The Beach Boys: Sencillamente geniales

Los nueve oficiantes vistos desde el foso en una de las tres primeras canciones (foto: Mr. Duck).

CAL: ***

Viernes 14 de junio, Sondika, La Ola, puertas 17 h, show 23.30 h; 55 € (bono dos días 95 €).

Afirmaba Óscar Esteban al acabar el show: «Mike Love siempre será el malo de la película, pero reconozcamos que sin él no habríamos podido disfrutar de un concierto como el de anoche, que superó la previsión de verbena para convertirse en una celebración eufórica del repertorio más popular (no necesariamente del mejor, claro) de los Beach Boys. Pasemos por alto los músicos impersonales aunque competentes, los vídeos sonrojantes, las pistas pregrabadas… y alegrémonos de que Bruce no salió disfrazado de hawaiano, de que Mike no hizo el payaso y cantó con solvencia (para lo que es él, vamos), y de que triunfó lo que importa, que son las canciones. Y qué canciones…» (foto: Mr. Duck).

 

¡De lo mejor del año!

En noneto perfectamente engrasado y sin parar apenas, Los Chicos de la Playa enlazaron 29 canciones, unas veinte maravillosas, en la primera jornada del 4º Music Legends Festival

 

Asistencia oficial: 2.690

 

Acudí contento al cuarto BBK Music Legends Festival por poder ver a una leyenda como The Beachs Boys y porque presuponía que estaría bien, aunque me daba miedo que se pudieran pasar con el almíbar, con el síndrome de la película ‘Cocoon’ y con los coros duduá hasta enloquecer de churriguerescos. Pero su bolo empezó muy bien, y a la mitad pensé: ¡si esto es de lo mejor del año! En efecto, suavitos y sin parar en una labor de zapa constante, a los Beach Boys les conté 29 canciones en 98 minutos fulgurantes, y de ellas 20 fueron maravillosas y nueve buenas. ¿Quién iguala eso? ¿Bruce? ¿Vintage Trouble? ¿Quién, cojones, quién? ¿Los Stray Cats? No. Nien. Niet. Non. La. ではない. Ez. ¡Nadie!

Al principio pensé que las imágenes de la pantalla del fondo, que no era muy grande, pecaban de kistch, pero noooo. Eran idiosincrásicas, sin más. Además homenajeaban a los miembros ausentes y hasta jugaban con el presente al repetir sobre el escenario de Sondika las poses y movimientos que salían en pantalla (el micro de Mike sobre la campana del saxofón, algunos bailes y gestos doblados en persona…). Y aunque recuperaran muchas secuencias de cuando eran jóvenes (o maduros en una plasmación de la evolución estética admirable) y de cuando estaban los cinco juntos, nunca se cayó en la nostalgia. Sencillamente fue una forma de desenvolver un cancionero hedonista, consumista, optimista, soleado y eternamente juvenil que representa al capitalismo en su pico culminante en occidente. Canciones de surf en la playa, de chicas en bikini y de coches quemando el asfalto. El reverso de Siberia. La ensoñación blanca y acnurienta del viejo cascarrabias Chuck Berry. Lo que en el concierto anterior de La Ola confesó Paul Collins que llegó a copiar en una canción para obtener el éxito. O sea, Surfin’ USA & California Girls. ¡Ja!

Los dos históricos: el teclista Brian Johnston y el vocalista y líder Mike Love (foto: Mr. Duck).

Ante unas 2000 personas (2.690 fueron a la ola el viernes según la organización), recién llegados en vuelo desde California, en el primer compromiso de una gira europea de 28 fechas en cinco semanas, The Beach Boys (Hawthorne, California, 1961), que promedian unos 150 conciertos anuales, dieron un bolazo memorable en noneto (tres guitarras, dos teclados –uno el del miembro histórico Bruce Johnston-, saxo, bajo, un baterista de melenas noventeras y con camiseta que reproducía el nombre del grupo en el logotipo de Black Flag –ja, ja, ja!-, y el líder indudable, el más histórico Mike Love, quien empero sus 78 años se movió con soltura y sin artritis).

Como águilas nos sobrevolaron siempre por las alturas, enlazaron canciones una detrás de otra y hablaron lo justo para demostrar que estaban vivos, que no eran máquinas, ni hologramas. Por ejemplo se lucieron en las difíciles baladas, más arduas en espacios abiertos como los de un festival: la simple ‘Surfer girl’ les quedó preciosa, increíblemente bien, igual que estando todos alrededor de una hoguera en la playa («for the ladies», dedicó Mike Love al acabarla), y bordaron un ‘In my room’ de contener la emoción. Y la psicodelia, que no es lo mío porque requiere siempre de cierta concentración, les quedó de cine: ‘God only knows’, del LP ‘Pet sounds’, cantada por el hijo de Mike, Christian Love, fue mágica, y sobrenatural un ‘Good vibrations’ que por sí mismo sirve para anular en la comparación el bolo que dio el ex Brian Wilson en el Festival BBK, al que le salvó su banda (así lo contamos).

El capo Mike Love y la pantalla surfera, hedonista (foto: Mr. Duck).

Y sin ánimos de atascarme entresacando títulos de los 29 que contabilicé, entre momentos rock-a-rollers, duduás, aparatosos a lo Phil Spector y tan euforizantes como los de la película ‘Grease’, señalemos el ‘Surfin’ safari’ (con karaoke en pantalla, a lo cual recurrieron en varias ocasiones), el imbatible ‘Surfin’ U.S.A.’, los falsetes aportados por uno de sus gregarios en ‘Why Do Fools Fall in Love’ de Frankie Lymon & The Teenagers, el tramo automovilístico derrapando sin salirse de la vía con ‘Little Deuce Coupe’ y ‘409’, un optimista y cum laude ‘I Get Around’ con saltito de Bruce Johnston («fantastic crowd», halagó al acabarse Mike Love), un ‘Wouldn’t It Be Nice’ también con karaoke que trasladó la Navidad al verano, la alegría desbordante y contagiosa de ‘Help Me, Rhonda’, la irresistible ‘Barbara Ann’ que siempre la atribuiremos a los Beach Boys aunque sea una versión de los neoyorquinos The Regents o, para acabar, el ‘Fun, Fun, Fun’, quién quiere más.

Estuvo todo bien. Hasta la pantalla. Y el sonido de los nueve en tarima mejoró sobre la marcha y acabó aún más diáfano. ¿Alguna canción de las buenas sin más? Pues igual abriendo el bis la versión del ‘Rockaway Beach’ de los Ramones. Y es que a toro pasado, el día después, todo me parece aún mejor: la spectoriana ‘Then I Kissed Her’ (Entonces la besé) que es su adaptación del ‘Then He Kissed Me’ (Entonces me besó) de The Crystals, el relajado y comercial ‘Kokomo’ que sirvió para tomar aire también abajo del tablado. El (o la) que califique de verbena tan magno concierto no tiene ni puta idea. A las 2 de la madrugada yo volvía en el metro silbando cada dos por tres el ‘Wouldn’t It Be Nice’. Es que no lo podía evitar.

ÓSCAR CUBILLO

Las 2000 personas presentes acabaron abducidas por la ola sin fin del noneto (foto: Mr. Duck).

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Author: bilbaoenvivo

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