazos getxotarras, quien en la cuarta vez que le cato este 2019 ofreció una sesión acústica de una hora (me informó el día después, pues debimos abandonar el local) con temas de su grupo principal reveladores de un poderío vocal impresionante (‘Cold’, ‘The Rain’) más un ramillete de versiones bien escogidas: Dylan, Elvis (estupenda le quedó la difícil ‘Trying To Get To You’), Nina Simone (‘My baby just cares for me’, a la guitarra en vez de al piano pero genial, con swing y alegría), Leonard Cohen (‘Hallelujah’ con unos alaridos estremecedores) o el ‘Alone’ de Ben Harper (uno de los cabezas de cartel del festival BBK Music Legends de Sondika, que patrocinaba esta sesión). Luego, a las 8, pillamos sitio delantero en la Sala BBK, donde el saxofonista portorriqueño Miguel Zenón protagonizó una velada del Bilbaína Jazz Club soplando una suerte de suite circular (no salía del mismo ámbito), urbana, latina y clásica (ecos de Coltrane, del primer Miles…) durante 99 minutos (lo sé porque dejamos de retén al gruñón Óscar Cine) en cuarteto y con el venezolano Luis Perdomo al piano, ahí es nada.

Pero venga, a lo que íbamos, al Kafe Antzokia, donde puntualísimo a las 9.30 el vaquero Ryan Bingham (Hobbs, Nuevo México, 1981) arrancó su concierto en cuarteto de 19 piezas en 99 minutos también. Había casi 300 personas, menos que en su visita en quinteto y con violín de octubre de 2015 al mismo local (así la contamos). Pato le ha visto tres veces y el que suscribe dos, y la del jueves fue la inferior de todas: por sonido (al principio el bombo tapando todo) y por la banda (jovezna, poco ensayada, con poca actitud cowboy). En fin… Ni con Red Bull ni con bourbon conseguí pillarle el punto a su onda, y se notó que era el primer concierto de una gira europea que pasará por España, Escandinavia y Reino Unido en dos semanas y media. ¡Hasta se notaba que su sombrero de fieltro blanco era novísimo! («ese sombrero en Texas vale una pasta», calculó Pato).

El bolo tuvo tres partes: la primera en cuarteto con mal sonido, la segunda acústica y en solitario de Ryan con su voz ronca que fue la mejor y más genuina, y la tercera con el combo reincorporado y ya con mejor sonido y mejores canciones. Pero todo resultó muy meditado, demasiado pulcro, desde la carita barbilampiña del guitarrista y la chupita del bajista hasta la actitud de un Ryan que más que forajido, outlaw (en referencia al country duro que practicaban en los 70 Waylon Jennings, Johnny Cash, Merle Haggard, Kris Kristofferson, Hank Williams Jr., etc.), parecía un tipo haciéndose el formal en libertad condicional, o un aspirante al circuito de Nashville tipo Luke Combs.

La banda pulcra y jovezna, con buen baterista y guitarrista inaudible al principio (foto: Mr. Duck).

La cita del Antzokia comenzó con rock and roll rollo Austin (‘Long Way From Georgia’, ‘Jingle And Go’, que se note que el sexto y nuevo disco titulado ‘American Love Song’ lo produce Charlie Sexton, guitarrista de Bob Dylan), y logró emocionar superficialmente (‘Tell My Mother I Miss Her So’, un rock campero como haría Willie Nile, el susurrante, relajado y vaquero ‘Beautiful and kind’…), pero en general falló el sonido (poco cuerpo, mucho brillo, muy plano) y el cantautor criado en Texas pecó de prototípico desde el rock crepuscular a lo John Cougar al blues de manual peliculero, pues Ryan tiene presencia en el cine y una novia directora (aunque reconozcamos que ‘Got Damn Blues’ creció cual crótalo amenazador).

En la segunda parte, de cinco temas, el bueno de Ryan ofreció a solas lo más cercano de la noche. Ryan hablaba sin parar contando historias de su familia, de su niñez, y se puso hispano a lo Chingón (‘Malagueña’), se esforzó en el castellano (‘Borracho station’), y hasta recordó al Springsteen de ‘Nebraska’. Cuando reapareció la banda en el último tercio, el sonido mejoró, Ryan también habló mogollón (a La Reina no le gustaba su cháchara, eso que ella domina el idioma) y en general hubo más alegría (‘Pontiac’ con palmas forzadas).

Menos mal que la impresión se optimizó en este último tercio, antes de cuyo bis enlazó las tres mejores piezas eléctricas del setlist: la dylanita y creciente ‘Hallelujah’ (que no es la misma de Cohen que antes cantó William en el Fnac), la segunda cima de la cita que fue una envolvente ‘Lover girl’ que unió a Chris Isaak con John Paul Keith (antes nos contó una larga historia de cuando se recorría en el coche desde Los Ángeles a Austin, de California a Texas, actuando donde fuese, en bares o en fiestas de cumpleaños…) y el rock a lo John Cougar ‘What would I’ve become’.

Y quedaba el bis doble, muy molón también, con la preciosa, acústica y en solitario ‘Nobody Knows My Trouble’ (nadie sabe de mis problemas, excepto mi chica y yo), que fue lo mejor de todo. Y, tras oírse a un espectador gritando «¡el puto amo!», llegó el adiós definitivo con la banda de nuevo en escena y la canción con la que ganó el Oscar, ‘The weary kind’, en la película ‘Crazy Heart / Corazón rebelde’ (09), y que le quedó correcta sin más, aunque muy bien visto el percal del primer tercio.

Se supone que en el resto de la gira la banda se engrasará más. Pero el domingo Rocío le vio en Madrid, antes unas 500 personas, y comenta pasó por las tres mismas partes: mal sonido, a solas guay, y el último tercio un poco mejor. Y Rocío subraya que Ryan en sí muy magnífico y simpático. Como me comentó el guitarrista Pit, lo del bombo retumbante en la primera parte debía de ser premeditado.

ÓSCAR CUBILLO

Que alguien nos diga si esto es una banda de forajidos (foto: Mr. Duck).

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Author: bilbaoenvivo

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