X-Men: Apocalipsis: ¿El ocaso de una franquicia?

Novena película del Universo X-Men (considerando también la adaptación de ‘Deadpool’) que continúa en manos de Bryan Singer, director de las dos primeras entregas de la saga y de la más reciente ‘Days of Future Past’ (2014). Hablamos de ‘X-Men: Apocalypse’, secuela de la recién mencionada, con la que prosigue el reinicio de la saga tras volver a escribirse la historia después del viaje al pasado de Logan.

Tras cambiar los hechos en 1973 evitando el surgimiento de los Centinelas, diez años después, Charles Xavier (James McAvoy) junto a Raven (Jennifer Lawrence) deben liderar a un grupo de jóvenes mutantes que hacen sus primeras armas en la Escuela para enfrentar lo que sería la amenaza más grande conocida: En Sabah Nur (Oscar Isaac), más conocido como Apocalipsis, un Dios del Antiguo Egipto, vuelve a la vida más poderoso que nunca, con la idea de crear un nuevo Orden Mundial y acabar con la raza humana.

No se puede esperar otra cosa de una película que en su nombre lleva la palabra “apocalipsis” que no sea desastre absoluto y grandilocuencia en pantalla, y eso es a lo que nos tiene acostumbrado Bryan Singer. Parto diciendo esto porque es innegable su poderío visual y casi imposible creer que esto no sería parte de un filme que, a priori, nos invita a ver una de las batallas más esperadas del Universo de los X-Men. Este show de efectos lo consigue con creces (no así la batalla) y no hay mucho que decir al respecto, sin embargo, es la historia la que nos queda debiendo sustancia, algo muy similar a lo acontecido con ‘Batman v. Superman’, no así con ‘Civil War’, que perfeccionó la fórmula.

Se hablaba que ‘X-Men: Apocalypse’ venía a darle por fin una conexión a la saga original y sus precuelas, tan cuestionadas por la gran cantidad de errores cronológicos, temporales, reemplazos de personajes, entre otros. Si bien esto es cierto en alguna medida porque somos testigos del nacimiento del grupo original de X-Men que conocimos en la película del 2000 con los que podemos hacer conexión, y a pesar de una más que interesante introducción al gran villlano Apocalipsis, la cinta comete el grave error de abandonar a este Dios Todopoderoso, el que podría haber sido aprovechado de mejor manera por sus implicaciónes divinas y filosóficas de cara a la dualidad humanos/mutantes, y lo limita a apariciones y diálogos obvios, intrascendentes, y que comete errores casi infantiles. Con esto, cuesta entender y aceptar este gran horror que infunde y las motivaciones del resto del reparto. Tanto así que bien podría haber sido cualquier actor el que interpretase a Apocalipsis y el resultado hubiera sido exactamente el mismo, en un evidente problema no de Oscar Isaac sino que del guión y las características dispuestas para el personaje. A partir de acá, nada funciona.

El entretenimiento está asegurado, especialmente para los más fanáticos y conocedores del cómic. El filme está lleno de referencias a la revista y resultaba un placer saber que volveríamos a ver a algunos clásicos nuevamente en pantalla, como Storm, Cíclope, Quicksilver o Jean Grey, así como nuevas apariciones de otros queridos personajes, como Psylocke, interpretado por Olivia Munn, sin embargo, la cinta también comienza a transitar por un camino confuso al poner tantos personajes en pantalla, muchos de ellos sin ningún motivo claro que justifique esta presencia en determinadas escenas, y la gran mayoría muy poco carismáticos, con los que se hace imposible sentir algún grado de apego.

El representar a personajes que ya fueron interpretados anteriormente en su versión adulta y de manera muy consistente, obligaba a conseguir lo mismo en sus jóvenes versiones, lo que está muy lejos de suceder. Con esto, el trabajo de Evan Peters (Quicksilver), Sophie Turner (Jean Grey), Alexandra Shipp (Storm), Nicholas Hoult (Beast) o la misma Olivia Munn (Psylocke) no pasan del hype y se deshacen en interpretaciones vacías y sin real importancia en pantalla, donde no existe ningún desarrollo del carácter psicológico de estos personajes. Cuando una cinta carece de estos elementos vitales y, sin embargo, tiene 130 minutos de duración, es porque algo no se hizo bien o, simplemente, la prioridad era otra antes de, primero, conectarnos con los que llevarán la acción en pantalla.

Después de ‘X-Men: First Class’ (2011), donde conocimos el origen del Profesor X y de Magneto en una recreación certera a la década de los ’70 llevando el cine de superhéroes por las vías del espionaje y la realidad (ficticia) histórica con densidad y espectáculo; y tras ‘X-Men: Days of Future Past’ (2014), de ritmo vertiginoso y complejo en su adaptación; ‘X-Men: Apocalypse’ no puede presentarse con una historia abordada de manera tan superficial y con personajes que debían romper la pantalla, pero que terminan siendo tristes elementos sin ningún tipo de valor de un argumento a ratos completamente inconsistente. De igual forma sucede con la batalla final, muy lejos de lo visto en las películas anteriores. La cinta ni siquiera nos regala grandes momentos por los que la podamos recordar (excepto la impresionante nueva secuencia musical de Quicksilver que viene a salvar la plata por sí sola, casi como una nueva marca de la saga). Un hecho que resalta esta situación es el forzado protagonismo de Raven/Mystique en la cinta, algo que cuesta entender según la historia original, que sorprende incluso por la curiosa mala interpretación de Jennifer Lawrence, y que sólo hace pensar que se debe a la importancia mediática de su presencia en la cinta más que por estrictas razones narrativas. Por otro lado, nunca Michael Fassbender con su personaje fue más desaprovechado como acá.

Pero no todo es tan malo. Insisto en que la cinta entretiene, nos da la base para conectarnos a la trilogía original (aunque a estas alturas poco importa tras la re escritura del futuro y el nacimiento de una nueva realidad paralela) y no nos priva de regalarnos un gran espectáculo pirotécnico de efectos sonoros y visuales. Lamentablemente, todo apunta a que esto es lo único que le va quedando a una adaptación que, ahora más que nunca, pide a gritos un descanso, o bien, el regreso de Matthew Vaughn, quien a demostrado con ‘Kick-Ass’ (2010), ‘Kingsman: The Secret Service’ (2015) y la propia ‘X-Men: First Class’ (2011), ser capaz de darle el mismo peso tanto a la historia como a la puesta en escena, algo que Singer, por ahora, nos queda debiendo.

Por Patxi Álvarez Gonzalo